Crónica

Vida 2019

04/07/2019 - 06/07/2019

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Para muchos, las vacaciones de verano empiezan cada año con el fin de semana del Vida Festival en Vilanova i la Geltrú; tachamos en el calendario los días que nos quedan antes de acomodarnos en el camping, pillar el bus que nos enrute hasta la Masia d’en Cabanyes y disfrutar de tres días de actuaciones en pleno campo de la comarca del Garraf.

Es un pequeño ritual que este año, de un modo u otro, han compartido unos 32.500 asistentes que, ajenos a la ola de calor, se dejaron embelesar por la garra de Sharon Van Etten, la fanfarria synth-pop de Hot chip, el pop rock atemporal de Superchunk o la eterna juventud de Madness.

Ni la (inesperada) lluvia del sábado por la tarde ni la cancelación de Beirut del viernes han empañado la sexta edición del festival barcelonés, que ya tiene asegurada su continuidad con el anuncio del primer cabeza de cartel: Destroyer.

 

Jueves: la vida es bella

Poca broma empezar con José González a una hora tan bucólica como las nueve de la noche, cuando el sol va escondiéndose entre los pinos del recinto y el cielo como una cremallera se va cerrando a los últimos rayos de la tarde. Con esta postal, el cantante sueco de origen argentino, descorchó su bonito folk en el escenario Estrella Damm.

Esta vez vino solo, sin The String Theory, y su set se basó en su repertorio más clásico – a la par que infalible- con bonitas tomas de ‘Cycling trivialities’, ‘Down the line’, ‘Stay in the shade’ y llevando a su terreno los temas originales de The Knife ‘Heartbeats’, Massive Attack ‘Teardrop’ y esta vez como novedad, ‘Blackbird’, de The Beatles.

Bonito aunque soso, efectivo pero monótono, da la sensación de que González se ha acomodado y recrea su catálogo gira tras giras sin presentar material nuevo y eso, tras cinco años, empieza a pasarle factura.

Como anticipo de lo que veríamos el viernes, Fat White Family copó el primer día la cuota de “grupo-que-lo-va-a-petar con mala leche y discazo bajo el brazo a presentar”, tal y como lo harían el viernes Fontaines D.C. Y si al concepto le unimos una pintas peculiares: tupés demodé, outfit de yonqui de extrarradio, camisetas, torso al aire, tenemos una actuación que no dejó indiferente a nadie.

Su paso por las bambalinas del Estrella Damm se desarrolló entre temas más pausados como ‘Bobby´s Boyfriend’ –una suerte de art pop con saxofón- o ‘When I leave’, con esos teclados tan ochentas. Pero si por algo llamaron la atención fue por poder escuchar las impresionantes ‘Feet’ -que bien podrían haber firmado Bauhaus- y ‘Hits, Hits, Hits’ una especie de himno para entonar agarrado a la barra de un bar.

Es increíble ver como Sleaford Mods sacan petróleo de una propuesta tan limitada y minimalista; esto se traduce en Andrew Fearn ejecutando las bases programadas – y asintiendo con la cabeza como propina- y Jason Williamson recitando –y escupiendo- estrofas. Y es que si algo les sobra al dúo es actitud, una actitud chulesca y desenfadada que hace telón de fondo a versos cargados de crítica, cronistas del ‘desmantelamiento de la pérfida Albión’; pura poesía callejera que nos regaló una maravillosa ‘B.H.S’.

Ya en la duermevela del viernes Hot Chip nos invitaba a su particular verbena pop. Claros vencedores de la noche, los británicos triunfaron a pesar de presentar unos de sus discos más flojos, A Bathful of Ecstasy, del horror de la portada ni hablamos. Pero poco importa cuando atesoras una colección de éxitos que quitan el hipo: desde la inicial ‘Huarache lights’ a ‘I feel better’ pasando por una versión del ‘Sabotage’ de los Beastie Boys, aquello fue una fiesta – para nosotros y para ellos, a tenor de la cara de felicidad de Alex Taylor-.

Una suerte de orquesta de pueblo para el nuevo milenio, perfectos para amenizar cualquier evento, magnífico punto y aparte para la primera jornada, a los que no se quedaron a ver a Joe Goddard con The 2 Bears.

 

Viernes: esplendor en la hierba

Parapetado bajo un generoso manto de cabezas, Kevin Morby surtía enhiesto al escenario Vaixel sin más compañía que su guitarra , un teclado y un trompetista; listo para trasladar al formato acústico su reciente – y notable- Oh My God.

Los que enarcaron la ceja al conocer la decisión de encajarlo en un escenario tan limitado – espacialmente, me refiero- poco a poco tuvieron que relajar el rictus al escuchar las cálidas y bonitas tomas de Oh My God, ‘No halo’, o ‘Congratulations’, dando rienda suelta al catálogo de canciones de su último trabajo.

A destacar la gran labor de la trompeta, que enriqueció las composiciones del tejano, pese a la austeridad del formato – pura delicia en la primera fila de sillas- .

Como anécdota, se animó a subir al escenario Waxahatche, Katie Crutchfield en su deneí, para versionar ‘The dark don´t hide’, del tristemente fallecido Jason Molina; aunque Morby se reservaría para él solo una estupenda toma de ‘I have been to the mountain’ y la rescatada ‘Parade’. Maravilloso concierto y arranque perfecto de partida para la segunda jornada del festival.

A los pocos minutos de comenzar la actuación de Sharon Van Etten en el escenario Estrella Damm no conseguía sacarme de la cabeza la actuación de St. Vincent del año pasado, bajo los mismos focos, además.

Aparte de compartir productor, la visita de la estadounidense entroncó con el rock enérgico y mayúsculo de Annie Clark, ofreciéndonos un show vibrante donde conjugó temas lentos ‘Your shadow’ , ‘No one´s easy to love’, ‘Seventeen’ con otros rebosantes de adrenalina, como ‘Comeback kid’ o ‘Serpents’; todos ellos ejecutados con maestría y con un absoluto dominio escénico que nos hizo olvidar los cuatro años que ha estado ocupada en otros menesteres y alejada de la música.

Aunque tenía la difícil papeleta de sustituir a Beirut –en términos de horario- , la reciente actriz brindó uno de los mejores shows de todo el festival, dando buena cuenta de su reciente repertorio (olvidando sus primeras grabaciones autoeditadas), con aplaudidas recreaciones de ‘Every time the sun comes up’ o ‘Tarifa’, e incluso se atrevió a versionar a Sinéad O´Connor en ‘Black boys on moped’. Prueba superada.

Pero desde luego los que aprovecharon el rebufo del concierto de Van Etten fueron los irlandeses Fontaines D.C., con el público puesto a punto tras los últimos acordes de ‘Serpents’.

A priori ya lo tenían casi todo ganado de antemano: runrún mediático, la crítica de su parte y un disco de debut idóneo para ser llevado al directo: el contundente ‘Dogrel’; auténtica bomba que desgranaron en el escenario entre las embestidas de las primeras filas y los conatos de epilepsia de su cantante.

Y es que, en el calor del directo, se confirma a Grian Chatten como un eficaz avatar de Ian Curtis, firmando espasmos y tics mientras acecha el micro y se echa al hombro el post-punk de The Fall. Con este marco, se sacaron de la manga una fabulosa actuación, llena de mala leche y convidando a los presentes a liarse en un pogo mientras prendían las vallas con ‘Too Real’, ‘Television screen’ o ‘Hurricane laughter’. A tenerlos muy en cuenta.

Tras el vendaval irlandés, en el escenario gemelo, Estrella Damm, hacían acto de presencia los revivalistas Temples. Curiosa coincidencia: tras la autenticidad de unos, la poca credibilidad de los otros y es que, se me hace harto difícil comulgar con la propuesta de los ingleses. Esa incertidumbre empieza por sus apariencias – fiel reproducción de pelambreras sixties y rímel glam – y termina por su sonido: perfecto en su ejecución pero aburrido en su transcurso. Aún con momentos de cierta gracia- la pizpireta ‘Certainty’, ‘A question isn´t answred’- el tramo grueso de su paso por la masía fue plano y aburrido y éramos mucho los que mirábamos el reloj esperando el plato fuerte de la jornada.

Porque si había un cabeza de cartel para servidor, ése era Superchunk quienes, tras un paréntesis de nueve años, parecen estar más vivos que nunca encadenando ya tres soberbios trabajos.

Contentos por tenerlos de nuevo por aquí – aunque esta vez sin la mítica bajista Laura Ballance, baja por ahora permanente en directo tras sus problemas auditivos-, demostraron su valía como unos de los grupos más importantes del indie rock y fundadores de uno de los sellos que más lo apoyó: Merge.

Su paso por el escenario Leví´s fue toda una celebración de sus treinta primaveras: clásicos como ‘Crossed wires’, ‘Like a fool’, ‘Driveway to driveway’ con éxitos más recientes como ‘What a time to live’ o ‘Lost my brain’, una maravilla encadenada con otra con la juvenil voz de Mac McCaughan y su eterna lozanía, pellizcos de pop rock pop que suenan vigentes a día de hoy.

 

Sábado: cantando bajo la lluvia

La tercera jornada vino marcada por la inesperada lluvia que apareció en el concierto de Stella Donnelly y se prolongó de forma intermitente hasta entrada la noche.

La australiana ya nos había dejado muy buenas sensaciones en su paso por el Primavera Club y su visita a Vilanova no hizo sino subir su cotización. Dejando aparte su excelente disco, Beware of the dogs, hemos de reconocer que su actitud cándida y cercana hizo que acogiéramos cada uno de sus temas con cierta predisposición, salpicada de chascarrillos y anécdotas y siempre con su perenne sonrisa como telón de fondo.

Tras unos primeros minutos agarrada al mástil de su guitarra como una única compañía, se unió su banda –jovencísimos todos ellos- para dar forma al entrañable ‘Old man’, siguiente recorrido por su álbum debut, que fue desglosándolo prácticamente entero.

Y mientras lo hacía, tuvo tiempo de ponerse reivindicativa en ‘Watching Telly’, mostrarnos una peculiar coreografía en ‘Die’ e incluso llamar a la lluvia en ‘Boys will be boys’ mientras nos íbamos rebozando en gruesas gotas de que incluso hizo parar su actuación.

Con gran parte del aforo huyendo ante el cielo pintado de nubes negras, los que nos quedamos en el césped imploramos por un bis que llegó en forma de ‘Tricks’, que esta vez sí, puso fin a su actuación. Una de las mejores de todo el festival, añado.

Pero los grandes perjudicados por el chaparrón fueron sin duda Molly Burch, que no solo empezaron tarde por la lluvia sino que múltiples problemas técnicos empañaron su actuación.

Tenía muchas ganas de degustar su excelente disco ‘First flower’ en directo pero es que no había manera de arrancar una sola nota decente: problemas de reverberación, la voz de Molly apenas audible-¡con esa voz que gasta!-y encima un bochorno horrible tras la lluvia que había caído minutos antes. A pesar de todo, arañamos la suntuosidad de ‘Candy’, ‘Wild’ o ‘Dangerous place’, tocadas en el riguroso orden del plástico pero tristes negativos de las grabadas en el estudio.

Con la noche ya avanzada en la Masía d’en Cabanyes, una nutrida cohorte aguardaba el regreso de The Charlatans, de los que ya me confieso que nunca he sido fan pero sentía cierta curiosidad por comprobar cómo habían envejecido sus hits. Una parroquia, todo sea dicho, que peinaba canas y aireaba cartones en el cogote, qué menos tras más de veinticinco años jaleando sus estrofas.

El que apenas ha envejecido es su cantante, Tim Burguess, que pasados los cincuenta luce melena en forma de su clásico corte de pelo a tazón; tampoco lo han hecho sus temas, como los infalibles ‘The only one I know’, la stoniana ‘Just when you´re thinking things over’ o ‘One to another’.

Sonaron perfectos y le sacaron punta a sus sesenta minutos despachando un clásico tras otro, y aunque otros se pusieron lo laureles en el Brit-pop es indudable que ellos tuvieron mucho que ver en su éxito.

Y si de revival se trata, pocos podían toserle al que venía a continuación: Madness, quienes iban poco a poco expandiéndose por el escenario Estrella con un abultado plantel de músicos.

Nada más acomodarse, soltaron todo un señor ‘One step beyond’ que puso a bailar a todos los que se acercaron a verles, y damos fe que eran muchos, muchos. Allí estaban, de puro milagro, como nos recordó su cantante Suggs, tras cuarenta años de trajín por aquí y por allá y sonando frescos y divertidos; unos señores mayores que muchos quisieran tener su vitalidad. Y así fue. Familias – muchos padres subiendo sobre sus hombros a sus cachorrillos-, millenials, jubilados y algún que otro perdido, se pusieron todos a bailar con ‘Embarrassment’, ‘My girl’, ‘Driving in my car’, ska, pop, y mucha clase con sus ya icónicos trajes, sombreros y gafas de sol.

Pero se dejaron lo mejor para el final: la verbena tuvo sus fuegos artificiales en el triplete de ‘Baggy trousers’, ‘Our house’ y una emotiva ‘It must be love’, un tema firmado por Labbi Siffre y que los de Camden popularizaron hace casi ya cuarenta años.

Poco que objetarles, convencieron a base de actitud- ese saxo que deambulaba de un extremo a otro en plan rock star- y unas canciones que no conocen el polvo ni las telarañas. Otro de los momentos clave de esta edición, sin duda.

La jornada la concluimos con el enérgico concierto de Carolina Durante quienes, modestia aparte, lo dieron todo como nosotros, que repartíamos estopa agarrados a la valla de seguridad mientras que en los bajos fondos se iniciaban varios pogos. Curiosamente, su cantante Diego Ibáñez llamó la atención a los miembros de seguridad espetándoles que les dejaran divertirse, ya que éstos trataban de apaciguar los desmelenes juveniles.

Anécdota aparte, su rock cafre y directo encajó perfectamente con el slot programado – de buena madrugada- , cerrando la velada – en muchos casos- a base de trallazos como ‘Himno titular’, ‘Necromántico ‘ o su pequeño gran himno, que se reservaron para el final: ‘Cayetano’. Y no, no apareció Amaia a tocar ‘Perdona (ahora sí que sí)’. Nos vemos el año que viene.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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