Crónica

Vodafone Paredes de Coura 2018

Sábado

18/08/2018

Por -

La última jornada del festival llegaba con todas las entradas de día agotadas, algo totalmente propiciado por la presencia de Arcade Fire. Los canadienses fueron los sustitutos de una Björk que se cayó el cartel con muchos meses de antelación, provocando sus sustitutos una acogida mucho más multitudinaria. Desde primeras horas de la mañana podíamos comprobar como llegaban nuevos campistas, un hecho bastante inusual teniendo en cuenta que nos encontrábamos ante el cierre del festival, pero está claro que un espectáculo como el que lleva ahora mismo Arcade Fire resulta realmente irresistible. Cierto es que dentro del recinto no vivimos ningún momento de especial agobio como el año anterior con la presencia de Foals en la última jornada, algo que dice mucho de los esfuerzos centrados en la nueva distribución de los elementos. Merece la pena destacar que seríamos muy injusto dejar caer todo el atractivo de la última jornada en los cabezas de cartel, ya que nos encontramos con conciertos que marcaron claramente esta edición como fueron los de Big Thief y Ermo. Una bonita diversidad que nos dejó con estampas muy precisas de todo lo que dio de sí una vez más el festival.

Al igual que en días anteriores, nuestra andadura comenzó con una nueva Vodafone Music Session, esta vez protagonizada por el dúo italiano Ninos du Brasil actuando en el astillero Montenegro. A escasos metros de una de las carreteras principales de la villa courense, el espectáculo que nos ofrecieron resultó bastante salvaje y cercano al público. A través de dos tambores y micrófonos, ofrecieron uno de esos sets directos, donde los ritmos resultan de lo más pegajosos pero también lanzados a conquistar un cierto apartado nocturno. A pesar de que nos encontramos a plena luz del día, temas como ‘O Vento Chama Seu Nome’ resultan totalmente sumergidos en un apartado de sombras insinuantes, tornándose los sonidos metálicos de las percusiones en el revulsivo perfecto. Una de las imágenes que nos dejó la sesión fue la de Nico Vascellari removiendo la tierra del suelo con su baqueta para crear una polvareda que acompañase de forma definitiva a sus canciones. El músico italiano se mostró en todo momento de lo más activo con el público, dejándonos interpretaciones realmente viscerales como la de ‘Condenado por un Idioma Desconhecido’, jaleando a todos los presentes y casi provocando que la excavadora donde se había subido buena parte del público casi se viniese abajo.

Regresando al recinto de conciertos, la primera actuación del escenario Vodafone corrió a cargo de un elegante Myles Sanko que sacó la cara soul más clásica del festival. Mostrando su cara más llevada hacia un apartado de melodías propiamente pop, donde el público pudiese corear sus canciones sin problema, intentó resolver la difícil papeleta de provenir de un mundo más cercano a los festivales de jazz y recitales enmarcados en un entorno bien diferente. De una forma apacible, el músico británico fue transitando entre sus tres LPs, otorgando especial protagonismo a Just Being Me, el más reciente de ellos donde aprovecha al máximo una instrumentación de lo más rica y completa. Con un directo que fue de menos a más, poco a poco Myles incrementó la apuesta por cautivar al personal a través de un apartado vocal más impresivo, imprimiendo un tono más corajinoso, relacionado con dotar a las canciones de un alma más quebradiza y sentida. Una recta final con la que demostrar su personalidad a la hora de situarse en la primera línea de su género, demostrando una vez más lo necesaria que es una renovación en estos sonidos.

De una forma muy distinta, Dear Telephone llevaron su propuesta al escenario Vodafone FM de una forma más recogida e íntima, superponiéndose a los problemas de sonido iniciales para demostrar cómo sus temas suponen pequeñas perlas escondidas en la mayoría de casos. La banda liderada por Graciela Coelho hizo gala de un dream pop minimalista, donde las guitarras tomaban las riendas para marcar un ritmo pausado. Con una iluminación quizás más oscura por momentos que la de otras formaciones que habían desfilado por el mismo escenario días antes, la banda de Barcelos supo medir a la perfección los tiempos, desenvolviéndose por momentos incluso por un apartado propiamente slowcore. Percusiones secas pero marcadas, dejando el espacio perfecto a voces que sonaban en la lejanía de una forma más que elegante, teniendo al mismo tiempo muy presente la capacidad de ensoñación que atestiguan las canciones más evasivas de la banda. Una  bonita combinación entre misterio y dulzura con la que reafirmar una propuesta difícil de llevar a un festival pero que al final supo hacer relucir sus mejores bazas.

De nuevo con protagonismo de los sonidos soul, pero en esta ocasión de una forma mucho más rockera, Curtis Harding ofreció un directo que también fue de menos a más, explotando poco a poco todas las virtudes encerradas en sus trabajos de estudio. Lo de Curtis y su banda se basó en unas canciones cocidas a fuego lento, que llegado el momento sabían cómo sacar su máximo potencial tanto en el apartado vocal como en la integración total de todos los instrumentos de la banda. Sonando de lo más sólidos y con poco espacio para la improvisación, por momentos el directo se meció en tonalidades más cercanas a la de la canción americana, sacando esos detalles precisos de sus guitarras que se asemejan a las músicas más sureñas de los Estados Unidos.  Temas como ‘On and On’ supusieron pequeños puntos de inflexión del directo, tirando hacia un lado más aferrado a los clubs humeantes donde parecen que nacen las grandes estrellas. Ese apartado más aferrado al góspel espiritual resultó caer del cielo como una bendición, ya que a falta de un poblado coro, la banda se las apañó a las mil maravillas para llevar a cabo esta función, demostrando una vez más lo completos que pueden resultar en este formato.

Resulta curioso como este año no nos habíamos encontrado ninguna propuesta donde se revindicasen los sonidos propiamente tropicalistas. Esto cambió por completo cuando Silva tomó el escenario Vodafone FM para ofrecernos uno de esos conciertos totalmente necesarios dentro del festival. El artista brasileño, totalmente consagrado en su país, regresaba a Portugal para ofrecernos un delicioso setlist, donde las tonalidades más pop se daban la mano con la música tradicional de su país. Alternando entre guitarra y teclado, el joven músico demostró un gran talento para desgranar unas canciones de influjo benevolente, apaciguadas en todo momento por una sección de vientos que se localizó en la parte trasera del escenario de una forma discreta pero muy efectiva. Caldeando en todo momento el ambiente con unas palmas que relucían más que la propia percusión presente, los vítores fueron frecuentes en todo momento, siendo conscientes de las ganas existentes de ver al artista en Coura. Transcurriendo el tiempo con celeridad, la recta final del directo se fue tornando poco a poco en una agradable karaoke al que resultaba muy difícil resistirse, fueses o no gran seguidor de su propuesta.

La noche caía casi de forma definitiva sobre las laderas del recinto del festival, llegando uno de los momentos más esperados como era la actuación de Big Thief. La banda norteamericana actuó en un palmo del escenario principal en formato trío, es decir, sin contar con la participación de Buck Meek cómo últimamente viene ocurriendo. El directo que nos ofrecieron rayó la excelencia, encontrando en Adrianne Lenker a una artista de lo más singular, capaz de enmudecer al numeroso público con tan solo su guitarra y voz. Incluso también mostró su cara más humana en mitad del directo, dirigiéndose al  foso y entregando su púa a una niña en primera fila con un cartel que se lo pedía. Su aparente fragilidad contrasta sobremanera en el momento en el que hace rugir su guitarra, regalándonos algunos solos impresionantes y poco predecibles como los que nos ofreció en ‘Masterpiece’. Incluso el inicio del directo con ‘Shark Smile’ ya nos hacía augurar una hora cargada de sentimientos a flor de piel, alternando a la perfección el formato de canción más compungida con aquella otra con la que renacer entre las llamas. Incluso hubo tiempo para unos cuantos nuevos temas, destacando sobremanera un ‘Shoulders’ interpretado por momentos con un hilo de voz de lo más sobrecogedor, adentrándose en uno de esos estribillos con los que quebrar de la forma más bella. El final del directo llegó con una esperada ‘Paul’ con la que redondear aún más su directo, deseando firmemente volverlos a tener por aquí en cuanto sea posible.

Apurando las últimas horas del festival, aún quedaba tiempo para los descubrimientos como el que nos ofreció la libanesa Yasmine Hamdan. Su directo gozó desde un primer momento de un gran magnetismo, transformando las canciones de una forma mucho más eléctrica y oscura de lo que en un principio nos podríamos haber imaginado. Su presencia en el escenario en todo momento generó un gran hipnotismo, alternando el protagonismo entre los sintetizadores y un primer plano exclusivamente vocal con el que sacar a relucir la parte más propia de la tradición de su país. Así es como en todo momento primó una gran solemnidad, propiciada por una combinación precisa entre ritmos galopantes y una fortaleza contagiosa en cada baile de la artista. Cada vez que la artista se apoderaba del micrófono provocaba un auténtico vendaval de estrofas recitadas con velocidad, aportando una gran urgencia en cada una de sus composiciones. A esto tenemos que unirle unas bases sintéticas certeras con las que reforzar y enloquecer el apartado arábigo de sus temas, mostrándonos así una faceta de lo más integradora.

La espera para muchos había llegado a su fin. Arcade Fire salían al escenario con más de 15 minutos de retraso pero con la firme intención de ofrecer un espectáculo arrollador. El escenario lucía acorde a la ocasión, con un panel en la parte superior del escenario en el que dejarnos con mensajes relacionados con las letras de sus canciones como “Tudo Agora” a la par de difuminar imágenes en directo entre estampas animadas de lo más electrizantes. La reconversión del ring presente en su anterior gira, se pudo comprobar en el juego de luces de los laterales del escenario, emulando en todo momento esa capacidad para centrar todos los focos en el lugar que correspondiese. Durante aproximadamente hora y media fueron capaces de lograr un setlist de lo más equilibrado, donde el éxtasis estuvo marcado por sus temas más clásicos como ‘No Cars Go’ o una apoteósica ‘Ready to Start’. En ningún otro momento del festival nos habíamos encontrado con un volumen tan alto, algo que sin embargo no camuflaba un montón de voces coreando a pleno pulmón el estribillo de temas como ‘The Suburbs’. La alternancia entre el protagonismo entre Win Butler y Régine Chassagne se sucedía constantemente, encontrándonos con momentos donde relucieron totalmente como en ‘Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)’, dejando claro que lo suyo es un show que trasciende mucho más allá del apartado musical.

Sin haber terminado la actuación de los canadienses, en las laderas del recinto se comenzaron a escuchar ecos aún más estruendosos provenientes del directo abrasivo que nos ofrecieron Ermo. El suyo fue el mejor directo de electrónica de todo el festival, resultando de lo más intenso y agresivo. Con las completa oscuridad del escenario rota en ocasiones por unas luces de neón, el ambiente resultó de lo más propicio para dejar que el cuerpo se balancease con los beats férreos y puntiagudos mostrados por el dúo portugués. Sin parar en todo momento de cacharrear con los teclados y pads dispuestos en la mesa, las canciones de Lo-Fi Moda serpenteaban a un volumen de lo más alto, destacando unos graves de lo más persistentes. La buena combinación entre un cierto ruido liberado de forma progresiva, junto con unas voces agudas animó poco a poco a una cantidad de público que cada vez se antojaba mayor, suponiendo también una propuesta bastante extrema a lo que estaban ofreciendo Arcade Fire. La forma abrupta de interrumpir las melodías para primar el efecto sorpresivo de los cambios de ritmo se convirtió poco a poco en la máxima del directo, al mismo tiempo de no cesar efectos como los sonidos de 8 bits más frenéticos. Una propuesta de esas que impactan en todo momento y que constituyó nuestro cierre más disfrutable posible del festival.

 

Crónica: Henar Martínez Vega y Noé Rodríguez Rivas
Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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