Crónica

Burger Invasion Madrid 2018

18/02/2018

Por -

Burger Records, el sello californiano más conocido en todos los puntos del planeta, escogió nuestro país para ofrecernos una de sus catas de buen gusto a la hora de escoger a sus artistas. Así es como pudimos disfrutar de una tarde de lo más variada, con las guitarras como núcleo central de un viaje que transitó por el pop, el garage y el rock en su vertiente más nostálgica. Escogiendo un abanico muy medido de artistas que creasen el suficiente contraste entre sí, programándolos de una forma realmente acertada, consiguieron que la cita resultase todo un acierto y las buenas melodías invadiesen la Joy Eslava, sobre todo en las primeras horas. Quizás esta Burger Invasion sirvió para darnos cuenta del amplio abanico de artistas que maneja el sello, dejando en cierta medida un poco de lado la imagen de bandas garageras siempre asociadas a los de Fullerton para mostrarnos a partes iguales tanto el encanto por el pop de salón como por la diversión que resultan las propuestas frenéticas encima del escenario. En definitiva, una idea más que destacada, que fue ejecutada con éxito y que os detallamos a continuación.

La jornada comenzó de forma temprana con unos Younghusband que a esas horas gozaban de un público bastante escaso. La única banda británica de la noche se encargó de dejar constancia de lo agradables, moderadamente felices y suspendidas al encanto de la nostalgia más sonriente que resultan sus canciones. En su breve set mostraron la ligereza de sus influencias más psicodélicas, aquellas que resultan cercanas en forma al lado más entumecido de The Feelies, donde parece que los primeros rayos del día lo inundan todo. El conjunto de guitarras que evitaron saturar en todo momento, junto con unos recogidos teclados supusieron el entrante perfecto de todo lo que nos esperaría después. De este modo temas como ‘She Lies Awake’ o  ‘Misguided Light’ sonaron con una contención envidiable, reflejando por momentos un lado cabizbajo y casi adornado con suspiros, demostrando todo lo particular que tiene Euan Hinshelwood a la hora de componer temas.

A continuación continuamos instalados en el lado más pop de nuestra cita californiana, aunque en esta ocasión los matices fueron bien diferentes a los de Younghusban. Cotillion se encargaron de ofrecer uno de esos directos que calan rápido y sorprenden a medida se van desvelando sus cartas. Con unas proyecciones que viajaban a través de atardeceres, la recta inicial del directo transcurrió por todas aquellas canciones que parecían encerradas en la habitación de Jordan Corso, dejándonos con momentos que rozan aquella euforia inexplicable de los momentos más extraños de tu vida, cayendo interpretaciones de aires despreocupados pero de lo más emocionantes como ‘Alex’s Room’ o un ‘I Like People’ que sonó con un perfecto toque de inocencia. Sin embargo pasado el ecuador del concierto, también llegó un lado más ruidoso, de guitarras que divagaron por el encanto de los sonidos noise ejecutados no desde lo insistente, sino desde el afán por sonar altamente melódicos. Una recta final del concierto de lo más electrizante con la que demostraron cómo se puede ofrecer un concierto de lo más completo en apenas cuarenta minutos.

Llegando al ecuador de la tarde, The Molochs ofrecieron el concierto más completo posible, encontrándose ante un público que casi llenaba la sala. La propuesta de los de californianos en directo se torna más trepidante, intentando dejar atrás los momentos más aferrados a los estados de ánimo decaídos. Lucas Fitzsimons se mostró como el frontman ideal para defender los momentos en los que los temas se tornaron más sombríos, reflejando en ocasiones una pose de bastión inquebrantable frente a los acelerones guitarreos y el brío que tomaron temas tan redondos como ‘Ten Thousand’. Más momentos donde comprobamos la buena mano que tiene el grupo para lograr canciones de esas que exaltan emociones llegaron con una ‘You and Me’ de corazón en la mano y más decibelios que en su versión de estudio. También hubo ocasión para desvelarnos un nuevo tema de su próximo trabajo que ya está grabado y del que tendremos noticias no tardando. Esta canción en cuestión reflejó la faceta más dinámica del grupo, aquella apegada a los momentos donde la Velvet aprieta los dientes y parecen inquebrantables. Afrontando la recta final del directo, tampoco pudo faltar un ‘Charlie’s Lips’ de sonrisa maléfica pero influjo encantador, sucumbiendo finalmente ante un New York que sonó de lo más polvoriento y encaramado al espíritu sesentero.

Poco a poco fuimos sintiendo como las revoluciones iban aumentando, llegando Wand para aprovechar el buen clímax guitarrero que se había ido formando a lo largo de toda la noche. A través de muros de sonido infranqueables, sacaron a relucir su sonido más ácido, aquel que conduce tras la pista de Oh Sees, pero sin dejar tanto espacio a lo desmedido sino a la intensidad controlada. Quizás la única pega que se puede poner a su directo fue precisamente a esas situaciones en las que parecía que las canciones pedían una marcha más pero no llegaba. A pesar de ello la sensación de rutilancia de canciones como ‘White Cat’ acaba imponiéndose a cualquier otra impresión, haciendo surgir todo el talento de la formación en aquellas situaciones donde parece que la improvisación es la mejor escapatoria. Aquí es donde quizás entra en juego su vertiente más fuzz con canciones como ‘1000 Days’, que precisamente alterna este apartado con la concepción más saltarina del garage guiado a través de adornos que llegan de la mano de punteos en vez de distorsión. Cumpliendo en su papel y justificando una trayectoria de cada vez más envergadura, Wand provocaron los primeros pogos de la noche.

Con un ambiente completamente caldeado estaba claro que The Garden iban a recoger a la perfección las ganas del público de disfrutar su directo al máximo a pesar de ser domingo. Ocurra lo que ocurra en su versión de estudio, está claro que Wyatt y Fletcher Shears van a buscar el espectáculo y la adrenalina en todo momento. Alternando entre los momentos más electro donde muestran sus bases rapeadas como ocurrió en ‘U Want The Scoop?’ y su faceta punk más siniestra presente en ‘Red Green Yellow’, supieron crear el contraste perfecto dentro del inmenso derroche de energía que hicieron. Apostando por dejar de lado aquello que implicase bajar las revoluciones, el histrionismo de ambos hermanos se hizo presente, no parando de alentar al público y contornearse poseída. También fueron frecuentes las situaciones en las que decidieron lanzarse a por el público para sentir juntos su sudor, siendo conscientes de que una buena colonia de fans les llevaba aguardando bastante tiempo. Sin mostrar ningún signo de extenuación, remataron el directo con un enrabietado ‘All Smiles Over Here :)’ con el que muchos acabaron quemando sus cartuchos.

El supuesto plato fuerte de la noche llegó con unos Dwarves que ofrecieron el espectáculo irreverente, teatral y lleno de un punk a piñón fijo que provocó los momentos de choque más duros entre el público. Los años parecen no pasar por ellos, ya que su actitud tan chulesca, y tabernaria sigue siendo su principal arma para que temas tan emblemáticos como ‘The Dwarves are still the best band ever’ sigan cobrando significado completa. Lo que seguramente defina mejor el directo de Dwarves sea su final, consiguiendo que ningún segundo de los últimos 10 minutos de su directo permaneciese en directo en base a una concatenación de canciones realmente memorable. Una sucesión de punzadas lanzadas con ataques voraces, de desgana sobredimensionada hacia su lado más pasota y una sensación de nunca dejaremos de provocar al personal para conseguir vencer al tiempo en vez de que ocurra lo contrario. Lo que quedó claro es que nadie los puede ganar en profesionalidad y en coherencia con toda su  trayectoria mostrada.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *