Especial

Cosas que nunca os dije 1×01

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Estos días he acudido al último trabajo de Superchunk,  What a time to be alive aunque no solo por su innegable calidad, sino por titular esta desazón que muchos hemos compartidos estos días de reclusión forzosa. 

Este título, que yo he convertido en eslogan, ha estado paseándose por mi cabeza a medida que los días iban pasando por el alféizar de mi ventana; éste, unido a otras ideas que iba recogiendo entre mi rastrillar semanal de diversos medios impresos, me han llevado a varias reflexiones.  

Particularmente, ideas de índole zen como ‘necesitábamos una pausa para la Tierra’, ‘hemos hecho más en dos meses por el planeta que Greta en dos años’ o ‘es un tiempo maravilloso para pensar, decidir y reflexionar sobre nuevos proyectos’. Pero no. Este buenrollismo coelhiano no me compensa ante la postergación de prácticamente todos los festivales de este verano, la pausa indefinida en la celebración de conciertos en sala, y el retraso de próximos trabajos discográficos.  

De nuevo, el mundo de la cultura queda relegado a un segundo (¿tercer?) plano; y las ayudas que han tardado en concretarse aún tardarán en cobrarse aunque  espero que lleguen a tiempo  para evitar que muchas salas y empresas no echen el cierre. Precisamente,  ha sido el nanobichito quien ha puesto punto y final a la revista Rockdelux, tras treinta y seis años de andadura y rozando el número cuatrocientos: ¿fin de una era? ¿no tiene futuro el periodismo musical en nuestro país? ¿es el triunfo de lo virtual, de lo efímero, de lo  inmediato ante la letra impresa? 

Pero volviendo a mi nueva realidad, ante la rutina diaria y el cruel gregarismo a la que me veo sometido, de nuevo el ocio se me revela como un efectivo punto de fuga, una fiel cucharilla que uso para excavar desde mi nueva celda.

 Poe eso, me pica la curiosidad y me acerco  para ver qué han hecho los Strokes en su nuevo disco The new  abnormal (¿título del año? ¡Qué clarividencia!) y a pesar de algún tema resultón ‘Selfless’, ‘At the door’ o ‘Bad decisions’ (¿solo yo oigo Dancing with myself?) el resto es flojo y de poco interés. 

Pero este encierro también me ha traído muchas alegrías musicales, como el debut de Activity: Unmask Whoever (Western vinyl, 2020), o cómo debería sonar el nuevo disco de The XX. Escuchad ‘Calls your name’ y me entenderéis. Otros que no fallan nunca nos han hecho más llevadera la prohibición de terracitas y tardeo del bueno; me refiero a los incombustibles M.Ward y Ron Sexsmith.

 Sin más rodeos: el partenaire de Zooey Deschanel ha firmado  uno de sus mejores discos, Migration stories, subyugante colección de viñetas pop-folk que, en el caso de ‘Unreal city’, despeja alergias y cura migrañas. Ah, el poder de la música.

Por su parte, Sexsmith entrega un trabajo sencillo, sin estridencias, que se disfruta en las distancias cortas, donde el amor articula minutos y rimas; recomendable su maridaje con un buen Toro y dejarse acariciar por ‘Hermitage’.

 Otra grata (gratísima) sorpresa ha sido el nuevo plástico del productor y músico de sesión Blake Mills, ‘Mutable set’, un delicado tratado sobre ‘la disonancia emocional de la vida moderna’ que ha sido estupendamente recibido por la prensa musical; no es para menos, poneos ‘May Later’ o ‘Vanishing twin’ y lo entenderéis.

Desde el  Facebook de seguidores de Stereolab me chivaban que Laetitia Sadier y Sean O´Hagan andaban metidos en el inminente ‘High January’ (Tin Angel) de Marker Starling. Pop sofisticado y elegante que hará las delicias de los viejóvenes que disfrutamos con The Blue Nile o Steely Dan, de hecho, por momentos parece que estamos escuchando a Donald Fagen en ‘Wait the night’ o ‘Drop and Pierce’. 

Y hablando de viejas glorias, me dejo recomendar por el ínclito Pepe Prieto para desempolvar Into your ears (Nepentha, 1971) del para mí desconocido Pete Dello and friends ; disco olvidado, arrinconado, que me conmueve por su pop balsámico y optimista, pequeñas píldoras de felicidad como ‘There´s nothing that I can do for you’ o ‘I´m a gambler’ que son puro ginseng para levantar el ánimo. 

Pero no todas son buenas noticias en mondo viejoven. Este viernes me entero que fallece Phil May, cantante de los infravalorados The pretty things, autores de S.F. Sorrow la primera ópera rock que cumplió cincuenta años hace poco. Desde estas líneas sirva esta pequeña reivindicación para este grupo al que no le sonrió el éxito. 

Finalmente, termino la semana con una buena noticia: las tiendas de discos abrirán el próximo lunes, poniendo fin a mi particular cuarentena  disquera y anticipando nuevos temas a tratar en estas líneas: ¿es viable una tienda de discos sin un sólido servicio online?

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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