Crónica

Mad Cool 2019

11/07/2019 - 13/07/2019

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La pasada edición del festival por fin sirvió para confirmar un equilibrio necesario, contando con un número de venta de entradas mucho menor que en ediciones pasadas, ya que no se congregaron más de 50.000 personas en cada una de las jornadas de jueves, viernes y sábado. Esto propició que en ningún momento se viviesen colas en el recinto más allá que las propias del necesario avituallamiento en la hora punta de la cena. Además, el sistema de transporte gratuito con lanzaderas hasta Plaza de Castilla y posteriormente a Cibeles, funcionó de forma ininterrumpida pudiendo estar en poco menos de 45 minutos en el centro de Madrid. Junto a ello, el desarrollo con normalidad y gran puntualidad de los conciertos, midiendo muy bien el sonido correspondiente de cada escenario, convirtió la experiencia en el festival en algo de lo más positivo, lejos de todo el caos mostrado en ediciones pasadas.

Dentro del ambiente general vivido dentro del recinto hay que destacar la variedad del público asistente, encontrándonos con una media de edad más elevada que en los festivales nacionales, a la par de comprobar como es el paraíso por naturaleza de todos aquellos influencers que arriesgan al máximo con sus outfits. Toda esta imagen que rodea al evento, a la que notablemente contribuye su noria, propició que el acceso a las primeras filas de la mayoría de los conciertos fuese de lo más plácido. Esto a la postre acabó demostrando como el Mad Cool no es solo un festival de música, sino una estampa bastante viva de un modelo basado en la influencia de las redes sociales y el capturar el momento preciso. Entrando en lo que nos acontece a nosotros, que es lo vivido en los conciertos, comenzamos con el repasado de las tres jornadas centrales del festival.

 

JUEVES

Comenzamos la jornada del jueves con La Dispute a pleno rendimiento en el tercer gran escenario del festival. Sin embargo el bochorno existente a aquellas horas de la tarde impidió que tanto los fans como la propia banda poco a poco fuesen menguando sus fuerzas. Ante un sol de justicia, los norteamericanos fueron capaces de mostrar tanto su lado más suave y melódico como aquellos momentos en los que es preciso tirar de su característico grito comedido como ocurrió en la magnífica interpretación de ‘For Mayor in Splitsville’. En definitiva, un directo que supo a poco dadas las circunstancias debido a lo grande que se quedó en líneas generales el escenario.

Poco después de terminar el directo de La Dispute, decidimos apostar por una línea con algunas similitudes como fue la mostrada por Foxing. Con la grata sorpresa que causó su inclusión en el festival dentro de su gira europea, los de St. Louis desplegaron al máximo sus cualidades de chicos tristes que hacen canciones esperanzadoras. Midiendo muy bien los tiempos y los necesarios momentos de ruptura, su directo estuvo marcado por la capacidad que poseen para recrearse en todas aquellas canciones que buscan un claro camino luminoso. Sin olvidarnos de la habilidad mostrada por su vocalista Conor Murphy a la hora de aderezar alguna que otra melodía con la trompeta, el carácter emo del grupo hizo acto de presencia de cara al final del directo para transmitir una mayor personalidad.

La noche poco a poco iba cayendo, llegando el momento de uno de los dos grandes cabezas de cartel de la noche como fue el caso de Bon Iver. Cabía la duda acerca de cómo encajaría su directo en un festival de estas características, algo que pronto de despejó al comprobar como la respuesta del público fue bastante tibia respecto a lo que se podría esperar de uno de los nombres grandes de la noche. El engranaje respecto a la etapa folk más clásica dentro de todos los experimentos vocales relacionados con su más reciente referencia, 22, A Million, no acabó de funcionar del todo bien, ya que la sensación general es que todos los temas pierden la pasión por el camino. Incluso buscando la épica en canciones como ‘10 d E A T h b R E a s T’ se notaba un cierto vacío, enfocando la actuación de una forma muy unipersonal, intentando que cualquier acto del propio Justin Vernon fuese lo que acaparase toda la atención en el escenario. Esto poco a poco acabó pasando factura, teniendo que tirar de momentos donde la emoción estaba asegurada como los correspondientes a ‘Blood Bank’. Incluso la rescatada ‘For Emma’ como bis quedó totalmente descafeinada y sumida en adornos innecesarios.

Después de la clara decepción de Bon Iver, el cuerpo pedía algo bien diferente, por lo que la mejor opción fue asistir a la carpa electrónica, donde Kaytranada ofreció una de las mejores sesiones de la noche. Lo que nos presentó el de Montreal se basó en una buena selección entre temas propios y ajenos, no dudando a la hora de tirar de clásicos de Janet Jackson o su faceta más chill con el ‘Kiss of Life’ de Sade. Intentando en todo momento que el ambiente del directo se mantuviese en un estado de moderada excitación, el público gozó de lo lindo cuando sacó a relucir su faceta más rítmica y relacionada con incorporar músicas del mundo, demostrando como temas del estilo a ‘Leave Me Alone’ siempre resultan de lo más infalibles. Una buena forma de caldear la noche sin perder los estribos a la hora de arriesgar en su propuesta.

La última actuación de la jornada del jueves estaba más que obligada con Vampire Weekend. El regreso del grupo a nuestro país bastantes años después despertó gran expectación, incluso teniendo en cuenta que coincidían en horario con The Hives y el DJ set de Disclosure. Ezra Koening y compañía demostraron que están en buena forma, ofreciendo un directo no con tanto colorido y aceleración como en el pasado, sino más bien evidenciando su ambición de ser una banda de lo más solvente. Alternando los temas de su reciente Father of the Bride con su clásico repertorio de hits, lograron una buena combinación a lo largo del setlist, provocando el punto de revuelo preciso en canciones como ‘Unbelievers’ o ‘A-Punk’. Por su parte, los nuevos temas como ‘Sunflowers’ fueron introducidos de una forma de lo más comedida, a través de unas melodías de lo más juguetonas que en directo resultan adornadas con un sentimiento festivo aún mayor de lo esperado. Por lo tanto, si se puede decir que Vampire Weekend cumplieron con su papel de cabezas de cartel de la noche.

 

VIERNES

La jornada del viernes comenzaba con un auténtico plato fuerte como eran los australianos Rolling Blackouts Coastal Fever, quienes continúan por medio mundo presentando los temas de su LP debut Hope Dows. A lo largo de su actuación sin lugar a dudas ofrecieron un auténtico recital de cómo moverse por el sonido jangle pop de una forma de lo más nerviosa, con melodías cargadas de una frescura muy palpable. La fuerte carga emocional que atesoran temas como ‘Bellarine’ o ‘Sister’s Jane’ no pasó desapercibida, evidenciando al mismo tiempo como la forma de llevar estas canciones al directo resulta de lo más sólida y totalmente conjuntada con todo el torrente de guitarras que atesoran. Recomendando a los asistentes hidratarse correctamente, el directo poco a poco fue llegando a su final con cambios de ritmo endiablados y el siempre buen sabor de boca que provoca escuchar una ‘French Press’ que posee todas las características que hacen al grupo único. Un auténtico lujo que esperamos que se vuelva a repetir no tardando por aquí.

A continuación nos tocó correr hacia el escenario principal, ya que Sharon Van Etten también ofreció un directo de lo más solvente, evidenciando como con la publicación de Remind Me Tomorrow se ha adentrado en una etapa de resurgimiento desde las sombras. Su directo estuvo lógicamente basado en las canciones de esta reciente entrega, dejándonos con una artista carga de confianza y con una puesta en escena rotunda. Todos los gestos corporales en la interpretación de temas como ‘Comeback Kid’ o ‘You Shadow’ evidencian como componer estas canciones ha sido una auténtica liberación, no ocultando al mismo tiempo una sonrisa a la finalización de las mismas. Alternando la cara más altiva de estos últimos temas junto con el intimismo y oscuridad que atesoran canciones del estilo a ‘Every Time the Sun Comes Up’, el concierto fue llegando a su final de una forma totalmente plácida, sintiendo como no hace falta una gran banda de rock para conquistar al gran público.

Después de Sharon Van Etten apostamos por un espectáculo bien diferente. Dejando de lado a Miles Kane resucitando a todas las bandas que han bebido de los Beatles a lo largo de estos años, Marina ofrecía un show de lo más efectivista y muy adecuado al formato festivalero. Con todas las canciones grabadas salvo la parte vocal, la griega derrochó coreografías ensayadas al milímetro y vestimentas de neón junto a sus cuatro acompañantes. Su resurgimiento entorno al pop más comercial ha resultado ser todo un acierto, demostrando cómo es posible agitar sus propias canciones mediante un espectáculo cargado de animación. Con una voz inmaculada y el halo de protagonismo en el escenario centrado totalmente en su figura, Marina no se olvidó de temas tan lanzados al optimismo ideal como ‘Enjoy Your Life’ o la siempre rompedora ‘How to be a Heartbreaker’. Actuación de lo más disfrutable donde sin lugar a dudas no solo primó el apartado musical.

Saltando los grandes nombres, una de las actuaciones que más esperábamos del festival era la de los jóvenes británicos Black Midi. La banda que recientemente acaba de publicar su primer LP Schlagenheim demostró como en directo son incluso capaces de mostrar un carácter más alucinado y rompedor, ofreciendo un directo cargado de complejidad interpretativa y derroche de energía. Encontrándonos ante mil y un recovecos posibles entorno a unas canciones que en todo momento resultan una montaña rusa, la coherencia resulta alcanza precisamente por emplear las mismas técnicas en canciones diferentes. Con unas guitarras que en todo momento apuntan hacia una dirección de art punk, pero por momentos intentando adentrarse en una nebulosa ruidosa más plana, el cuarteto demostró ser la rara avis del festival. Siendo la carpa el lugar perfecto de su actuación, el escaso público congregado disfrutó al máximo de una propuesta rompedora y con un gran largo recorrido por delante.

Continuando con el transcurso de la noche, la última para efectuada fue con una banda de gran envergadura como The Smasing Pumpkins, demostrando como la veteranía es todo un grado. Su paso por el festival fue de lo más convincente, trayéndose consigo un montaje de lo más llamativo consistente en tres muñecas similares a unas matrioshkas que poco a poco se fueron transformando hacia un lado oscuro. Sin ningún tipo de presión a la hora de presentar temas, lo de Billy Corgan y los suyos fue una auténtica lección de canciones de rock ásperas y melodías incisivas. Tanto en su versión más entregada al fervor grunge con temas como ‘Solara’ como en su cara más enigmática reflejada en ‘Disarm’, la banda supo cómo marcar al máximo sus muros de sonido implacables. A destacar a lo largo del directo, nos dejaron con momentos realmente maravillosos y cargados de emoción como la interpretación de ‘1979’ y ‘Today’, logrando de forma definitiva que el público pudiese corear ambas al unísono.

 

SÁBADO

La jornada que clausuraba esta edición del festival arrancaba con la propuesta de una Lala Lala que debutaba en nuestro país. Lillie West y su banda supieron transitar a la perfección entre un formato de pop cristalino y un grito más aguerrido con el que enfatizar algún que otro estribillo mucho más tensionado. De esta forma no faltaron temas tan livianos como ‘Water Over Sex’ o una ‘Spy’ en la que demostró como lo suyo también está relacionado con las influencias noventeras más entusiasmantes. Avanzando a lo largo del directo con algún que otro problema de sonido, los momentos en los que las guitarras ganaban protagonismo fueron sucediéndose hasta desembocar en una final ‘Destroyer’ con la que nos dejó con ganas de más. Ojalá tenerla por aquí no tardando en un concierto de mayor duración y un escenario con aún más cercanía.

La segunda parada de la tarde corrió a cargo con un regreso de lo más esperado como era el de Gossip. La banda norteamericana liderada por la icónica Beth Ditto en directo sigue siendo igual de impecable que siempre, alternando entre los ataques más propios de la música disco soul y esa intrínseca vena punk de Beth. A lo largo de su actuación no tardaron en caer temas destinados a conducirlo todo hacia la euforia como fue el caso de ‘Move in the Right Direction’ o ‘Get Lost’, sacando a relucir como el grupo ha logrado llevar su carrera por unos caminos de lo más personales. El directo por supuesto estuvo marcado por la actitud irónica de una Beth que no dudó en mostrar su timbre vocal más desgarrador para ganarse al público con alguna que otra broma, terminando el concierto sin la peluca negra que llevaba y luciendo su pelo natural. Entre esta anécdota y la poderosa interpretación de ‘Heavy Cross’ llegó el final de uno de esos conciertos necesarios en todo festival.

Con ganas de un concierto de guitarras mucho más garagero, Parquet Courts ofrecieron lo que los fans esperan de ellos, llegando a la carpa para alternar entre su crudeza punk y una batería de nuevos temas donde el apartado rítmico acaba por ser el protagonista. Con una arrolladora ‘Total Football’ que abrió un camino fulgurante hacia ese apartado de guitarras endiabladas y una línea de bajo que vive una auténtica catarsis melódica a lo largo del directo, los neoyorkinos se coronaron como claros vencedores en el apartado guitarrero del festival. Incluso pese a los graves problemas que sufrieron cuando se desconectó el sonido en ‘Dust’, el segundo tema del directo, no tuvieron ningún problema para seguir desarrollando carisma y compromiso con la particular rabia que contienen sus temas. A lo largo de su actuación por supuesto no faltaron temas tan celebrados como ‘Borrowed Times’, respondiendo el público a las mil maravillas sin parar de corear el nombre del grupo entre canción y canción.

Tras la larga actuación de The Cure, la noche llegaba a su momento álgido con el directo que ofrecería Robyn. Coronándose como la actuación más memorable de todo el festival, la sueca nos entregó un directo de gran calado, donde todas las facetas acompañaron para que el público también se entregase a la causa. Presentándonos una puesta en escena con unas telas blancas que poco a poco fueron desapareciendo de la parte superior del escenario, la performance realizada a lo largo de todo el directo acompañó a perfección a aquel sentimiento de música para llorar en las discotecas que transmiten sus canciones. A lo largo de toda esta gira de presentación de Honey, las canciones parece que son interpretadas con un punto más de brillo, intentando conducirlo todo por unos caminos de lo más placenteros. La gran banda que trae consigo, basando el directo en una buena combinación de sonidos sintéticos y orgánicos, propició que todo adquiriese aún mayores aires de fiesta ochentera en un particular paraíso.

Comenzando de la forma más solemne posible con ‘Send to Robin Immediately’, poco a poco la artista exhibió su repertorio de bailes frenéticos y casi imposibles, reflejando al mismo tiempo su divertida personalidad. A partir de ahí el directo siguió in crescendo, incorporando un bailarín capaz de fusionar el flamenco con danzas de corte más orientales para que canciones como ‘Love is Free’ impresionasen de lleno. Sin faltar el momento total de comunión con el público en ‘Dancing on My Own’, ni el lanzamiento de rosas por parte de la artista al público de las primeras filas, a bien seguro estas estampas del directo permanecerán en nuestra cabeza por mucho tiempo. A esto hay que unirle el estar acompañado por la persona más especial posible para entender todo lo que suscitó este directo.

El cierre definitivo del festival corrió a cargo de una banda muy propicia para ello como son Years & Years. Olly Alexander no paró de derrochar simpatía a lo largo de su directo, ofreciéndonos una imagen de delicadeza a la par de demostrarnos como de forma definitiva ha encontrado un carácter muy identificativo a la hora de moverse encima del escenario. Encontrando en la estética futuro japonesa el hilo conductor del directo, al igual que sucede en su segundo LP Palo Santo, el directo fue ganando poco a poco un carácter más indómito logrando que canciones como ‘Desire’ o ‘Karma’ alcanzasen su máximo esplendor. Con un momento destinado a deslumbrar sobremanera, el tema que da título a su segundo trabajo fue interpretado desde una plataforma elevadiza, logrando de este modo el punto acrobático de la noche. Un toque de atrevimiento a un espectáculo que ya de por sí resultó de lo más completo.

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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