Crónica

Véral 2019

15/06/2019

Por -

Convertida en toda una cita que marca el inicio del verano, la nueva edición del Véral resultó otro gran triunfo del atrevimiento a la hora de programar novedad y variedad por parte del Colectivo Laika, sintiendo más de cerca que nunca el esmero y la cercanía de la organización a la hora de que todos los protagonistas se sientan como en casa. Desde los propios artistas hasta el público presente, confirmando cómo es posible animar al máximo la vida cultural de una ciudad como Valladolid con mucho más porcentaje de ingenio que de medios. En esta ocasión merece la pena destacar el giro hacia un cartel que se sale de la línea marcada en estos últimos años, algo que a la postre seguramente se tradujo en la edición más multitudinaria, todo ello sin renunciar a los principios basados en calidad de las propuestas y alejamiento de proyectos musicales clónicos. Todos estos motivos junto con la exuberancia de su lugar de celebración en el Campo Grande, hacen que sin lugar a dudas sea un festival de lo más especial, marcando el inicio de la extraña euforia a la que siempre aparecen apuntar los primeros días cercanos al verano, pero también mirando hacia la despedida de ciertas etapas vitales.

La jornada matinal se inició con un nuevo capítulo de Los Conciertos a tu Altura, en esta ocasión protagonizado por Alondra Bentley y dirigido al público más joven, junto con sus respectivos progenitores o familiares, por supuesto. El directo que ofreció Alondra acompañado por Nacho, su marido y miembro de Nine Stories, resultó cuidadosamente preparado para que su trayectoria musical cuadrase con las historietas y juegos infantiles propios. De esta forma resultó de lo más curioso comprobar como las introducciones a los temas remitían a ese espacio necesario para la interacción con los más pequeños, dibujando de este modo en su imaginación los paisajes que pueblan las canciones de la británica. En definitiva, un directo muy adecuado a lo que se espera de una cita así, demostrando como los acercamientos musicales desde una temprana edad siempre resultan de lo más acertados. Cerrando el horario vermú, no faltaron unas auténticas clásicas de la escena DJ de la ciudad como son Shakin’ Piñas, ofreciéndonos una pinchada de marcado carácter tropical gracias a sus vinilos.

La tarde se inició de una forma bastante improvisada y de nuevo muy próxima al público con la presentación de Microgeografías de Madrid, obra de Belén Bermejo. Por supuesto la autora estuvo presente, encontrándose muy bien arropada por Verónica Mellado y Nacho Vegas. Así pudieron desgranar de una forma precisa todo el apartado visual tan sugestivo que esconden las páginas de este libro, potenciando de esta forma la faceta literaria del Colectivo Laika, que por cierto, también cuenta con su propia editorial como es Ediciones Venera. Una vez recogida la mesa y tres sillas donde se realizó el acto, no tardó mucho en empezar la jornada musical con unos Yawners impecables. El hecho de que este año el sonido estuviese quizás un poco más bajo de lo que recordábamos de la Pérgola no impidió que su propuesta no brillase a pesar de su marcado carácter ruidoso. Con una perfecta sintonía entre guitarra y batería, Elena y Martín sacudieron los temas de su LP debut Just Calm Down de buen manera. Mención especial merecen los cambios de ritmos de temas como ‘Right or Wrong’ o ‘A Funny Laugh’ para ir saltando entre ambientes más benévolos y cortantes. Está claro que en el panorama nacional se necesitaba una banda como ellos, capaz de resurgir la euforia del noise rock de finales de los 90 y principios de los 2000, todo ello con una identidad melódica muy marcada, como bien demostraron en su cierre con ‘La Escalera’.

La tarde noche se adentró de lleno en una gran fiesta como fue la que nos ofrecieron las Kumbia Queers. Previa denuncia de la aberrante campaña de explotación de Mahou, la formación argentina no dudó en desplegar lo más cercano a una verbena latina que podemos encontrarnos. Sus composiciones con ritmos de lo más marcados y un canto destinado a romper barreras de todo tipo acabaron por desmelenar hasta a los más comedidos, encontrándonos ante un público no habitual en la cita festivalera. El acentuado carácter punk que mostraron en algunos temas acabó por redondear la propuesta, logrando una buena integración entre espíritu festivo y reivindicación. Incluso atreviéndose con la archiconocida ‘Cariñito’ como bis, demostraron de nuevo la particularidad de su propuesta.

Con menos artificios y espectacularidad pero causando incluso mayor revuelo entre el público, las dominicanas Mula fueron las encargadas de cerrar la noche con uno de esos conciertos que enganchó desde los compases iniciales. En directo el trío nos muestra unas influencias electrónicas de lo más pronunciadas, sabiendo muy bien como transitar entre las invitaciones a la pista de baile más oscuras y los momentos de clarividencia en sus estribillos. Todo ello resultó aún más brillante con una recta final de concierto vivida de una forma muy intensa, encontrando un buen punto intermedio entre los ritmos bachateros y los loops más acelerados. Un cierre que dejó a unos cuantos bastante exhaustos y desorientados, pero que sirvió para calentar de cara al habitual y forzado salto de verja del recinto para acceder a su exterior, convertido a estas alturas en todo un clásico del festival.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *