Crónica

Primavera Club 2017

20/10/2017 - 22/10/2017

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El Primavera Club regresó a Madrid después de 5 años de ausencia y el recuerdo desconcertante de su anterior celebración en Matadero Madrid donde las imposiciones de aforo por parte del ayuntamiento resultaron de lo más ridículas. Sin embargo en esta ocasión el panorama se presentaba de una forma muy diferente, presentando en el Teatro Barceló como sede principal, a la par de desvelarse como una alternativa mucho más recogida. A través de un cartel donde la mayoría de los artistas hacían doblete en Barcelona y Madrid, el escaparate presentado sorprendió en bastantes ocasiones, aunque nos dejó alguna que otra evidencia entorno a todo lo que se genera cuando sobre una banda recae el término de hype. Por todo ello, las luces siempre eclipsan a cualquier otra propuesta fallida, agradeciendo sobremanera en cualquiera de los casos el atrevimiento de la organización para reunir en un mismo festival propuestas de alto riesgo donde la diversificación de estilos resultó otra gran baza a favor. Sin congregar a artistas de gran envergadura, a excepción del Unexpected Primavera a cargo de The Breeders, pudimos vivir muy de cerca todo lo que sucedió encima de los escenarios.

VIERNES

La jornada inaugural del festival dio inicio con la propuesta de Moor Mother presentando las canciones de su debut Fetish Bones. Aunque editado por Don Giovanni Records podría haber encajado a la perfección en Sacred Bones, la activista norteamericana ofreció un espectáculo de rap punk que poco a poco fue alcanzando momentos de gran agresividad. Las bases noise impregnaron desde el primer momento la sala grande del Teatro Barceló, ofreciéndonos grabaciones de máquinas y sonidos salidos de todo tipo de disturbios para escenificar a la perfección la crispación que están viviendo los sectores más desprotegidos en Estados Unidos. Una situación bien diferente se vivió a continuación cuando el dúo noruego Smerz, claramente mal programadas para aquellas horas de la tarde. Sus canciones en ningún momento supieron brillar en base a lo incisivo de sus ritmos y una concepción electrónica muy apegada al apartado de frío baile comedido tan propicio del dub. Ni la alternancia de voces llevada de forma milimétrica y algún que otro arranque más popero, consiguieron encandilar al público.

 

La siguiente parada de la tarde corrió a cargo de unos Cor Blanc que demostraron buenas ideas pero aún mucho camino por recorrer. Su propuesta intimista en la que no faltaron las flores sobre jarrones improvisados con botellas a modo de escena de domingo resacoso, logró capturar la atención del público en base a la delicadeza con la que salía cada nota del teclado de Sergi Serra. Con canciones que a pesar de aparente inocencia se escapaban poco a poco hacia una animación que parecía propia de los Chairlift más apagados. En definitiva, entresijos pop que acabaron por resultar bastante interesantes. Sin margen para el descanso, una de las mitades de Fuck Buttons hacía lo propio en la planta baja del recinto, encontrándonos con una Blanck Mass que mostró unas canciones mucho más accesibles que las de su proyecto titular. Sin renunciar a la bruma que generan las cajas de ritmo más quebradizas junto con las grabaciones vocales que por momentos se enredaban en tonalidades de lo más espirituales, los momentos más agresivos se acabaron imponiendo en el total del directo.

Con ritmos mucho más apegados al R&B, Gabriel Garzón-Montano se presentó en solitario, haciendo lo propio con su teclado y grabaciones lanzadas desde su ordenador. Aunque resultó innegable su entrega en todos los apartados, nos quedó la incertidumbre acerca de si el concierto hubiese mejorado mucho más contando al menos con una percusión en vivo. Sin entrar en lo que pudo haber sido, solo podemos decir que el franco-colombiano es un músico total, destinado a localizarse en la parte más alta del pop con querencia por el pop de raíz urbana guiado a través del aparataje propiciados por samples de lo más certeros. Dominando a la perfección todos esos momentos donde el papel del teclado quedaba en entredicho frente a los tonos graves de sus grabaciones, la naturalidad exhibida en cada estribillo resultó una auténtica gozada. Cambiando completamente de registro, acudimos al Cielo de Barceló con la curiosidad de saber cómo se las ingeniarían los turcos Jakuzi para llevar las canciones de su destacado Fantazi Musik al directo. Podemos decir que su actuación pasó por todos los momentos posibles, desde música para bodas en la inicial ‘Bir Düşmanım Var’, hasta el post-punk más desquiciado en la final ‘Yine Ayni Şeyi Yaptım’ donde Kutay Soyocak acabó cantando de forma frenética entre el público. Se podría decir que el dúo ha logrado reunir la parte más oscura del synth pop ochentero junto con la actitud punk más desganada para crear unas canciones que en directo adquieren tintes más enfervorecidos. Mención especial también merece la cover que realizaron de unos clásicos eurovisivos turcos como son 21. Peron & Maria Rita Epik.

Después del buen sabor de boca que nos dejó la propuesta mutante de Jakuzi, Amber Coffman se encargó de seguir levantando el ánimo con unas canciones de lo más cambiantes. Desde el pop más teenager representado en ‘Dark Night’, hasta alcanzar la completa placidez sintética en ‘Nobody Knows’, sin olvidarnos unos ritmos tirando a la inmersión caribeña como fue el caso de ‘City of No Reply’. Mil y una caras marcadas por un gran colorido y muy bien acompañadas por una formación de gran presencia femenina, donde nos encontramos con coros que elevaban las canciones a otro nivel. Una vez finalizó el concierto de la norteamericana, llegaba el momento de correr hacia la Sala But para no perderse el regreso de The Breeders a nuestro país. Lo cierto es que su directo cumplió con creces lo que esperábamos de ellas, mostrando una actitud propia de las grandes noches. Desde un primer momento se pudo sentir la euforia compartida desde los acordes iniciales de ‘No Aloha’, escalando a la perfección su directo a través de aquellos picos emocionales donde las guitarras rugían sobremanera. Así llegaron momentos como ‘New Year’ donde Kim Deal totalmente entregada a lo enrabietado de la situación no dudó en dejarse prácticamente los dedos en las cuerdas. Una noche para el recuerdo de los fans y donde los no asiduos a las composiciones del grupo pudieron comprobar lo acertado y contextualizado de su regreso.

SÁBADO

Las primeras horas de la jornada del sábado tuvieron como grandes protagonistas a Flat Worms, una de esas formaciones integrada por miembros de lo más ferviente del panorama estadounidense de garage. Sin ir más lejos, entre ellos figuraba Justin Sullivan, batería de los parados The Babies. Su directo lejos de caer en una masa uniforme guitarrera, desplegó un alto grado melódico donde las distorsiones hicieron el resto. Claro ejemplo resultó una ‘Motorbike’ acelerada y de matices stoner, para generar tímidos puños en alto junto con esa sensación de final abrupto pero disfrutable. Sin perder de vista el objetivo de lograr unas canciones donde los matices más propios del fuzz fuesen una constante, descubrimos como toda la experiencia que acumulan los miembros de la formación a sus espaldas es un factor determinante en sus directos. Cambiando completamente de tercio, pudimos comprobar como DBFC son una de esas bandas destinadas a agitar el concepto de electrónica de club más accesible a los amantes del pop. Resulta un paradigma como el grupo aún no ha dado el gran salto hacia unos escenarios de mayor envergadura, ya que lo tienen todo. Desde puesta en escena hipnótica en base al primer plano logrado por David Shaw y Dombrance hasta esos momentos donde saben cómo destripar sus canciones hacia algo totalmente festivo. El hecho de alternar a la perfección entre guitarras y sintetizadores de lo más persistentes fue otro de sus puntos fuertes, sacando a relucir una faceta muy electroclash que logra algo más que convencer.

Nuestra siguiente parada de la noche tuvo lugar con Gold Connections, una de esas formaciones de rock con la vista puesta en los noventa que tiene todas para convertirse en banda de referencia. Will Marsh y sus acompañantes sonaron en todo momento mucho más acelerados y subidos de volumen que en su EP homónimo debut, demostrando sangre caliente  muchas ganas de impresionar con su puesta en escena. Con alguna que otra similitud con su amigo Will Toledo como la mostrada en ‘Popular Fiction’, la formación consiguió algún que otro momento más que memorable como ocurrió en ‘New Religion’ y una arrancada a medio camino entre la desesperación y la rabia acumulada. Con ecos del lado más desmedido de Pavement y la nostalgia propia de unos Yo La Tengo encerrados en su cuarto, la formación norteamericana demostró formas para alimentar el hype y dejarnos con ganas de ver cómo se las desenvolverán en un LP que verá la luz el próximo año.

Aún en la recta final del concierto de Gold Connections, Superorganism hacían acto de presencia entre la mayor expectación generada en los tres días de festival. Con un LP que está por llegar vía Domino en los próximos meses, la abundante formación llenó la sala grande del recinto, encontrándose muy bien arropada por unos visuales a medio camino entre Mario Bross y los dibujos de los jerséis del Primark. La pequeña Orono es la gran mente pensante del proyecto, aunque en directo parece que quiere ceder todo el protagonismo al resto de miembros de la formación para que generen las alucinaciones pop perfectas. Coros propicios para levantar los brazos y la distorsión melódica al estilo Lily Allen para repartir el peso de los temas entre sus estribillos e interludios. Por supuesto que no faltaron los tres temas que les conocemos como son ‘It’s All Good’, ‘Nobody Cares’ y ‘Something for your M.I.N.D.’, haciéndonos sentir que van a copar portadas en base a un camino marcado por el talento y la originalidad.

Tras la gran dosis edulcorada de Superorganism, llegaba un apartado mucho más contundente y rockero gracias a Medalla. La banda surgida de las cenizas de The Saurs ha conseguido armar unas canciones realmente valiosas dentro del panorama nacional, gozando de una simbología en ocasiones difusa pero muy aguerrida, junto con un trasfondo musical que parece heredado de géneros mucho más contundentes como el heavy metal. Sin ningún reparo en mostrar sus influencias, la banda catalana ofreció uno de esos directos destinados a romper en dos el transcurso del festival, dejándonos con unas dosis de actitud  más que entregadas. Temas como ‘Caballero Triste’ o ‘Deporte en Vano’ toman en directo un aire más endiablado y perverso, conduciendo la mente hacia rincones donde la insinuación lo es todo. También impagable resultó el cierre con ‘Navaja Certera’ donde pudimos sentir un apartado de sonrisa tan malévola como eufórica. El cierre de la segunda jornada del festival corrió a cargo de unos Cocaine Piss que ofrecieron el directo que se esperaba a partir de las 12 de la noche. Lo suyo es una escuela clásica de punk, con todos los elementos cargados de irreverencia necesarios y una presencia de lo más desatada. Sin perder el grito en ningún momento, los belgas acabaron mezclándose entre el público para que el sudor fuese compartido.

DOMINGO

El cierre del festival nos guio hacia la Joy Eslava donde comprobamos como la sala se fue llenando a medida que se iba cercano del cierre del festival. Los encargados de abrir la tarde fueron los murcianos Poolshake, maniendo los tópicos posibles sobre su región en unos speeches entre temas que por momentos nos dejaron un tanto atónitos. En el apartado musical demostraron como en muy poco tiempo se han convertido en una de esas bandas nacionales cercanas al vaporwave con muchas cosas que aportar. Desde el Bowie más espacial hasta las tonalidades más recogidas de Homeshake, un amplio abanico cabe en unos temas donde demostraron muy bien que no todo tiene que estar cubierto de purpurina. Con un giro radical, pudimos asistir a continuación a otro de esos grandes conciertos del festival como fue el de Camila Fuchs. La artista mexicana afincada en Londres, se ayudó de unos audiovisuales que mezclaban alguna que otra nebulosa con elementos de corte más natural, dando rienda suelta a una electrónica etérea pero que por momento alcanzó picos de lo más intensos. Sumergiéndose en situaciones donde las grabaciones de sonidos orgánicos se daban la mano con un apartado mucho más modular y cerebral, la reivindicación de lograr los temas a través de pequeñas pinceladas, resultó de lo más acertada.

Lamentando el final del concierto de Camila Fuchs, nos encontramos con el directo que más opiniones enfrentadas generó en el festival, corriendo a cargo de Starcrawler. Sin lugar a dudas a nosotros nos pareció un auténtico esperpento carente de sentido musical a la par de generarnos situaciones que daban bastante grima. Desde el primer momento la frontman Arrow de Wilde salió al escenario dispuesta a generar mucho movimiento en la sala, lanzándose al suelo y ofreciendo continuas provocaciones al público. Todo esto hizo que el apartado a medio camino entre el glam y el rock de la vieja escuela setentera norteamericana solo se sostuviese a través de las guitarras, centrando nuestra atención en evitar que nos cayese un escupitajo de Arrow de un momento a otro. El final del directo, como no pudo ser de otra forma, llegó con un impostado festival caníbal donde una de las figuras más emblemáticas del denominado indie español fue el más damnificado.

Menos mal que la noche se cerró con otro de los grandes conciertos del festival como hubiese ocurrido un par de horas antes con Camila Fuchs. Estamos hablando de Yellow Days, el proyecto personal del joven George Van Den Broek que va camino de convertirse en una auténtica referencia del soul más apegado a las características Lo-Fi más encantadoras. A una semana de publicarse su LP debut, lo que nos ofreció en Madrid fue un directo cargado de esos sentimientos que surgen de las experiencias vividas con un mismo sin olvidarse de la entrega escénica. Lo del joven músico británico resultó un perfecto ejercicio de como dejar que su voz con aroma clásico tomase el protagonismo para empezar a divagar a través de unos teclados llevados incluso hasta el sonido dixie. Un auténtico disfrute que se plasmaba en los movimientos corporales de un público que supo corresponder con lo que se estaba viviendo encima del escenario. Aguantando en todo el momento el peso de los temas, sin que estos llegasen a eclosionar por completo, el carácter comedido de los temas sirvió para que el clímax hipnótico de la noche pareciese no tener fin. Al igual que ocurriese con otros talentos en su momento como King Krule, estamos convencidos que lo de Yellow Days también llegará muy lejos.

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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