Entrevistamos a

Ordesa

"Hacemos letras sobre política y activismo, pero siempre metafóricas y enfocadas desde el lado emocional. "

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A tan solo un par de días de la presentación de su nuevo álbum en la sala Trashcan de Madrid, Tomás me recibe a última hora de la tarde en su piso; acaba de llegar del local de ensayo. En el sofá del salón, nada más cruzar la puerta de entrada, una somnolienta Begoña se despereza y me ofrece asiento. Llevan toda la semana cuadrando horarios como buenamente pueden para ensayar; Tomás vive en Madrid y Begoña en Toledo, y el sábado 8 de diciembre será la primera vez que interpreten en la capital las siete pistas que componen Días Cálidos, el primer larga duración de Ordesa y también la primera grabación en la que han contado con más herramientas que una guitarra y la voz de Begoña para dar vida a sus canciones. “Saliendo a estas horas del trabajo creíamos que no nos iba a dar tiempo a darle una vuelta entera a todos los temas”, dice Begoña entre risas y bostezos, “Estamos siendo muy exigentes, queremos que salga todo perfecto”. No es para menos. Se trata de la primera fecha en la que serán más de dos músicos sobre el escenario dentro de una gira en la que ya llevan inmersos un par de meses, desde el estreno del álbum a finales de septiembre; y además en Madrid, ciudad que a día de hoy consideran base neurálgica de la banda. No nos hemos sentado todavía los tres en el sofá y ya están entrando en materia de entrevista. Se les ve cansados, pero también ilusionados y ansiosos con la idea de enseñar por fin los frutos que muestran lo duro que han trabajado en los últimos meses para hacer posible el lanzamiento del disco y la gira de presentación que se extenderá hasta bien entrado el año que viene.

Se conocieron en Toledo alrededor de 2009. Begoña se presentó a una audición para cantar en Monkey Chains, una de las primeras bandas en las que tocó Tomás. “Audiciones para entrar en una banda, típicas cosas que solo harías de adolescente”, bromea Tomás, pero lo cierto es que ese sería el punto de partida para la carrera musical que desarrollarían juntos, primero en su ciudad y unos años más tarde en Salamanca, cuando ambos se mudasen para seguir sus estudios. Pronto se encontraron siendo miembros activos en la asamblea del Trece Monos, centro multicultural autogestionado que a principios de este verano fue definitivamente clausurado por la Policía tras años de programación musical y acción social, lo que les hizo entrar en contacto directo con la escena Do It Yourself de la ciudad charra organizando conciertos para bandas locales, nacionales e incluso de otros países. A principios del año 2013 tocaban juntos en una banda de crust punk llamada Misuri y Tomás empezaba a girar con otra banda de emo, Living For A Poo Poo; pero fue en el salón de casa donde llevaban meses componiendo esas primeras canciones alejadas de los compases de ruido en los que se movían habitualmente: solo una acústica y una voz melódica.

Begoña insiste en que lo había concebido como algo mucho más oscuro de lo que finalmente resultó. Al fin y al cabo estaban dando cabida a letras y riffs que no habían podido utilizar en sus otras bandas, por lo que a pesar de buscar algo más tranquilo y melódico el bouquet a las raíces musicales de ambos era ineludible. “Algunos riffs los había compuesto en 2010 o 2011”, recuerda Tomás. Pero lo cierto es que el verdadero origen de Ordesa, apunta rápidamente Begoña, se gestó de paredes a fuera –“con las pipas y la guitarra, una tarde en la plaza” -, cuando sus amigos escucharon lo que habían estado haciendo y les animaron a llevarlo adelante como un proyecto serio y componer más canciones. Las palabras de sus allegados y lo mucho que les inspiraba ver a integrantes de otras bandas lanzarse a cantar sus propias composiciones en acústico – especialmente Whispers By The River, el proyecto en solitario de Jano, quien fuera batería de la ya desaparecida banda salmantina de hardcore Hope For Youth – fueron los elementos determinantes. Ordesa era una banda real.

El hecho de que Al cuerno el Invierno, su primer doble single, se estrenase en pleno mes de julio captó a la perfección la simbología cosmológica mediante la cual Ordesa funcionan y se comunican con su público. Las letras metafóricas cargadas de recuerdos difusos y referencias a lo silvestre en aquellas dos canciones fueron las primeras líneas del manual de estilo tan característico que define su música. Podemos encontrar pequeños textos acompañando la información de cada álbum en su Bandcamp; cortos relatos de poesía libre que divagan sobre la temática que trata cada conjuntos de canciones, que complementan el universo etéreo y sutil que nos descubren con cada publicación. Incluso en el título del tema que cierra el sencillo, “Del valle a Monte Perdido”, se hace referencia al Parque Nacional de Ordesa, en Los Pirineos, donde Tomás solía veranear de pequeño con sus padres y de donde tomaron prestado el nombre para bautizarse como dúo. En la intermitente gira de presentación de sus primeras canciones instauraron su amor por lo pequeño y lo íntimo, actuando sobre todo en centros sociales autogestionados, locales pequeños y eventos de carácter político, social o animalista.

No es que buscasen estos ambientes en concreto, más bien eran los ambientes en los que estaban acostumbrados a moverse y el nuevo formato, más reducido que una banda de varios miembros, era idóneo para este tipo de eventos. Les pregunto – como una curiosidad que confieso arrastraba desde hace tiempo – si creen que el hecho de que, haciendo un estilo tan alejado e incluso opuesto al de una escena musical como la que frecuentan, Ordesa haya calado tanto en su público se debe a que sean miembros de esa propia escena. La respuesta de Tomás es más que elocuente: “Desde luego que sí, pero es que las letras tampoco son las de un grupo de pop”. No son de los cuarenta principales. Hablan de morirse y descomponerse, pero de manera bonita, suelta entre carcajadas Begoña. Hacemos letras sobre política y activismo, pero siempre metafóricas y enfocadas desde el lado emocional. Y el boca a oreja, el escúchate el grupo de Tomás y Bego, que mola un montón, es lo que nos ha hecho entrar con Ordesa en una escena de la que ya formábamos parte con otras de nuestras bandas.”

Dos años después, en 2015, publican El Incendio de Todas las Cosas, un 12 pulgadas compartido con el cantautor salmantino Poor Walter. Ocho temas en esta ocasión, un total de cuatro pistas correspondientes a cada banda. De nuevo graban en un estudio casero y la edición y distribución corre a cargo de pequeños sellos nacionales e internacionales. Esto aún a día de hoy, con un primer LP y la intención de formalizarse más que nunca como banda, sigue siendo un credo para ellos. Si nos escriben un par de colegas con sellos que están interesados, y escribiendo nosotros a alguno más vemos que hemos cubierto la edición, pues ya está, dice Tomás sin titubear. Preferimos eso, que además hace que el equipo del que nos rodeamos sean nuestros colegas”. Es ese espíritu colaborativo que aprendieron en el Trece Monos lo que les ha llevado a formar su círculo de confianza pese a que sostengan que, al menos en el terreno musical, Ordesa son y serán ellos dos exclusivamente. Al menos por ahora. La banda que les acompañará en la presentación de Días Cálidos está formada por miembros de bandas amigas como Boneflower y Crossed, y a la presencia habitual de las ilustraciones y diseños de Rodrigo Almanegra – vocalista de Descubriendo a Mr. Mime, quienes precisamente un día antes del concierto de Ordesa se despedirán en Madrid tras una década en la escena del screamo nacional – se unen Pablo, también miembros de los Mime, y Asier de Mendoza Echevarría Studio para firmar el aspecto visual de la edición física. Este trato cercano y familiar es un punto clave en cómo se relacionan Ordesa con el resto de miembros de su comunidad, como banda y como organizadores activos de conciertos en la escena nacional independiente. Es un intercambio constante. A una banda extranjera les das de comer, les abres las puertas de tu casa, les enseñas tu ciudad y la mayoría de las veces esperan hacer encantados lo mismo contigo, y concluye firmemente Begoña con que esa es la verdadera salud de la música”.

Dos giras y más conciertos que nunca hacen que un año se pase volando hasta finales de 2016, cuando publican Refugios, un 7 pulgadas con unos desenfocados padres de Tomás en una florida fotografía tomada hace décadas en el Valle de Ordesa como portada, para continuar construyendo su universo de autorreferenciación, entre otros detalles escondidos – de manera involuntaria, prometen – en los versos de sus canciones. La actividad de la banda en el último año había sido un constante crescendo y se hacía cada vez más abundante su público, que ya trascendía las fronteras de los géneros musicales poniendo en valor la música de Ordesa como elemento independiente de su entorno. Tomás era el motor de Ordesa en ese momento. Yo lo veía como algo pasajero, lo que quería era un grupo de gritar”, confiesa Begoña. Me sentí así durante los primeros años y hasta hace no mucho, que Ordesa empezó a coger algo de cuerpo, y ahora estoy muy, muy motivada. La verdad es que hace diez años me habría imaginado cantando en un grupo de death metal a estas alturas”, dice riendo a Tomás.

Siempre se habían tomado sus tiempos a su manera, trabajando con pulcritud, como a ellos les gusta, pero sin que la progresión natural de la banda se viese forzada de manera artificial por culpa de momentos de estrés. Y es que, además de llevar años tocando juntos, llevan desde poco después de conocerse siendo pareja. Comenta Tomás respecto a esto que a veces tienen que forzarse a irse de vacaciones sin pensar en llevar la guitarra para componer. Es difícil separar y cambiar el chip.”, a lo que Begoña añade que hay que dedicar tiempo a la gente que quieres. Es una cosa de la que se debería hablar en política mucho más de lo que se hace actualmente: disponer de un tiempo de calidad para mantener una relación con los ritmos en los que vivimos”. Hablan con conocimiento de causa – más allá de lo evidente – porque el pasado 2017 fue un año grande para Ordesa. Empezaron el mes de enero con uno de los conciertos en sala más multitudinarios en los que hayan tocado, abriendo junto a Wild Animals la presentación de Ulises de Viva Belgrado en Madrid con una Moby Dick atestada hasta la bandera. Sería solo el principio. A esta y varias fechas más por la península le siguió el primer gran tour europeo. La cosa se estaba poniendo seria y querían que se pusiera aún más seria. Quizás el paso a seguir fuera grabar un larga duración.

Después de casi una hora de charla recordamos la primera vez que me hablaron de Días Cálidos. Fue unos meses antes del verano de este año. Sabían que ese sería el título de su primer LP, y sobre todo Begoña esperaba con recelo que se estrenase alrededor del equinoccio de otoño. Muy propio de la temática “ordesiana”. Tenían reservada una semana del verano en Ultramarinos Costabrava con Santi García, a estas alturas ya una figura consagrada en la producción de bandas que comienzan a despuntar del underground. “Íbamos a grabar antes de nada una guitarra y una voz que funcionasen independientemente de cualquier manera. El resto contábamos con improvisarlo como capas añadidas”, dice Tomás respecto a la incorporación de otros instrumentos en estudio, a lo que Begoña añade: “tenemos en mente conservar la esencia de que Ordesa somos dos personas con una guitarra y una voz. No queremos perder esa identidad. Tocar con banda da un punto más enérgico, pero perdemos la intimidad que generamos siendo solo dos personas sobre el escenario”. Cualquier persona que haya visto a Ordesa en directo puede apostar a que eso es así. La sensación de intimidad que generan en sus conciertos solo es comparable a la emoción que produce escuchar la voz de Begoña romper el silencio al empezar cada canción. Eso es algo que buscaban a toda costa mantener por mucho que el nuevo disco contase con más instrumentación.

Y vaya que lo han conseguido mantener. Días Cálidos es precioso, una joya tan mimada en su sencillez que, lejos de hacer a Ordesa perderse entre arreglos de guitarras eléctricas y baterías, realza su esencia natural más que nunca. “Creemos de veras que quienes hayan escuchado el disco y nos vean en directo como dúo se van a sentir tan satisfechos como quienes lo hagan con la banda al completo”, afirman. Canciones como su tercera pista, single homónimo del álbum, mezcla lo mejor de los dos mundos, transportándonos con la respiración de unos primeros versos a capella hacia un armonioso estribillo con todo lujo de arreglos para dejarnos suavemente en brazos de un clásico verso a una sola guitarra que desaparece pronto, vencida por una voz murmurada. En el título de la quinta pista, “Refugios”, de nuevo una referencia a ese universo propio obsesionado con volver a “la continuidad”, lleno de metáforas y referencias que ya nos resultan familiares. Ordesa continuarán presentando su primer largo, ahora además tras una excelente recepción en medios que les ha abierto muchas puertas, que prefieren reservarse por ahora, y por las que pronto nos irán invitando a acompañarles.

Se nos ha hecho un poco tarde. Begoña se vuelve a Toledo en unas horas y Tomás trabaja temprano por la mañana. Nos levantamos del sofá, recojo mis cosas y alargamos una despedida en el umbral. Al salir a la calle no hace un frío propio de finales de año. Recuerda más bien a esos días cálidos de principios de otoño, cuando el sol se va antes de tiempo, la calle se enfría al caer la noche y por la mañana, con las primeras luces, todo huele a rocío.

Ordesa presentan Días Cálidos este sábado 8 de diciembre a las 20:30 en la sala Trashcan Music Club acompañados de Ice Haven.

Puedes reservar tu entrada enviando un mail a [email protected]

Enrique R. Novoa
Enrique R. Novoa

Coruñés que ya ha pasado más de un cuarto de su vida en Madrid. Dirijo videoclips y toco en un par de bandas. Descubrir Title Fight y Joyce Manor al final de la adolescencia es una de las cosas que más me han marcado musicalmente. Actualmente obsesionado con PUP, los acordes de jazz y todo lo que venga de Japón.

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