Entrevistamos a

Alex Izenberg

"Siempre trato de escribir mis temas de la forma más inconsciente posible. Creo que solo así es posible lograr algo que desprenda belleza."

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Tras cuatro años de silencio Alex Izenberg ha regresado con su segundo LP, un trabajo titulado Caravan Château (Domino, 2020) donde nos demuestra lo hogareño de su sonido y como todo este tiempo que ha pasado desde la publicación de su debut no ha sido en vano. Tomándose el descanso preciso para asimilar todas las cosas que estaban ocurriendo en su vida, desde rupturas sentimentales difíciles de superar hasta el vacío existencial que sintió después de publicar su primer trabajo, el músico afincado en Los Ángeles supo encontrar un nuevo enfoque y espacio dentro de los temas para intentar vencer la auto presión. “Quería hacer las cosas de una forma muy diferente. Después de Harlequin no estaba del todo conforme conmigo mismo y con el resultado, por lo que en esta ocasión traté de poder superarme en todo lo que hice antes.”

A lo largo de todo este camino que lo ha llevado hasta estas nuevas composiciones, no ha estado solo, sino que encontró una ayuda importante junto a músicos como Chris Taylor de Grizzly quién se encargó de la masterización o Jonathan Rado de Foxygen, banda que el propio músico admira sobremanera en parte gracias a discos contemporáneos que considera imprescindibles como We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic. “Todo fue cosa de mi sello. Ya conocía de buena mano bastantes de los proyectos de estos músicos, por lo que contar con ellos en este trabajo sin lugar a dudas fue un honor para mí.” A medida que estas colaboraciones iban llegando, Alex estaba cada vez más convencido de como de este trabajo saldría totalmente reforzado, intentando en todo momento aprender el máximo posible y al mismo tiempo reflejando como todo siempre tiene que seguir su curso sin forzar ninguna situación.

A través de su forma pausada de hablar y pensándose concienzudamente las respuestas, deja entrever como sin lugar a dudas el lograr que este disco sea más colaborativo es algo que ha resultado totalmente positivo no solo para los temas, sino también para poder afrontar nuevos retos vitales. “La forma en la que trabajo con la gente es algo en lo que no pienso mucho. Creo que al final todo surge de una forma bastante espontánea. Simplemente intento aprovechar al máximo todas las oportunidades que surgen cuando estoy al lado de personas que tienen un montón de conocimientos e ideas. A partir de ahí encuentro mi cierto grado de satisfacción.” Este hecho también se evidencia en la forma en la que este disco a pesar de sonar por momentos de una forma lánguida y alicaída, posee una mayor parte de temas donde historias de romances, recuerdos difusos y oportunidades rescatadas del pasado acaban cobrando fuerza, aportando el aliento necesario para que el influjo barroco del disco haga el resto a la hora de crear una burbuja atemporal que parece envolver toda la obra.

Si nos centramos de forma directa en puntos concretos del trabajo, desde el principio llama la atención como en los temas las melodías fluyen de una forma muy ligera, intentando que los instrumentos no se solapen y exista el suficiente respiro a la hora de poder paladear la forma de construir los temas a partir de pinceladas totalmente expresionistas y detallistas. Solo así es posible que a pesar de lo exuberante que puedan sonar sus arreglos en temas como ‘Saffron Glimpse’, la grandilocuencia nunca se impone al núcleo de las canciones, sino que su carácter recogido y confesional acaba siempre reluciendo. De un planteamiento similar llega uno de sus temas favoritos del disco, dejándonos alguna buena pista de su tónica general pero sin llegar a mojarse del todo. “‘Anna in Strange Furs’ es una de mis canciones favoritas del disco de hecho. No es que me haya centrado en la nostalgia y el amor de una forma directa, pero de alguna forma acaban revoloteando alrededor de los temas.”

A medida que avanza la conversación y nos metemos de lleno en ciertos aspectos más personales del trabajo, Alex tiene claro que nunca se realiza grandes preguntas acerca de como llegar todas las cosas en su vida. Siendo un hombre que se deja llevar por la intuición y por todo aquello que implica un alto nivel de abstracción, resulta curiosa la respuesta que me ofrece respecto a la forma en la que llegan las canciones a su cabeza. “Siempre trato de escribir mis temas de la forma más inconsciente posible. Creo que solo así es posible lograr algo que desprenda belleza.” Una razonamiento que a todas luces parece de lo más cierto a juzgar por todas las sensaciones que nos dejan estos temas, llegando cargados de un semblante por momentos serio e incluso fantasmagórico como es el caso de ‘Bouquets Falling in The Rain’ y así dejarnos ante uno de los momentos más delicados y mansos del trabajo, aderezado por unos vientos pastoriles que terminan de redondear el tema.

Más detalles sobre este disco surgen a medida que trato de adentrarme en las historias y temáticas encerradas en él, sintiendo muy de cerca como lo premeditado no tiene mucha cabida en estas composiciones. Incluso con un título en francés algo difuso, el músico reconoce que existe hasta para el mismo un cierto sentimiento críptico sobre su significado. A pesar de ello las pistas iniciales no son difíciles de revelar. ”Todo comenzó debido a la perrita que tenía. Falleció no hace mucho y me sentía muy cercana a ella. De hecho tengo un montón de fotos con ella con las que no olvidarla.” Una historia con grandes visos de tristeza que se contrapone a momentos del trabajo donde el disfrute y la evasión acaban tomando su buena parte como es el caso de ‘Disraeli Woman’. Es aquí donde las historias más definidas hacen acto de presencia, ilustrándolo todo de buena forma en el icónico vídeo que corona el tema. “Quizás con esta canción estaba tratando un poco de hacer mi canción de inspiración veraniega de todo lo que sucede en la ciudad en esa época. De ahí que el videoclip se enfocase hacia esta dirección.”

Teniendo muy en cuenta como al final este disco parece recoger una serie de relatos a medio camino entre lo que parece vivido en primera persona y lo que parece soñado con la vista puesta en aliviar los momentos mentales más críticos, la sensación general es que el disco funciona como un álbum de historias muy concretas en blanco y negro. Tan solo basta con escuchar la arrebatadora ‘December 30th’ para entender los momentos más clásicos del disco, algo que sin lugar a dudas nos provoca echar la vista hacia atrás y pensar lo bien asimiladas que resultan las influencias del músico, aunque se siente igualmente conectado a la actualidad musical a pesar de que realmente su respuesta posea trampa. “Creo que hay un montón de bandas muy buenas actualmente. Quizás las que escucho tienen en común que ellas también se han sentido muy influenciadas por todo lo que ocurrió en los 60 y 70.”

El reflejo final que se desprende de este disco es el de una forma de trabajar las canciones totalmente libre, intentando no generar nuevas preguntas acerca de lo que supone este conjunto de temas. “No he pensado mucho en como encajan todas las canciones de este trabajo en su conjunto. Simplemente las junté todas en este disco y creo que de una forma natural han ido complementándose.” Solo así es posible encontrar una bonita forma de dejarse guiar por todo aquello que desde el primer momento suena en armonía y desprende sentimientos profundos que van desde la pérdida hasta lo difícil que resulta apaciguar ciertos fuegos personales que perduran con el paso de los años. Bien sea poniendo el foco en primera persona o en transeúntes cuyas vidas pueden desarrollarse de la forma en la que imaginemos, queda claro que el romanticismo y las ganas de dejar constancia de como la nostalgia se puede filtrar intentando no quedarse anclado en el pasado resultan buenos motores de este disco.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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