Crónica

Primavera Sound 2019

Jueves

02/05/2019

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Otro año más con las piernas cosidas agujetas y la carpeta forrada con actuaciones memorables. Otro. Este año el Primavera nos mostraba un cartel paritario en el que las mujeres –por fin- dejaban de ser minoría en los escenarios. El año de cruzar el charco –como descubríamos el sábado- y de saludar a un nuevo retoño: el Weekender Festival en Benidorm, resucitando los míticos festivales de acampada.

El año de pasarse a lo verde, de apostar por el agua y al vaso de plástico reutilizable que como Pokémons buscábamos en cualquier rincón del recinto para coleccionarlos.

Pero también ha sido el año del cambio de la ubicación de la tradicional feria de discos –no exenta de polémica- y del Flatstock y cómo no, del aplaudido reverdecer de Mordor con un lustroso césped artificial que acabó por todas con el molesto polvo.

Y el año de las cifras récords: los 220.000 asistentes que ya fueran en el Fòrum o en cualquiera de los espacios que organizados por el festival, se dejaron seducir por la miríada de estilos de un cartel inabarcable, retador y en cualquier caso, triunfante. Este fue nuestro paso por el Primavera 2019.

Nuestra primera incursión en el cartel de este año vino de la mano de los norteamericanos Big Thief , orgullosos de presentar uno de los mejores trabajos en lo que va de año, el estupendo U.F.O.F .

Sus nuevas composiciones encajaron a la perfección en esa hora de la tarde, con el escenario Pull & Bear decorado por ramos de flores que brotaban de la tarima que rodeaban a la banda, ataviada con vestimentas más propias de una comuna hippie que de unas ‘estrellas de rock’.

Intercalaron momentos decididamente folkies ‘Magic Dealear’, ‘Terminal Paradise’ o la bonita ‘Cattails’-en los que la suave voz de Adrianne Lenker brilló entre el reposado entramado rítmico de sus compañeros- con timoratas incursiones en el rock de los sesentas como ’Shark Smile’ o ‘Masterpiece’.

Resaltar que supieron defender una propuesta a priori íntima y de reducido espacio en un escenario principal y que, nos sabemos si producto de ellos, o de la hora, el público se embelesó con su delicada propuesta, como la coda final con la frágil ‘Mary’, que puso el broche a una tarde impecable.

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Quienes no terminamos de entrar en el último plástico de la francesa Héloïse Letissier no tuvimos más remedio que tirarnos al banderín de córner y celebrar su gran concierto en el escenario Primavera: aquello fue de puro y cava, una auténtica celebración.

Chris, su alias bajo los focos, personificó como pocas, esa paridad que ilustra el cartel barcelonés, zafándose del corsé estilístico que imponen los géneros y ejemplificando en su identidad no binaria la complejidad y riqueza del mundo actual.

Vestida con camisa roja y pantalones negros rematados en la pernera por unos mocasines y unos calcetines blancos, la francesa bordó un show a base de confetti , fuegos artificiales y efectivas coreografías , desde la inicial ‘Comme si’ hasta la electro pop de ‘Intranquillité’.

Sin más avituallamiento que un grupo de bailarines y con el recuerdo presente de la Janet Jackson de Rhythm Nation, sus canciones se crecieron y se expandieron al ritmo de las caderas imposibles de sus acompañantes y de la siempre positiva actitud de la de Nantes. De esta forma engordaron las curvas de ‘Science Fiction’ –recadito para Billy Jean en el bajo percutor- , su pequeño éxito ‘Five dollars’ o la sexual ‘Goya Soda’.

Pero no todo el repertorio buscó lubricar y gastar zapatilla, hubo espacio también para la reposada ‘Saint Claude’, ejecutada desde el atrio o para incluso una versión a capela de ‘Heroes’, que hizo las delicias del (ya)embobado público. Fabuloso concierto y personalmente uno de los que más disfruté en esta edición.

Víctimas de los habituales solapes del festival, llegamos tarde a la actuación de Courtney Barnett, que fustigaba los pobres bafles con su efectivo rock garagero con temas de la enjundia de ‘Nobody cares if you don´t go to the party’ , ‘Elevator Operator’ de una intensidad aplastante o del himno slacker ‘Pedestrian at best’ con el que terminó su actuación y certificó –a tenor de lo oído- una gran noche de la australiana.

Casi al filo de la medianoche, íbamos a saldar una deuda que teníamos pendiente: acudir al primer concierto de Guided by Voices en nuestro país desde 1997.

Sin llegar al nivel de proselitismo del escritor Dennis Cooper, que Robert Pollard pudiera superar el pánico a volar para estar en esta edición del festival nos llenó de alegría nada más conocerse la noticia, si bien teníamos nuestras dudas que lograra concretarse la visita y se echara atrás a última hora, como en la tentativa de 2012.

No fue el caso, y aunque no estaba su compinche Tobin Sprout, aquí teníamos al antiguo profesor de primaria para interpretar algunas de sus más de dos mil canciones. Y, claro, con tanto material a escoger, no podían fallar: ‘Echos Myron’,

‘I am a scientist’, ‘A salty salute’, ‘Tractor rape chain’, ‘Glad girls’, ‘Motor away’, una maravilla tras otra en formato de dos y tres minutos, alcanzando un total de unos treinta temas en poco más de una hora.

Sin demasiada interacción con el público, y refrendando los tópicos del rock a base botella de bourbon –varios tragos cayeron- y agitando el micrófono como si fuera el lazo de un cowboy, el bueno de Robert puso fin a la escasez de varias décadas con un buen show para los fans con poca inclusión de sus últimos trabajos –dos en lo que llevamos de año y nos espera un tercero- y centrándose en su catálogo de canciones más queridas.

Esperemos que esto sea el inicio de nuevas visitas a nuestro país, aunque de mientras tengamos que aprendernos varios cientos de canciones más.

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Cinco minutos más tarde empezaba la actuación de Dirty Projectors en el escenario Ray-Ban que nos llamó la atención por la escasez de público; una constante de la que fuimos testigo gran parte de la noche y en diferentes entornos del festival.

No habíamos visto Dirty Projectors tras la marcha de Amber Coffman pero la sensación general fue agridulce, como si parte de la chispa del grupo se hubiera esfumado con ella. No así en el terreno discográfico, con recientes trabajos de Dave Longstreth bajo el logotipo de la banda, que mantiene en alto nuestra simpatía por su pop cubista y fragmentado, nos referimos a los estimables Dirty Projectors y Lamp lit Prose.

Aunque arrancaron con bonitas interpretaciones de ‘Break –thru’ y ‘About to die’ e incluso ‘Cannibal resource’ terminó funcionando, la mala elección de los temas y la hora –pasada la media noche- jugaron en su contra. Tomas correctas pero sin brillo de ‘The socialites’ , ‘No intention’ e incluso de temas clásicos como ‘Temecula sunrise’; menos mal que animaron la grada-fugazmente- con ‘Swing lo Magellan’ y ‘ Right now’, esta última con la ayuda del público a los coros.

Pero si hubo una actuación accidentada esa noche fue la Empress Of. Aunque ya habíamos visto a Lorely Rodríguez debutar con su alter ego en el Primavera Club de hace unos años, teníamos curiosidad de ver cómo había evolucionado su directo. Un directo parco y austero: ella y una chica ocupándose de teclado y bases que pusieron cafeína a la madrugada del viernes en el Forum; no le hacía falta más para poner a bailar a los allí presentes con temas tan infalibles como ‘ How do you do it’, ‘All for nothing’ o ‘Just the same’.

Cuando ya pasaba el ecuador de su actuación , y con todo el que pasaba contagiado del buen rollo de ambas, se cortó repentinamente el sonido y no vino hasta casi minutos más tarde; una eternidad para esas horas que hizo que muchos –incluido nosotros – aprovecháramos para coger sitio para uno de los conciertos más esperados del día: Fka Twigs.

De una teatralidad absoluta, su show basculó entre la performance y un concierto al uso, donde el juego de luces y el vestuario –suyo y el de los bailarines- eran un elemento más de las canciones.

Pero lejos de asirse a cualquier recurso estético, lo que realmente destacó fue la maravillosa voz de la británica, superlativa en ‘Cellophane’- de su inminente segundo álbum- en ‘Water me’, ‘Figure 8’ –esas contusiones, esa danza a ralentí, suspendida en el tiempo- o la inevitable ‘ Two weeks’.

Como coscorrón, mencionar lo poco acertado de programar su actuación en ese slot de la noche cuando las sustancias de diversas calaña empiezan a despertar las ganas de molestar del público.

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Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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