Crónica

Vodafone Paredes de Coura 2019

Miércoles

14/08/2019

Por -

El Vodafone Paredes de Coura regresó con su edición más multitudinaria, ampliando el aforo de 25000 a 26000 personas pero aumentando también el espacio disponible para los asistentes tanto en el recinto como en la zona de acampada. Lo cierto es que este aumento de afluencia de público solo se notó en las horas puntas, pudiendo disfrutar del resto del festival de la forma que siempre lo hemos conocido. En definitiva, lo que se conoce como un crecimiento bastante sostenible donde intuimos que se ha alcanzado el límite exacto para que siga siendo nuestro festival de referencia no solo en el plano musical sino en otros aspectos. La ausencia de colas durante buena parte de la tarde y la disposición de todos los elementos dentro del recinto vuelven a confirmar las características únicas de este evento para que pueda ser disfrutado al máximo. Un pequeño paraíso cada vez más conocido pero que conserva la magia del primer día. Dejando de lado los preámbulos, nos adentramos en lo que dieron de sí los diferentes conciertos.

La inauguración del festival corrió a cargo de una nueva Vodafone Music Session que en este caso protagonizaron unos emocionantes Boogarins en el Antiguo Sanatorio de Paredes de Coura. Con la magia de un escenario decadente y completamente abandonado, los brasileños dieron rienda suelta principalmente a las canciones de su reciente LP Sombrou Dúvida, haciendo retumbar los cristales rotos del antiguo centro de internos. Disponiéndose a lo largo del soportal de entrada del edificio, nos mostraron como su carrera ha sabido poco a poco combinar la esencia tropicalista de sus inicios junto con una cara rock cada vez más ácida. La vegetación salvaje y el vandalismo perpetrado en el lugar durante todos estos años fueron otros de los alicientes que volvieron hacernos sentir como la iniciativa de la compañía de telefonía siempre aporta una visión más profunda a todo lo que nos puede aportar el festival.

Ya en el recinto, la primera  artista que no nos perdimos fue la de la canadiense Julia Jacklin, encontrándonos ante la hora perfecta en la que desarrollar sus composiciones. Transmitiendo la sensación de una ligera tristeza que se va rompiendo a través de momentos de luminosidad, sus canciones en directo poseen la calidez que resulta impresa en su versión de estudio, permitiendo que a pesar de localizarnos en un escenario de grandes dimensiones la propuesta no perdiese fuelle. Arrancando el directo con la pausada y adormilada ‘Body’, poco a poco nos fue ganando a base de composiciones serenas pero con gran profundidad, sabiendo muy bien cuando poner el pie en el acelerador y reforzar su cara folk más intrépida como bien ocurrió en ‘You Were Right’. Como si se tratase de ir soltando poco a poco el recogimiento y timidez inicial de la propuesta, el directo se acabó transformando en un ejercicio de fortaleza muy bien rematado con ‘Pressure to Party’.

El relevo de Julia Jacklin fue tomado por unos Boogarins que en su concierto grande en el festival demostraron haber dado el salto hacia cotas mayores dentro del rock psicodélico. Controlando a la perfección el ambiente envolvente de cada tema y aportando las dosis precisas de dinamismo para que su propuesta no acabe cayendo tampoco en el lado más lisérgico, su directo sin lugar a dudas fue lo más destacado de esta primera jornada. Con un setlist muy bien equilibrado donde no faltaron sus coqueteos con el rock progresivo como en ‘FoiMal’, hasta el toque juguetón de la bossa nova de ‘Lucifernandis’, su propuesta logró retumbar con fuerza en las laderas del anfiteatro. Tanto su cara lanzada a que el público sacudiese su cabeza como aquella en la que lo que mejor acompaña al plano musical es perder la mirada en las estrellas del cielo, funcionaron a las mil maravillas, rematándolo todo con la efectiva y convertida en himno ‘Sombra ou Dúvida’.

Adentrándonos en el apartado completamente nocturno Parcels ofrecieron un concierto destinado completamente al baile, sonando convincentes pero quizás entregándose demasiado a la causa festiva y olvidándose de los rincones que hacen tan especiales sus canciones. Intentando incidir en las melodías más cíclicas de sus canciones, la faceta más funk de sus temas se acabó diluyendo en un excesivo protagonismo de sus teclados y movimientos encima del escenario, dando la sensación de que por momentos se estaban pasando de frenada. Por ello seguramente el impacto inicial de canciones como ‘Myenemy’ o ‘Comedown’ se fue diluyendo entre una obsesión porque el público pudiese corear cada una de sus estampas instrumentales más reconocibles. Siendo conscientes de que el festival precisaba de un revulsivo destinado a la desinhibición, reflejaron su lado más festivalero y sin lugar a dudas el público se lo agradeció sobremanera.

Una vez pasado el fervor provocado por Parcels, llegó uno bien distinto a cargo de The National. Entre las caras de los asistentes se notaba que era uno de los conciertos más esperados de todo el festival, siendo conscientes de como todas las condiciones apuntaban a que fuese un directo memorable. Matt Berninger se mostró bastante más comedido que de costumbre, como si el directo fuese un completo ritual litúrgico donde cada parte mereciese el preciso rigor para no defraudar a ningún fan. Bien acompañado en algunos puntos en el apartado vocal por Mina Tindle, la banda nos dejó un setlist bien confeccionado en base a los temas encerrados en su nuevo I Am Easy to Find, tratando de que los momentos de mayor concentración emocional se repartiese a lo largo del directo. Así es como fue soltando poco a poco canciones tan desbordantes como ‘Guilty Party’, ‘Pink Rabbits’ o ‘Terrible Love’, demostrando como son unos cabezas de cartel totalmente diferentes al concepto clásico. A través de una interpretación instrumental precisa y tratando no dejarse en el tintero los arreglos preciosistas que atesoran, The National fueron capaces de ofrecer el concierto deseado para los fans y de paso ganarse de forma más que convincente a los que no son tan asiduos a su repertorio.

Gastando las últimas baterías de la noche, KOKOKO! quizás no lograron despuntar como en principio se presuponía. Con ritmos demasiado machacones y sin gran capacidad sorpresiva, su directo estuvo marcado por una gran entrega pero sin acabar de lanzarse de lleno a la fiesta de sonidos étnicos que cabía esperar. Logrando que sus integrantes se alternasen el papel de protagonistas encima del escenario, al final no se sabía muy bien que partes sonaban completamente en directo y cuales estaban grabadas de antemano. Concierto con una buena dosis de espectáculo pero carente de alguien al volante que supiese conducirlo todo hacia un destino completamente disfrutable.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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