Crónica

Vodafone Paredes de Coura 2014

20/08/2014 - 23/08/2014

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Nuestro primer Paredes de Coura solo puede recibir buenas palabras. Un festival al que acudimos seducidos por el cartel y acabamos enamorados de todo lo que lo rodeaba. Ni las cambiantes temperaturas que sufre esta región del Miño fueron excusa para exprimir al máximo 4 intensos días de música en un lugar que realmente está en contacto con la naturaleza. Para los que no lo conozcáis, la zona de acampada y recinto de conciertos se localizan en las inmediaciones de la playa fluvial de Taboão con todo lo que ello conlleva. Desde fríos baños vespertinos en el río hasta tardes de descanso en el césped a la sombra de un árbol. El Paredes de Coura es lo más parecido al paraíso no solo musical donde puedes estar de festival y disfrutar de unas buenas vacaciones. Todo lo que nos habían vendido en los spots publicitarios a lo largo de estos meses resultó ser cierto y el Old Cold River del que nos hablan los Growlers en varios de sus temas se encontraba en Paredes. Con toda esta buena predisposición inicial, no resultó nada difícil dejarse llevar por la más que interesante propuesta musical a un precio más que asequible. Algo que dentro de nuestras fronteras se extraña mucho, aún más en épocas estivales.

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MIÉRCOLES

Nuestra primera toma de contacto con el festival y el recinto se produjo mientras tenía lugar el concierto de Capicua, el proyecto hip hop de la portuguesa Ana Matos Fernandes. Congregando un buen número de fans mientras el sol se ocultaba con celeridad, nos desgranó las canciones de su primer doble LP Sereira Louca. Poemas adaptados a agradables ritmos que fueron cobrando cada vez más intensidad con la ayuda de sus tres compañeros sobre el escenario. Metiéndose en el bolsillo al público con canciones como ‘A Mulher do Cacilheiro’ donde las bases exploran sonidos más propios de la Bossa Nova, Capicua resultó ser la propuesta perfecta para entrar en calor frente a la llegada de los esperados Cage the Elephant.

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El público tenía muchísimas ganas de disfrutar del concierto de los norteamericanos y la banda supo recibir esa energía y transformarla en un explosivo directo. Con un hiperactivo Matthew Shultz que no paró de agitar a las masas en todo momento, ofrecieron un derroche de guitarras contundentes, de matices garageros y una ejecución de rock de estadio perfecta. Arrancando con ‘Spiderhead’, uno de los temas más adictivos de su último trabajo, formaron los primeros pogos y gritos de histeria. Seguramente una de las grandes virtudes de su directo fue la capacidad para que la intensidad no descendiese en ningún momento, y si lo hacía era para introducirnos temas tan nostálgicos como ‘Cigarette Daydream’, donde el propio Matthew se quedaba asombrado ante la forma en la que se condensaba su aliento debido a la alta humedad. Soltando grandes hits como ‘In One Ear’ al principio del concierto, demostraron que su repertorio es aún más sólido de lo que nos pensábamos. Temas insignia como ‘Aberdeen’ sonaron con matices aún más épicos y despiadados. Distorsiones llevadas al extremo para lograr una propuesta fulgurante y disfrutable en cada segundo. Entre feroces melodías y estribillos vigorosos el final se iba acercando aún más acelerado y confuso con ‘Teeth’. Sin embargo, la última dinamita que quedaba explotó con ‘Sabertooth Tiger’, uno de los temas más apocalípticos de su repertorio donde Matthew se movió a merced de los brazos del público durante un buen rato. Cage the Elephant no escondieron sus garras y ofrecieron un concierto memorable.

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Por su parte, Janelle Monáe tuvo que lidiar con la euforia creada por los norteamericanos y la respuesta del público que no era tan fan suyo se mostró mucho más tímida. Arrancando con una performance inicial en la que Janelle salió al escenario en camisa de fuerzas, dio inicio un espectáculo muy medido en el que la artista también aportó sus artes escénicas sobre el escenario. Y es que Janelle es una artista muy completa, sin embargo la importancia de todo lo que rodea a su música, frente a los propios temas, hace que el asombro inicial disminuya progresivamente y quede relegada a la monotonía. Entre todo esto, la artista intenta que los ánimos no decaigan y hace gala de una potencia vocal única. Así nos lo demostró en temas como ‘Electric Lady’, donde nos transportó a ese mundo de sueños adolescentes y típico romance de instituto americano. Con un sonido perfecto desde cualquier punto del recinto, Janelle seguía a lo suyo y sus numerosos seguidores enloquecían con cada movimiento de nuestra protagonista y su banda. En momentos como este es donde nos dimos realmente cuenta de que el Paredes de Coura es un festival donde la gente acude realmente a ver a los grupos, a disfrutar con las propuestas que conozca o no. El directo continuó entre coreografías ensayadas a conciencia y el voluminoso moño de la artista que permanecía intacto frente a tanta actividad. Con guiños a auténticos ídolos suyos como James Brown en el cover de ‘I Got You (I Feel Good)’ encaraba el tramo final del concierto para marcarnos la dirección hacia la pista de baile que nos tenían montada Cut Copy Dj Set. Nuestro inicio musical del Paredes no pudo empezar mejor.

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JUEVES

El primero de los días grandes del festival tenía a un cabeza de cartel de esos de letras grandes, capaz de congregar a multitud de personas de muchos lugares. Estamos hablando de los escoceses Franz Ferdinand. Pero no nos adelantemos, primero teníamos que disfrutar de muchos conciertos como el que ofrecieron Oso Leone abriendo el escenario principal pasadas las seis de la tarde. Teníamos cierto temor debido a las dimensiones del escenario, sin embargo los mallorquines lo disiparon rápidamente ofreciendo lo que mejor saben hacer. Dream pop sosegado y flotante, de aires comedidos que alcanza su máximo en determinados momentos del concierto mostrándonos que son una banda muy especial. Desplegando ese inquietante juego rítmico acompañado por sus guitarras entrecortadas consiguieron un verdadero efecto de ensoñación en temas como ‘Ficus’. Más y más atmósferas no brumosas, sino más relacionadas con las alturas de la tarde en las que nos encontrábamos fue lo que nos brindaron a lo largo de su actuación. Con momentos tan disfrutables como esos quiebros de voz en ‘Alçaria’, el concierto llegó a su fin entre la emoción de los pocos asistentes a esas horas.

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A continuación el panorama cambió radicalmente transformándose el anfiteatro en un auténtico rancho norteamericano gracias a la esperada llegada de Seasick Steve. Acompañado por un batería, dio inicio a una hora de rock añejo, de ese en que sus intérpretes tienen acumulado polvo en sus uñas. Con sus viejos y rudimentarios instrumentos fabricados por él mismo pero que suenan más auténticos que ningún otro, los bailes country reinaron en el recinto. También hubo tiempo para subir al escenario a una espectadora a la que le brindó dos de sus temas más románticos. Resultó fascinante comprobar como por fin una estrella de rock que no se parece en nada a una verdadera estrella de rock, recibe ese calor necesario para convertirse en leyenda. Hablando de leyendas, a continuación nos dejamos caer por la carpa Vodafone FM ya que allí se encontraba Thurston Moore y su banda ofreciendo un directo electrizante a la vez que ruidoso. Parece que por fin el norteamericano ha encontrado a los músicos perfectos para ofrecer un espectáculo a la altura del potencial de sus canciones. Sonando muy ásperos y llevando las canciones a un límite entre el rock progresivo y el noise, Thurston y compañía dieron un auténtico recital de esos que valoras más con el paso de las horas.

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Cambiando completamente de tercio, teníamos parada obligada con el bueno de Mac DeMarco. Aunque desde un primer momento el sonido del concierto era muy bajo (algo que ocurriría al día siguiente con los Black Lips), nos las ingeniamos para situarnos cerca del escenario y comprobar de primera mano cómo se desenvuelven Mac y su banda. El canadiense es completamente un tipo común que rehúye de excentricidades encima del escenario y muestra verdadero aprecio a sus fans (ellos se lo agradecen regalándole cigarrillos en más de una ocasión). Su concierto en el Paredes alternó de muy buena forma las canciones de su último trabajo Salad Days junto con su habitual repertorio. En los compases iniciales sonaron la propia ‘Salad Days’ junto con la soleada ‘Blue Boy’, introduciéndonos en su particular mundo. Sus acordes de rock decadente unido a esa frescura de melodías resultaron ser el combo perfecto para que acabásemos muy metidos en el concierto disfrutando de cada estrofa de los temas. Canciones como ‘Let Her Go’ o la preciosa ‘Ode to Viceroy’ tienen todos estos componentes y su público lo sabe respondiendo con entusiasmo. El tramo final del concierto llegaría con la bonita ‘Let My Baby Stay’ y una versión del ‘Jammin’’ de Bob Marley con la voz de Filipa, una de las múltiples invitadas al escenario. Sin embargo ahí no acabó la cosa ya que quedaba entornar el grito de ‘Still Together’ y el posterior lanzamiento de Mac al público entre tragos de Jameson. Sin lugar a dudas, el artista más decidido que vimos fundirse entre las masas.

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El ambiente no podía decaer si The Oh Sees se dejaban el sudor y sangre en las cuerdas de sus guitarras. Y así lo hicieron. Ante una carpa que se quedaba muy pequeña, John Dwyer y compañía hicieron que la palabra garage cobrase definitivamente sentido. Directos a la yugular, a no reservar nada en ningún tema, lograron el concierto más sudoroso de la edición del festival. Elevando las guitarras al cielo y apuntando en todas las direcciones, rompieron los esquemas en temas como ‘I Come from a Mountain’ o la celebradísima ‘Toe Cutter – Thumb Buster’. Disfrutable salvajismo a todos los niveles. Tras el subidón provocado por The Oh Sees llegó la decepción del festival a cargo de Chvrches. Los tres escoceses tiraron de karaoke y escasearon el tiempo de su actuación argumentado que venía una gran banda detrás de ellos. Toda la energía de sus canciones en su versión de estudio quedó relegada en parte a una Lauren muy mona pero muy tímida y apagada. Se sirvieron del fervor del público en temas como ‘Gun’ o ‘Recover’ para que aquello no se desmoronase por todas las partes. Ni el gran juego de luces ni el entusiasmo por momentos de Martin Doherty salvaron aquel desastre que por lo que nos comentaron fieles seguidores del grupo, había ocurrido en más de una ocasión.

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Olvidando la decepción de Chvrches llegaron Franz Ferdinand para ofrecer de nuevo otro de esos conciertos efectivos y memorables marca de la casa. Vestidos en un traje parecido al de los gasolineros norteamericanos, Alex Kapranos y su escuadrón llevaron la auténtica locura al recinto provocando que los crowdsurfings se produjesen desde el primer tema. El fenómeno Franz Ferdinand sin lugar a dudas no se puede producir sin sus directos en los que exhiben una combinación perfecta de actitud, entrega por momentos y ese gran puñado de hits que han acumulado con los años. Permitiéndose el lujo de enlazar ‘Do you Want To’ con ‘The Fallen’ entre los primeros temas del concierto, crearon auténticas situaciones de histeria que no vivimos en ningún otro momento del festival. Incluso canciones como ‘Stand on the Horizon’ de su más reciente trabajo funcionan a la perfección en el conjunto del directo. Tirando de repertorio más antiguo y mezclando ‘Auf Achse’ con Donna Summer pusieron a más de uno nostálgico para encenderlos de nuevo con ‘Michael’ y traer el fin del mundo con ‘Take me Out’ donde se encendieron varias bengalas entre el público. Los bises llegaron también en una combinación de bonitos sentimientos y desmesura. Lo primero corrió a cargo de ‘Jacqueline’ acompañada de todos los paisajes de Glasgow de principios de los 2000 y ‘Goodbye Lovers & Friends’, un final que como luego nos dijo Kapranos no puede durar para siempre. Por ello apareció ‘This Fire’, extendiéndose hasta la extenuación y dejándonos con las piernas tremendamente cansadas para los días siguientes.

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VIERNES

El viernes se presentó como un día de contrastes. Desde la emotividad de Conor Oberst, hasta la locura de los Black Lips sin olvidar el protagonismo de los grupos portugueses a primeras horas. Aunque si por algo merece destacar este día es por el espectacular directo que ofrecieron Cut Copy. Comenzamos la tarde con unos Dawes muy metidos en el papel ante la atenta mirada de Conor Oberst al que luego acompañarían sobre el escenario principal. En lo poco más de media hora que duró su actuación, tuvieron que recoger lo mejor de su repertorio de folk rock americano para ofrecer un directo de calidad. Con un Taylor Goldsmith muy emocionado por ser su último directo con Dawes en una temporada en Europa, tiraron de relucientes estribillos en canciones como ‘Most People’ o ‘When my Time Comes’. Por el camino también recordaron su hogar con ‘That Western Skyline’ en uno de los momentos más reflexivos de su directo.

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Después de ver a Dawes nuestra curiosidad se centró en los portugueses Killimanjaro que actuaban por segunda vez en el festival. Una joven banda liderada por José Gomes que le da duro al rock progresivo junto con muchos matices de hardcore. A todo esto hay que unirle unos estribillos resultones que es lo que realmente choca con el resto y hace que su propuesta merezca bastante la pena. Canciones creadas para ser interpretadas en la oscuridad que sin embargo cobraron matices más siniestros a plena luz del día. Mostrando tablas y actitud sobre el escenario, para muchos fueron uno de los grandes descubrimientos del día. Hablando también de descubrimientos, Buke & Gase protagonizaron otro de los directos más enigmáticos del festival. Los neoyorkinos son un grupo muy alejado al resto, que utiliza instrumentos folclóricos en la mitad de un gran barrio como es Brooklyn. Cuerdas metálicas que mezcladas con la percusión adquieren aires incluso electrónicos. Sin lugar a dudas, como mínimo, merecieron ser el centro de nuestra atención durante media hora. La voz de Arone, la parte femenina del grupo, guarda un gran parecido con la de Annie Clark por lo que nuestro desconcierto y asombro creció a medida que avanzaba el concierto. Con solvencia y ciertas limitaciones, descubrimos una banda muy alejada a todo lo que se movía por el festival.

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Con una gran concentración de público luso, Linda Martini hicieron su estelar aparición en el escenario Vodafone. Una banda muy trascendental en la historia de la música independiente del país y que no podía faltar en la edición del festival. Cada una de sus canciones era celebrada por todo lo alto y lo cierto es que nos entusiasmó bastante esa combinación tan hipnótica de acordes menores y ambiente melancólico. Con un viejo conocido en la batería como es Hélio Morais que también ejerce la misma función de Paus, el concierto cada vez se tornaba más y más intenso hasta que llegó el estruendoso final con ‘Cem metros sereia’. Acto seguido fuimos velozmente a ver a Yuck. Los londinenses se desenvolvieron bien en la oscuridad de la carpa, aunque su entusiasmo no fue el mismo que en anteriores ocasiones. Entrelazando a la perfección alguna de sus canciones más célebres como ‘Get Away’ con algunas de su último trabajo como ‘Middle Sea’ provocaron ese sentimiento de coraje que sentíamos con los Yuck originales. Incluyendo el ‘Age of Consent’ de New Order en el tramo final del concierto agitaron aún más las guitarras de lo que lo habían hecho a lo largo del concierto. Se despidieron con ‘Operation’ y un Max Bloom que se lanzó al público por cumplir más que por necesidad.

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Sin apenas descanso, Conor Oberst y Dawes comenzaban con los primeros acordes de su espectáculo. El norteamericano parece por fin muy cómodo encima de un escenario y seguramente esto sea debido a que ha encontrado a una gran banda de acompañamiento. Sonando mucho más rockeros que en Upside Down Montain, el último trabajo del músico arrancaron las primeras sonrisas con la inicial ‘Time Forgot’. Momentos de brillantez melódica que corrieron a cargo de temas clásicos de Bright Eyes como ‘Soul Singer in a Session Band’. Conor se mostraba con una naturalidad y vitalidad no observada anteriormente, aunque sus canciones siguen conservando ese aura de profunda melancolía. El giro hacia lo más eléctrico que habíamos comentado anteriormente te materializó en ‘Enola Gay’ mientras que el lado norteamericano más populista se descubrió en ‘Hundreds of Ways’. El final, llegó en la versión más optimista y folk posible gracias a ‘Another Travelin’ Song’ y la perfecta comunión del músico con su público.

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Recuperando fuerzas durante la siguiente hora, nos preparamos decididos a vivir un concierto de Black Lips desde dentro, es decir, desde la primera explanada de los pogos. Queríamos disfrutar al máximo de la música de los norteamericanos, sin embargo un deficiente sonido mostrado desde la primera canción nos lo impidió. Los propios músicos parecían ajenos a todo ello, derrochando como siempre el whisky y las energías en cada canción. Acertando de lleno con el setlist arrancaron con ‘Sea of Blasphemy’ para proseguir con ‘Family Tree’ y la locura colectiva en la que las montañas de gente se movían de un lado a otro. Momentos gustosamente asfixiantes que servían para contrarrestar el bajo sonido. Sucesión de hits modernos como ‘Drive By Buddy’ o ‘Boys in the Wood’ junto con otros de la vieja escuela garagera como fueron ‘O Katrina!’ o la incombustible ‘Not a Problem’. Por aquel entonces ya rodaban los rollos de papel higiénico por los aires y los primeros damnificados abandonaban el concierto. Tampoco faltó el ‘Hippie, Hippie, Hoorah’ de Jacques Dutronc que dio un leve respiro y nos sumió a todos en una tensa oscuridad. El final no pudo ser otro que ‘Bad Kids’, locura final y un recuerdo de nuestro primer concierto de los Black Lips bastante mejorable.

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A punto de cerrar nuestra tercera noche en el Paredes, llegó seguramente el concierto más completo del festival. Cut Copy tenían reservado el mejor horario y no lo dejaron pasar, sacándose de la manga todos los temas de baile que tienen y convirtiéndolos en auténticos himnos. Si algo les faltaba a los australianos en estos últimos años, era ofrecer el directo perfecto, evolucionando sus canciones hacia el disfrute colectivo. Con su último disco Free Your Mind parece que por fin lo han conseguido. Soltando dos de sus mejores bazas como ‘We Are Explorers’ y ‘Take me Over’ nada más comenzar el concierto, captaron la atención de los pocos despistados que hubiese para dar inicio a un directo donde no faltó el buen guitarreo y la electrónica más atrevida. Esto fue lo que ocurrió en ‘So Haunted’, un tema en el que todos los miembros del grupo excepto el batería se enfundaron las guitarras y consiguieron que el anfiteatro natural se viniese aún más arriba. Momentos de bases algo más oscuras y al mismo tiempo cercanas a la música disco llegaron con ‘Saturdays’. Nada parecía impedir que el concierto fuese un éxito, sino todo lo contrario. ‘Feel the Love’ aportó ese toque ingenuo del segundo trabajo del grupo mientras que con ‘Let Me Show You Love’ nos llevaron a las zonas más pegajosas de la pista de baile. El glorioso final llegó con ‘Lights and Music’ y un Dan Whitford muy emocionado por los bonitos días que estaba pasando en Paredes.

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Exprimiendo nuestras últimas energías nos entregamos a las feroces distorsiones de Cheatahs, un grupo que sorprendió para bien a todo el mundo que se acercó a la carpa. Un set acelerado y salvaje, cargado de personalidad y potentes voces entre distorsiones feroces. Rompiendo los tópicos de que esto del shoegaze es para bailar de una forma tímida y apocopada, cada rasgueo de su guitarra se transformaba en un brusco movimiento de cabeza de un sector del público. Canciones densas como ‘Fountain Park’ donde la intensidad no decae en ningún momento. Por su parte otras contienen más madera de lo que podríamos decir hit como es el caso de ‘Leave to Remain’, brindándonos tres minutos de extraña euforia en la oscuridad de la carpa. Esperamos poder verlos dentro de muy poco y que sigan sonando tan sobresalientes.

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SÁBADO

Llegaba nuestro último día de festival sabiendo que iba a ser el que seguro más peso emocional tendría gracias a las actuaciones de gente como Kurt Vile o The Dodos. El día de las actuaciones más reposadas pero que dejó una gran huella en nuestra memoria festivalera. Nos despertamos con una gran noticia y es que The Growlers protagonizarían en un lugar secreto de Paredes un concierto muy especial destinado a la prensa y el afortunado público que recibiese unas pulseras especiales de la mano de Vodafone. De este modo tras un breve viaje en bus, llegamos a Penedo das Vistas, un espectacular mirador desde donde podíamos disfrutar de una vista envidiable del pueblo. Allí se estaban esperándonos Brooks y el resto de la banda para ofrecernos media hora de su rock surfista y evocador. Nos brindaron nuevos temas como ‘Big Toe’ ante un sol abrasador que seguro que les evocaba a las soleadas costas californianas de donde proceden. Una sensación de auténtico privilegio que embriagó a todos los espectadores y nos brindó la estampa perfecta del festival.

Ya por la tarde, arrancamos a las 7 de la tarde con The Dodos, uno de esos grupos alejados a todo tipo de tendencias que concentran su música en un oscuro pop experimental de bella factura. En formato dúo como viene siendo habitual, iniciaron con ‘Black Night’ una especie de viaje a algo muy remoto y sincero. Meric Long (al que habíamos visto horas antes curiosear por la playa) se esforzó en que los ambientes misteriosos nos acompañasen a lo largo de todo el directo, mientras que Logan Kroeber hizo lo propio con unas percusiones crudas que no daban lugar a concesiones. Ejecutando los matices de temas como ‘Substance’ a la perfección, nos presentaron un nuevo tema, más melódico que de costumbre y que presumiblemente estará en su próximo trabajo que verá la luz el próximo año. Buen uso de los pedales para conseguir un sonido más rotundo y complacer a un público muy expectante. Seguramente el momento de máximo esplendor del concierto llegó con ‘The Current’, una canción llena de altibajos pero que sirvió para demostrar las virtudes del grupo. El cierre fue algo más luminoso que el resto del concierto con ‘Good’ y esa sensación de que habíamos visto a un joven grupo de culto ofrecer un gran directo.

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La tarde seguía con otro de esos artistas que tienes que ver en algún momento de tu vida como es Kurt Vile acompañado por su habitual banda The Violators. El músico de Pensilvania lleva ya varios años moviéndose en un perfecto camino entre el encanto del antifolk y el rock ambiental para lograr discos tan redondos como Wakin on a Pretty Daze. Iniciando precisamente el concierto con el tema que da título a este trabajo, se produjo el principio de una hora de disfrutable aspereza de guitarras y sentimientos profundos. Una banda que alternaba los instrumentos y un Kurt Vile demostrando una maestría increíble a las cuerdas. Desde contundencia y al mismo tiempo susurros en ‘Puppet to the Man’ hasta esa combinación tan embriagadora de acordes progresivos y elementos espaciales de ‘Girl Called Alex’. Kurt Vile y los suyos seguían recorriendo nuestra memoria sensitiva más cercana, tratando de aliviar cualquier herida existente por profunda que fuese. Elevando el sonido de sus guitarras en ‘KV Crimes’ nos demostraron que también pueden permitirse el lujo de aumentar los decibelios y que su propuesta se mantenga igual de emotiva. Tampoco faltó otro de sus temas más representativos como ‘Jesus Fever’ en un formato más eléctrico, venciendo el vértigo y logrando unos riffs muy cortantes. El final llegó en un cúmulo de nubes tormentosas de esas que estás ansioso por observar como descargan. Así fue como apareció la turbia ‘The Hunchback’ para cerrar con un Kurt Vile desgarrador y entregado en ‘Downbound Train’. Una fuerte explosión de recuerdos agradables mezclados con dosis de ira necesarias para que un concierto despierte algo muy intenso en tu interior.

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Continuando dentro de ese ámbito de actuaciones que provocan en ti fuertes sentimientos, llegaron The Growlers. En un panorama muy diferente al que los vimos por la mañana, nos ofrecieron otro de los grandes conciertos del festival, sin más elementos que sus canciones y buen carácter. Desde el principio sentaron las bases de los sonidos de agradables elementos surfistas que nos iban a acompañar en su concierto arrancando con la reveladora ‘Gay Thoughts’. Brooks nos demostró que es un auténtico frontman, de esos que atraen la atención del público casi sin pretenderlo. Teclados de aires telúricos y sonidos del sur de los Estados, de trenes y viajes en terrenos cercanos a la frontera en canciones que te atrapan desde el principio como ‘Naked Kids’. Enlazando un tema con otro, conscientes de que el tiempo en los festivales es muy reducido y hay que aprovecharlo, se concedieron un respiro para subir al escenario a un trío de cocodrilos con una pancarta que decía “Let Us Crocodiles with You” mientras sonaban los primeros acordes de ‘Tell It How It Is’. Un concierto que dio mucho de sí, incluso para presentarnos los temas de su siguiente trabajo Chinese Fountain. De él cayeron ‘Big Toe’ y ‘Good Advice’, este segundo interpretado sin los sintetizadores de su versión de estudio sustituidos por un gran empuje vocal de Brooks. Sin querer que llegase el final del concierto, sumidos en una verdadera nube algodonosa con sabor a salsa ranchera, llegaba el momento de las despedidas forzosas no sin antes interpretarnos ese placenteramente entristecedor ‘People Don’t Change Blues’ que tanto dice de personas y caminos. Una enorme fortuna poder haber visto a una banda como ellos en un festival tan especial.

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Apurando nuestras últimas horas, llegaba otro de los platos fuertes como Beirut. Tras un tiempo de inactividad preparando nuevo trabajo, la banda ha retomado los directos de la forma esplendorosa que los dejaron. Su peculiar forma de entender la música, nos ha dejado alguna de las canciones más memorables de esta última década como la inicial ‘Nantes’. Una muy bonita forma para empezar un directo repleto de vientos vigorosos unidos a teclados sin grandes florituras pero que combinan a la perfección. Y es que Beirut nos demostraron una vez más que los numerosos instrumentos que presentan en el escenario no sirven para recargar su propuesta, sino para aportar su parte y que el conjunto suene perfecto y sencillo. Solo así se puede explicar la carga sentimental de ‘Vagabond’ o ‘Cherbourg’. Pronto nos presentaron un nuevo tema que lleva por título ‘Rumeli’ y que se presenta menos brillante pero manteniendo esa esencia sentida que tiene toda la música de Beirut. Regresamos pronto a los grandes clásicos como la cálida ‘Postcards From Italy’ que hizo brotar lo que creemos que eran lágrimas de alegría entre parte del público. La inmediatez de cada uno de sus temas cada vez se hacía más presente entre notables temas como ‘Elephant Gun’ y ese acordeón que se mece a merced del ritmo de la melodía. Alcanzando el momento mágico de la noche en ‘A Sunday Smile’ fuimos conscientes realmente de la integridad y dimensión de la propuesta del grupo. Habíamos esperado mucho para verlos por fin en directo y resultaron ser tan buenos como habíamos leído.

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El fin de fiesta corrió a cargo de James Blake ofreciendo el concierto perfecto. Sin la necesidad urgente de presentar nuevo material y con hora y media por delante, hizo las delicias de los seguidores y no seguidores, combinando a la perfección su parte más reposada y su parte más bailable. Iniciando con ‘Air & Lack Thereof’ dejó claros sus principios de electrónica oscura y cambiante, para lograr que con su sobria puesta en escena nos hipnotizase a todos. Rápidamente recurrió a su esencia, su lado más personal en ‘I Never Learnt to Share’ dando inicio a los loops y mostrándonos una vez más que estamos ante una de las voces más personales e impactantes de los últimos tiempos. No podía faltar su siempre sentido homenaje a Joni Mitchell con su versión de ‘A Case of You’, enseñándonos esta vez sus grandes dotes al piano. Entre nuestra habitual fascinación y el disfrute sobre todo de unos graves brutales que no afectaban al resto de sonidos, llegaron temas de su segundo trabajo como ‘Overgrown’ o ‘Digital Lion’, siendo conscientes de su natural evolución. Con un James Blake muy agradecido y emocionado ante el calor del público recibido, entramos en la parte final del concierto con ‘Life Around Here’ y la siempre celebradísima ‘Retrograde’. Cerrando los bises nos brindó uno de los temas menos habituales de su repertorio como ‘Measurements’, donde su risa floja impedía al músico grabar su propia voz. Tras varios intentos, consiguió el resultado óptimo y cerró de la forma más íntima posible el espectáculo.

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Sabíamos que el Paredes de Coura iba a ser nuestro gran festival del verano. Aquel que juntase la propuesta musical más atractiva y un ambiente sin agobios. La calidad de los directos estuvo muy a la altura (salvo muy puntuales excepciones), incluso superando en ocasiones nuestras expectativas. Tomémonoslo como una aventura o el viaje perfecto del verano, siendo conscientes que ocasiones tan redondas, tanto en compañía como en entorno, no podrán repetirse hasta mínimo dentro de un año. Mientras tanto esperaremos impacientes las primeras confirmaciones de la próxima edición y empezaremos a trazar planes para regresar a Paredes. Y es que al final todo trata de conseguir el plan perfecto.

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Fotografías: Hugo Lima

Crónica: Noé Rodríguez Rivas

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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