Crónica

Primavera Sound 2019

Sábado

01/06/2019

Por -

La tercera jornada del Primavera Sound vino marcada por tres hechos históricos que fueron sucediéndose a lo largo de la tarde. El primero de ellos fue dar a conocer la edición americana del festival que tendrá lugar en Los Ángeles en septiembre de 2020; la segunda, registrar su récord de asistencia: 63.000 personas acudieron al Fòrum esa jornada y, en tercer lugar, comprobar cómo el fenómeno Rosalía se erigía como verdadero cabeza de cartel de la velada, o cómo un artista español acaparaba todas las miradas y focos de los allí presentes. Algo nunca visto en el festival.

Nuestra primera cita de la tarde fue con Built to Spill quienes venían a tocar íntegramente su queridísimo Keep it like a secret, del que se conmemora su veinte aniversario y que los ha llevado por una gira internacional.

Su inclusión en el festival cubrió la cuota de nostalgia noventera -junto a Guided by Voices, Jawbreaker, June of 44 o Stephen Malkmus- a la que tan bien nos tiene acostumbrado el festival y perpetúa también el formato de repasar un disco señero en su totalidad.

En una hora repasaron con detenimiento y cariño todo el repertorio del plástico, con un especial detalle por los solos y con la juvenil voz de (damos fe que aún la tiene) Doug Martsch certificando la atemporalidad de su segundo trabajo en Warner.

Tras el inicio de ‘Time Trap’ y la eléctrica ‘You were right’ llegó uno de sus momentos más pop, la pegadiza ‘Center of the Universe’, con visos de Pavement, una auténtica delicia que se nos hizo corta.

Para aquellos que conocíamos su disco, la calidad de sus guitarras y el poder conseguir un sonido prístino y detallado fue una grata sorpresa. Melódicos e intensos a la vez, esta combinación se agradeció en temas como ‘Bad light’ o ‘Carry the zero’ con la que terminaron cinco minutos más tarde de lo previsto.

Aunque habituales del festival, pocas han sido las veces que he visto a Shellac, precisamente por confiar en que siempre podré hacerlo en la próxima edición.

Pero aunque no haya sido mi primer contacto con ellos, he de decir que siempre me aturde y me noquea su directo, es sencillamente bestial; pocas bandas suenan tan contundentes como ellos, atender a unos de sus conciertos es algo casi físico (quienes hayan visto a Swans me entenderán), algo que te golpea y que sientes en todo tu cuerpo.

Esta vez no fue diferente: la batería en keroseno de Todd Trainer, el bajo industrial de Bob Weston y la mala baba de Steve Albini, reduciendo el rock a su chasis básico pero sacando un sonido áspero, rudo, lleno de esquirlas; nada nuevo para quien fundó Rapeman o Big Black, otros de sus reivindicados proyectos.

Y, como toda tradición, también tiene sus tics, como los discursos políticamente incorrectos de Albini –esta vez ‘nos quería follar a todos’- , tocar por décima vez ‘The end of radio’ o el numerito de Trainer con la batería al final de cada concierto. Todo sigue en su sitio, todo igual de magnífico.

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Y llegó uno de los momentos más esperados de la noche: miles de personas se congregaban en torno al escenario Pull & Bear para asistir al show de Rosalía, entrando en el selecto club de aforos más concurridos de toda la historia del festival.

Antes de nada, decir que Rosalía, sin dudar de su valía, tendrá que enfrentarse a su mayor reto de cara al futuro: superarse a sí misma. Y es que, ‘El mal querer’ ha entrado en el podio de discos que reinventan un estilo como lo fueron ‘Blues de la frontera’, ‘Veneno’, ‘Omega’ o ‘La leyenda del tiempo’; todos ellos contribuyeron a sacar el flamenco del gueto, de las cuevas (del Sacromonte), de los barrios marginales y presentarlo al mundo como algo excitante y maravilloso, ese jazz de los gitanos.

Dicho esto y si alguien me quiere pedir un titular le diré que sí, que la actuación de la de Sant Esteve Sesrovires fue una auténtica maravilla; una constatación de que más allá de la consola de un estudio y de un marketing de órdago, aquí hay arte, hay ese qué, ese duende que distingue a un cantante de un artista.

Contenta de volver a casa, tras su concierto de hace dos años en el Auditori, Rosalía conjugó pasado y presente en su actuación; de la ‘Catalina’ –puente a la canción popular catalana de Maria de Mar Bonet- al flamenco deconstruido –samples mediante- de ‘Maldición’, o al superpop de ‘Como Ali’ o ‘Lo presiento’, ambas inéditas y que se han sumado a nuevos temas como ‘Aute Cuture’ o ‘De madrugá’.

Curiosamente, su nuevo material parece impregnado de la sofisticada electrónica soul de James Blake, quien hizo aparición en escena para interpretar junto a ella ‘Barefoot in the park’, escueta pero efectiva toma de la canción del inglés incluida en su último disco.

En esa fiesta que fue su concierto, no faltaron las conocidas ‘Con altura’ – quien en el plástico hace las voces J. Balvin y aquí las ponía El Guincho-, ‘De aquí no sales’, con su quejío envuelto en palmas, ‘Bagdad’ con su sample de ‘Cry me a river’, de Justin Timeberlake; e incluso se atrevió con una cover de Las Grecas, ‘Te estoy amando locamente’, que curiosamente la noche anterior habían versionado Kokoshca.

No sería justo olvidar el magnífico trabajo que hizo el equipo de Rosalía: palmeros, bailarinas, coristas y El Guincho, siempre entre bambalinas pero verdadero arquitecto sonoro de la revolución de la catalana.

Como colofón a una velada inolvidable, terminó con la esperada ‘Malamente’ con todo el aforo rendido a sus pies y convencido de haber asistido a uno de los mejores directos de este año.

Difícil lo tenía la pequeña Knowles tras lo acontecido en el escenario Pull & Bear hacía unos minutos, porque, a escasos metros de él iba a tener lugar uno de los platos fuertes de la tercera jornada: la actuación de Solange, segunda vez que pisaba el albero barcelonés.

De impecable factura, su show se vistió de lujosas coreografías, tórridos bailes y cambios de vestuario allende las bambalinas; un perfecto marco para desplegar las virtudes de su segundo larga duración, ‘When i get home’.

Un concierto que funcionó de manera parcial – el cambio de marcha de la catalana aún dolía- con picos y mesetas, momentos de absoluta embriaguez con minutos de sopor- un speech improvisado totalmente prescindible- aunque la balanza se decantara por recreaciones certeras de ‘Losing you’ –su primerizo single-, ‘Almeda’ o ‘Dreams’. Exquisito y algo errático a la vez.

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Mi relación con Primal Scream siempre ha sido algo esquiva. Aún a pesar de haber firmado unos discos claves de los 90, el majestuoso ‘Screamadelica’ y haber repetido la fórmula del éxito con la última diana del sello Creation, ‘Xtrmntr’, siempre me ha costado tacharlos de genios y lamentablemente acabar de mirarlos de soslayo. De hecho, tras el correcto ‘Evil Heat’ poco ruido han hecho en mi discoteca; a partir de aquí alguna canción interesante y poco más, esa ha sido mi historia de (des) amor con el grupo escocés. Todas estas líneas se refieren a su producción discográfica, otra cosa muy distinta es la traslación al directo de su catálogo de canciones, porque su directo es otra cosa muy distinta.

Su paso por el escenario Primavera fue un absoluto triunfo, una pica puesta que los señala como una de las mejores actuaciones en esta edición del festival.

Y cómo no habría de serlo cuando empiezas por el tremendo ‘Movin´on up’ y enganchas ‘Miss Lucifer’, ‘Accelerator’ o ‘Swastika eyes’, todos ellos ejecutados con una solvencia fuera de toda duda y un Bobby Gillespie especialmente inspirado.

Pocos minutos nos separaban de uno de los momentos más esperados de toda la noche, y para mí, de todo el año: el reencuentro con Stereolab. Mi devoción por los británicos es tal que sentía cierta animadversión a verlos por aquello de no cumplir las expectativas (mi último encuentro con ellos databa de once años atrás).

Nada de que preocuparse, todo en orden al componer el onírico ‘Come on play in the milky night’, un delicado pasillo que nos condujo a la bossa nova marciana de ‘Brakhage’ o al pop saltarín de ‘French disco’. Como siempre, arrebatos de una tristeza lacerante ‘Baby Lulu’ –del lejanísimo ‘Sound dust’- o la más receinte ‘Need to be’, con el fraseo arty de Laetitia.

Y es que diez años en el planeta Stereolab parecen no ser nada, sonaron cohesionados y como si nunca se hubiera producido el hiato de dos lustros, tan solo una pequeña muesca en el arranque de ‘Miss modular’, rápidamente olvidada por el ritmo motorik de ‘Metronomic underground’, mutándolo y alargándolo hasta los diez minutos.

En este reencuentro tan especial no podías faltar su querido ‘Ping Pong’ o el tremendo ‘John Cage Bubblegum’, noise pop para las masas que les correspondieron brincando y agitando los brazos rindiéndoles pleitesía.

Y qué mejor forma de finalizar su actuación que hacerlo con el infalible ‘Lo boob Oscillator’ que, en sus manos –cual bloque de plastilina- lo deformaron, retorcieron y lo estiraron como si de unos niños se tratara: absolutamente maravilloso. Buenas noticias desde el mejor laboratorio pop.

Finalizamos la noche, y nuestro recorrido, por las diversas praderas del Primavera Sound con la actuación de Róisín Murphy. Un fin de fiesta poco resultón, en la que la británica recorrió la tarima sin más: buen sonido, buena actitud pero con canciones fláccidas, entre las que apenas destacó ‘You know me’ o ‘Overpowered’, olvidándose de su glorioso pasado en Moloko o las jugosas colaboraciones con Matthew Herbert. A pesar de todo, correcto a esas horas de la noche pero efímero y olvidable a mi pesar.

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Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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