Crónica

Véral 2017

17/06/2017

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Con la vista puesta en las vacaciones estivales y el cierre de otra sobresaliente temporada de conciertos por parte del Colectivo Laika, la nueva edición del Véral supuso el perfecto disfrute de estar ante propuestas muy grandes y que marcan las distancias en un panorama nacional, que sin embargo no es el mayoritario. La fórmula de esta edición guardaba de forma acertada similitudes con la del año pasado, encontrándonos con propuestas puramente guitarreras para que la respiración resultase en todo momento muy acelerada.  Por ello, The Levitants, Biznaga y Mourn supusieron una combinación perfecta para trascender al personal todo lo que se sitúa a los márgenes del festival medio nacional, que a estas alturas se atisba más bien como una plaga de uniformidad y un impedimento a la promoción de propuestas de gran valía. El público respondió a la buena e intensa promoción realizada a través de las redes sociales, incentivado por la gratuidad del evento, para de este modo alcanzar la que seguramente haya sido la edición más numerosa del festival con el Campo Grande como emplazamiento. Confiemos en que al menos un mínimo número de los asistentes no asiduos a estas propuestas, sienta curiosidad por vivir en directo el otro gran festival de la ciudad como es el Tónal. Aunque a estas alturas todos somos conscientes de cómo funcionan las cosas en esta ciudad en todos los sectores de su población.

Entremos en el plano meramente musical. Inmersos en una ola de calor que parece que no va a terminar nunca, la Pérgola del Campo Grande lucía como un oasis perfecto incluso a las ocho de la tarde, conservando ese lustre tan propio de ciertos puntos de la ciudad que choca con  lo señorialmente decadente. Toda una virtud en la extrañeza, que a la postre supone el que seguramente sea el espacio público con más encanto para ofrecer conciertos en la ciudad. Los encargados de abrir fuego fueron los locales The Levitants, una de esas bandas que ilustra a la perfección como en esta ciudad las inquietudes musicales pueden llegar a escapar y tomar mucho más cuerpo fuera del afamado Open Mic. Su propuesta en directo ha ido mutado a lo largo de estos años hacia una mezcla de descaro en las formas que apuntan hacia el post-punk menos asfixiante, consiguiendo que su concierto en el Véral estuviese marcado por un medido juego entre sobriedad y momentos de fiereza. Su vocalista Sergio Isabel en todo momento mostró la ilusión del grupo por formar parte de un evento tan cuidado, algo que se coló en la entrega extra añadida a su interpretación.

Subiendo en intensidad en cuanto al frenesí con el que agitar las guitarras, los madrileños Biznaga regresaban por cuarta vez a su bautizada en su debut “Ciudad del Mal”, con un segundo LP impecable como es Sentido del Espectáculo. Si sus directos siempre han estado caracterizados por la voluntad inequívoca de lograr el empuje infalible a través de sus melodías que apuntan hacia estructuras pop, en esta ocasión pudimos comprobar una gran madurez que convirtió su actuación por momentos en catarsis. Escenas como las vividas el final de ‘Jóvenes Ocultos’ o la devastadora ‘Nigredo’, ponen de manifiesto el carácter totalmente serio que han adquirido sus composiciones, junto con un discurso más que sólido capaz de dejar directamente en ridículo a la mayoría de los discursos de carácter político y social a los que se ha subido al carro la lírica nacional últimamente. Lo suyo seguramente pasa por ir a piñón fijo, encontrándonos su gran habilidad en volatilizarlo todo en el momento que quieren ir directamente desbocados. Siempre lo consiguen, y aunque el ambiente del Véral no era totalmente el propicio para ellos, la impresión que nos quedó es la de estar ante una de esas bandas que marcan conciencias.

La noche se cerraba con la banda más joven de todo el festival. Estamos hablando de las barcelonesas Mourn, fichaje destacado del sello norteamericano Captured Tracks para la publicación de su segundo LP, que por cierto aún no ha visto la luz en nuestro país. Teníamos ciertas dudas acerca de la solidez de su directo, algo que al par de canciones se nos borró totalmente de la cabeza. Su propuesta basada en lograr la disonancia y aferrarse por momentos a esa parte del grunge que más tiene que ver con el art punk de gente como Gang of Four, que a lo más popular del género, funcionó a las mil maravillas. Una coordinación milimétrica a la hora de sacar el tono apagado de melodías como las de ‘Brother Brother’ para acompañarlas directamente con las líneas de bajo más lúgubres posibles. Incluso cuando sacaron a relucir su faceta más entregada a la sencillez en sus estribillos, en temas como ‘Gertrudis, Get Through This!’, pusieron de manifiesto un entusiasmo juvenil que huye de buscar momentos idílicos para adentrarse en la superación de las dificultades. Motivos para la alegría contar con bandas así y ser conscientes de que la uniformización en el panorama nacional es imposible que llegue por mucho que nos la quieran vender. Un gran cierre para el Véral 2017, dejándonos con momentos de gran felicidad y alguna que otra reflexión acerca de cómo percibiremos dentro de unos años la suerte de tener al Colectivo Laika en una ciudad como esta. Abriendo y cerrando etapas vitales ya unos cuantos años gracias a sus conciertos, resulta imposible evitar que algunas líneas de nostalgia se acaben filtrando por aquí.

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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