Crónica

Vodafone Paredes de Coura 2017

Viernes

18/08/2017

Por -

La penúltima jornada del festival arrancaba con una de esas bandas imprescindibles dentro de la escena musical más escondida en el país vecino. Estamos hablando de unos Cave Story que sorprendieron a todo el personal, superando incluso las grandes expectativas creadas gracias a su último trabajo West. El directo que nos ofreció la formación de Caldas Da Rainha resultó furioso, sacando a relucir por momentos el incesante rugir de bandas noventeras como Pavement, sin olvidarse de su faceta más amable y melódica como ocurriese en ‘Body Of Work’. Yendo siempre a piñón fijo para aprovechar bien el tiempo que tenían, mostraron una solidez envidiable, incluyendo incluso algún guiño a esa parte donde el art punk se deja entrever en los ritmos. En definitiva, uno de esos directos que sirven para darse cuenta del gran trabajo que hay detrás de la formación, pensando a la gran cantidad de bandas de mayor protagonismo en los escenarios sin llegar ni de lejos a su nivel.

La tarde continuaba con protagonismo portugués, aunque en esta ocasión la propuesta era bien diferente gracias a Bruno Pernadas y la formación que le rodeaba. Entre esos músicos se encontraba Afonso Cabral, vocalista de You Can’t Win, Charlie Brown, contando de este modo con toda la artillería precisa para presentarnos los dos LPs que publicó el año pasado. Encima del escenario Bruno deja todo el protagonismo al resto de músicos, aferrándose a la guitarra para que todo fluya con el influjo propio de los ambientes bossa nova. Tonalidades brillantes, muy bien aderezadas por un conjunto de vientos y todos aquellos arreglos que se acercan a la psicodelia tropicalista de clásicos como Os Mutantes, sin olvidarnos del contraste vocal perfectamente logrado entre Margarida y Afonso. Así es como los asistentes presentes a aquellas horas en el recinto optaron por sentarse lo más cerca posible del escenario, disfrutando de este modo aún más si cabe la experiencia completa de programar un concierto de estas características a la hora perfecta. Bruno Pernadas demostró su enorme talento huyendo de todos los focos, suponiendo para todos aquellos llegados desde fuera de las fronteras portuguesas la gran revelación del festival.

Con aún la música de Bruno Pernadas de fondo, en el escenario Vodafone FM arrancaba el preciosista concierto de Andy Shauf. El canadiense ofreció uno de los recitales más destacados del día, sabiendo exprimir al máximo el pop delicado y barroco contenido en su último trabajo The Party, junto con una interpretación de lo más sentida. Para la ocasión, el músico presentó una formación donde no faltaron dos clarinetes con los que apuntalar todos esos momentos donde las melodías huidizas precisan de mayor embellecimiento. De este modo, el repaso a su última referencia, junto con la recuperación de temas tan emocionantes como ‘Jenny Come Home’, resultó todo un triunfo vitoreado por un público de lo más entregado y respetuoso. Sorprendentemente muchos asistentes acompañaron al músico en los coros, manteniendo en todo momento el clima de placidez que tiñen todas sus canciones. Y es que los temas de Andy Shauf siempre encierran un halo de esperanza que en directo resulta potenciado, dejando caer los finales de las canciones de forma entumecida a la par de evitar cualquier estridencia guitarrera. Un sentimiento reconfortante que la formación supo transmitir a la perfección, convirtiendo la carpa en lo más parecido al salón de nuestra casa.

Aun flotando en la nube traída por Andy Shauf, Young Fathers tenían la misión de hacernos apretar los dientes, algo que consiguieron con creces. Su directo se caracterizó por sacar a la perfección el lado más espiritual de sus canciones, ofreciéndonos momentos cercanos al góspel más explosivo enmascarado en una estética hip hopera de lo más sucia. La forma en la que se desenvuelven los tres protagonistas encima del escenario resulta de lo más coordinada y compensada, sin embargo este hecho no resta la capacidad de impresionar mostrada desde que arranca el concierto. Su directo no resultó ser de aquellos donde el tipo de entrega se logra a partir de percusiones puestas en un primer plano, sino que cada vez que se aferraban a un instrumento o levantaban la peana del micrófono del suelo se podía percibir la ira que acumulan sus temas. Auténticos animales escénicos a los que también acompaña un apartado musical de lo más honesto, no permitiendo ningún tipo de fragilidad al igual que sus canciones en el estudio.

Con la adrenalina por las nubes, llegaba el momento de prepararnos para un espectáculo bien diferente de la mano de Moon Duo. Ripley Johnson y Sanae Yamada ofrecieron un concierto de lo más práctico, dejándose llevar por sus composiciones más aferradas al kraut y guitarras ácidas y echando por momentos en falta un mayor apartado espacial. Estas fueron las coordenadas básicas de un directo en el que el protagonismo recayó en su último LP publicado en dos mitades, destacando sobre todo aquellos momentos en los que se enredaban en el intercambio de golpes entre la guitarra y teclado. Buena muestra de ello fue la interpretación de ‘Creepin’’, sonando sugerente y al mismo tiempo con un punto malicioso que lograban aliviar los sintetizadores de carácter más levitante. El factor de que seguramente no era el lugar más apropiado para disfrutar plenamente de sus composiciones,  junto al hecho de no contar con los excelentes audiovisuales que los acompañan en esta gira provocó que seguramente nos esperábamos algo más de su directo, sin embargo la veteranía a la hora de encarar cada estrofa de sus temas primó por encima de todo esto para no poner entredicho su conocida solvencia.

La noche nos tenía guardados un montón de giros en cuanto al estilo de las propuestas que se presentaban, saltando rápidamente a la que seguramente fuese la apuesta más arriesgada del festival, metiendo a BadBadNotGood como uno de los platos fuertes del día. El público respondió con creces ante su actuación en el escenario principal, introduciéndose de lleno en una propuesta que alternaba la accesibilidad de un jazz que huía de su tono más clásico, junto con momentos de improvisación más densos con los que demostrar su gran virtuosismo. Tras solventar algún que otro problema con la flauta travesera de Leland Whitty en los compases iniciales del directo, los de Toronto se sintieron más que cómodos defendiendo sus canciones de una forma totalmente desenfadada. Como si no fuese con ellos la cosa y restando méritos a lo complicado que resulta meterse en el bolsillo a todo un gran aforo a base de una combinación de canciones instrumentales de medios tempos, la formación supo encontrar en todo momento el detalle preciso con el que diversificar sus canciones. Cada uno reunía su protagonismo por separado, mostrándose como pequeñas islas que en el momento en el que tenían que reunir fuerzas enloquecían al público.  Uno de esos directos que se alejan un montón a lo que uno plantea previamente, dejándose seducir fácilmente por todo aquello que escapa a la tónica habitual.

A medida que el recinto se iba llenando, pudimos sentir como el personal tenía sed de guitarras y un concierto mucho más convencional, cercano al rock de estadios. Allí estaban los Japandroids para cumplir esta misión, mostrándose una vez más infalibles a base de su entrega y su capacidad para aguantar el tipo a la perfección hasta el final del directo. Sin ofrecernos grandes variaciones en directo respecto a lo ofrecido desde sus orígenes, el concierto que nos presentaron supuso una auténtica celebración del espíritu juvenil indomable sobre el que se cierne una cierta nostalgia inevitable. Sin ir más lejos su puesta en escena con ‘Near to the Wild Heart of Life’ estaba teñida por ese halo de comparación con el pasado, compensándose con la euforia del aquí y ahora. Muy agradecidos por regresar a Portugal tan solo unos meses después del NOS Primavera Sound, el dúo se tomó el directo como el propio de las grandes noches. A través de un juego de respuestas entre voces, canciones de su último trabajo como ‘No Known Drink or Drug’ tomaron completamente el aire coreable que siempre tratan de acentuar para adentrarse de una forma directa en sus estribillos. Un directo necesario en el festival que acabó generando el habitual crowd surfing que en esta edición aún no habíamos presenciado aun con tanto entusiasmo.

A pesar de que el Paredes de Coura siempre se caracteriza por la puntualidad de todas sus actuaciones, Beach House rompieron la regla con un retraso de media hora. Este hecho seguramente desanimó sobremanera a todos aquellos que no estaban muy metidos en la propuesta de los de Baltimore, originando las mayores riadas de gente que pudimos presenciar en todo el festival. Cierto es que la noche cerrada es el entorno más apetecible para disfrutar del grupo, pero su propuesta contradice totalmente a los cánones festivaleros en aquellas horas de la madrugada. Dejando al lado todo tipo de planteamientos, los norteamericanos ofrecieron un concierto a la altura de las expectativas, dejando rápidamente de lado algún que otro problema de sonido en la inicial ‘Levitation’. La voz de Victoria mutaba entre los extremos propios de lo frágil y lo inexpugnable, disculpándose a las primeras de cambio por el retraso producido. La escenografía que les acompañó resultó también otro de los puntos más impactantes del directo, jugando con unas luces de lo más recogidas y manteniendo sus rostros en la sombra. Toda una recreación del carácter ensoñador pero repleto de peligros emocionales que acechan en sus temas, desenvolviendo de forma sigilosa pero embaucadora su característico dream pop. La velada se convirtió en un repaso de grandes temas como ‘Walk in the Park’, un ‘Master of None’ escalofriante o un ‘Take Care’ con el que resulta inevitable no mojar pestaña en el momento en el que Victoria levanta la voz. El concierto prácticamente soñado para los fans, rematando con un ‘Myth’ que bien puede suponer la banda sonora del festival.

Con alguna que otra fuerza reservada y con ganas de repuntar en cualquier tipo de brecha emocional que pudiese haber causado el concierto de Beach House, llegaba el momento del baile más que disfrutable de Roosevelt. El alemán se presentó en esta ocasión en formato trío, llevando las canciones de su debut homónimo hasta el extremo más cercano al dance. La ocasión se presentaba perfecta para hacer relucir sus habilidades de dj, algo que no dudó en ningún momento, consiguiendo transformar los finales a través de pinceladas con las que potenciar su vertiente dance. Saliéndose de los márgenes prefijados en la versión de estudio, canciones como ‘Moving On’ supusieron momentos en los que todo el mundo levantó los brazos y se entregó a la elegancia de la ya esperada pista de baile. Lo que nos pedía el cuerpo a esas horas se cumplió a la perfección, encontrándonos con el énfasis preciso en la interpretación que requerían los temas.

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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