Crónica

Donostia Kutxa Kultur Festibala 2014

Kutxa Kultur Festibala

05/09/2014 - 06/09/2014

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El Kutxa Kultur Festibala volvió a cautivar a todos los asistentes al monte Igeldo a lo largo del pasado fin de semana, tanto a los primerizos como a los que habían asistido en anteriores ocasiones a la cita. El tiempo acompañó y el espectáculo musical combinado con el envidiable paisaje que presenta el alto donostiarra logró atraer a un variopinto público de todas las edades. Desde familias en busca de un día diferente en un antiguo parque de atracciones hasta los que nunca eluden las citas musicales destacadas de su ciudad. Un crisol de personalidades atraídas o no por la música que tiene como resultado el concepto de festival europeo al que no estamos muy acostumbrados a ver por aquí. Pudiendo disfrutar de todos los conciertos sin agobios y desde lugares muy diversos, la cuarta edición del festival supo conjugar a la perfección propuestas más exclusivas junto con otras propias de la habitual maraña festivalera. Un festival que sabe aprovechar muy bien las posibilidades de su entorno y los recursos de los que dispone a la hora de confeccionar su cartel. Vamos, lo que debería ocurrir en todos los lados para que un evento sea viable y de calidad al mismo tiempo.

Comenzamos repasando lo que ocurrió en la tarde del viernes, cuando los rayos de sol incidían con fuerza sobre el recinto y la afluencia de público era bien escasa. Grises tuvieron la misión de abrir el escenario principal y animar a los allí presentes. Tras girar todo el verano en los festivales peninsulares, les llegaba la hora de jugar en casa y hacer valer sus bazas en directo. Su concierto en el Kutxa Kultur estuvo marcado por la combinación de los temas de sus dos últimos trabajos junto con el carácter que siempre intentan ponerle en directo. Synth pop resultón y de letras enigmáticas que atrae a buena masa juvenil pero que a las tres o cuatro canciones rompe todo tipo de sorpresa inicial. Algo muy diferente, con influencias también claras pero mucho más enfocadas hacia el pop de color rosa, nos encontramos con Bassmatti y Vidaur. Con la ayuda de sus guitarras y grabaciones de arreglos varios, desgranaron los temas que contiene su primer trabajo Melodías Concertantes. Canciones certeras sobre amor, melancolía y conversaciones con una taza de café delante. El encanto norteño de su música desplegó su máximo esplendor en un lugar como aquel, metiéndose en el bolsillo a más de uno con canciones como ‘Dj Invitado’.

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Aún no era de noche, ni mucho menos, pero Toy hacían su aparición en el escenario para intentar hacer que la luz se volviese cuanto menos algo más tenue. Ataviados en un riguroso negro, a excepción de su teclista Alejandra, hicieron que su hipnótica propuesta fuese más que convincente, ofreciéndonos uno de los conciertos más disfrutables del festival. Toda la maraña de intensas distorsiones de su último trabajo en directo se transforma en algo más accesible sin perder su esencia guitarrera. Arrancando con ‘Conductor’, el tema instrumental que abre su último trabajo, demostraron que podían hacernos caer cuando ellos quisiesen en algo muy siniestro y propio de gente cercana a Joy Division. Su lado más melódico y de riffs más limpios se mostró rápidamente con ‘Colours Running Out’, sonando mucho más directos que en sus grabaciones de estudio. Entre loops cada vez más desmesurados y una perfectas y oscuras armonías vocales, encararon el final del concierto con temas tan redondos como ‘My Heart Skips a Beat’ para rematar de la forma más frenética posible con ‘Join the Dots’.

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Mientras sonaban los últimos acordes de Toy, Sean Nicholas Savage comenzaba a mostrarnos su elegancia y envolvernos en su dulce tropicalismo. Acompañado únicamente de otro músico a la batería electrónica, nos ofreció una nueva lección de su particular genialidad, que tanto nos atrapa a algunos y que tanto repele a otros (creemos que será por envidia). El canadiense se conoce a la perfección cada acorde de su guitarra, sabe recrearse a la perfección en cada melodía y ofrecer ese especial falsete que para nada lo parece. Centrándose en la primera parte del concierto en su último trabajo, nos brindó momentos de auténtico boogie con ‘The Rat’ intercalados con cálidas melodías caribeñas en ‘Naturally’. Una amplia gama de beats reconfortantes y una colorida languidez que salía a relucir en cada momento del concierto. Así fue como el estribillo de ‘Bermuda Waterfall’ estremecía y causaba placer al mismo tiempo. Una combinación bipolar, difícil de lograr con tan poco. La recta final del concierto buceó en apartados más introspectivos y de aún mayor protagonismo vocal del canadiense de la mano de ‘Like a Baby’. No pudo cerrar de forma más desgarradora que con ‘She Looks like a You’, elevando al máximo la siempre ineludible parte escénica de su propuesta.

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Después de la intensidad emocional de Sean Nicholas Savage, las canciones de Lori Meyers nos sabían a muy poco. Sin embargo sus fieles seguidores disfrutaron como si no hubiese mañana de éxitos modernos y antiguos como ‘Planilandia’, ‘Luciérnagas y Mariposas’ o ‘Luces de Neón’. Los granadinos en todo momento se mostraron muy agradecidos por la buena acogida de su propuesta y emocionados por la belleza del emplazamiento. Seguramente fuese el concierto que más público congregó del festival. Con mucho menos público y en el escenario secundario, Natural Child ofrecieron destellos de todo el polvoriento y al mismo tiempo grasiento rock que contienen sus discos. Decimos destellos porque en prácticamente ningún momento del directo la banda parecía metida de lleno en su papel. Canciones de su último trabajo como ‘Don’t The Time Pass Quickly’ fueron las que realmente empezaron a desatar bailes de todo tipo entre las primeras filas del público. Muy formales en la ejecución, sin salirse del guion establecido, nos brindaron los momentos más emocionantes del directo con sus canciones más lentas como ‘Don’t Wake the Baby’. Cumplieron con su papel pero nosotros nos esperábamos algo más épico.

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Cerramos la noche con la banda que se suponía ser cabeza de cartel: The Wombats. El conjunto británico ofreció un concierto entretenido en el que rápidamente nos dimos cuenta de cuáles eran sus mejores cartas sobre la mesa. Guitarras hipervitaminadas unidas a sintetizadores que introducían cada uno de los temas, todo ello redondeado con estribillos que invitan rápidamente a los coros como fue el caso de ‘Our Perfect Disease’. Entre estos parámetros se desarrolló un concierto en el que poco a poco los músicos se encontraban más motivados, no parando ningún momento quietos sobre el escenario e invitando al baile en ‘Techno Fan’. Bromeando sobre si algún día su tercer trabajo verá la luz, nos presentaron dos temas nuevos como fueron ‘Animals’ y ‘Your Body is a Weapon’. Muy en la línea de techno pop a la que nos tienen acostumbrados. Cerraron como no podía ser de otra forma con su gran hit ‘Let’s Dance to Joy Division’ y empapados en tequila debido a la despedida de su tour manager Sarah en el que era su último directo a su lado.

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El sábado se presentaba como otro día heterogéneo, muy apto para nostálgicos de los sonidos psicodélicos de la mano de Jacco Gardner o también apropiado para los que quieren comprobar a que suenan los Planetas en directo en pleno año 2014. Comenzamos la tarde con Ínigo Cabezafuego y sus músicos, presentándonos las canciones que aparecerán en su primer trabajo en solitario Camina Conmigo. Temas cargados de acidez e ironía en torno a la etapa de los 40 mezclados con influencias de rock americano muy agradable. Algo diferente que en ningún momento peca de ostentoso y siempre provoca una buena sonrisa. Afinados los tres músicos en el escenario Red Bull, los comentarios que introducían entre canción y canción también fueron muy acordes al contenido de los temas. Hasta los problemas capilares de Floren (creemos que quiso decir J) también estuvieron presentes. Cerraron con ‘El Traje del Emperador’ dejándonos una muy buena impresión.

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Acto seguido llegaba uno de los momentos que más esperábamos del festival y es que The Pains of Being Pure at Heart regresaban por tercera vez a Donostia para revisar sus grandes hits e introducirnos las canciones de su último trabajo Days of Abandon. Con una banda renovada que incluye a los hermanos Christophe y Anton Hochheim junto a la corista Drew Citron y Jacob Sloan, ofrecieron seguramente el concierto de sonido más limpio de todos los que les hemos visto hasta el momento. El giro dado en su último trabajo hacia el pop escandinavo de tonos pálidos, en directo se matiza con unas canciones más elaboradas y repletas de matices. Arrancando con ‘Until The Sun Explode’, comenzaron a explorar su vertiente más guitarrera, todo ese fondo fuzzy que han ido acumulando a lo largo de los años. Escogiendo muy bien cuando introducir los nuevos temas, no se dejaron en el tintero ‘Simple and Sure’ y la motivante ‘Eurydice’. El no muy abundante público poco a poco se iba metiendo más de lleno, mientras que Kip y compañía soltaban sus mayores trallazos con ‘Come Saturday’ y ‘Young Adult Friction’. Dos de los mayores himnos de su discografía que aúnan distorsión y melodías juveniles a partes iguales. El concierto no podía acabar sin su tema homónimo, ese en el que corean la bonita premisa de “We Will Never Die”. Tras creernos que realmente habían finalizado su concierto, regresaron ‘Belong’ y la despedida final. Los nuevos Pains cumplieron con creces y ofrecieron un concierto sin ningún altibajo.

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Después de los Pains, llegó el turno de Perro en el escenario Red Bull. Su original y atrevida propuesta basada en combinar melodías de baja fidelidad, ritmos contundentes y guitarras desaliñadas, tuvo como resultado otro concierto de carácter festivo, congregando a una buena multitud. Las canciones de su segundo trabajo Tiene Bacalao, Tiene Melodía, en directo adquieren aires más convulsos que provocan que nadie pare quieto. Canciones como ‘Marlotina’, por fin adquirieron completo sentido entonando ese grito de “Valeri Karpin” en la ciudad que desarrolló la mayor parte de su carrera futbolística. Agitando también a las masas llegaron El Columpio Asesino para centrar su propuesta en los temas de su último trabajo. Arrancando con ‘Babel’, los navarros trasmitieron en todo momento esos tenebrosos pensamientos que contienen sus temas. El protagonismo adquirido por Cristina en el estudio, también se materializó en un directo donde ella es la gran protagonista a los mandos de la batería electrónica. Elegancia junto con ese punto de femme fatale que siempre le ha acompañado para que canciones como ‘Ballenas Muertas en San Sebastián’ suenen muy afiliadas. Echando mano a sus temas más populares en el tramo final del concierto, supieron llevar a la perfección al público a su terreno.

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Sin lugar a dudas, uno de los momentos más destacados del festival tuvo lugar en el Teatro Abandonado, lugar escogido para que Kokoshca ofreciesen dos conciertos inolvidables y arrolladores. Primero de todo, pongámonos en situación. El Teatro Abandonado es una especie de sótano con capacidad para 60 personas, aún más decadente que el propio parque de atracciones, decorado con unas cuantas plantas, luces de colores tenebrosas y una pianola con un muñeco que parece salido de la película La Casa de Cera. Con todos estos ingredientes, resulta muy difícil que un concierto de Kokoshca no resulte una experiencia reflexiva y a la vez reconfortante. Un clima extrañamente tropical en el que la voz y dulzura de Amaia y la batería de Álex recorrían cada rincón y destruían cualquier telaraña que hubiese. El set que escogió el grupo abarcó las canciones más inquietantes y fantasmagóricas de su discografía como ‘Hay una Luz’ o ‘El Péndulo’, uno de los temas más polvorientos que sonaron. Un fondo brumoso que acompañaba a la perfección las estridencias de los teclados presentes en ‘Prefiero Golpes’. Con versión sorpresa de ‘Historia de un Amor’ de los Panchos, nos hicieron ver su capacidad para conseguir que cualquier canción se torne aún más amarga y doliente. Entre tantas tinieblas e historias del bosque, llegaron los momentos de alto impacto con ‘Directo a tu Corazón’. Seguramente hasta verla interpretada en directo, no me había dado cuenta del hit potencial que es. El fin de fiesta llegó con gran parte del público en el escenario cantando a pleno pulmón algo tan vigoroso como es ‘La Fuerza’ y toda una declaración de intenciones contenida en ‘No Volveré’. Un concierto que pasó de una atmósfera tormentosa a una épica en cuestión de muy pocos segundos y que nos dejó una huella muy grande dentro de este Kutxa Kultur.

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A la noche todavía le quedaba otro concierto de enorme belleza como fue el que ofreció Jacco Gardner en el escenario secundario. El holandés se presentó con su habitual banda más Frank Maston a los teclados para volver a teletransportarnos a una época de fotografías polaroid. Recorrió magistralmente las canciones de Cabinet of Curiosities a base de todos esos teclados vintage, guitarras apagadas y coros espirituales. Un concierto en el que el propio Jacco se sentía muy emocionado por todo lo que podía percibir desde el escenario. El sonido de las olas lógicamente no llegaba a Igeldo, pero ese efecto tan anestesiante que contienen temas como ‘Summer’s Game’ nos puso en nuestra cabeza el agua chocando contra las rocas. En cambio otros como ‘House on the Moon’ tuvieron un efecto más espacial con una distorsión de voz perfecta. Tampoco faltaron momentos emotivos y de carácter ciertamente infantil como ‘The Ballad of Little Jane’. Un ambiente agradable y relajado que aprovechó el bueno de Jacco para introducirnos dos nuevos temas que estarán en su próximo trabajo que verá la luz en 2015. Precisamente después de este directo, el último de su gira estival, entrará al estudio a grabarlo. Dejando cada vez más rienda suelta a la guitarra de Ben, la banda se adentró en la fase final del concierto ofreciéndonos una visión más roquera, algo así como despertarnos de un sueño para llevarnos a otro más intenso. Esperemos que nos siga haciendo disfrutar tanto en próximos directos y grabaciones.

El punto final del festival lo pusieron unos Planetas que al igual que hicieron en el Sonorama pecaron de un repertorio monótono hasta bien llegado el tramo final del concierto. Por el contrario, el público festejaba cada comienzo de tema reviviendo sus bonitos años 90. El momento álgido de su actuación se alcanzó cuando J le dedicó al desaparecido Pedro San Martín ‘Toxicosmos’, brindándole un bonito recuerdo a la que fue una de las figuras musicales más activas de la ciudad. Soltando su mejor baza al final, demostraron que siguen viviendo de las rentas y que poco parece importarles a ellos y a sus fans.

Fotografía de Kokoshca a cargo de @foteropanico
Resto de fotografías y crónica a cargo de Noé Rodríguez Rivas
Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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