Crónica

Primavera Sound 2016

Sábado

04/06/2016 - 04/06/2016

Por -

MANEL (Escenario H&M, 18:55h)

A eso de las 7 de la tarde, algunos decidimos abandonar el escenario de The Chills para dirigirnos hacia el escenario H&M que albergaba a esa hora a los catalanes Manel. No era tampoco la primera vez que veíamos su directo, entre otras veces se encontraba una lejana aparición en el mismo festival años atrás y en el escenario Ray-Ban, pero esta vez, subían de categoría.

Veníamos ya con la idea de asistir a la presentación de su cuarto álbum, Jo Competeixo y efectivamente, así fue. Estando entre las primeras filas y entre un público altamente ecléctico y de edades muy dispares, podíamos notar su devoción y fidelidad al grupo. Su concierto se centró en buena medida en los nuevos temas como ‘Jo competeixo’, ‘La serotonina’ o  ‘Sabotatge‘. Entre ellos, pero, Manel escondieron algunos de los temas más esperados y coreados como fueron ‘AI Dolors!’ o ‘Benvolgut’, temas que definieron durante años el estilo propio de la banda.

Pudimos comprobar que el grupo se encuentra en perfecta forma y defiende a la perfección el giro musical que ha dado en su último álbum. A pesar de ello, echamos en falta algunos de los viejos temas para poder tararear sus letras, echamos en falta algo de empatía con el público y algo que nos hiciera entrar en conexión con sus temas. El concierto transcurrió para nosotros sin pena ni gloria, quizás porque fue algo corto y quedaron fuera los temas más esperados. Finalmente y para cerrar el concierto, vimos con ‘Teresa Rampell’ la chispa que andábamos buscando y que nos haría revivir los ánimos, pero lo dicho, fue demasiado tarde ya. (Júlia)

Manel_EricPamies

(Bienvenido) Mr.BRIAN WILSON  (Escenario Heineken, 20:00h)

A veces la mejor de las predisposiciones no es suficiente para disfrutar un concierto. Las ganas de contemplar  la recreación en vivo del mítico Pet Sounds eran muchas, muchísimas, y la cita con el Sr. Wilson estaba marcada en fosforescente en mi programa del Primavera Sound desde hacía meses.

Sobre el escenario Heineken, el cantante, casi escondido detrás de un piano, acompañado por un nutrido grupo de músicos, entre los que se contaba Al Jardine, su hijo Matt–que prácticamente asumiría las labores vocales-y Blondie Chaplin, quien en la última parte del show se apropiaría de un par de canciones de los Beach Boys y las llevaría a terrenos más eléctricos.

El brillante incio con ‘Wouldn´t it be nice’ nos cegó, aquello entró a tropel y nos pinzó el estómago, pero ese prometedor inicio no se traduciría en un concierto memorable. Todo lo contrario, en seguida pudimos comprobar que Wilson no estaba para muchos trotes y que, posiblemente no había sido la mejor idea programar una gira mundial de setenta conciertos. Se le veía perdido, ausente, más preocupado por contar chistes y anécdotas que por afinar, socorrido en muchas ocasiones por Matt Jardine, quien cantaría la mayor parte del repertorio.

Especialmente sonrojantes fueron las recreaciones de ‘Don´t talk (Put your head on my shoulder)’, donde Wilson repetía el estribillo sin ningún garbo y ‘I Know there´s an answer’ con muchos y evidentes fallos técnicos, que  no pudieron ni maquillar el grupo de músicos solventes que le acompañaban.

De todas formas, el sol californiano nos rozó las mejillas en ‘God only knows’ y ‘Sloop John B’, pero lo mejor vendría justo después de finalizar el icónico álbum, cuando desempolvaron la gramola y nos regalaron vigorosas versiones de ‘Good vibartions’, ‘Surfin´USA’, ‘Fun, Fun, Fun’; e incluso se atrevieron con el ‘Monster Mash’ de Bobby Pickett, mi canción favorita de Halloween. Posiblemente este fue el momento más bonito del concierto, mirabas a tu alrededor y veías gente de diversas edades bailando y dando vueltas, corear los estribillos y cantar de memoria estas canciones que son verdadero patrimonio de la humanidad.

Con todo, fue un placer ver al Sr. Wilson, catar de refilón la grandeza de una obra mayor del pop, verlo comulgar con Dios cantando ‘God only knows’ y darnos cuenta de  que  detrás de esas cicatrices por el LSD aún queda espacio para una sonrisa. (Rubén)

Brian Wilson - EricPamies

DRIVE LIKE JEHU (Escenario Primavera, 21:35)

Los de San Diego salieron al escenario dispuesto a darlo todo a un nutrido grupo de fans que se amontonaban en el escenario Primavera a eso de las nueve y media de la noche. Su cantante, Rick Froberg, con aspecto de profesor de instituto, presentó a la banda en spanglish y enseguida se  lanzó con un descomunal ‘Super Unsison’ que encendió a todos los allí presentes. Más que cuatro viejunos, aquí había cuatro buenas espadas curtidas en sus proyectos paralelos que les han hecho estar activos y que hizo que el bolo del sábado sonara compacto, lleno de energía e intensidad. Como todo buen concierto de (post) hardcore que se precie,  se empezó a formar un crowd-sufring amenizada por ‘Kills You’ y, en las primeras filas, los más duchos se enzarzaron en un moshing mientras que el resto del populacho asentía violentamente a las arengas incendiarias del cuarteto.

Repasaron buena parte de sus dos únicas obras, haciendo hincapié en su celebrado Yank Crime del que dieron buena cuenta en ‘Sinews’, ‘Do you compute’, ‘Bullet train to Vegas’ o ‘Luau’; de hecho, parecían repetir la fórmula de otros años del Primavera donde un grupo se reunía para tocar su disco más emblemático. Todos los temas fueron densos, generosos, en los que un John Reis poseído y bañado en sudor castigaba su guitarra, mientras que Mike Kennedy y Mark Trombino  levantaban una muralla de sonido por el que trepaba Rick Froberg para vociferar. Quizás el único reparo, aparte de alguna disonancia en su segundo tema, ‘Human Interest’, fue la planitud de su sonido, a veces falto de matices, de un poco de cromatismo,  y de atacar cada canción de la misma manera, dando la sensación de cierta repetición.

De todas manera, un regreso con sustancia. Culto justificado.(Rubén)

PJ HARVEY (Escenario Heineken, 22:35h)

Embobados, ensimismados, callados, atentos y un sinfín de adjetivos más para describir cómo vivimos desde las primeras filas el concierto de PJ Harvey. A modo de marcha militar y acompañada cual procesión por los redobles de tambores, la inglesa entraba en escena de forma firme y solemne generando una gran expectación y silencio (algo a veces difícil de encontrar) entre su público. ‘Chain of keys’, tema de su último trabajo The Hope Six Demolition Project, serviría para dar comienzo al show.

Un seguido de nuevos temas servirían para ir entrando en calor y llegar a una esperada ‘Let England Shake’ que emocionó al público. Junto a ese tema un par más del mismo álbum, ‘The words that maketh murder’ y ‘The Glorious Land’ para recordarnos porqué amamos a PJ Harvey. Tanto con los viejos temas como con los más nuevos, PJ nos estaba ofreciendo un show en mayúsculas, un despliegue de su poderío vocal y de su capacidad para llenar el escenario.

De forma sobria y elegante siguió interpretando algunos de sus últimos temas como ‘Dollar, Dollar’, ‘The Wheel’ o ‘The Ministry of Social Affairs’, que a pesar de no conocerlos demasiado, consiguieron contagiarnos. Sin necesidad de grandes virguerías, la cantante conseguía a cada canción mantener nuestra atención, conseguía que nos embobáramos con los sobrios primeros planos que aparecían en un pulcro blanco y negro en las pantallas, o bien enganchados a sus movimientos en el escenario. A lo largo del concierto se mantuvo esa energía del principio, sin decaer, sin flaquear, todo al contrario. PJ Havery nos envolvía en su sonido más oscuro, igual que su atuendo negro de batalla y conseguía crear un ambiente teatral.

La verdad es que no nos dimos cuenta de la hora, del rato que llevábamos ensimismados hasta que empezaron a sonar algunos de sus viejos temas como ’50ft Queenie’, ‘Diwn by the water’ y ‘To Bring You My Love’. Se acercaba el final, final que llegó por todo lo alto con la nueva ‘River Anacostia’ y con la aclamación unánime del público. A mi parecer, PJ Harvey dejó el listón tan alto que casi ningún otro concierto llegó a alcanzarlo. Potencia, sobriedad, elegancia y aplomo encima del escenario, gracias. (Júlia)

PJ Harvey 01 Heineken_EricPamies

CHAIRLIFT (Escenario Pitchfork, 23:30)

Todavía ojipláticos por el show de Pj Harvey, nos pusimos en movimiento en dirección al escenario Pitchfork para ver que estaban haciendo Chairlfit, cuya actuación había empezado hacía media hora.

Ya hablamos de las bondades de su último trabajo, el no suficientemente ponderado Moth, por lo que teníamos muchas expectativas en ver cómo lo  defendían en directo. Caroline Polacheck con trenza, vestido blanco y botas altas cantaba la delicada ‘No such thing as illusion’ cuando cruzábamos las escaleras que conducían al Pitchfork, concurrido pero con espacio suficiente para disfrutar del resto de su actuación. Jovial, comunicativa, la voz de Chairlift parecía sentirse cómoda con los curiosos que se habían pasado por la zona baja del Primavera y les regaló todo un señor concierto.

Su siguiente tema, ‘Crying in public’, nos hizo cosquillas en el lagrimal- esa voz, esos ademanes, mucha clase- pero no era la intención del trío ponernos tristes esta noche sino hacernos bailar. “Cantadla, sepáis la letra o no”, espetó al público Caroline mientras Patrick marcaba los primeros compases de su éxito ‘Bruises’ y es que ellos, empeñados en que no nos quedáramos quietos, no tuvieron reparos en enlazarla con la vibrante ‘Show off’, uno de sus temas más bailables y responsable de  que las baldosas del recinto  quedaran bien sucias por nuestras zapatillas.

Para el final se guardaron ‘Ch-ching’, como si todavía  no hubiéramos caídos rendidos a sus pies y necesitásemos otro motivo para justificar nuestra visita al extrarradio del recinto. La letra pequeña del festival no les hace justicia. (Rubén)

 SIGUR RÓS (Escenario H&M, 00:00h)

La expectación alrededor del concierto de Sigur Rós era enorme. Venían a presentarnos un nuevo trabajo del que poco sabíamos (y continuamos sin saber después de su directo) e iban a hacerlo en formato trío tras la marcha de su teclista Kjartan Sveinsson. Jónsi Birgisson, Goggi Hólm y Orri Páll Dyrason salieron al escenario y se colocaron detrás de una especie de pantallas formada por tiras de leds que simulaban una reja. Sin poderles ver demasiado bien, comenzaron místicos con una nueva canción llamada ‘Óveður’, la única que tocaron de este inminente nuevo álbum. Un tema oscuro, que parece seguir las mismas líneas que las que encontramos en Kveikur. El espectáculo visual que acompañaba a los islandeses era increíble, perfecto para su música y para ayudarnos trasladarnos a esa atmósfera tan ensoñadora que los caracteriza. ‘Starálfur’ y ‘Sæglópur’ nos hicieron venir arriba, con ese final épico de éste precioso tema de Takk…

Una vez ya colocados frente a todo su público, saliendo de detrás de esa especia de barrera, pudimos ver a un trío seguro de sí mismo, que defendió sus canciones con una solidez envidiable. ‘Glosoli’ y ‘Vaka’ hicieron que se nos pusieran los pelos de punta, esas melancólicas y bucólicas melodías se integraban en nuestro cuerpo y retumbaban entre los asistentes, que en esta ocasión permanecieron callados y atentos al espectáculo durante todo el concierto. Otros de los temas que formaron su setlist, uno bastante acertado a mi parecer, fueron ‘Yfirborð’, ‘Kveikur’ y ‘E-Bow’. Pocas cosas hay que añadir sobre el concierto, fue perfecto en su ejecución, tanto musical como visualmente, y las emociones transmitidas por la banda fueron de las que calan hondo, por decir algo negativo, se podría decir que se echó de menos que algunas de sus canciones estuvieran arropados por más músicos para acabar de dar esa épica que Sigur Rós demanda. Finalmente nos despedimos de ellos con ‘Popplagið’ mientras deseamos volver a verles pronto en una sala (porque no nos engañemos, allí es donde podremos disfrutar de ellos al 100%) presentando aún más temas nuevos. (Elisabeth)

JULIA HOLTER (Escenario Ray-Ban, 00:50)

Julia Holter ha demostrado, con solo cuatro discos, más que muchos con carreras enteras. Esa sensibilidad de la californiana para desplegar un pop ensoñador y bonito, mucho más amable en su último largo, ha hecho que su nombre vaya escalando puestos en las listas de lo más granado de cada año. Precisamente, su último largo, Have you in my wilderness, reverenciado desde este mismo atril, sería el principal convidado a su actuación del sábado.

Flanqueada  de un contrabajo –que llevaría el peso rítmico del concierto-, un batería, una violinista y ella misma a los teclados, se le uniría a media actuación un saxofonista, cuya presencia fue poco más que anecdótica.

Nada más arrancar con ‘Silohuette’, la muy sibilina amarró nuestros corazones a las gradas del anfiteatro del Fórum y no los soltó hasta cincuenta minutos después. Aunque rácano en canciones, a la angelina le bastaron sólo ocho temas para ofrecer uno de los mejores shows del festival, como demostró con las maravillosas ‘Feel you’ o la intimista ‘Betsy on the roof’, que presentó con un entrañable “No es triste, sólo humana, bueno, un poquito”.

Mención aparte fue  el  bonito diálogo entre contrabajo y violín, que nos hizo dilatar las pupilas y contraer la glotis con el espléndido colchón sonoro para ‘Everytime boots’, donde los pizzicatos daban réplica a los lánguidos quejidos del violín.

Cuando presentaba su último tema, ‘Sea calls me home’, la grada -y servidor- embobados, quisimos rebañara hasta el último minuto de su repertorio y nos  adentramos sin vacilación en sus meandros místicos, última curva de un viaje delicioso. (Rubén)

MODERAT (Escenario Heineken, 1:40)

Lo que en un principio parecía un mero divertimento se ha acabado casi por comerse a sus proyectos principales. Nos referimos a la asociación participada por Sasha Ring (Appparat) y Gernot Bronsert y Sebastian Szary (Modeselektor), una empresa bien avenida que con su tercer disco –titulado lacónicamente III– vuelve a demostrar que su suma de egos sigue produciendo buenos discos.

Los que peregrinamos al escenario Heineken pasadas la una y media de la mañana teníamos claro que lo íbamos a encontrar iba a ser el equivalente a la actuación de Underworld del año pasado, es decir: electrónica de calidad para- en muchos casos-poner fin a la fiesta del Primavera Sound. Y fiesta no faltó.

Apoyados en unos espectaculares visuales, los alemanes hicieron un generoso repaso a su trilogía, alternando temas bailables ‘Running’, ‘Intruder’ o ‘Animal trails’ con otros más reposados como ‘Ghostmother’ –con el que inciaron el setlist- o “Gita”. Perros viejos del festival, como nos recordaron al mencionar la de veces que se habían pasado por aquí- ofrecieron un show diseñado con escuadra y cartabón: todo sonó como debía sonar, con una elección de temas impecable y la atemperada voz de Ring, que daba calidez al andamiaje electrónico de los dos Selektors.

Cuando parecían que ya habían bajado la persiana y el personal se disponía a marchar, nos regalaron la enorme ‘Bad Kingdom’ para regocijo de todos los allí presentes, cerrando un concierto redondo y perfecto broche final para los  que nos íbamos a casa. (Rubén)

TY SEGALL AND THE MUGGERS (Escenario Primavera 01:50h)

La sorpresa de la noche llegó de la mano de Ty Segall acompañado por los Muggers (que no son pocos). El californiano venía con el claro propósito de ofrecer a su público un espectáculo sin igual. Ya habíamos visto que últimamente sus directos parecían sacados de un manicomio, y efectivamente eso pudimos corroborar durante la jornada del sábado. Segall y compañía aparecieron encima del escenario ataviados con monos y luciendo de vez en cuando la terrorífica careta de bebé que lleva un tiempo acompañándolos.

Hicieron gala de ese garage que los caracteriza abriendo su actuación con ‘Squealer’ de Emotional Mugger, álbum que recientemente publicaron y que venían a presentarnos, y vaya si lo hicieron, gran parte del setlist estuvo formado por temas del mismo; ’Baby Big Man (I Want a Mommy)’ , ‘Emotional Mugger / Leopard Priestess’ o ‘Candy Sam’ por mencionar algunas.

Aburrirte en este concierto fue algo imposible, de hecho hacerlo hubiera sido casi un delito. El delirio y caos formado por todos los que estaban encima del escenario era tan contagioso que Ty Segall bajó a primera fila, escogió a uno de los asistentes e intercambió papeles con él. El muchacho del público subió al escenario y se unió a la banda provocando que la mayoría de nosotros pensara ¿esto estaba ya preparado o está siendo un momento realmente improvisado? Ver a Segall colocado detrás de las vallas animando a un chaval “cantando” una de sus canciones mientras él lo animaba era realmente genial. Siempre va bien un toque de locura de vez en cuando, y desde luego con él todos enloquecimos un poco. Después de despedirse, la banda se vio obligada a salir de nuevo debido a los gritos de los fans que aún querían más, los estadounidenses regresaron para tocar agradecidos ‘Finger’. ¡Hasta pronto Ty! (Elisabeth)

ROOSEVELT (Escenario Pitchfork, 02:35h)

Todavía en shock después de asistir a la locura de Ty Segall, decidimos asomar la cabeza por el escenario Pitchfork guiados por algunas recomendaciones. Allí nos encontraríamos un con un hasta entonces desconocido Roosevelt; no habíamos tenido el placer todavía de escuchar lo que calificaríamos como electrónica elegante.

La verdad es que fue todo un acierto pasarse por este escenario ya bien entrada la noche, qué mejor manera de calentar motores para el fin de fiesta que asistir a una sesión electrónica ligera, festiva y divertida. Roosevelt, nombre bajo el que se esconde el alemán Marius Lauber, funcionaba como pieza clave en ese momento de la noche, dejábamos atrás la concentración puesta en anteriores conciertos y nos dejábamos llevar por esa electrónica con reminiscencias poperas. 100% acierto.

Ya con el ritmo en el cuerpo dejado por Roosevelt optaríamos por dirigirnos hacia el clásico fin de fiesta que nos brinda cada año Dj Coco. Con un Ray-Ban llenándose de forma acelerada, conseguimos un hueco entre la muchedumbre para poder contagiarnos de la euforia final y entrar en esa especie de catarsis festiva. La verdad es que llevábamos un par de años algo desencantados con las sesiones finales, eso va a gustos, así que estábamos pendientes de sus nuevas elecciones musicales. Y boom, silencio total, cohete elevándose acompañado por el gran Bowie y su enorme ‘Space Oddity’, qué mejor forma de homenajear al artista y de clausurar esta edición. Con un Dj Coco más brillante que otros años, a nuestro parecer, aguantamos dignamente su sesión hasta que el sueño y el cansancio pudieron con nosotros. Atrás dejábamos una edición muy brillante, una edición con grandes nombres y muy esperados que siguen dejando el listón por las nubes. (Júlia)

 

 

Elisabeth
Elisabeth

Licenciada en Humanidades y amante de todo lo que rodee el mundo audiovisual, en mi mochila siempre encontrarás una cámara, mi móvil, unos auriculares, una agenda y un boli. Lo que más me gusta es disfrutar de la música en directo y guardar las entradas de recuerdo. ¡Ah! Y los velociraptores.

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