Crónica

Prestoso Fest 2019

08/08/2019 - 10/08/2019

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Un año más el Prestoso Festival volvía a presentarse como la alternativa a cualquier otro festival que copan cualquier punto del país en fechas estivales. Sin atisbos de aglomeraciones, con un cartel confeccionado con buen gusto y un entorno de esos donde hay más árboles que cualquier otra cosa, el festival asturiano fue sin lugar a dudas nuestra cita más esperada del verano. Acompañando tanto el plano musical como todo lo que se extiende a lo organizativo, podemos afirmar que nos encontramos justamente con la experiencia prestosa que veníamos buscando. Sin más preámbulos, os dejamos con lo que dieron de sí las tres jornadas.

JUEVES

Las primeras tiendas de campaña y furgonetas comenzaron a desafiar al viento de la Reserva de la Biosfera de Muniellos en la soleada tarde del jueves. Los asistentes más apresurados en llegar al festival nos organizamos para bajar antes de la puesta de sol en dirección al Monasterio de Corias, para disfrutar de Ordesa, encargados de abrir el festival, en una primera jornada gratuita. Entre pinos, pan de hogaza, queso y luces cálidas, el dúo formado por Tomás y Begoña consiguió emocionar al público con espléndidas canciones de algo tan particular como es el denominado emo folk. En la práctica los sonidos acústicos que atesora el grupo nos traen a la cabeza estampas cargadas de una enorme sensibilidad a la hora de tratar situaciones como la soledad.

Después del casi clímax alcanzado con temas como ‘Días Cálidos’ o ‘El incendio de todas las cosas’, Maribel & Sebastian iniciaron la primera de sus sesiones en el festival, pinchando grandes temas que consiguieron unir a todas las generaciones que allí concurrimos. Un abrir de boca para disfrutar de la noche de Cangas y acercar el festival aún más a sus habitantes.

VIERNES

La jornada del viernes se inició con un regalo prometido por la organización del festival: un plantón de haya para cada asistente, con el compromiso de reducir la huella ecológica de los prestosines y del festival. A medida que avanzaba el día, más y más asistentes coparon la zona de acampada, agradecidos por la clemencia de las nubes, si bien no tanto por la del viento.

Los Pandeiros, o más bien las Pandeiras de Xedré, repitieron un año más poniendo la nota folclórica a la jornada, congregando a un buen número de personas que no quisieron dejar de empaparse del espíritu local.

El proyecto del asturiano Germán Álvarez, Mingote, estrenó el escenario Prestoso haciendo relucir su pop vintage ideal a esas horas de la tarde, para luego dar paso a los australianos Steve Smyth & The Outlaws. Llegados desde Barcelona, donde reside el cabeza de la banda, su característica voz profunda y sus notas folk acompañaron excepcionalmente la entrada de la noche. El grupo se dejó ver posteriormente por el recinto, compartiendo impresiones con fans y organizadores.

Poco antes de la medianoche, y con el público de mediana edad copando las primeras filas, hacía su aparición Airbag, presentando su último álbum Cementerio Indie y transportándonos nostálgicamente al pasado con sus temas más coreados. Disponían del tiempo suficiente para ofrecer una actuación más que completa, y cumplieron el deseo de reencontrarnos con ese sentimiento de verano y juventud eterna que encarnan a la perfección.

Bien entrada la noche, fue el turno de subirse al escenario de The Parrots, con su show garagero, enérgico y macarra. Haciendo un extenso recorrido por su trayectoria, mantuvieron a los prestosines en el aire durante buena parte de la actuación, con el punto álgido en ‘No me gustas, te quiero’ y su ya mítica versión del tema ‘Soy peor’, de Bad Bunny. Diego, frontman de la banda no escatimó en saltos, bailes y animaciones al público, lanzándose al baño de masas hacia el final de la actuación.

Sin duda, los horarios estaban bien pensados, y nos esperaba para cerrar la jornada Joe Crepúsculo, acompañado de Aaron Rux y sus melodías que ya forman parte de la cultura pop popular de estos últimos años. Con un extenso repaso por toda su discografía, ofreció una actuación a la altura de lo que nos tiene acostumbrados. Sin dejarse nada en el tintero, la intensidad del momento iba in crescendo a medida que sonaban ‘Rosas en el mar’, ‘Música para adultos’, ‘Pisciburger’ para terminar con ‘Mi fábrica de baile’ y la totalidad de los asistentes exaltados ante tal derroche de sonidos efervescentes.

SÁBADO

Treinta afortunados prestosines pudimos disfrutar desde bien temprano del sábado de una de las actividades complementarias del festival previa reserva de plaza desde hace unos cuantos meses. Hablamos de la visita organizada a la Reserva de la Biosfera de Muniellos, el hayedo de Europa. Algunos prestosines, compartiendo coche, disfrutamos de una caminata de 3 horas en un paraje al que sólo acceden unas veinte personas al día. La entusiasta guía hizo que el madrugón mereciese la pena y que llegásemos con un aún más ganas a lo que venía después.

La sesión vermú en el patio del Ayuntamiento de Cangas del Narcea fue la gran novedad de la edición, y no dudamos de que se convertirá en una de las insignias del festival dada la buena acogida que tuvo la propuesta. Bajo un sol de justicia, típico del microclima cangués, Ortiga desplegó toda la energía tanto suya como de su sintetizador para hacer bailar al público con su electrocumbia verbenera. Kilómetro arriba y kilómetro abajo por el patio y el escenario, el gallego y su cercanía completaron su apuesta actual, con el público bien en alto en toda la sesión.

Chicho o Manuel, integrante de Esteban & Manuel, fue el único artista en repetir dos ediciones consecutivas, si bien con su apuesta solitaria. La máxima de la organización es no repetir artistas en un período de 5 años pero en esta ocasión sin lugar a dudas el dicho popular de hecha la ley, hecha la trampa, quedó que ni al pelo. Y por cierto, bendita trampa a tenor de lo ofrecido por el gallego.

Después de bailar y saltar al ritmo de Ortiga, Rodrigo Cuevas en su DJ set Frixuelo de Sangre, se plantó en el escenario con un top joya con pedrería azul, mallas de ciclista, montera picona, madreñas doradas y sin sombrilla. Ofreció una sesión de lo más variopinta y animada, con la que nos dejó exhaustos tras dos horas de baile frenético al ritmo de asturianadas, canciones ochenteras y reggaetón. El agitador folclórico favorito de los asturianos afianzó la fidelidad de sus seguidores, y despertó la curiosidad de los foráneos por sus performance, que prometieron acudir a ver su show de septiembre en los Veranos de la Villa.

Algo más recuperados de tanto movimiento de cadera imprevisible, puntuales y clavados como estacas, no nos quisimos perder hacia las ocho de la tarde a las Amparito. La banda berciana formada en Madrid, estuvo arropada por algunos familiares, y lograron convencer con su certeza apuesta de punk lanzado en múltiples direcciones, al ritmo de sus canciones más conocidas ‘Dolor’ y ‘Oscuridad’. Sin duda, el broche de oro del concierto fue la presentación de ‘Te vas a fastidiar’, reivindicando la rebeldía adolescente que no merece la pena perder a lo largo de la vida

Venidos desde Escocia, The Wellgreen pusieron la nota más sesentera con su power pop que recuerda a veces a los mismísimos Beatles o los Beach Boys. La única banda internacional del cartel derrochó una elegancia de lo más particular, transportándonos a escenarios de lo más lejanos respecto al valle donde nos encontrábamos. Subiendo poco a poco el vértigo de su actuación en base a canciones de pop lluvioso pero con su cierto nervio, no dudaron tampoco en subir al escenario a una de sus fans más acérrimas que se encontraron por tierras asturianas.

Tras los idílicos momento vividos durante la actuación de The Wellgreen, llegaba el turno de los gijoneses Australian Blonde. El primer grupo confirmado del festival era consciente de jugar en casa y no poder fallar, algo que ya de por sí es raro. Serenos pero con ese punto de ruido que logra remover recuerdos y traernos a la cabeza amores pasados o personas que ahora ya quedan muy lejanas, su efecto nostálgico funcionó de una forma muy diferente a como lo hicieron Airbag la noche anterior.

Quizá la apuesta que más se salía de la línea del festival era Cupido, el grupo de Pimp Flaco y Solo Astra. Ofreciendo un concierto sin excesivas pretensiones, el sector más joven de los prestosines disfrutó de lo lindo cantando una por una casi todas las canciones de su único álbum Préstame un Sentimiento. Resulta curioso observar sobre el escenario la unión de los dos mundos bien diferenciados a los que pertenecen los miembros del grupo. Por un lado el artista trap derrochó carisma a la hora de ganarse al público, mientras que el resto de sus acompañantes canarios ofrecían una pose mucho más relacionada con disfrutar de cada una de las melodías de sus instrumentos. Como anécdota, mencionar que desde las primeras filas existía una gran preocupación por el bajista, que visiblemente afectado por la humedad astur y con la cremallera subida hasta la nariz, ofreció todo el concierto sin moverse ni un centímetro.

Contra pronóstico de muchos, la elección de Cala Vento para cerrar las actuaciones del escenario Prestosín fue la guinda del pastel. El dúo catalán supo combinar con éxito, hits de sus primeros discos con temas que ya suenan fuerte de su nuevo álbum Balanceo. Con una entrega total e inestimable a la batería y a la guitarra, Joan y Aleix dieron uno de los conciertos de más calidad de todo el festival, consolidándose como una de las bandas independientes del momento.

En resumidas cuentas, el Prestoso Fest no deja lugar a dudas en su cuarta edición, de que es uno de esos festivales a los que hay que acudir para disfrutarlo, con una esencia tanto local como rural que siempre deja ganas de volver.


Crónica a cargo de Lucía González Arboleya

Redacción Mindies
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Los miembros de la redacción de Mindies amamos la música por encima de todas las cosas.

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