Crónica

Vodafone Paredes de Coura 2017

Miércoles

16/08/2017

Por -

El Vodafone Paredes de Coura ha alcanzado con su vigésimo quinto aniversario la situación soñada desde sus orígenes, convirtiéndose en evento musical de culto que además goza de la plena aceptación del circuito festivalero. Al igual que ocurriese en la edición de 2015, el festival agotó todos sus abonos, aunque en esta ocasión lo hizo con aún más días de antelación, alcanzando el sábado el aforo máximo del recinto cifrado en 27.000 personas. Una buena muestra de cómo las más de dos décadas logrando un cartel variado y huidizo de la clase media imperante en la mayoría de eventos de su entorno ha servido para darse a conocer fuera de sus fronteras, consiguiendo que la mayoría de los asistentes lo consideren como uno de los pocos oasis musicales resistentes en la península ibérica. En esta nueva edición, el cartel volvía a reunir buen gusto y poder de convocatoria a partes iguales, encontrándonos con conciertos de lo más recogidos e imborrables como los de Andy Shauf o Timber Timbre, sin olvidarnos del gran torbellino generado por nombres como Ty Segall o Future Islands. Una combinación que año tras año ha resultado de lo más acertada, integrando un montón de estilos diferentes que miden a la perfección todas las novedades que nos podemos encontrar en el mundo musical. Junto a estas señas de identidad estilísticas, la logística del festival en temas relativos al campismo o la distribución de los recursos del anfiteatro, resulta otro punto a favor al comprobar como cada año sufren modificaciones de lo más acertadas. En esta edición, por ejemplo, nos hemos encontrado con una mayor dotación de baños y duchas que han evitado cualquier tipo de cola, encontrando la flexibilidad necesaria para que los asistentes sean capaces de organizar su tiempo sin depender de las necesidades básicas. Una vez realizado el balance de esta edición, entramos de lleno en todo lo que ha dado de sí.

La jornada del miércoles dio inicio con una de las grandes sorpresas que el festival siempre nos tiene preparadas. Estamos hablando de las Vodafone Music Sessions, que en esta ocasión han adquirido un carácter mucho más aperturista integrándose en zonas comunes del festival, para que de este modo cualquier asistente pueda disfrutar de ellas si se encuentran en el momento preciso en el lugar adecuado. De este modo, The Wedding Present fueron los encargados de abrir este tipo de iniciativas, ofreciendo un pequeño set de su mítico trabajo George Best, que luego presentarían en el recinto. Teniendo como lugar escogido el techo de los baños permanentes de la Playa Fluvial de Taboão, David Gedge y los suyos hicieron sonar bajo un sol de justicia a un volumen altísimo canciones como ‘Everyone Thinks He Looks Daft’, dejando constancia de que se mantienen en perfecta forma a base de no parar de tocar a lo largo de más de tres décadas. Pop rabioso, con el cierto poso de nostalgia propio del paso del tiempo, pero que logró relucir a la perfección a aquellas horas de la tarde.

Ya en el recinto, los encargados de abrir el escenario Vodafone fueron los niños y no tan niños de la Escola Do Rock del municipio courense. Tras ofrecer su directo hace dos años en el centro de la villa y acompañar el año pasado a We Trust en el escenario principal, en esta ocasión les tocaba dar un salto mayor en protagonismo. Al menos cuadriplicando los instrumentos clásicos de una formación rock, la multitudinaria formación realizó un repaso por clásicos como los Pixies o formaciones más recientes pero con mucha solera como Tame Impala. Entusiasmo y una asombrosa solvencia para su edad (estimamos que sus miembros están entre los 10 y 18 años), todo ello combinado con la explosividad que ya de contienen de por sí las canciones interpretadas, consiguieron que tanto el numeroso público local como los asistentes más escépticos disfrutasen de casi 45 minutos de reconocibles melodías. Una apertura de festival que tiene toda la pinta de convertirse en un identificativo clásico en los años venideros.

Tras ofrecernos por la tarde parte de su repertorio, The Wedding Present salieron al escenario con un escaso público que prácticamente no se incrementó a lo largo de su actuación. Con el objetivo claro de revivir uno de sus mejores trabajos como es George Best, David Gedge demostró que no le pesan los años de carrera a sus espaldas, sino más bien atraviesa una nueva juventud a base de melodías resurgentes, muchos decibelios y unos riffs que mantienen toda la aspereza juvenil con la que siempre le hemos recordado. Interpretando las canciones del trabajo con gran verosimilitud, pero dejando algo de rienda suelta a unos tiempos más acelerados que en su versión de estudio, notamos como poco a poco la formación se acabó de sentir totalmente cómoda en directo, dejándonos con bonitos recuerdos como ‘Give My Love To Kevin’. Permitiéndose la concesión de cerrar el concierto con un tema al margen de lo contenido en George Best, ‘Kennedy’ puso el final a un enérgico repaso que contentó a la mayoría.

La noche avanzaba con el claro protagonismo a una de las formaciones portuguesas de mayor culto a lo largo de estas tres últimas décadas. Mão Morta están paseando a lo largo de todo este año su Mutantes S.21, disco que curiosamente cumple los mismo años que el festival courense, algo que bien merecía motivo de celebración. A través de unos visuales que recreaban la voracidad de escenas de lo más industrial, el ambiente resultaba el perfecto para introducirse en su música. Como era de esperar, su frontman Adolfo Luxúria Canibal nos ofreció una lección de bailes de lo más espasmódicos, generando expectación entre aquellos que los veían por primera vez. Sin ningún tipo de concesión y muy ceñidos a su papel de banda de post-punk experimental, la formación de Braga supo cómo extraer al máximo los dardos venenosos que contienen temas como ‘Marraquexe (Pç. Das Moscas Mortas)’ o la agonía hardcore de ‘Barcelona (Encontrei-a na Plaza Real)’. Historias sombrías y dantescas que circulaban entre las guitarras desesperadas y ahogadas, dejando constancia de la vigencia y necesidad de que sigan facturando canciones en nuestros días.

El panorama se presentaban totalmente diferente cuando beak> saltaron al escenario. El proyecto paralelo de Geoff Barrow al margen de sus Portishead, parece encontrarse en el mejor momento posible, teniendo un nuevo trabajo en el horizonte y explorando cualquier tipo de faceta que se les preste en directo. Lo que nos ofrecieron a su paso por el festival fue un juego rítmico delicado, donde el mayor protagonismo se lo llevaron los sintetizadores para demostrarnos lo cómodos que se encuentran en terrenos de los Roxy Music más descafeinados. Encima de las tablas los tres amigos bromearon y dieron rienda suelta al hipnotismo de sus temas, sin preocuparles lo más mínimo si la extensión de los temas se salía de la versión de estudio. Aunque en un primer momento costase meterse en su propuesta, poco a poco fueron capaces de reconducir el directo hacia un apartado totalmente envolvente y analógico como el presentado en ‘Eggdog’. Sonidos que encontraron el punto de decadencia perfecto para que lo arriesgado de su propuesta ante un aforo tan grande no quedase en mera anécdota.

La velada se iba caldeando y la expectación para no perderse a Future Islands iba en aumento. En un concierto marcado por las luces y sombras, nos encontramos con una de las grandes estampas del festival como fue la de Samuel T. Herring llorando emocionado al final de ‘Seasons (Waiting On You)’. El norteamericano interpreta en directo las canciones como recién salidas del alma, golpeando las tablas del escenario y dejándose llevar hacia el lado emocionante que encierran. Lo cierto es que aunque su último trabajo seguramente haya supuesto un salto mediático mayor, resulta muy difícil meterse en él más allá de los celebrados singles ‘Ran’ y ‘Cave’. Desde el empuje inicial de los teclados en estos nuevos temas, hasta la uniformidad en los cambios de ritmo, todo presenta una gran monotonía que hizo que el directo alcanzase sus momentos álgidos a trompicones. El recibimiento del público ante las canciones de The Far Field resultó de lo más frío, contrastándose sobremanera con el fervor desatado desde los primeros ritmos de ‘Tin Man’ y ‘Spirit’. Pese a todo, la siempre admirable entrega de Samuel consiguió que poco importasen los momentos más apagados musicalmente, ya que centrando siempre todas las miradas, nos encontramos en todo momento un enorme espectáculo.

La última bala de la noche llegaba con una Kate Tempest que parece haber alcanzado el mejor momento de su carrera con la publicación de Let Them Eat Chaos. La británica fue capaz de mantener en todo momento la atención de los asistentes, tanto si era ella la única partícipe como si su banda tomaba las riendas del directo. Cierto es que cuando ocurría esto segundo, es cuando se generaban un mayor estruendo y disfrute propio de un electrificante juego de teclados. El protagonismo del directo recayó como era de esperar en su nuevo trabajo, dejándonos con grandes interpretaciones como un ‘Ketamine for Breakfast’ descarnado en el que levantó la voz por encima de todo lo que la rodeaba. Seguramente lo que más nos fascinó de su directo fue su capacidad para generar ella misma las bases vocales precisas sobre las que desarrollar sus composiciones, consiguiendo que con su sola voz en el escenario fuese capaz de sonar como si estuviese totalmente arropada por sus músicos. Una de esas actuaciones donde el talento individual resulta de lo más abrumador.

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *