Crónica

Vodafone Paredes de Coura 2017

Sábado

19/08/2017

Por -

La última jornada del festival se cernía sobre nosotros con un gran protagonismo de aquellos nombres que a priori no eran los cabezas de cartel. Sin ir más lejos, Toulouse protagonizaron uno de los grandes conciertos del día abriendo el escenario Vodafone FM. Con una introducción instrumental con mucho nervio propio del rock espacial, poco a poco se fueron adentrando en unos territorios más reconocibles en sus canciones, haciendo gala de su capacidad para que el dream pop resulte de lo más hipnótico. A parte de presentar algún que otro tema nuevo, no tardaron en caer piezas tan emotivas como ‘Doe’ o un ‘Toten’ en la que supieron exprimir al máximo el carácter urgente de sus composiciones sin dejar de lado lo apacible de sus coros surferos. La sensación que desprendieron en todo momento fue la de una banda más que solvente, capaz de conceder un margen a los temas para que se difuminen entre guitarras poco definidas, consiguiendo que el resultado final pueda representar la mejor estampa de un verano que va muriendo poco a poco.

Con el buen sabor de boca que nos habían dejado los de Guimarães, en el escenario principal aguardaba Manel Cruz, figura esencial de los emblemáticos Ornatos Violeta. Sin alcanzar las altas cotas de popularidad que consiguió con su antigua formación, su proyecto en solitario combina partes iguales de ritmos caribeños junto con la tradición folclórica portuguesa. Así es como nos lo demostró encima del escenario, ofreciéndonos un directo bien diferenciado según avanzaba. Desde su parte más festiva y destartalada, hasta un lado mucho más cercano a las canciones para ser disfrutadas en la intimidad. Contrastes que sin embargo no crearon una ruptura en el directo, logrando suavizar todos aquellos momentos en los que su banda tomaba todo el protagonismo.  Presentando composiciones nuevas junto con temas tan aplaudidos como ‘Beija Flor’, el abanico de posibilidades que nos presentó resultó de lo más amplio, algo que no nos sorprende si tenemos en cuenta los múltiples proyectos en los que ha estado involucrado.

La siguiente parada de la tarde corrió a cargo de los angelinos Foxygen. Con cierto temor a que su frontman Sam France estuviese demasiado pasado y no diese la talla para defender todo lo demostrado a lo largo de sus tres LPs, el concierto se inició de una forma relativamente calmada, algo que poco a poco se fue rompiendo sobremanera. Contando con una corista que le siguió muy bien el juego a Sam, la numerosa formación logró sostener la brillantez propia del espectáculo hollywoodiano de sus composiciones más recientes, sacando toda la energía contenida en temas como ‘Follow The Leader’ o una excéntrica ‘America’ que incluyó un cambio de vestuario, entre otras cosas que también nos suponemos. Un espectáculo de lo más esotérico, muy bien sostenido en todo momento por Jonathan Rado, la persona con más sangre fría de todos los que se situaban en el escenario. Esforzándose en que la elasticidad en la interpretación de las canciones por parte de Sam no fuese excesiva, alternó la guitarra y el teclado acercando las composiciones al ambiente del primer trabajo que publicaron. Adentrándose cada vez más hacia su final, nos ofrecieron un ‘No Destruction’ que seguramente no resultó todo lo explosivo que tenían en mente de haber sabido que el tiempo se les había agotado y les quedaba otro tema más en el tintero. En definitiva, un espectáculo hedonista, muy teatral y por momentos estupefacto debido a las comparaciones con las estrellas de rock a las que quiso emular Sam.

Mucho más relajado pero con unas dosis de magnetismo escénico de lo más atrayentes, Alex Cameron  ofreció un directo de lo más completo. A los ya asombrosos bailes que presenta el australiano, moviendo como nadie las caderas en ese intento de acercarse al suelo flexionando las rodillas, también tenemos que unirle su inherente carisma de crooner. Parece no buscarlo, pero el músico centra todo tipo de focos en cada movimiento de pelo o mirada lanzada hacia el horizonte. Tampoco hay que quitarle méritos a la banda, aguardando en ocasiones de forma paciente a que llegue el momento en el que puedan pasar de un segundo plano a reforzar sobremanera temas tan maravillosos como ‘Cady May’. De esta hornada de nuevos temas de su esperadísimo segundo trabajo, nos encontramos con otra composición que también se mueve hacia esa armonía perspicaz propia de Jacques Dutronc, lanzándose a por un terreno donde el peso se reparte entre todos los músicos. Tampoco faltaron composiciones de esas que generan un ambiente en tensión, algo más tenebroso y realmente apetecible para aquellas horas de la tarde. Estamos hablando de ‘She’s Mine’ o ‘Take Care of Business’. Sin embargo, la celebración final correría a cargo de un desinhibido ‘Marlon Brando’ con micrófono en mano y apuntando  hacia lo más alto.

Tras lo alto que había dejado el pabellón Alex Cameron llegaba el concierto que junto al de Foals podemos decir que más expectación generó entre el público. Benjamin Clementine llegaba bajo la vitola de artista total, incorporando a una banda de apoyo realmente numerosa que en muchos momentos fue un auténtico adorno decorativo. Las composiciones del músico gozan de una espiritualidad y desgarro realmente interesantes, sin embargo el carácter dicharachero que mostró en todo momento restó la solemnidad precisa al directo. Sin parar de jalear al público, rozando el esperpento en muchos casos (como cuando se dirigía al público en español), las cotas de emotividad que podría haber alcanzado el directo se vinieron por los suelos. El hecho de teatralizar su directo no jugó a favor de sus canciones, pero sí que sirvió como gancho perfecto para que el estruendo del público fuese mayor que en cualquier otra de las actuaciones que habíamos presenciado.  Con la vista puesta en el lanzamiento inminente de su nuevo trabajo, los momentos en los que llegaron las composiciones contenidas en él resultaron de lo más interesantes, enredándose en un apartado no tan accesible como el mostrado en ‘By the Ports of Europe’. Una línea más intimista que sin lugar a dudas no chirría tanto con su afán de showman.

Con los últimos acordes de Benajamin Clementine, llegaban los curiosos al escenario Vodafone FM para medir la capacidad destructora de unos veteranos como son Lightning Bolt. El dúo salió al escenario impresionado por la gran cantidad de gente que se agolpaba para verlos, a lo que ellos respondieron con su propuesta sonoramente extrema donde experimentar con los grados de intensidad creciente siempre tiene cabida. Voces robóticas, estructuras insistentes y astillas saltando por los aires, todo ello imperando ante un público que a las primeras de cambio no dudó en poner en práctica sus dotes de crowd surfing. Seguramente no veíamos una marea tan desbocada en la carpa desde la actuación de Fuzz hace un par de años, salvando que en aquella ocasión podíamos encontrarnos con una parte melódica que en esta ocasión no tenía cabida. Al final el Paredes de Coura es un festival con espíritu rock, algo que de una forma u otra siempre sale a relucir.

Por más derroteros rock llegaba uno de los cabezas de cartel de la noche como fue el caso de Ty Segall. Sin parar de girar en el último año, llegaba muy bien escudado por su habitual formación donde siempre hay un guiño especial para Mikal Cronin. La versión que nos ofreció el norteamericano se movió entre la parte más anárquica propia de su etapa con The Muggers, junto con un mayor corazón pop enraizado en la vorágine garagera a la que siempre nos tiene acostumbrados. Por ello, hubo temas para todos los gustos, desde un fulgurante arranque con ‘Break a Guitar’ y ‘Freedom’ pertenecientes a su último trabajo, hasta un ‘Finger’ en la clave más stoner posible, sin olvidarse de un perverso y ácido ‘Candy Sam’. La sensación que transmitía por momentos el grupo fue un tanto apática, algo que contrarrestaron con un final marcado por la inclusión de un poderoso y desquiciado ‘Girlfriend’ que habían recuperado para la ocasión. Seguramente el hecho de que Ty ya pase de los treinta es lo que provoque algún titubeo más pronunciado que nunca en lo arrollador de sus directos.

Para concluir la vigésimo quinta edición del festival llegaba un cierre un tanto extraño con Foals. Lo de extraño viene a raíz de ser un grupo que no encaje totalmente con el perfil de banda de rabiosa actualidad con la que casi siempre suele contar el festival, ya que los británicos llevan ofreciendo el mismo show años y años a la espera de que compongan nuevas canciones. Debido a ello la capacidad de sorpresa de su directo resultó nula, mostrándose más que correctos en la interpretación pero ofreciendo un directo de lo más plano que poco a poco lograron romper hacia su final. Lo que viene a ser un concierto solo apto para fans, se acabó transformando en una auténtica celebración de la señalada fecha del festival, bañando a los asistentes en confeti junto a globos gigantes. Una gran sensación de euforia por todo lo que hemos vivido en este festival, con el común denominador de hacer primar siempre el buen gusto y la búsqueda incansable por desmarcarse de todos los corsés a la hora de programar que nos encontramos por toda la península. El hogar donde muchos sueños de verano se han cumplido, encontrándonos siempre con un ambiente distendido donde la música prima mucho más que en otros eventos cercanos. Así pusimos punto y final a nuestro festival estrella, aquel que nos ganó a la primera y donde regresaremos al año siguiente con la ilusión del primer día.

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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