Crónica

Primavera Sound 2019

Viernes

31/05/2019

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Segunda jornada del Primavera Sound y esta vez con una mayor afluencia de público, gran parte arrastrado por el cambio a última hora de Cardi B por Miley Cirus que, damos fe, congregó a un buen nutrido número de seguidores. Jornada también de algún solape doloroso, en nuestro caso de Jawbreaker, Liz Phair y gran parte del concierto de Low, del que solo pudimos asistir a tres canciones. De todos modos, un viernes con un cartel interesante y variado que nos hizo ir de aquí para allá para intentar cubrir las propuestas más interesantes.

De este manera, empezamos la ruta en uno de los escenarios más escondidos y lejos de las propuestas más mayoritarias: el escenario Adidas Original, del que confieso me cautivó por su respetuoso público, allí solo se venía a escuchar música y no a hablar.

Los encargados de abrir la jornada fueron los hardcores (gafapastas) Fucked Up, auténtica gasolina para prender la tarde, aunque empezaron de puntillas con el tema de su último disco ‘Dose your dreams’ poco a poco subieron decibelios y ganaron intensidad mientras Damian Abraham iba pegando mordiscos al micro. Y es que, ante la propuesta arty de los canadienses ateniendo a sus pintas, se esconde toda una apisonadora que haría doblarse al heavy más curtido. Buena muestra de ello fueron los ganchos de ‘Son the father’, ‘Queen of hearts’ o ‘Under my nose’, con ese desparpajo tan punk.

Nada que objetar a un frontman de la talla de Abraham, todo un tío simpático que al terminar fue a abrazar a su público, tan solo resaltar que a veces su voz quedaba soterrada bajo el sonido de los instrumentos; aunque nada de esto impidió disfrutar de un gran concierto y si no, que se lo digan a quienes saltaban enfrascados en el pogo.

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Cambio de tercio: de uno de los escenarios más pequeños y desconocidos a uno de los más grandes y populares para asistir al primero de los recitales más esperados de la noche: al de Janelle Monaé.

Nada más empezar certificamos la norma que acompañaría a todas las actuaciones femeninas de las tres jornadas: la inclusión de bailarines, amén de una cuidada estética en el escenario y de unos continuos cambio de vestuario.

Monaé salió al escenario Pull & Bear poseída por el genio de Mineápolis, supurando pop y funk por cada poro a la par que una cierta torridez en la materialización de los temas de su aplaudido ‘Dirty computer’, eje central de su repertorio sin olvidar alusiones a su loable pasado con las repescas de ‘Tightrope’ o ‘Queen’ .V

Espléndida, la estadounidense firmó uno de los conciertos del festival, enamorando con su pop pantagruélico (confitado por funk, rock, sol, hip-hop) y su incuestionable músculo vocal en temas de la valía de ‘Make me feel’, ‘Django jane’ o ‘Electric lady’.

Pero no todo son parabienes, presa del voltaje escénico recortó enteros al show con manidos recursos, desde momentos de pose guitarrera a ser sometida al cacheo de las primeras filas mientras avanzaba por las manos del público. A pesar de todo , y pese a sugerirle la tijera en el tramo final, un magnífico espectáculo.

En este vaivén de tendencias y estilos, de nuevo, cambio de tesitura con Low, quienes desplegaban su estilo frugal y mortecino bajo el logotipo del escenario Primavera.

Solemnes, los de Duluth, emprendieron la dura tarea de recrear un disco tan árido y difícil como su última obra, el galardonado ‘Double negative’ y a tenor de nuestro breve encuentro, nos aventuramos a decir que lo consiguieron.

‘Quorum’, con su disonancia fantasmal abrió la hora bruja de la noche, nada de aspavientos, cada nota en su justa medida sin apenas aderezo, todo un ejercicio de contención que continuó con ‘Dancing and blood’, con Mimi Parker aporreando las baquetas como si estuviesen escupiendo mantras, realmente escalofriante.

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‘Always me’ nos devolvió a los Low más heterodoxos, si eso significa algo en su mundo, antes del toque de queda para ir a presenciar otro de los grandes nombres de la segunda víspera: Tame Impala.

Kevin Parker y su séquito certificaron su estatus de banda de (gran) estadio ofreciendo un magnífico espectáculo acogiéndose a un repertorio mayúsculo, aquel que va de la sorpresa de ‘Lonerism’ al éxito popular de Currents, olvidándose del primerizo Innerspeaker por completo.

Abrieron el telón con ‘Let it Happen’ con su chorro de psicodelia que abrazaba las espirales de láseres que iban bañando el escenario, toda una maravilla luminotécnica acompañada por unos espectaculares visuales que reforzaban y aupaban las composiciones de los australianos.

Con su cuarto disco pendiente aún de publicar, presentaron sus dos sencillos hasta la fecha: ‘Patience’ y ‘Borderline’, ambos escorados más al pop y sin la pegada inmediata de ‘The less i know better’ o ‘Elephant’, de rápida efervescencia entre el gentío.

Pero no solo sonaron grandes los Impala con sus temas más conocidos, también los más humildes encajaron en un listado sin mancha: ‘Love/ paranoia’, ‘Yes I´m changing’ allanaron el camino para el falsete psicotrópico de ‘Apocalypse dream’, justo antes de entrar en el terreno de los bises, entre los que se encontraba el tema que les quitó el precinto mediático: ‘Feels like we only go backwards’. Disfrutamos tanto que el solape con Low dolió menos.

Nada más acabar, y justo enfrente, en su escenario hermano, salía al escenario Robyn cuyos primeros minutos pecaron de cierta sosez a pesar de contar con bailarines –os lo dije- y todo un arsenal de cartón piedra para ilustrar las canciones de la sueca.

Gran parte del repertorio giró sobre Honey, su último trabajo después de ocho años de silencio tras el bendito ‘Body Talk’; así, ‘Send to Robin immediately’ y ‘Honey’ sonaron lánguidas y fofas, carentes de energía aunque poco a poco el set fue ganado enteros en el momento que se decantó por su faceta más electro pop.

Y es que fue cambiar de vestuario, del blanco al rojo, y reconducir la noche con el poderío de ‘Missing U’, ‘Call your girlfriend’ o bailar con lágrimas en los ojos ‘Dancing on my own’, con su estrofa cantada por el público.

Como colofón, su colaboración con Kleerup, mi primer contacto con la nórdica, el maravilloso ‘With every heartbeat’ que me hizo pensar cuántas estrellas hubiera puesto a su paso por el Primavera Sound si se hubiera acordado de su repertorio junto a Röyksopp.

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Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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