Crónica

Monkey Days 2014

Monkey Days

22/08/2014 - 24/08/2014

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Cercanía y crítica político-social: la esencia del Monkey Days. El festival de música gijonés, celebrado el 22 y el 23 de agosto, apostó especialmente por conjuntos musicales asturianos, si bien los conjugó con presencias internacionales.

Fee Reega entró al patio de la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) como una espectadora más, cerveza en mano y saludando a sus conocidos entre el público; dejando entrever el carácter íntimo que tendría el festival. En un escenario casi a ras del suelo, entre luces rojizas reflejadas en su indumentaria crema, la alemana se encargó de abrir el evento. Sin valla ni foso que mediase entre la cantante y los asistentes, se estrenó con el tema que da nombre a su último trabajo, La Raptora.

Con comentarios cálidos y risueños entre sus canciones, mostró su gran abanico de agudos conforme interpretaba su álbum más reciente, que entremezcló con el que le precede, Salvajada. Con Dorian, el concierto vivió uno de sus instantes más emotivos; con Fee Reega balanceándose con dulzura, de puntillas y temblando al ritmo de la emotividad de su melodía. Los puntos álgidos de la actuación llegaron de la mano de El hombre que fuma heroína y Kamchatka, isla de volcanes.

Monkey Days Gijón

En un ambiente totalmente dispar del anterior, The Dodos saludaron al público en un teatro con baja iluminación y menos de una decena de filas completas. La enormidad del espacio no asustó al dúo, que afirmó que llenarían la sala “con sonido”. Y lo hicieron. La batería de Logan Kroeber retumbaba en toda la estancia, inundando cada rincón.

Los californianos se centraron, sobre todo, en tocar su disco más reciente, Carrier. Comenzaron con The ocean, de ritmos tranquilos y melancólicos, una pauta que seguirían a lo largo del concierto. Pese a que la voz de Meric Long era eclipsada en ocasiones por la batería, el juego de luces compensó la situación proporcionando más protagonismo al vocalista. Las mismas jugaron un gran papel mediante alternancias de ritmos, colores e intensidades a lo largo de la actuación. Además de tocar un par de canciones de su anterior disco, No color, los de San Francisco dieron a conocer un nuevo tema, Competition.

Los estadounidenses dieron paso a la cita más esperada de la noche, a juzgar por la cantidad de espectadores: Nacho Vegas. El gijonés presentó su último álbum, Resituación, aunque también repasó temas de anteriores trabajos como La Zona Sucia o Desaparezca Aquí. Durante tres canciones, le acompañó el coro Al altu la lleva, de La Caja de Músicos de Gijón.

Pero Al altu la lleva y Nacho no estarían solos. Mientras Nacho articulaba “¿Dónde está nuestro pan, patrón?/ ¿Dónde quedó todo ese dinero?”, las primeras líneas de Polvorado, casi una decena de trabajadores del Matadero Central de Asturias ocupaban el escenario del teatro. “Matadero Central en Asturies. Ni cierres ni despidos”, se leía en la pancarta a la que se aferraban. Frente a un público en pie que aplaudía ininterrumpidamente, los empleados, en problemas con la empresa desde diciembre, fueron los protagonistas hasta casi el estribillo. “Hay que ponerles cara”, explicó el propio cantante, que ya en el vídeo de la canción puso nombre y apellidos a afectados por diversos conflictos laborales asturianos.

Monkey Days Gijón

Pero la sorpresa más pasmosa llegó con Adolfo Suicide. Desnudo y al son de las palabras del gijonés; un hombre bailó, gateó y, en resumen, captó todas las miradas de un público atónito ante sus movimientos y su show.

Con dedicaciones políticas, concretamente a León de la Riva, alcalde de Valladolid, de Gang-Bang y megáfonos para imitar los coros de Actores poco memorables, el concierto parecía tocar su fin. Tras abandonar el escenario y volver, Nacho interpretó, sin banda, Luz de Agosto en Gijón, para luego cerrar, de nuevo acompañado, con El mercado de sonora.

La electrónica se estrenó también con un rostro asturiano, el de Alejandro Rodríguez, apodado bajo Kresy. Sin luces, únicamente con su música, creó un clima relajado entre las últimas conversaciones y cañas de los asistentes. El cierre estuvo en manos de La Flecha Negra, que sustituyó a la actuación de Laperla.

En sintonía con el viernes, Alfredo González abrió el encuentro en el patio, nuevamente frente a un círculo íntimo y en un entorno informal. Con Dobleces, su álbum más reciente, ocupó la mayor parte de su actuación, intercalando temas en asturiano y en castellano.

Monkey Days GijónLa cercanía del Monkey Days relució de nuevo cuando Nacho Vegas, hasta entonces integrado entre los espectadores, sonreía mientras colocaba el micrófono contiguo al de Alfredo González. Con Ódiote, y en una atmósfera melancólica, se percibió la calidez entre los propios artistas del festival.

Las alusiones políticas fueron esta vez para María Dolores de Cospedal, con dedicación por parte del artista de Felina Bipolar, y de nuevo para Francisco Javier León de la Riva, con La nada y tú (del disco con el mismo nombre).

Alfredo González completó el set list con A borbotones y cerró con Retruque (ambas del disco Dudas y precipicios), visiblemente emocionado. Tras la última palabra de Retruque, abandonó el escenario y el patio; dejando protagonismo en la despedida a su banda. Uno a uno, los integrantes fueron ausentándose, dejando la nota final en manos del batería.

El siguiente en pisar el escenario fue Pablo Und Destruktion. Con la presentación de Sangrín, el asturiano expuso sus emociones airándose o entristeciéndose según lo que transmitiesen sus letras.

Tampoco faltó la comodidad ni la cercanía; quedó patente cuando Sara Muñiz (viola) se descalzó mientras recorrían los temas del último disco. En un concierto cargado de un fuerte discurso político, centrado en el contexto actual español, el grupo conglomeró miles de historias y protagonistas de una situación común. El cantante también tocó algunas canciones de su anterior CD, Animal con parachoques, así como La Paz de los Justos, que formará parte de su próximo trabajo.

Monkey Days Gijón

Ya en el teatro, One for apocalypse ofreció un directo donde, inusualmente, los protagonistas eran los instrumentos, especialmente la batería. Los tres componentes -Héctor (guitarra), César (bajo) y Javi (batería)- se desgañitaron tocando su música instrumental prácticamente de manera ininterrumpida durante toda la cita.

Con energía y entusiasmo, interpretaron los dos trabajos que tienen a sus espaldas: Vamos donde muere el sol y El alma negra. Las facciones, los movimientos y la actitud de los artistas otorgaron aún más fuerza a un concierto que de por sí ensordecía y hacía vibrar la sala.

El último turno en el teatro de la Laboral fue para Black Lips. Pese a que el público comenzó acomodado en las butacas, pronto la música de los estadounidenses pidió que se pusieran en pie.

La amplitud del escenario, únicamente ocupado con sus instrumentos y una sencilla tela blanca con el nombre de la banda y discretas flores de colores, propició que los Black Lips recorriesen y saltasen en el escenario sin descanso. El ambiente se transmitió rápidamente a un público enloquecido frente al espectáculo.

Los asistentes bailaron desenfrenadamente y sin descanso durante toda la cita de los de Atlanta, que tocaron canciones de la mayor parte de su discografía. Un recorrido a través de la evolución de su música cuyo clímax, sin lugar a dudas, fue Bad Kids.

Entre rock, indie y electrónica, Buffetlibre se ocupó del tramo final del festival, si bien Termanthia se encargó del cierre de los Monkey Days.

Tras la cancelación de la edición pasada del festival, la organización había adelantado que este año el formato del evento sería distinto. Si bien el cambio no logró una máxima afluencia de público, sí cumplió, con creces, la cercanía que habían prometido.

Crónica: Henar Martínez Vega
Fotografías: Andrea Alonso Rodrigo

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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