Crónica

Prestoso Fest 2018

28/06/2018 - 30/06/2018

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El Prestoso regresó a Xedré por todo lo alto, confirmándose como uno de esos festivales a los que su espectacular ubicación también acompaña el apartado musical, algo que cada vez resulta más difícil de encontrar en la península. Con una propuesta centrada en un núcleo de bandas nacionales que se mueven en un circuito más recogido, recorriendo numerosas salas a lo largo del año y demostrando inquietudes musicales de lo más amplias, al abanico de posibilidades que nos encontramos en el evento resultó de lo más reconfortante. A esto tenemos que sumarle una cercanía difícil de encontrar bajo otras circunstancias, ya que el hecho de tener un suelo completamente de hierba junto a un escenario bien protegido y cercano al público permitió a los asistentes sacar lo mejor de sí en sus actuaciones favoritas. Buena muestra de ello la vivimos en conciertos como el de Biznaga, donde a bien seguro la tormenta se alejó en parte gracias a la euforia mostrada por el público. Mojados pero felices en muchos tramos del festival, el hecho de contar con un clima puramente asturiano no arruinó los planes, sino que a la postre hizo que todo se convirtiese en algo aún más disfrutable.

JUEVES

La presentación del festival corrió a cargo de Marem Ladson, la que seguramente sea la artista nacional que más proyección ha mostrado a lo largo de estos últimos meses. Marem no necesitó más que su guitarra y voz para sacar lo mejor de su homónimo LP debut. Con un escenario localizado en el parador Monasterio de Corias, todo ello bajo una tenue luz rosácea, un frondoso árbol y unas flores que precisamente hacían juego con la luz presente, el ambiente logrado para dar vida a su propuesta no pudo ser más idílico. De esta forma demostró como sus temas cabalgan a medio camino entre la canción americana más ligera, aquella que puede beber de artistas de nuevo cuño como Molly Burch, junto con ese espíritu más pop encaramado a los 90. Todo un deleite para entrar en calor a aquellas horas de la tarde noche y sentir lo bien que se cuidan los detalles en este festival.

VIERNES

La jornada del viernes comenzó con un marcado acento local, poniendo una vez más de manifiesto lo imprescindible que resulta la población de Xedré a la hora de sacar adelante el festival. El carácter hospitalario de los lugareños, involucrándose de cualquier forma posible en tareas propias de producción, fue algo que no podíamos pasar por alto en esta crónica, del mismo modo que la actuación de Pandeiros de Xedré, un conjunto de mujeres que nos trasmitió el folclore de la región a pie de público en los compases iniciales de la tarde. Con los marcados ritmos de las tonadas que nos ofrecieron, nos adentramos en una tarde repleta de música y propuestas que hasta el momento no teníamos tan exploradas. A continuación continuamos también con una propuesta que podríamos considerar local, aunque en un formato bien distinto como es el de Thee Operators. La banda de Mieres desplegó sus composiciones power pop, que tanto miran a la nostalgia pop de los clásicos de las británicas como a los momentos más cercanos a los altos vuelos de bandas como Airbag. Una buena forma de comenzar la tarde y poner al personal sobre aviso, más aún si logras un final de concierto tan apoteósico en el que un bajo voló por los aires.

El siguiente en subir al escenario fue Ángel Kaplan, transmitiéndonos también a la perfección unos sonidos que parecían llegados desde el otro lado del Atlántico. A lo largo de su concierto combinó la calidez del garage más popero junto con ese énfasis por conducirlo todo bajo las directrices de la canción americana, buscando la puesta de sol perfecta que por desgracia se encontraba oculta entre las nubes. Así es como alcanzamos un buen ambiente y la sensación de estar mentalmente en otro lugar, quizás menos húmedo que Xedré. Entrando poco a poco en el fervor de la noche, La Plata ofrecieron el que seguramente fuese el mejor concierto de la noche. La lluvia hizo acto de presencia con gran intensidad, algo que no evitó que el público saltase y celebrase al máximo canciones como las iniciales ‘Fracaso’ e ‘Incendio’. Su propuesta nueva olera poco a poco se fue mimetizando con las luces del escenario, sirviendo la oscuridad del fondo de este como el perfecto refugio donde ejecutar todos esos ritmos motorik y teclados sintéticos, que poco a poco se fueron tornando como un vendaval aún más perfecto que el que no ofrecía la meteorología.

Avanzando en la noche, Biznaga también supieron cómo caldear los ánimos, aunque en esta ocasión de una forma más descaradamente punk. Los madrileños salieron al escenario dispuestos a generar ese frenesí tan descarnado que esconden sus temas, logrando que el público respondiese a la primera. El hecho de llevar bastantes meses de gira ha propiciado que la banda suene más engrasada y salvaje que en anteriores ocasiones, marcando al máximo sus ritmos y logrando que los gritos de Álvaro parezcan cada vez más amplificados. Con su cierta dosis de descontrol, Kokoshca fueron los encargados de cerrar la noche, también bajo una lluvia que alcanzó picos bastante importantes pero que no ahuyentó en absoluto al público presente. Los navarros ofrecieron otro de esos directos diseñados para divertirse y disfrutar del momento, siendo conscientes de que la buena compañía y los brebajes eran los mejores aliados en ese momento de la noche. Junto a ellos por momentos hizo acto de presencia Prestosín, la mascota en forma de oso del festival que por aquel momento haría aumentado considerablemente su peso debido a las numerosas trombas de agua que nos deparó la tarde. Con algo de frío entre los huesos pero tremendamente felices, nos recogimos hasta el día siguiente.

SÁBADO

El último día del festival también se preveía bastante animado climatológicamente, anunciando la organización una serie de cambios en las actuaciones, añadiendo entre ellas a Pingüino en lugar de Klüte. Ellos fueron los encargados de abrir el escenario principal a guitarrazo limpio, sacando lo mejor de ese formato de rock ochentero nacional cargado de melodías un tanto rencorosas de las que hay que dar rienda suelta de vez en cuando. Una forma de revindicar una vez más cómo los pequeños proyectos entre amigos pueden convertirse en algo grande. También con cambios de horario, Yawners actuaron finalmente en la jornada de la tarde, situándose en un escenario mayor en el que mostrar sus himnos totalmente hipervitaminados. El crecimiento del dúo en estos últimos meses es algo de lo más palpable, disfrutando una vez más del vigor que causa escuchar canciones como ‘Seaweed’ o ‘Arco Iris’. Sus canciones sin lugar a dudas se mueven en unos terrenos donde no tiene cabida la ornamentación, dejándonos bien claro en un directo breve, conciso y con ese espíritu noventero amante del ruido irrefrenable.

La siguiente actuación de la tarde se movió en unos parámetros bien diferentes gracias a Ramírez Exposure. El músico valenciano acudió a la cita con una banda que supo sacar el mejor provecho posible de toda la placidez encerrada en sus composiciones de corte sesentero, dejándose mecer por los ecos de los Beach Boys de una forma de lo más personal. Agradeciendo lo bello del paisaje, los músicos enfilaron el concierto con gran protagonismo de los temas de Young is the New Old su más reciente trabajo donde la integración de teclados, guitarras y coros resulta totalmente lanzada a por la felicidad a pesar de no ocultar un trasfondo más reflexivo. De una forma totalmente diferente llegó el turno de la banda internacional del festival. Estamos hablando de los portugueses First Breath After Coma, una de esas formaciones que ha encontrado en el post rock su mejor aliado. Sus composiciones a diferencia de otras bandas del mismo género no se mueven en la épica constante, sino más bien en un conjunto de emociones que exploran de una forma bien escalada, algo que nos demostraron nada más comenzar su directo. Sus voces perdidas entre las montañas y ese especial magnetismo hacia los muros de sonido propiciaron alguna que otra estampa más que inolvidable en el festival, encontrando en la percusión más diáfana el elemento preciso para aderezar aún más sus composiciones.

La noche seguía adelante, llegando el turno de una de las formaciones más sonadas del panorama actual. Estamos hablando de Carolina Durante, el grupo madrileño que ha dinamitado los principios del pop más malasañero. En su actuación en el Prestoso nos dejaron con otro de esos conciertos incansables, donde las melodías pegajosas entran fácilmente muy bien acompañadas por un ruido certero, de esos en los que te sumerges de lleno y encuentras completamente sentido a todo. A través de sus letras reveladoras, cargadas de sucesos nocturnos que nos identifican y ese énfasis por transmitir sentimientos sin ningún tipo de filtro, su directo se pudo considerar como el gran revulsivo de la jornada. Ya para cerrar nuestra andadura en el festival, entregamos nuestras últimas energías a Esteban & Manuel, el dúo gallego que mejor saber desarrollar los sonidos cumbieros en la actualidad. Con tan solo un teclado y una guitarra, se mimetizaron a la perfección con el entorno rural que acompaña al festival, convirtiendo todo en una de esas verbenas donde los pies no pueden parar. Un broche perfecto para un festival que esperamos que tenga continuidad, ya que supone un auténtico tesoro musical y extramusical que hay que presenciar al menos una vez en la vida.

Redacción Mindies
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