Crónica

Father John Misty · Weyes Blood

Razzmatazz

18/11/2017

Por -

Es difícil imaginar a Josh Tillman sin Father John Misty. Casi por asociación hemos convenido que personaje y persona forman un ente indisoluble incapaz de existir el uno sin el otro, y no podemos sino elucubrar qué aporta uno al otro, ¿la voz? ¿el duende? ¿el porte chupao poseído por ademanes? ¿el dominio escénico?

Poco importa donde comienza el pasaporte y termina el alias, lo que es incuestionable es que Josh Tillman es uno de los mejores entertainers de la actualidad, tal y como demostró el sábado en la sala Razzmatazz ante un aforo que rozaba el lleno. 

Rodeado por buenas compañías, el músico de Maryland entró en el escenario con paso rápido para aferrarse al micro e interpretar una sentida ‘Pure Comedy’, que abre su disco homónimo publicado este año. Con un estado vocal excepcional, y respetando el orden original de dicho trabajo, Tillman ejecutó los últimos minutos de ‘Things it would have been helpful to know before the revolution’ entre espasmos e hincó las rodillas en el suelo casi en un acto de redención, de sabor casi mesiánico con su generosa frente sujetando su cabellera echada hacia atrás. Pura comedia. 

Cuesta imaginar al lacónico, introvertido, gris –esas fundas firmadas bajo su nombre real- Josh aporreando las baquetas tras los miembros de Fleet Foxes, cuesta imaginarlo mientras le roba el movimiento de pelvis a Miguel Bosé y a Jarvis Cocker, mientras agita el cable del micro como si fuera un lazo, mientras se acerca al público o mientras se da palmadas en el pecho. Mucho arte. Pero más allá de paseíllos y giros de muñecas, Tillman coge las canciones y las engrandece: las retuerce, las exprime, las expande, como ‘Nancy from now on’, ‘True affection’ –con esa atmósfera tan cabaretera-, o ‘The night Josh Tillman came to our apt’, con la proyección del sugerente video. 

Por otro lado, evidentemente resulta complicado mantener ese escozor en el pecho durante la hora y media que anduvo por el escenario, despachando versiones algo frías de ‘Chatteu lobby 4’, ‘I´m writing a novel’, pequeños ‘peros’ que se nos olvidaba cuando arqueaba la espalda y nos dedicaba cada nota como si hubieran sido escritas para nosotros. 

Para el último tramo de la homilía antes de los bises, el reverendo eligió ‘Hollywood forever cemetery sings’ y la cuasi épica ‘I love you, Honeybear’, bajando el telón unos minutos para volver al escenario y regalarnos la maravillosa ‘Real love baby’ o como sonaría Elton John si se hubiese criado en la Costa Oeste. La siguiente, ‘Holy shit’, no hizo más que seguir abriendo la herida folk pero, lejos de cerrar el concierto regodeándose en la languidez, Tillman enfiló su vena eléctrica regalándonos una enérgica ‘The ideal husband’ mientras se despedía del público lanzando besos y recogía un muñeco Father John Misty que le habían regalado sus acólitos de las primeras filas. Lo dicho: genio y figura. 

El entremés del concierto lo protagonizó la delicada Weyes Blood, ofreciendo un íntimo repaso por algunas canciones de su notable trabajo del año pasado ‘From row seat to earth’ (Mexican summer, 2016) e incluso atreviéndose con una versión de Soft Machine ‘A certain kind’. Agradeció ante el público la oportunidad de haberse ganado sus primeros dólares –bueno, euros- en la sala Sidecar hace unos años. Bonito detalle para una artista a quien le queda ya pequeño ser telonera de otros.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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