Crónica

Vodafone Paredes de Coura 2017

Jueves

17/08/2017

Por -

El primer día grande del festival tuvo como protagonistas de las Vodafone Music  Sessions a los norteamericanos Nothing. Encontrando el lugar perfecto para su actuación en una glorieta de la zona de campismo, los músicos se mostraron desde un primer momento dispuestos a ofrecer lo mejor de sí mismos durante sus dos actuaciones en el festival, más aún después de pasar una noche de fiesta por Oporto como ellos mismos confesaron. La incógnita acerca de cómo adaptarían sus canciones en un formato prácticamente acústico se resolvió rápidamente cuando descubrimos como Dominic Palermo se enfundaba una guitarra acústica para dejarnos con temas prácticamente olvidados como ‘The Rites of Love and Death’ o las adaptaciones de ‘The Dead Are Dumb’ y ‘Nineteen Ninety Heaven’ que conservaron sus tonalidades marchitas originales. Este breve set, junto con lo que posteriormente nos ofrecieron, parece confirmar que todas las sombras se han alejado totalmente del grupo, atravesando un momento como banda de lo más apetecible.

La jornada en el recinto se iniciaba con unos tempraneros Sunflower Bean en el escenario Vodafone FM, congregando a un buen número de asistentes. El trío ejerció como perfecto revulsivo en el arranque de la jornada, no dejándose nada desde el primer tema al ser conscientes de los poco más de 30 minutos de actuación que tenían por delante. Por ello, desde un primer momento, Julia Cumming se dejó la garganta en la inicial ‘Burn It’, ofreciéndonos un lado western en sus guitarras hasta ahora no presente en todo lo que nos habían mostrado. Y es que su actuación sirvió para presentarnos varios temas nuevos de todo lo que está por llegar, saltando a un lado más aguerrido que su LP debut Human Ceremony. De este modo desplegaron una actitud que sentó muy bien al formato festivalero, dejando de lado todo tipo de lisergia para saltar a un terreno más práctico. Aun así, no pudieron completar todo el setlist que tenían programado, ya que solo tuvieron tiempo de interpretar parcialmente ‘I Was Home’.

Contando también con una buena parroquia de fieles, You Can’t Win, Charlie Brown regresaban a Paredes con un nuevo trabajo bajo el brazo como es Marrow. Su propuesta pop con buen gusto por las sinuosidades rítmicas del R&B, sin olvidarnos de lo medidas que resultan las modulaciones de sus sintetizadores, supusieron un auténtico regalo a aquellas horas de la tarde. Una de las virtudes de su actuación fue la de mantener de forma constante un clímax apacible, donde nada resultaba discorde, ni una guitarra creaba mayor estruendo que su compañera. Claves para el éxito que parecen obvias en la teoría, pero que cuestan llevar a la práctica, algo que la formación portuguesa supo desenvolver a la perfección. Respecto a sus orígenes, podemos decir que su propuesta ha ido perdiendo la inocencia del pop más naïf para lograr unas canciones algo más peleonas pero que conservan toda su luminosidad. Tal cual es como nos lo hicieron llegar en directo, consiguiendo levantar los ánimos incluso en los momentos en los que el concierto se adentró en una parte más intimista.

La siguiente parada de la tarde corría a cargo de unos Nothing que esta vez sí que tenían enchufada toda su maquinaria. Haciendo gala de su rutilancia y dejando los matices a un lado para descargar su fervor en cada rasguido de guitarra, los norteamericanos nos ofrecieron uno de los mejores conciertos del festival. Solventes en los momentos más melódicos como los presentes en ‘Vertigo Flowers’ e implacables en su vertiente más áspera como ocurrió en ‘Curse of the Sun’, Nothing  se metieron al personal en el bolsillo sin necesidad de grandes alardes. Los muros de sonido creados se contraponían a la perfección con la parte más liviana de sus canciones, aquella en la que Brandon Setta casi susurra como pidiendo perdón, provocando que pese a la contundencia de su propuesta sean un grupo que aglutina un espectro de público bastante dispar. Uno de los momentos más destacados del directo llegó cuando Dominic Palermo no dudó en coger el micrófono y lanzarse al público en uno de los impases de ‘Eaten By Worms’, dejándonos de este modo con otra de esas estampas destacadas del festival.

Con el ambiente más que caldeado por los Nothing, la tarde nos deparaba otro de los platos fuertes con Car Seat Headrest. La frágil imagen que en una primera impresión ofrecen Will Toledo y su banda se viene en seguida abajo nada más hacer rugir sus guitarras. Como era de esperar, su actuación se convirtió en un karaoke de algunas de las canciones que han marcado el lado emocional del 2016 gracias a su magnífico Teens of Denial. Desde el empuje a trompicones de ‘Fill the Blank’ hasta los arrebatos que mejor los acercan a Pavement gracias a ‘Unforgiving Girl (She’s Not An)’, todo lo ejecutado y mostrado en el directo resultó de lo más engrasado. Incluso los momentos en los que Will divaga entre estrofas y melodías resultan de lo más acertados, consiguiendo el despiste entre el público de una forma de lo más elegante. Por todo ello, cada minuto que transcurría de su directo nos hacía sentir unos auténticos privilegiados por poder vivir todo aquello, encontrándonos con un músico que ofrece unas características propias de aquellos que llevan décadas y décadas en esto. Cerrando el concierto viajando a sus orígenes con ‘Beast Monster Thing (Love Isn’t Love Enough)’ y una sensación tan épica como aturdida, consiguió que una desbordante emoción se propagase por todo nuestro cuerpo.

Después de todo lo ofrecido por Car Seat Headrest, el panorama pintaba bien diferentes con los canadienses Timber Timbre ofreciendo uno de esos directos de los que te arrepientes si no has ido y te cuentan lo bueno que fue. Como una rara avis entre una tarde repleta de guitarras a toda pastilla, la serenidad de la formación se impuso desde el inicio, encontrando en Sincerely, Future Pollution el hilo conductor con el que mantener el ambiente a medio camino entre lo sórdido de un cabaret setentero y el olor a encerrado de las casas de madera. La calma reinó casi en todo momento pero evitando caer en la placidez, salvo contadas ocasiones como ocurriese en ‘Hot Dreams’. Mediante algún que otro azote de lo más punzante, dejándose caer hacia un lado más crudo como ocurriese en ‘Curtains!? / Resurrection Drive Pt. II’, dejaron constancia de su capacidad para dirigirse por terrenos donde solo impera la oscuridad. Como buena combinación entre su lado más sensual y oscuro, nos brindaron una ‘Sewer Blues’ que resultó de lo más perversa pero inspiradora.

La velada seguía cogiendo vértigo con el esperado directo de King Krule, donde nos esperábamos un buen repaso de su debut 6 Feet Beneath the Moon junto con nuevos temas de un inminente trabajo que llegará no tardando.  De estos segundos nos encontramos con composiciones como ‘Dumb Surfer’ y ‘The Locomotive’, la primera girando hacia tintes más jazzísticos mientras que la segunda siguió unos derroteros de interpretación vocal mucho más desgarrada. Una medida sensación claustrofóbica que el joven británico domina a la perfección, sin olvidarnos que detrás tiene a una banda infalible, capaces de aportar un respaldo que tiene tanto de virtuoso como de eficaz. Resultaba una auténtica maravilla apreciar los destellos de saxofón o unos efectos lanzados de un modo intermitente que despertaban el carácter más esquivo de los temas.  En definitiva, un músico que ya le podemos quitar la etiqueta de promesa para confirmar que sus directos gozan de un gran nivel técnico y una explosividad que hasta hace poco nunca nos habríamos imaginado.

Con un recinto cada vez más lleno de gente, pudimos asistir de forma atónita al directo de unos Ho99o9 que causaron el mayor estruendo posible del festival entre el público. Poseídos y lanzados a un lado escénico que acompañaba a la perfección con sus canciones, no faltaron las camisas de fuerzas y las máscaras a lo Hannibal Lecter para fortalecer esa mezcla indiferenciada entre punk y hip hop. Pisando fuerte en cada momento y entrando en trance en gran parte del directo, el trío norteamericano fue capaz de subir la agitación para acercarse a terrenos cercanos al trash metal, consiguiendo desbordar la carpa del escenario Vodafone FM. Impresionando desde el primer minuto y sin perder la naturalidad a lo largo de su actuación, los temas peliagudos que tratan en sus canciones, se convierten en el perfecto bastión con el que seguir el alto listón marcado por artistas como Death Grips. Una de esas propuestas que evidencian como el Paredes de Coura es siempre una gran referencia a la hora de acercar bandas que lo más seguro es que nunca volvamos a verlas en un entorno tan cercano.

Sin perder la línea de fiereza marcada por Ho99o9, llegaba una de las actuaciones estrella del vigésimo quinto aniversario del festival. At The Drive-In aterrizaban en Paredes de Coura no como un mero revival de todo lo que fueron, sino con un flamante nuevo trabajo por presentar como es In·ter a·li·a. La veterana formación dejó constancia de que han vuelto no para arrastrase por los escenarios, sino para continuar con todo el volcán en contaste erupción que fueron en su día. Contando seguramente con el que fuese el mejor sonido en todo el festival, algo que ya es mucho decir, Cedric Bixler-Zavala salió al escenario con la mirada encendida y sin parar de moverse aceleradamente de un lado de forma desquiciada. A su derecha, su infalible compañero de aventuras Omar Rodríguez López no cesaba en su empeño por que su guitarra sonase lo más definida posible, aportando un cierto toque de cordura al vendaval post hardcore mostrado a lo largo de la noche. De entrada dejaron claras sus intenciones soltando a las primeras de cambio ‘Arcasenal’, para a continuación demostrar lo bien integrado que se encuentran en su repertorio temas nuevos como ‘No Wolf Like A Present’. Tirando amplificadores desde una altura considerable, pero sin frenar en ningún momento el carácter escénico de Cedric, nos quedamos con la sensación de asistir a uno de esos directos donde no se puede pedir más.

Acercándonos al final de la noche, el escenario Vodafone daba paso a una propuesta bien distinta como fue la de Nick Murphy. Tras enterrar su alter ego de Chet Faker, el australiano continua su carrera por las mismas directrices que antaño, moviéndose por el pop lento pero bailable, sin olvidar en todo momento sus impecables inclusiones al R&B de bases sintéticas. Con mucha seguridad acerca de su sólido repertorio, abrió el concierto con ni más ni menos que ‘Gold’ y ‘1998’, explorando de este modo su cara más cercana al clubbing. Con el éxtasis que supone arrancar el concierto de esta forma, el músico fue jugando con los medios tiempos, manteniéndose constante a la hora de dominar un plácido apartado atmosférico. La destreza mostrada a la hora de alternar entre los momentos propicios para deslizar los pies junto con el recogimiento propio de la electrónica más cerebral, supuso la gran constante a lo largo de la noche, guardándose para la recta final composiciones tan exquisitas como ‘Fear Less’ y su carga de ruido tan aliviador.

El cierre de la noche para nosotros llegó con unos Jambinai programados estratégicamente en el escenario After Hours. La catarsis que lograron los coreanos resultó perfecta a esas horas de la noche, reflejando unos sonidos post-rock que jugaron con los umbrales sonoros máximos de los asistentes. A ratos calmados y sumergidos en una nube guitarras tenues, siempre lograban la escapatoria perfecta en sus temas a base de percusiones desquiciadas. Un batiburrillo muy bien orquestado de ritmos anárquicos, voces disonantes y ecos que parecían salidos del más allá, consiguiendo un efecto ensordecedor y alejado de todo tipo de concepción bailable que se nos pudiese pasar por la cabeza. El Paredes de Coura siempre ha contado con propuestas de lo más densas a esas horas de la noche como fueron Cheatahs o Suuns en ediciones pasadas, garantizando siempre el éxito.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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