Crónica

Tomavistas 2019

Viernes

24/05/2019

Por -

La edición con el más ambicioso y con una base sólida a la hora de buscar la diferenciación no solo del resto de festivales madrileños, sino también de toda la península, resultó ser todo un éxito, celebrando de esta forma que otro tipo de festival es posible sin caer en reclamos más que usados. La línea marcada a la hora de apostar por un núcleo de artistas consagrados, pero con propuestas cuidadas y no tan obvias en un festival de grandes dimensiones parece que resultó clave para aglutinar a un público bastante exigente con lo que la calidad musical se refiere. Por ello el espectro existente en cuanto a los asistentes al festival resultó diferir bastante de la media nacional, combinando juventud, seguidores del circuito de salas de la capital y militantes de la escuela noventera indie. A todo esto tenemos que sumarle lo agradable que resultó comprobar cómo el mediodía y la tarde del sábado estuvieron poblados por multitud de familias, en un primer acercamiento a los más jóvenes al mundo de la música aunque realmente en muchos se dedicasen propiamente a lo que tienen que hacer los niños. Así fue como la propuesta integradora del festival volvió a destacar un año más, siendo capaz la organización de cumplir con creces lo esperado de un festival de estas dimensiones, garantizando una buena agilidad en todos los servicios ofrecidos. Cierto es que la disposición del escenario principal hace también mucho porque todo resulte más cómodo, pero no siempre es frecuente poder salir de un festival con la sensación de que todo ha funcionado como es debido.

Entrando de lleno en el plano musical, la jornada del viernes se inició de una forma calurosa con unos Camellos que congregaron a un número razonable de fieles seguidores con ganas de agitación a primeras horas de la tarde. Siendo conscientes de lo reducido de su set, en 40 no se permitieron casi ninguna concesión entre temas, destacando por un sonido compacto pero áspero con su cierto punto de indomable. Solo así es posible que guiar canciones como ‘Caja de Pino’ o ‘Ejecutivo Estresado’ de una forma triunfal, consiguiendo que la combinación de 50% de polvo y 50% de polen en el ambiente quedase reducida a un segundo plano. Incluso tuvieron tiempo para presentarnos ‘Arroz con Cosas’, un nuevo single que presenta un espíritu más comedido pero que acaba desembocando en un estribillo marca de la casa que curiosamente ya fue bastante coreado a pesar del escaso recorrido del tema. Cerrando con todo un arma de destrucción masiva como es ‘Café Para Muy Cafeteros’, debido a lo insospechado de su potencial, la banda afincada en Madrid dio muestras de cómo lo suyo resulta tan ingenioso como capaz de despertar emociones rompedoras en directo.

Continuamos la tarde con otro concierto sobre seguro como fue el de Triángulo de Amor Bizarro. Tras llevar un cierto tiempo de parón concentrándose en grabar nuevos temas, los gallegos regresaban al festival con la intención de reivindicar su pasado más reciente y abrir la puerta hacia todo lo que está por llegar. No en vano cayeron dos temas nuevos que en la primera impresión volvieron a desprender el carácter arrollador y motivante que lleva asociada su música. Quizás el sonido no acabó de acompañarlos, ya que no resulta muy habitual que se puedan distinguir las conversaciones del público durante sus conciertos a una distancia no muy lejana del escenario, pero esto no fue impedimento para que su parte más agresiva mostrada con canciones como ‘O Isa’ tomase una vez más un claro carácter visceral. A esto tenemos que unirle siempre la innegable entrega del grupo, siendo capaces de lograr una puesta en escena que se alterna muy bien con la pose cercana al shoegaze y esos momentos de entrega totalmente desmedida. En definitiva, una apuesta siempre segura y con esa confianza de saber que nunca defraudarán a sus señas de identidad.

La noche seguía con un claro acento nacional y actual de la mano de Cala Vento. El dúo catalán sigue subiendo como la espuma con su tercer LP Balanceo llegando al Tomavistas para ofrecernos un equilibrado setlist donde transitaron a las mil maravillas entre este reciente LP y su anterior Fruto Panorama. Resultó curioso comprobar como todas las canciones provocaban un revuelo similar entre sus fans, celebrando los estribillos del último trabajo de una forma totalmente eufórica. Cierto es que seguramente estos nuevos temas tienen una vocación definitivamente pop que incita a ello, pero resulta innegable su gran poder de calado con unas letras de una dirección única y totalmente identificables con un montón de vidas anónimas. Merece también la pena destacar como el concierto no sufrió ningún tipo de altibajo, siendo una constante la sensación de cómo la mayoría de artistas exprimieron hasta el último segundo el tiempo que tenían por delante. Está claro que Cala Vento ya han dado el salto definitivo, evidenciando como el escenario secundario realmente se les quedó pequeño o más bien hicieron que se les quedase pequeño.

El rumbo de la noche cambió completamente con la actuación de Cigarettes After Sex. Los norteamericanos continúan con su interminable gira de presentación de su LP debut, algo que se acabó notando tanto para bien como para mal. Su propuesta parece que resulta más engrasada y con hechuras de gran banda, al menos en comparativa con lo que ofrecieron en el BBK Live el año pasado, pero también es cierto que el poder emotivo de las canciones se desvanece en directo con una ejecución por momentos totalmente plana. Con un concierto muy correcto, pero pecando de ese punto diferencial que se espera de su conjunto de canciones en directo, temas como ‘Apocalypse’ o ‘K’ no consiguieron el efecto envolvente y casi de embelesamiento que veníamos predispuestos a sentir, comprobando cómo realmente su propuesta se dispersa bastante en un escenario de grandes magnitudes. En este caso el minimalismo no funcionó como fue debido, no pudiendo hablar de decepción pero tampoco de un concierto que permaneciese en nuestra memoria una vez transcurrido el festival.

Después de ellos llegó el turno de un directo totalmente psicodélico y árido como el que nos ofrecieron Wooden Shjips. Lo suyo sí que resultó más adecuado para las horas de la noche en la que nos encontrábamos, eso sí, desde un lado completamente narcótico y teniendo en la cabeza la idea de sumergirnos en una densidad bien medida. Así fue como Ripley Johnson y compañía desgranaron sobre todo los temas de su más reciente V, ofreciendo por momentos un carácter desafiante muy bien representado en guitarras que parecen sonar en mitad del desierto arropadas por vientos que mueven areniscas. Con su justo punto de acidez, bien recogido en ciertos momentos de una mayor improvisación o más bien ejecuciones instrumentales de carácter cíclico pero perfectamente coordinadas a la hora de adentrarse en la recta final más resolutiva. De esta forma el concierto se pasó en un abrir y cerrar de ojos, sintiendo muy de cerca lo importante que resulta contar con grupos que aporten una visión musical muy específica al festival, reivindicando tradición musical pero también atrevimiento por el mero hecho de programarlos a una hora tan destacada.

Con la noche completamente cerrada, Beach House salían al escenario en el que seguramente fuese el momento más importante de la historia del festival. La impecable puesta en escena de los de Baltimore resultó idónea para desplegar al máximo todo el misticismo encerrado en sus canciones, ocultando sus rostros en todo momento y logrando un fondo de luces cambiantes que se adaptaban muy bien a los momentos en los que sugieren echar su imaginación a volar. A lo largo de su poco más de hora de actuación, tuvieron tiempo para darle un buen repaso a su último LP 7, pero también de rescatar auténticas maravillas como ‘Master of None’ que parecen disfrutarla ahora más que nunca, tal y como Victoria Legrand daba inicio al tema con unos gritos un tanto fantasmagóricos. Resulta increíble comprobar la contundencia que han ganado con el paso de los años, moviéndose a la perfección en esos terrenos donde los teclados nos llevan a la ensoñación, mientras que la guitarra de Alex Scally aporta el necesario plano terrenal para que todo coja la fuerza precisa. Quizás ahora somos más conscientes que nunca de ello, resaltando los momentos en los que buscaron un cierto ruido totalmente benévolo en temas como la inicial ‘Levitation’ o  ‘Lemon Glow’, logrando adentrar el concierto en fases de intensidad considerable y demostrar cómo no solo sus canciones destacan en el apartado más lánguido y firmar de este modo el concierto del festival.

Con todavía algo de noche por delante, Toro y Moi ofrecieron otro concierto totalmente destacado, provocando la total desinhibición del público presente a la hora de entregarse al baile. Parece que su más reciente trabajo Outer Space ha revitalizado totalmente el proyecto de Chaz Bear, ofreciendo esa cara tan atractiva del pop más chill out de sus inicios pero con un mayor brillo y brío. Desde el inicio con ‘Mirage’ demostró como lo suyo iba a ser un concierto basado en exprimir todas las posibilidades que ofrece el lado más sintético de su música, alternando entre teclados y ofreciendo una alegre y al rato tímida pero encantadora imagen por el escenario. Detrás de todo el recogimiento en sus movimientos que por momentos se atrevió a romper Chaz, reside una capacidad única para ejecutar auténticas píldoras certeras como ‘Fading’, ‘Girl Like You’ o ‘Freelance’, ofreciéndonos pequeños leimotivs en forma de coros con autotune con los que redondear al máximos los temas. Entre todo esto tipo de sorpresas agradables, fue llegando el final del directo coronado con un ‘Rose Quartz’ con el que demostró como la esencia electrónica sigue también muy viva en sus composiciones.


Crónica a cargo de Noé R. Rivas y Lucía González Arboleya.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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