Crónica

Primavera Club 2018

26/10/2018 - 28/10/2018

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Como cada otoño, Primavera Club vuelve para descubrirnos pequeñas bandas y artistas a punto de emerger, sirviendo de test de prueba para aquellas propuestas todavía sin eclosionar y que aspiran a tocar en su hermano mayor.

Tres días de letra pequeña que aspira a convertirse en grande, sin grandes aglomeraciones y una disposición cómoda para verlos (el triángulo que conforman las tres salas del Apolo) más un apéndice ubicado en el centre cultural Albareda; y todo esto a precio de un menú.

 

VIERNES

De todos los días, la jornada inaugural del viernes se planteaba como la más completa e interesante, con una paleta estilística que iba desde el pop más luminoso de Boy Pablo al al r&b comatoso de Tirzah o el fraseo trap de Jimothy Lacoste, entre otras muchas nomenclaturas que se dieron cita en las sala Apolo.

Alaskalaska, joven combo inglés, mostró buenas maneras, aunque no terminaron de cuajar con su pop con cierto aire arty. La inclusión de un saxo no aportó gran cosa a un sonido al que solo embelleció la última parte del concierto al entablar un dialogo rítmico con la batería.

Mucho más consistente fue el recital de la ex JJ72 (¿alguien se acuerda de éstos?), la interesante Hilary Woods que desplegó sus sombrías canciones ante una multitud parlanchina y más interesada en chequear el móvil que en apreciar las lúgubres tonadas ejecutadas en la intimidad de la Sala Uno con solo el atrezzo de una guitarra y un teclado.

Muchos esperábamos con verdaderas ganas el debut de Tirzah, auténtico reclamo de la noche y cabeza de cartel del día (con permiso de Boy Pablo); aunque esta predisposición por la protegida de Mica Levi fue basculando del escepticismo a la pura decepción.

Una Tazir Mastin apática mascullaba más que cantaba los espléndidos temas de su primer disco, a los que hacía flaco favor una postura hierática, impertérrita ante la cortina de beats que asomaba por su espalda, fielmente vigilados por Levi.

‘Do you know’, ‘Gladly’, e incluso ‘Holding on’ sonaron faltos de brío, laxos, interpretados a desganas e incluso en ocasiones difíciles de distinguir entre el ruido de la sala.

Por contra, todo lo que le faltó a la londinense lo suplió con creces el chileno-noruego Nicolas Pablo Muñoz, alias Boy Pablo. La suya fue la propuesta ganadora del día para el que escribe esto (y de las que contó con más público, además) y es que era difícil no rendirse ante su jovial pop y los estribillos infalibles de ‘t-shirt’ , ‘Losing you’ o ‘wtf’ mientras destilaba desparpajo y buen rollo. Todo un subidón que supo a gloria tras el descalabro anterior. Tiembla, Sondre Lerche.

Y con la euforia en alto, salió al escenario Jimothy Lacoste, fenómeno en Internet –sus vídeos acumulan miles de vistas- y auténtico ententainer que puso patas arriba el escenario con su lecciones de español ‘I can speak spanish’ (aunque el individuo no soltó ni una palabra en castellano además del tema en en cuestión ), su particular oda a chatis ‘Future babe’ o su alegato antidroga ‘Drugs’; todas ellas interpretadas con sus gafas de Martirio y sus icónicos dreadlocks. Efectivo pero no memorable.

 

SÁBADO

La segunda jornada del Primavera Club la arrancamos con Okay Kaya que nos presentaba su folk intimista en la Sala 2 de Apolo.

Sus composiciones, aunque ya de por sí austeras, sonaron algo planas y faltas de intensidad, a lo que contribuyó el resfriado que arrastraba; aún así, hubo ligeros destellos de emoción en ‘Vampire’, ‘Damn, gravity’ o ‘Dance like U’, por lo que nos debe una reválida ya totalmente recuperada para poder disfrutarlas como se merecen.

En su afán de descubridor de nuevos talentos, el Primavera Club nos regaló la maravillosa voz de Kadhja Bonet que venía a presentarnos su interesante puesta de largo Childqueen (Fat Possum, 2018); curioso compendio de soul, jazz, atisbos de trip-hop envuelto en delicados violines y electrónica de dormitorio.

Ensimismada en su mundo, apelando al público con la mirada perdida en la tarima, su música rebosa espiritualidad y buen gusto, como demostró en la cálidas interpretaciones de ‘Another time lover’, ‘Thoughts around tea’ o la sofisticada versión de ‘Never can say goodbye’.

Vuelta al ruedo indie con Hop Along. Su directo desengrasó un poco la noche ante la quietud –que no aburrimiento- de los anteriores conciertos, sumergiéndonos en fibrosas guitarras y profundizando en su nuevo material, entre las que cayeron ‘How simple’, ‘The fox in motion’ o ‘Prior Things’. Todas ellas tocadas con solvencia y, huelga decirlo, muy oportunas en ese tramo de la noche.

Con el buen sabor de boca de los norteamericanos nos dispusimos a ver a Esteban y Manuel, que ejercieron de correa transmisión a la jarana de la noche.

Tras un incidente con el autotune, los gallegos armaron toda una verbena bajo el techo de la sala Apolo, tirando de cumbia, flow castizo y apuntes prestados de Manu Chau. Su actuación puso a bailar a todos los allí presentes, que, modernos o no, se dejaron engatusar por el dúo, como en la infalible ‘La Paya Papaya’.

Tras la su actuación fueron muchos los que le pusieron punto final a la noche, pero nosotros nos quedamos a ver la sesión de Mad Miran; una sesión que le costó despegar, quizá maltrecha por el ritmo que habían impuesto los gallegos, pero que poco a poco fue mostrando su mejor lado: IDM retorcida, breaks comatosos y ligeras rodajas de techno embotado, siempre convidándonos a bailar para dentro, con los ojos cerrados.

 

DOMINGO

Con un ambiente mucho más relajado y vacío, propio de un domingo por la tarde –con el frío como protagonista- la tercera jornada del Primavera Club aún nos depararía algunas gratas sorpresas.

Como la protagonizada por la cantautora Stella Donnelly que nos cautivó no solo por sus canciones sino por su sencillez y candor.

Entre consignas feministas, abusos sexuales y racismo, fue desgranando con soltura y convicción parte de los temas que componen su debut Trush Metal (Healhy tapes, 2017), entre los que sonaron ‘Grey’, ‘Beware of the dogs’, ‘Season´s Greetings’ o su pequeño hit, el conocido ‘Boys will be boys’.

Fue un placer que se mostrara tan cercana al público y con solo su presencia y una guitarra fue capaz de secuestrarnos por tres cuartos de hora.

En la sala 2 comenzaba la psicodelia pop de Palm que sacó brillo a su reciente trabajo, Rock Island, combinado hábilmente gloriosas armonías vocales a dos voces con intricadas escaleras rítmicas, a veces recordándonos a Animal Collective, como en su single ‘Composite’ o ‘Dog milk’. Aunque lo que realmente nos impresionó fue cuando se colgaban en los últimos minutos de sus tema en una suerte de improvisación retorciendo guitarras y pedaleras.

Vuelta al sala Uno para recibir a la jovencísima Ama Lou, que con solo 18 años se marcó todo un señor show con un R&B de hechuras clásicas sobre bases que amenizó la espartana la Sala Apolo a esas horas; aunque con una duración de sólo treinta minutos, le dio tiempo a mostrar su cara más pop, lucir camisa de cuadros, sentarse a la guitarra acústica para presentarnos uno de sus primeros temas y dejarnos con ganas de más. Por momentos me recordó a Ms. Dynamite, y eso es buena señal.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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