Crónica

Sonorama Ribera 2018

09/08/2018 - 11/08/2018

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El Sonorama Ribera se volvió a erigir como el festival nacional capaz de ofrecer propuestas aparentemente más discordantes entre sí sin que esto genere un gran revuelo, sino más bien todo lo contrario, dando cobijo a la total integración de bandas dentro de un circuito bastante lejano para ellas. Cierto es que a lo largo de las jornadas del festival comprobamos como no todo vale, ya que en muchos momentos nos encontramos ante bandas emergentes que parecían ser la misma, encontrando en la explosión del llamado indie pop nacional de gran tirón la influencia a la que copiar al milímetro. Quizás estas sean las líneas que hay que tratar de desterrar definitivamente, siendo conscientes de que hay un montón de propuestas nacionales originales que merecen tener su hueco en un festival de estas características, quedando relegadas ante el continuo copia y pega de la temporada. Todo esto se puede siempre obviar si la ruta realizada engloba una muestra real de cuál es el estado real de la escena musical española, intentando abarcar a aquellas bandas cuyas aspiraciones se alejan de llenar el WiZink Center. Aquí es donde realmente aparecen las ambiciones puramente musicales, más relacionadas con lo que ocurre encima del escenario en vez del ruido que se generar alrededor. Así es como el público del festival poco a poco se ha ido forjando entorno al apartado extramusical, ofreciendo un arma de doble filo reflejado en la excesiva masificación del centro urbano y un comportamiento bastante irrespetuoso con el resto del público en los conciertos.

JUEVES

Centrándonos en el apartado musical, el jueves iniciamos nuestra andadura en el festival en el escenario Desperados localizado en el camping. En él asistimos a la puesta de largo de Kiko Sumillera y su banda en vísperas de la publicación de un nuevo trabajo que bien puede ser un EP o LP. El músico vallisoletano ofreció un set de lo más completo, mostrando tanto su cara más cercana al cancionero popular castellano como aquella otra que se mueven en los cimientos de un rock más distorsionado y atormentado. Podríamos decir que sus nuevos temas también se mueven en estos parámetros, encontrándonos desde aquellas estampas que bien pueden ilustrar el estado emocional de un domingo resacoso hasta la vitalidad que produce la simple contemplación de las escenas silvestres. Siempre poético y con ganas de transmitir momentos vitales de los que dejan huella, Kiko demostró como poco a poco puede ir conquistando un público mayor.

Ya dentro del recinto comprobamos la evolución en directo de Miren Iza, más conocida como Tulsa. Desde la publicación de su último trabajo Centauros, la transformación ha sido total, pasando de una imagen de fragilidad emocional a una versión totalmente poderosa y corajinosa. Esto es algo que pudimos sentir de lleno en cada momento del directo, centrándose precisamente en los temas de su nuevo trabajo. Con brío y cierta oscuridad por momentos, todo sonó con un punto rockero de lo más pérfido, intentando no poner el pie en el acelerador de forma excesiva pero sí imprimiendo buenas dosis de intensidad. Una buena forma de romper con su pasado, no solo reflejado en esta nueva actitud sino también en el contenido de su setlist.

A continuación del concierto de Tulsa nos encontramos con uno de los recitales del festival como fue el ofrecido por Soleá Morente y Napoleón Solo. La presentación en directo de Ole Lorelei resultó de lo más esplendorosa y polifacética, sacando a relucir las múltiples caras contenidas en sus temas. Encontrándonos con una radiante Lorena Álvarez entre las coristas, derrochando entusiasmo en cada una de las estrofas, el directo tuvo tanto embrujo gitano como explosividad pop. Desde canciones como ‘Ya No Solo te Veo a Ti’ hasta una final ‘Baila Conmigo’, todo tomó aire de grandes vuelos, bien propiciado por unos teclados sintéticos que bien podían revindicar la figura de músicos como Camela, aunque en este caso la visión popular sea bien aceptada por otro tipo de sector musical.

La siguiente parada de la tarde llegó con el que seguramente fuese el concierto que más expectación había generado en los últimos días. Estamos hablando de Diego el Cigala y la interpretación del mítico trabajo Lágrimas Negras de Bebo Valdés. Con un retraso de prácticamente media hora, la numerosa banda salió al escenario en un ambiente de lo más jocoso, ante un público que estaba más pendiente de los tics del sevillano que lo que pudiese ofrecer encima del escenario. Lo cierto es que el directo fue un auténtico despropósito en materia de sonido, encontrándonos con un pianista totalmente desquiciado por lo que estaba ocurriendo, del mismo modo que un bajo volumen de los vientos. Un directo que pudo haber sido algo muy grande y que simplemente quedó en una anécdota fallida dadas las circunstancias.

La noche siguió avanzando con el tono más nostálgico posible gracias a artistas como Bunbury o Mikel Erentxun, continuando esta espiral hasta la década de los 90 y unos Lagartija Nick muy conscientes de lo que tenían que presentarnos dentro del festival. Su directo desde el primer instante estuvo marcado por un constante in crescendo, teniendo en todo momento la sensación que cada tema iba a ser el último del recital debido a la intensidad mostrada. Así es como su rock de vertiente tan flamenca como psicodélica se encerraba constantemente en unos muros de sonido imponentes, evitando mostrar cualquier signo de flaqueza en los temas. Una determinación total por lograr que las imágenes del directo quedasen retenidas en las retinas de los presentes allí en plena madrugada, consiguiendo uno de esos directos atípicos y cargados de pasión guitarrera.

El cierre de la noche en el escenario principal corrió a cargo de un Amatria que mostró un formato mucho más electrónico que popero, algo que los asistentes en seguida percibieron nada más comenzar su espectáculo. A pesar de este intento por revolucionar al personal desde los primeros compases, la sensación que tuvimos es que los músicos no supieron llenar el escenario si no tiraban de bases machaconas, algo que resulta una auténtica pena si tenemos en cuenta el buen disco homónimo que publicó el músico allá por 2015. A pesar de ello, a aquellas horas todo lo que llegase camuflado en ritmos medianamente bailables era bien recibido, de ahí que en temas como ‘Un Poco de Fe’, hipervitaminado para la ocasión, lograse su objetivo de ir más allá del apartado lírico y animase sobremanera al personal.

VIERNES

Aun recuperándonos de la primera jornada del festival, la mejor opción de todas era estrenar el escenario Charco. Ante un centro del pueblo a rebosar, el escenario localizado en el Parque de la Isla ofreció un espacio de sonidos latinoamericanos de lo más atractivos, mostrando una vez más la comunión de un sector de público dispuesto a pasárselo bien aún sin conocer a las bandas. Esto es lo que ocurrió con una de las actuaciones más destacadas del inicio de la tarde como fue la de Instituto Mexicano del Sonido. Con un carismático Camilo Lara que no paraba de modificar las letras de sus canciones adaptándolas a Aranda de Duero, el concierto en todo momento resultó una gran fiesta de estribillos pegajoso, fácilmente coreables bajo una gran fusión de estilos que viajaron desde la cumbia hasta la bossa nova. De esta forma no fue nada sencillo no levantar los brazos en canciones como ‘México’ o ‘Es-Toy’, representando buenamente ese espíritu reivindicativo en mitad de lo completamente festivo.

Ya adentrándose la noche, llegaba el momento de ver al grupo internacional que más llevábamos reclamando a lo largo de todos estos años en el festival. Estamos hablando de Nada Surf, la banda liderada por Matthew Caws, capaces de sintetizar los momentos más álgidos de su carrera en menos de una hora. El mayor peso del setlist se lo llevó su trabajo Let Go, evocando una nostalgia palpable en las primeras filas. Lo único que podemos criticar de su actuación fue el hecho de añadir unos speechs de lo más prefabricados, rozando incluso el bochorno en el momento en el que decidieron introducir ‘Là Pour Ça’ argumentando que es un tema en francés para que se joda Trump. Sin entender muy bien el sentido de esta presentación, nos quedamos puramente con un apartado musical donde cayeron perlas como ‘Inside of Love’ o una siempre inquietante ‘Killian’s Red’ donde demostraron un trasfondo más oscuro de lo que acostumbran.

De una forma muy bailable dimos la bienvenida a continuación de El Último Vecino, volviéndonos a encontrar un año más con un escenario Burgos Origen y Destino de un sonido calamitoso. Desde las primeras filas la voz de Gerard se encontraba totalmente difuminada entre los teclados, hecho que no fue impedimento para poder disfrutar de su electro pop tan llevado al apartado lánguido de figuras como Morrissey. Su más reciente mini LP Primera Parte fue el claro protagonista de la noche, encontrándonos una vez más a una banda de lo más engrasada y capaz de convertir en hit incluso aquellos temas que no lo aparentan como bien puede resultar ‘Donde Estás Ahora’. Tampoco faltaron momentos de mayores revoluciones y espíritu casi hooligan como el mostrado en ‘Amiga Salvaje’, para posteriormente volver a los inicios con ‘Tu Casa Nueva’, dejando al personal una vez más de lo más satisfecho.

Si el sonido del concierto de El Último Vecino resultó impresentable, el de La Plata incluso empeoró. La formación valenciana una vez más demostró un gran nervio a la hora interpretar sus temas, pero desafortunadamente el apartado sonoro no acompañó en absoluto. Lo cierto es que poco pareció importarte al buen puñado de fans que habían ido a vivir a muerte cada una de las letras que destilaron. Sin apenas descanso entre tema y tema, le metieron un buen repaso a su LP debut Fracaso, sacando esos ritmos motorik tan irresistibles. Una buena descarga donde todo parece que toma una aceleración desbocada pero que poco a poco se encauza en el fervor de las melodías. Temas como la inicial ‘Fracaso’, ‘La Luz’ o ‘Un Atasco’ provocaron esas ganas irrefrenables de saltar la valla para llegar aún más lejos, siendo conscientes de que un concierto de La Plata es lo más motivante que nos podemos encontrar en un escenario ahora mismo.

Teníamos que cerrar la noche en condiciones, algo que Joe Crepúsculo consiguió sobremanera en un concierto muy bien equilibrado entre la parte de su repertorio que más mira al mundo feriante y sus composiciones más recientes. Con Aaron Rux como fiel escudero y un Tomasito que se unió en la recta final del concierto, lo único que sobró fueron unos invitados a los coros que realmente daban vergüenza ajena. Por fortuna, a los pocos instantes de salir al escenario les cortaron el micro para no arruinar temas tan eufóricos como ‘Ritmo Mágico’ o ‘Suena Brillante’. La mayor profesionalidad que impera ahora en los conciertos del músico es algo totalmente palpable, habiendo perdido por el camino una mayor espontaneidad en las voces, pero ganado aún más si cabe en capacidad de revolucionar al personal, algo que alcanzó su máximo en el cierre logrado con ‘Mi Fábrica de Baile’.

SÁBADO

En la jornada del sábado intentamos nos perdernos a Carolina Durante, sin embargo el hecho de celebrarse su concierto en la Plaza del Trigo nos privó de volver a vivir un nuevo directo de los madrileños. De una forma mucho más despejada y sin agobios pudimos disfrutar de La Bien Querida en el que seguramente sea el concierto para enmarcar del festival. Ana, David y compañía ofrecieron un montón de canciones lanzadas a por la felicidad bajo un sol de justicia, despojando los temas de cualquier tipo de dramatismo para brillar ante los presentes. Desde temas más recientes como ‘Permanentemente’ o ‘7 Días Juntos’ hasta temas más olvidados de su trayectoria como ‘A Veces Ni Eso’, todo logrado con un equilibrio perfecto entre la parte más electrónica y el carácter acústico que por momentos destacada en los temas de corte más cercano a cantautora. Vestida con una americana amarilla, Ana repartió sonrisas ante un público totalmente entusiasmado, sintiendo muy de cerca que estábamos viviendo los mejores momentos del festival en la mejor compañía posible.

Una vez finalizado el concierto de La Bien Querida, sin lugar a dudas la mejor opción era desplazarse una vez más al escenario Charco. Allí nos esperaban Kanaku y El Tigre en uno de esos conciertos ideales para pasar una sobremesa de buena forma. Sus composiciones se mueven en ese sendero del folk latino más pastoral, bien acompañado por algún que otro momento donde lo psicodélico hace acto de presencia. Así es como las revoluciones no se dispararon en ningún instante del concierto, sabiendo muy bien que los matices son una gran baza en sus composiciones. De esta forma pudimos disfrutar de otra de esas estampas soleadas, donde lo que en un principio parecía música de acompañamiento se acabó por tornarse en un concierto que merecía mucho la pena observar con atención y esperar al siguiente giro agradable que contendrían los temas que estaban por llegar.

De una forma más rugiente Enjambre fueron los encargados de tomar el relevo en el escenario. La banda de origen mexicano se presentó como una formación de rock más clásica, destilando unas letras de toque cotidiano, conservando en todo momento un carácter bastante esperanzado. Su concierto discurrió con celeridad, apostando en todo momento por una percusión marcada sobre la que sus melodías entraban de lleno recordándonos por momentos a bandas guitarreras nacionales de los ochenta. El público allí presente no dejó pasar la oportunidad de acercarse a las primeras filas, metiéndose rápidamente en la propuesta. Con ese brillo propio que aportan los juegos de voces que en todo momento se responden, Enjambre también encontraron en este tipo de detalles una buena forma de explotar al máximo sus canciones. En definitiva, rock con pocas fisuras y muy bien llevado en todo momento hacia el peso de lo melódico.

El anochecer se iba a antojar bastante animado, ya que en tan solo dos horas Cosmen Adelaida y Los Punsetes se sucederían en el escenario Burgos Origen y Destino. Ambos grupos destacaron por querer aprovechar al máximo el corto set que les habían dado. En primer lugar Cosmen Adelaida imprimieron un ritmo vertiginoso a su directo, rescatando auténticas joyas de su discografía como ‘Acampada Arqueológica’, sintiéndonos de lo más afortunados por presenciar un momento así. Esa sensación de aceleración constancia poco a poco se fue magnificando, comprobando como la cara pop de los madrileños se puede acabar volviendo de lo más afilada, algo que destacó sobre todo en singles tan buenos como ‘Hermanos Wright’. Recordando como en su anterior actuación en el festival Javier Egea destrozó su guitarra, nos quedaba la incógnita acerca de si volvería a ocurrir algo similar. Sin embargo lo único llamativo que ocurrió más allá del apartado musical fue el lanzamiento de dos caballos de juguete al escenario en el tema final del concierto, aportando un nuevo significado a al título de su más reciente trabajo 2CV.

10 minutos antes de lo inicialmente estipulado, Los Punsetes hicieron acto de presencia, intentando estirar al máximo el tiempo programado que tenían. Incrementando notablemente la cantidad de público respecto a Cosmen Adelaida, tiraron desde el primer minuto de clásticos instantáneos con ‘Tus Amigos’. Sacando el mejor sonido posible del festival al tercer escenario del recinto, sentimos como la distorsión guitarrera realmente nos llegaba de lleno, aumentando esas dosis de liberación que siempre produce escuchar temas como ‘Tu Opinión de Mierda’. Con un vestido a medio camino entre lo amish y la recogida de fresa en los años ochenta, Ariadna no faltó a su cita con lo estático, sintiendo una vez más como las canciones de los madrileños no necesitan de ninguna presencia escénica especial para desatar todo su potencial. Su setlist nos supo a poco, pero lo cierto es que quizás lo intentamos aprovechar tanto como en anteriores ocasiones.

La noche del sábado no gozaba de ningún otro gran atractivo destacado, así que nos fuimos dejando caer de escenario en escenario sin mayores pretensiones. Así es como llegamos atónitos ante el espectáculo de unos Vintage Trouble carentes de cualquier argumento musical. El típico concierto de grupo extranjero donde al extender el micrófono para que cante el público, queda en ridículo. Los constantes jaleos del vocalista al personal resultaron totalmente en vano, todo ello perdido entre una mezcla de soul y reggae bastante homogénea. Por el camino hubo de todo, desde solos de trombón hasta un lanzamiento bastante peligroso al público dado la escasa densidad de personal presente en el directo. Entre palmas y más palmas nos volvimos a plantear un vez más si es preciso gastarse el dinero en propuestas que parecen más bien propias de la grada de animación de un estadio de fútbol que de un evento musical.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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