Crónica

Vodafone Paredes de Coura 2018

Jueves

16/08/2018

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La jornada del jueves el festival se puso a pleno rendimiento, transitando de forma constante entre los escenarios Vodafone y Vodafone FM. Cierto es que este año la jornada del miércoles ha contado con más artistas que ninguna otra edición, demostrando como la primera jornada es una buena opción para poder hacer crecer el cartel, ya que la estructuración del resto resulta de lo más adecuada para que puedas ver a todas las bandas del cartel con solapes máximos de 10 minutos. Esta es otra ventaja del festival, ya que todos los nombres que figuran en el cartel los vas a poder ver de forma prácticamente íntegra con tan solo desplazarte unos pocos minutos de un escenario a otro. Además, este año hemos notado como las transiciones entre ellos por lo general han sido de forma más fluida que en anteriores ocasiones, seguramente debido al hecho de contar con una segunda zona de restauración cuyo acceso no se produce por el camino intermedio entre ambos escenarios. En lo que respecta al apartado musical, empezamos a desgranar las propuestas que nos encontramos, deslumbrándonos sobre todo Japanese Breakfast y Jungle.

Las Vodafone Music Sessions regresaron un año más a nuestra cita courense, dando el pistoletazo de salida con Mystery Lights en lo que se convirtió en una auténtica pool party en la localidad de Mozuelos. Como bien es sabido de otros años, Vodafone se encarga de escoger de forma aleatoria a los asistentes de estos encuentros con los músicos, proporcionándoles un autocar para llegar hasta estas exclusivas sesiones. En esta ocasión los norteamericanos ofrecieron un directo bastante largo para ser una breve carta de presentación, casi de media hora, notándose la excitación que producía tocar en un espléndido jardín en lo alto de la villa. Los asistentes no dudaron ni por un momento sumergirse en la piscina que tenían preparada para ellos, intentando aliviar el sofocante calor que aquellas horas de la tarde asediaba. Sin embargo, en cuanto empezó a sonar la música, los asistentes salieron raudos del agua para comprobar el potencial garagero de los de neoyorkinos. Lo suyo se basó en uno de esos directos en los que sacar a relucir el rock sesentero más cavernoso, electrizante y con la vista puesta en bandas como The Kinks aunque mucho más ácidos. Mike Brandon demostró ser ese frontman escuálido que sin necesidad dirigirse al público es capaz de jalearlo a base de movimientos punzantes y espasmódicos. Todo un espectáculo para abrir la jornada.

Ya en el recinto, nuestra jornada se inició con Fugly, la banda de Porto que este año publicó su primer LP Millennial Shit. Dejando constancia desde el primer minuto que su breve set iba a reflejar una auténtica explosión juvenil, arrancaron precisamente con ‘Hit a Wall’,  la apertura de su debut. En directo el grupo funciona de lo más engrasado, recordándonos en muchos momentos a formaciones que basan buena parte de su propuesta en el empuje melódico de tintes punk rock como es el caso de Wavves. A esto le tenemos que añadir ese brillo especial que produce estar en los veintipocos y saber que las canciones que interpretan se corresponden totalmente con todo lo vivido recientemente, transmitiendo de esa forma la máxima honestidad posible. Un directo de esos que resultan en todo momento de lo más entretenidos y a los que no se les puede objetar nada, ya que todo lo que vivimos durante esa media hora resultó bastante cercano a lo más catártico que nos pudimos encontrar en todo el festival.

La siguiente parada del día corrió de nuevo de Mystery Lights, aunque en esta ocasión el resultado no fue del todo tan satisfactorio como en horas anteriores ya que los problemas de sonido hicieron que el concierto comenzase con más de 15 minutos de retraso.  Un inconveniente que sin embargo no logró mermar la capacidad del grupo para lograr unos temas lo más resonantes posibles, intentando imprimir esa impronta díscola y tan agresiva como lanzada por momentos al espíritu soul más cercano al rock. Canciones como ‘Follow Me Home’ o ‘What Happens When You Turn The Devil Down’ contienen el empuje perfecto para demostrar cómo lo de este grupo goza de toda la genialidad del momento de máximo apogeo de su género pero trasladado varias décadas hasta la actualidad. Con las ideas muy claras y encontrando los momentos precisos para saber cuándo hay que dejarlo todo en los instrumentos, Mystety Lights poco a poco se fueron zafando de los problemas de sonido para dejar su particular huella en el festival.

Poco tiempo después saltaron Shame al escenario Vodafone, teniendo claro de antemano que su directo iba a suponer un auténtico torbellino entre el público más joven del festival. El fenómeno del grupo británico parece no tener fin en este 2018, dejando claro que el directo también acompaña a las mil maravillas a estos jóvenes que se encuentran en los primeros años de la veintena. A plena luz del día supieron sacar el lado más abrupto y estruendoso de sus temas, reflejando como lo suyo no logra adherirse por completo al post punk. Su líder Charlie Steen se lanzó al público en la segunda canción del concierto, provocando seguramente el crowdsurfing más rápido de la historia del festival, al mismo tiempo de instar a la seguridad que dejasen subir al público al escenario. También hubo tiempo para recordar su primer paso por Portugal en el Milhões de Festa el verano pasado, algo que parece quedar muy lejano en base a las magnitudes que han alcanzado sus directos. Shame llenan por completo el escenario, más aún cuando les da por sacar la vena más acelerada en temas como ‘Concrete’. Cierto es que sus mayores singles los afrontaron nada más empezar el directo, pero también nos dejaron varios temas nuevos no incluidos en el LP, del mismo modo que otras canciones no tan obvias como es el caso de la profunda ‘Angie’.

La siguiente parada de la noche corrió a cargo del que seguramente fuese el concierto revelación del festival. Estamos hablando de Japanese Breakfast, en el directo que seguramente representa de la mejor forma posible la definición de felicidad. Instantes antes de salir al escenario, podíamos ver a Michelle Zauner en un lateral dando saltos y con una sonrisa resplandeciente, algo que también ocurrió encima del escenario. Con una continua proyección de fondo donde podíamos leer el nombre del grupo junto con unas animaciones de un desayuno continental de lo más musical y variado, la artista y su banda se desenvolvieron a la perfección escogiendo de forma muy medida lo mejor de sus dos LPs hasta la fecha. Reflejando una gran versatilidad que fue desde el pop más sedoso de los 70 hasta la influencias del j pop, pero sin dejar pasar los momentos de mayor furia guitarrera, la banda supo mostrar todas sus caras y provocar que no supiésemos con cual quedarnos. Momentos como el ofrecido en ‘Everybody Wants To Love You’ se nos grabaron a fuego, teniendo la imagen de Michelle correteando el escenario en su llamativo vestido anime y soltando frases de esas que relucen bajo cualquier circunstancia. Agradeciendo una vez más al público lo mucho que le gustaba el festival, cerró su concierto de la forma más electrónica posible con ‘Machinist’.

Sin movernos del escenario Vodafone FM, llegaba otro de los momentos del festival que llevábamos esperando bastante tiempo como es fue el concierto de Surma. La artista de Leiria llegaba al festival después de vivirlo durante bastantes años consecutivos desde el otro lado, es decir, desde el de asistente asidua y enamorada de todo lo que ofrece la cita portuguesa. Debido a ello el entusiasmo que mostró durante todo su directo fue algo palpable, cumpliendo algo así como un auténtico sueño. Presentándose encima de las tablas con una plataforma elevada y una mesa donde residían sus múltiples instrumentos, la parte frontal del escenario tenía varios elementos percusivos, entre ellos una maleta a la que aporrear. Su directo hizo justicia a la capacidad de experimentación que atesora la artista, mutando entre los ambientes más ambientales y aquellos otros que precisan de una mayor dosis de electrónica rítmica. Desde pasajes cristalinos hasta una medida improvisación que desembocaba en escenarios más orgánicos gracias a su juego de voces y guitarra. En la recta final del concierto llegó también un momento de lo más especial, cuando Rui, Pedro y Telmo de First Breath After Coma se subieron al escenario para acompañar a Debora. El resultado final desembocó en una interpretación de ‘Nyika’ donde la artista se lanzó al público y aplaudió mientras iba en volandas a los amigos que la habían acompañado aquella noche en el escenario.

Después de las bonitas estampas que nos había dejado el concierto de la portuguesa, llegaba uno de los platos fuertes de la noche de la mano de Fleet Foxes. Cuidando al máximo sus proyecciones para lograr el ambiente más propicio posible, los norteamericanos ofrecieron un concierto de lo más correcto por los cuatro costados, sin embargo su capacidad de emoción resultó bastante escasa si no eras un fan acérrimo del grupo. La similitud exacta de los temas respecto a su versión de estudio provocó que el espacio imaginativo resultase nulo, limitándose exclusivamente a aquellos interludios de coros compartidos por el público. A su favor tenemos que decir que seguramente supieron sacar el mejor sonido posible a su propuesta en un escenario de tales dimensiones, encontrando el punto intermedio entre sonar un poco más bajo de lo normal pero consiguiendo que todos los matices de sus instrumentos se pudiesen percibir a la perfección. De nuevo una apuesta arriesgada por situar como cabeza de cartel a un grupo que no cumple el canon de banda de rock, algo que es de agradecer, más aún cuando se ofrecen los medios posibles para que el concierto se pueda desarrollar acorde a las necesidades que requieren.

Los que sí que cumplieron con creces su posición en el cartel fueron Jungle. La banda británica tiene su segundo LP casi a punto de ver la luz, llegando a Paredes con un espectáculo de lo más logrado y completamente definido. Lo suyo fue un concierto de esos que nos muestran cómo puede haber un relevo dentro del reducido espectro de  artistas que son capaces de encabezar un festival, dejando claro como sus influencias musicales resultan de lo más óptimas para ofrecer un directo capaz de sustentarse en muchas cosas. Con una escenografía de lo más sobria pero eficaz, basada en unas letras luminosas con el nombre del grupo y unas bombillas que resplandecían al máximo en los momentos de mayor intensidad, sus canciones groove mostraron el gancho perfecto durante toda su actuación. El gran despliegue de músicos en el escenario se tradujo en momentos que bordeaban el soul de una forma magistral como ocurrió en ‘Julia’, sin perder al mismo tiempo la cara más sensual y misteriosa presente en nuevos temas como ‘Happy Man’. La combinación entre coros espirituales, sintetizadores de lo más apagados y guitarras moduladas resultó perfecta a la hora de levantar al público en cada estribillo. Y es que Jungle no necesitaron solos instrumentales ni vocales para conseguir su propósito, sino que les bastó funcionar a la perfección como conjunto, dejándonos momentos de esos de levantar los brazos al máximo y disfrutar como fue el caso de ‘Busy Earnin’’.

Crónica: Henar Martínez Vega y Noé Rodríguez Rivas
Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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