Crónica

The Drums

Razzmatazz

15/09/2017

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Qué duda cabe que el momento de gloria de The Drums ya pasó. Sus quince minutos de éxito sucedieron en 2010 con la publicación de su debut homónimo donde daban réplica una serie de EPs que pusieron a la banda de Brooklyn en la boca de todo el mundo gracias a sus infalibles melodías y ese sentir post-adolescentes con letras que nos hablaban de  veranos que terminaban en la orilla, a tablas de surf y sobre todo a una defensa del frenesí de la juventud. 

Mucho ha llovido desde esas canciones; por medio se ha quedado parte de la formación original hasta ser un proyecto de Jonny Pierce en la actualidad, y en ese meneo de nombres su popularidad ha ido mermando mientras parían discos interesantes como “Portamento”, incomprendidos como “Encyclopedia” y oscuros como “Abysmal Thoughts”. 

Precisamente este último era la excusa para dejarse ver por la sala 2 del Razzmatazz este viernes  lluvioso, con el aforo a medio llenar pero con una cohorte de fans dispuestos a  tararear los estribillos de los Drums.

Acompañado por tres músicos de directo, Pierce salió al escenario para interpretar sin dilación alguna “I´ll fight for your life”, extraído de su último trabajo y que encaja perfectamente entre su repertorio más clásico, como demostró al proseguir con “Best friend” y la maravillosa “Book of Stories”, ambas incluidas en su exitoso debut.

Huelga decir que para entonces, el público –un poco escaso pero bien avenido- ya estaba en el bolsillo de Jonny Pierce, y es que él es el alma de The Drums, con esa silueta espigada, su característico pelado y su constantes aspavientos ya marca de la casa. 

La primera media hora fue una firme demostración de lo que son capaces la banda de Brooklyn: estribillos irrefutables, nervio escénico, melodías pegadizas y cierta melancolía en las letras que han hecho grandes a “Money”, “Let´s go surfing” y “Days”, olvídense de pericia técnica y virtuosismos al micro. Ni falta que les hace.

Tras salivar con esa ristra de singles – aquí apostaron su mejor repertorio para calentar al público- a sus siguientes movimientos, aunque loables, les faltaron algo de brillo: “I need a doctor” y “How it ended” sonaron correctas pero no desataron nuestros tobillos, aunque “Book of revelation” y “Blood under my belt” nos devolvieron el picor juvenil de minutos atrás. 

La segunda parte del concierto –es decir, unos generosos bises de casi treinta minutos- la iniciaron con “What you were”, incluida en su segundo trabajo, y que confirmaba el desprecio a su tercer largo, “Encyclopedia”, quizás ninguneado por los recuerdos que le traen a su cantante. 

Los últimos minutos de show cayeron en cierta repetición -¿añadió algo “Rich kids”?- y una incómoda monotonía se apoderaba del tramo final del setlist  con “Head of the horse” y “Mirror”, con la que cerraban su actuación. A pesar de todo, y pese a una segunda parte descafeinada,  Pierce y los suyos ofrecieron el mejor concierto que The Drums pueden dar en la actualidad, para bien y para mal. Seguimos surfeando.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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