Crónica

Feist · Rhye

Mountain Winery

15/08/2019

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El pasado 15 de agosto nos dirigimos por primera vez hacia la Mountain Winery, una hermosa viña situada en lo más alto de una de las montañas de la ciudad de Saratoga en California. El Sol de plena tarde, regalando una imagen de lo más bucólica, nos castigaba a su vez con unos punzantes 38 grados que solo parecían disminuir con un buen vaso de vino en la mano. 

Lo que nos llevó hasta allí fue que aquella noche Rhye y Feist actuarían encima de un escenario íntimo y encantador. A las siete puntual aparecía delante de un público que aún se movía de arriba para abajo intentando evitar los rayos del Sol Mike Milosh acompañado por seis músicos que hicieron que sus canciones cobrasen vida. En esta ocasión, a diferencia de la última vez que lo vimos, Milosh aparecía con una imagen mucho más informal, con un pañuelo atado alrededor de su cabeza, una camisa oversize, y unos tejanos de color azul claro. 

Al asistir como telonero de Feist, su paso por Saratoga fue breve, pero aún así supo representar de la mejor manera sus dos primeros discos Woman y Blood, cosa que sorprendió porque de su último álbum Spirit, aquel que en teoría debería estar promocionando este año, no sonó ningún tema. 

Abrieron con ‘Major Minor Love’, deleitándonos con la hipnótica voz de Milosh cuya deliciosa ambigüedad florece cada vez que pronuncia una palabra, mostrándonos cómo ha conseguido revivir ese R&B delicado y sensual que ya sonaba en los años 80. En ‘Please’ nos pidió a todos que le acompañáramos dando palmas, y en ‘Taste’ chasqueando los dedos. La proximidad con los asistentes era tal que hubo espacio para pequeñas conversaciones entre artista y espectador, e incluso para que se le regalara al batería, quien iba descalzo, un par de calcetines. 

Rhye nos había hipnotizado a todos, este set en directo con batería, bajo, guitarra, así como violonchelo y violín e incluso uno voz femenina al teclado provocó que canciones como ‘Phoenix’ sonaran impresionantes invitándonos a todos a movernos con su ritmo informalmente bailable. Ello se debe a que se nota que con los años ha estrechado lazos con los músicos que lo han acompañado en directo durante tanto tiempo y eso queda claro cuando los ves a todos juntos ofreciendo un sonido de lo más atractivo.

Creíamos que terminarían con ‘Open’ esperadísima por muchos, pero se despidieron finalmente con ‘Song For You’ mientras todos coreábamos juntos aquel doloroso “I feel your pain, I feel your heart baby”. Sin duda un concierto íntimo, cercano y sensual. 

Cuando el Sol ya empezaba a desaparecer por detrás de los árboles y la luna comenzaba a asomar, uno de los mejores aspectos de cualquier concierto de verano al aire libre, apareció por fin Feist encima del escenario junto con su banda. El escenario del viñedo es un espacio cautivador que desde el inicio emocionó a la cantante canadiense, quien se mostró de principio a fin de lo más magnética. Bromeó y divagó nerviosamente entre canciones, como si no fuera consciente de que ella era la protagonista de la noche. Vimos rápidamente que su voz no era la de siempre y que una especie de catarro la estaba acompañando, sin embargo eso no hizo que su nivel vocal disminuyera, ni que su atrayente carisma se disipara, al contrario. 

Comenzó su repertorio con la guitarra eléctrica en mano, fuerte y contundente con ‘Pleasure’ y ‘A Commotion’, jugando con las luces y las siluetas que su sombra proyectaba en el edificio que elegante se alargaba a sus espaldas. Su lado más rockero salió a relucir y eso fue apoyado por el gran trabajo de las dos baterías que la acompañaban. No tardó mucho en hacer bailar a los asistentes con la esperada ‘My Man My Moon’, y qué difícil es bailar sobre una cinta transportadora cuando el suelo se niega a moverse. 

Poco tardó en cambiar de guitarra para abrazarse a una acústica con la que nos enamoró con temas como ‘The Wind’ y especialmente en ‘A Man Is Not His Song’, estando en la atmósfera perfecta aquella canción se expandió musicalmente hasta tocar el corazón de todos aquellos que en silencio, nos sentimos más cerca que nunca de Feist, incluso cuando paró a mitad del tema debido a un ataque de tos, cosa que hizo que todos aplaudieran la espontaneidad del momento.

Quizás lo más espectacular de todo el concierto fue precisamente eso, el hecho de que no sabía cuán expansivas podrían llegar a ser este tipo de canciones. Sus melodías respiraron por sí solas, contaban historias que parecían haber sido creadas para esa noche, para nosotros, recorriendo pequeños caminos errantes que las llevaban hasta ahí. 

Disfrutamos de una intimidad con el artista que pocas veces había vivido en un directo, juguetonamente cambiaba las letras para reírse y personalizarlas para aquella ocasión, aullamos con ella cual lobos porque nos lo pidió, porque la luna llena por fin había asomado sobre los árboles, y también imitamos los sonidos de un pájaro para que ella pudiera comenzar a tocar ‘Caught a Long Wing’. 

Después de la gran actuación de todos los músicos que la acompañaban aquella noche, especialmente el encargado de los instrumentos de aire y la batería, todos se retiraron del escenario a excepción de Feist, quien sola comenzó a interpretar ‘Baby Be Simple’ y ‘Mushaboom’, en una versión acústica mucho más folk que la original, con un solo de guitarra del que ella misma hizo alarde. Para ‘Secret Heart’ buscó una pareja en el público para que bailara mientras ella cantaba, encontró a dos jóvenes que ilusionados la acompañaron al escenario y bailaron tiernamente mientras ella nos deleitaba con aquella delicada pieza, pocos esperábamos que al terminar el chico se arrodillara y le pediría matrimonio a aquella joven con la que había bailado, fue un momento al más puro estilo de peli de Hollywood. 

La banda volvió a aparecer para acabar con cuatro temas más, entre ellos ‘The Limit to Your Love’ y ‘I Feel it All’. Todos los asistentes se pusieron en pie y pidieron sin descanso que volvieran a salir para regalarnos un poco más de aquella magia que habíamos vivido hasta el momento, y aunque no sé si lo tenían preparado o no, regresaron para contentarnos con la muy coreada ‘1234’, utilizando a la multitud para cantar armonías con ella (dividiendo el público en tres grupos: «gente de este lado», «gente de ese lado» y «canadienses » para luego acabar con ‘Let it Die’. 

Todavía hoy esbozo una gran sonrisa en mi cara, pensando en cuánta suerte he tenido al poder estar presente ahí, aquella noche. 

Elisabeth
Elisabeth

Licenciada en Humanidades y amante de todo lo que rodee el mundo audiovisual, en mi mochila siempre encontrarás una cámara, mi móvil, unos auriculares, una agenda y un boli. Lo que más me gusta es disfrutar de la música en directo y guardar las entradas de recuerdo. ¡Ah! Y los velociraptores.

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