Crónica

Disciplina Atlántico · Kiko Sumillera

Black Pearl

27/01/2018

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Disciplina Atlántico regresaban a casa para presentar de nuevo Gran Oriente. Cierto es que ya hicieron lo propio en octubre en el festival Tónal, pero en esta ocasión contaban con una duración mucho mayor donde mostrar los temas de su primer LP a la par de dar rienda suelta al EP que los dio a conocer. En una velada repleta de amigos y caras conocidas de la escena musical vallisoletana, Kiko Sumillera fue el encargado de abrir la noche con un formato adaptado a lo acústico. Tan solo él con su guitarra, y escuderos habituales como son David Hernández y Alex Izquierdo encargándose de unas cuantas percusiones y coros, lograron plasmar su cancionero de tintes tan castellanos como personales. Con nuevas composiciones en camino, como es el caso de ‘Jardín Sin Vigilancia’, el músico vallisoletano mostró su habitual solvencia y capacidad para escapar a la figura de cantautor más clásico.

El plato fuerte de la noche llegó minutos después, disponiéndose los miembros de Disciplina Atlántico sobre el escenario envueltos en una nube de humo. Arrancando con ‘El Cristo de las Sales de Baño’, mostraron su firme intención de dar rienda suelta picos de intensidad acompañados perfectamente por un lado ruidoso y afilado.  Si por algo destaca la banda en directo respecto a su versión de estudio, es por la capacidad de domar el ruido de sus guitarras, no cediendo al descontrol ni a los muros de sonidos tortuosos, sino que su elegancia radica en la corriente post punk más cercana a bandas como Mission of Burma. Ritmos marcados, toques más o menos poperos, pero siempre un espacio vital para que cada guitarra pueda aportar elementos diferenciadores sobre el resto. En esta ocasión, además contaron con la ayuda de Ruben Bayes al saxofón y Javier Bielba al theremín, convirtiendo el concierto aún más en una reunión de amigos. De este modo, temas como ‘Confeti sobre Fondo de Sangre’, adquirieron aires más alucinados y espaciales,  mostrando las ansias de escapatoria, de historias de yonkis y ambiente sombrío generacional que bien pudo ser la tónica de la ciudad en los noventa.

Transmitiendo totalmente el realismo del contenido de sus temas, la retahíla de canciones feroces de Gran Oriente fue cayendo de una forma estruendosa como fue el caso de ‘Chivato’, uno de los temas más completos del grupo en lo instrumental, cobrando un ambiente de mayor contundencia y espíritu tortuoso en el directo. Giros enfocados hacia la tensión y urgencia, al mismo tiempo de mostrar una dirección inequívoca en los estribillos por generar una angustia que invade buena parte de su trabajo. Sin embargo, también hubo tiempo para una cara igualmente siniestra en su contenido pero más liberada de tensiones en su forma, algo que palpamos en los momentos iniciales del directo con ‘Tu Gemelo Enfermo’ y aires tan evasivos como de perdición. La noche poco a poco se iba acercando a su final sin olvidarse de algunos de los temas más insignes de su repertorio como ‘El Centro del Bosque’ o una ‘Parquesol’ que cobró completo significado. En los bises tampoco faltó un nuevo tema titulado por  el momento ‘Mataré a Vuestros Muertos’, quizás más melódico, más enfocado hacia el peso de una estrofa más coreable en la medida de lo posible, pero ajustando del mismo modo alguna que otra cuenta pendiente. En definitiva, una noche de miradas directas a los ojos e historias que aún colean a pesar del paso de los años.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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