Crónica

Primavera Sound 2017

Jueves

01/06/2017

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La edición diecisiete del festival barcelonés concluye con otro histórico pleno de asistencia, unas 200.000 almas se dejaron ver por el Parc del Fórum en los tres días de conciertos; unos datos que solo hacen confirmar que lejos de apagarse, al festival barcelonés aúnle queda mucha mecha. 

Una edición que ha supuesto la consolidación del Primavera Bits (antes Beach Club) ubicado en Sant Adriá del Besós y conectado por el festival madre mediante la pasarela que corre bajo la placa fotovoltaica y que más de uno ha maldecido al no prever lo lejos que queda. Cabe preguntarnos qué sentido tiene añadir este festival dentro del festival cuando prácticamente se impone la elección de asistir a uno u otro, por lo que no descartamos que tome entidad propia y despegue definitivamente como un festival independiente. 

Ha sido también la edición de los conciertos sorpresas, de estar pegado al móvil para conocer quién se escondía tras la cortina de cada de uno de las seis actuaciones anónimas, de llevarte incluso la actuación a tu casa (¿a alguien le tocó?)  bajo la propuesta de Primavera a Casa Teva. 

Pero a todas estas novedades se le suma una más importante: cierto cambio generacional. La horquilla de 20 a 30 y pocos años (mayoritaria) está cada vez más representada por extranjeros, el público patrio/local abarca el segmento comprendido de 30 para delante, es decir, los que iban al festival han seguido viniendo pero no ha habido un recambio generacional propiamente dicho, éste ha venido de fuera. 

Tampoco hemos de pasar por alto el affaire Frank Ocean, todo un magazín folletinesco que supuso la vuelta a la circulación de una buena cantidad de abonos cuando desde hacía semanas estaba colgado el cartel de sold out. 

Con todo, han sido tres días increíbles, llenos de buena música, de gente pasándoselo bien (me quedo con las caras de felicidad de la primera fila de Teenage Fanclub, la mejor publicidad posible), de purpurina a raudales ( caras, brazos, torsos, todo valía), de buen tiempo (ahora sí que sí) y de grandes conciertos que se suman a la memoria del festival. 

Y para no deprimirnos, ya solo queda ir pensando en el próximo, en hacer las quinielas de quiénes vendrán, quiénes repetirán, quiénes cancelarán y preguntarnos si este año se aplicará nuestra querida rebaja en el IVA cultural. Veremos. Rubén

KEVIN MORBY  (Heineken) 

Con el sol aún en la platea, el tejano Kevin Morby inauguraba el escenario Heineken con un show que encajaba perfectamente a esa hora de la tarde.

Ataviado con un traje blanco decorado con  notas musicales y haciendo publicidad de su último disco con su título ribeteado en el faldón de la chaqueta, el ex Woods salió al escenario casi con la certeza de (ya) tener al público en el bolsillo. 

Y motivos no faltaron para olvidar su labores de bajista en su banda emérita: rock de corte clásico, con un ojo puesto en Bob Dylan y otro en Lou Reed; pero adaptando las tonadas setenteras a un discurso actual, bien arreglado, que hace que City Music suene personal y no a pastiche o que te ardan las piernas con ‘I have been to the mountain’. 

Sin obviar la versión de ‘Rock and Roll’ de Lou Reed ( si es que la cabra tira para el montr), mención especial para la bonita ‘Destroyer’, con Morby al teclado preguntándonos: ‘Have you seen my lover/with her long blonde hair’?, y que tenga seguro que la vimos mientras él la cantaba. Rubén

MISHIMA (Ray-Ban)

Entre tanto grupo y artista en donde elegir, decidimos dejarnos caer a media tarde por el soleado escenario Ray-Ban donde los locales Mishima acababan de empezar su concierto. Avalados por sus años y años de experiencia y jugando en casa, estaba claro que la banda de David Carabén daría la talla y no defraudaría a los fans que se apiñaban fieles frente al escenario. La banda aprovechó la ocasión para tocar algunos de los temas de su recién estrenado álbum Ara i Res; temas que encajaban a la perfección a esa hora y que se complementaban con los ya convertidos en hits como ‘Els vespres verds’, ‘Llepar-te’ o ‘Tot torna a començar’.

La energía de las guitarras y la presencia de Carabén como conductor del concierto consiguieron captar la atención total de unos espectadores más que entregados. A la vez, conseguían crear una atmósfera de intimidad y cercanía con el público, un público que coreaba los estribillos más conocidos de la banda. El ritmo del concierto no cesó en ningún momento, hubo lugar para los temas más relajados y para la intensidad instrumental consiguiendo crear un concierto de lo más coherente y apetecible. Júlia

ALEXANDRA SAVIOR (Pitchfork)

Curiosidad es lo que sentíamos al dirigirnos al pequeño escenario Pitchfork para ver a la estadounidense Alexandra Savior, una de las que ya catalogamos como promesas dentro del panorama musical. Ataviada de forma discreta y de lo más sencilla, aparecía con una actitud algo tímida frente al público para empezar a desplegar una voz que pronto se nos haría totalmente hipnótica. De raíces americanas pero ‘apadrinada’ por Alex Turner, nos dimos pronto cuenta de que su sonido tenía un leve parecido con el mundo de ensoñación que nos ofrecía Lana del Rey en sus inicios pero sin tanta pomposidad.

Con una voz melosa y envolvente, Alexandra Savoir iba desgranando los temas de su primer trabajo, ‘Belladona of Sadness’ de manera firme y muy bien ejecutada. Se notó que algunos de los temas ya habían calado entre el público, como ‘Mirage’, tema que le sirvió como carta de presentación. Savior adoptó a lo largo de todo su concierto una postura algo hierática y quizás desganada que no acabó de enganchar del todo con el público. Aunque suponemos que forma parte de esa imagen de timidez angelical, acabó convenciéndonos para seguir su pista en un futuro. Júlia

BROKEN SOCIAL SCENE (Ray-Ban)

La banda que pudo triunfar, la banda que pudo (en algún momento) haberle rebatado las mieles del éxito a Arcade Fire (que, ironías de la vida, estaba a punto de tocar su show secreto), la banda de los mil y un componentes y la banda que nos hizo olvidar al matrimonio Win y Regine esa tarde.  

El comienzo no pudo ser mejor, ‘Cause=Time’, interpretado por un Kevin Drew que peina ya canas (en la barba) y secundado por su fiel Brendan Canning (algo más  delgado y demacrado), y acompañados por todo un grupo de amigos entre los que destacó la recuperada Emily Haines, que lució su body de colorines mientras interpretaba la preciosa ‘Halfway home’. 

Es difícil elegir un momento de todo el concierto, pero escuchar ‘Almost Crimes’ en la voz macerada de Drew mientras Haynes daba la réplica y adornada por un dúo  de trompetas y un saxo, todos en perfecta armonía; todos al mismo trote; y es que  en realidad es eso que demostraron esta tarde: ser solo un grupo de amigos que se lo estaban pasando bien.  Rubén

ARCADE FIRE (Unexpected Primavera)

Glass Animals era uno de nuestros próximos objetivos pero el destino y, digamos la verdad, la casualidad de estar atentos a Twitter en este instante, hicieron que descubriéramos la existencia del pequeño escenario donde en breves aparecerían los mismísimos Arcade Fire. Llegamos corriendo justo a las 20:30 para colocarnos lo más cerca posible; un escenario a modo de cuadrilátero albergaba ya a todos los componentes de la banda canadiense que justo empezaban a entonar las primeras notas de la esperada ‘Everything Now’. Emoción y excitación es lo que sentimos en ese momento; el tema era totalmente lo que esperábamos, un absoluto himno ya a escasas horas de su existencia, una verdadera genialidad de la banda que una vez más consiguió sorprender a sus fans. Durante el rato que duró el concierto sorpresa, Arcade Fire desplegaron una retahíla de hits como ‘No Cars Go’, ‘Reflektor’, ‘Ready To Start’ o ‘Afterlife’. Un regalo para los oídos. Júlia

THE AFGHAN WHIGS (Ray-Ban)

Casi de puntillas entró Greg Dulli en el escenario Ray-Ban entonando los primeros compases de ‘Birdland’ mientras un ligero manto de humo ocultaba el resto del escenario; solo le acompañaba su voz (y qué voz) y su guitarra a los que se le sumarían el resto de la banda para dar forma a uno de los setlist  más recordados de la primera jornada del Primavera. 

Algo metido en carnes, el de Cincinnati, acometió cada uno de los quince temas con verdadera rabia, con su garganta prendida en queroseno  pero a la que sabe echar el lazo sabiamente para no caer en el histrionismo, quizás contagiada de  las sesiones con Mark Lanegan. Con especial atención a su último trabajo In Spades ( Sub pop, 2017), del que interpretaron ‘Arabian heights’, ‘Demon profile’, ‘Toy automatic’, entre otras, pero sin menospreciar las piezas más clásicas que todo estábamos esperando como ‘Debonair’ o ‘Gentleman’, que dedicó a su guitarrista David Fosser, diagnosticado con un cáncer de colon. 

El tramo final con ‘Something hot’ y ‘Faded’ con la tarima a rebosar de músicos (contamos hasta nueve músicos, entre ellos un violín, una trompeta y un saxo) fue de aúpa, una verdadera lección de rock perpetrada por una banda en pleno estado de forma. Uno de los conciertos de esta edición, sin duda.  Rubén

SLAYER  (Mango) 

La inclusión de propuestas más duras en línea artística predominante en el festival no está exenta de polémica. Personalmente yo aplaudo la inclusión de alternativas (de calidad) a la línea mayoritaria del festival,  rock pop de cuño indie, y gracias a ello hemos podido ver a bandas de la talla de Mayhem, Venom o Motörhead, el problema viene cuando el público se toma a la banda como un exotismo y ahí se puede acabar la gracia. Y es que fue un poco de vergüenza ajena observar los cuernos alzados por devoradores de Vice vestidos de American Apparel y cómo se formaba un pogo en las primeras filas por gente que no sabe ni cómo se llama eso. Todo muy impostado, todo muy artificial. Pero, polémicas aparte, la actuación de Tom Araya y los suyos fue un verdadero puñetazo a todos los que nos dejamos ver por allí. Sin dar tregua, los de California iniciaron su actuación con ‘Repentless’,

incluida en su último trabajo homónimo y dejaron clarito que es lo que nos íbamos a encontrar: doble bombo a piñón (Paul Bostaph), duelo de guitarras (Kerry King y Gary Holt) y la voz cavernosa del gran Tom Araya, quien se arrancó con un español macarrónico al público, producto de sus orígenes chilenos. 

El repertorio fue un auténtico regalo para los fans, un verdadero repaso a su etapa clásica, aquella que arranca en ‘Show no mercy’ y termina en ‘Season in the Abyss’, con clásicos como ‘Mandatory Suicide’, ‘ Dead skin mask’ o ‘War Ensemble’, todas ellas ejecutadas a pleno gas y sin arruinar ni una nota.  

El final con ‘Raining Blood’, ‘South of heaven’ y ‘Angel of death’ (espectacular escuchar ese Auschwitz, the meaning of pain en el escenario Mango) justifica la devoción a los matadores, que en vez de convertirse en una empresa se han convertido en una religión. Grandes.  Rubén

BON IVER (Heineken)

Caída la noche fue hora de acomodarse, sin prisas, sin empujones y bien sentados, así es como disponíamos el cuerpo y el alma para recibir los temas de Bon Iver. No esperábamos que el concierto fuera como el primero que vimos por allá 2012, esta vez con miles de personas que no parecían aportar nada de intimidad al asunto. A pesar de ello íbamos bien predispuestos a escuchar los temas del último álbum 22, A Million, temas que empezó a desgranar ya desde un principio, sin prisas pero sin pausas. Al contrario de lo que pensábamos, Justin Vernon y su banda consiguieron envolvernos en una especie de aura mística, ganándose el silencio y el respeto total de los asistentes, al menos desde donde podíamos apreciarlo nosotros.

Juego de luces y sombras, sonidos cada vez más sintetizados y abandono progresivo del folk intimista que lo caracterizó en los inicios, así se presentó Bon Iver durante gran parte del concierto. Llenó el escenario de una forma sencilla, sin pretensiones, gracias a una perfecta ejecución de la banda, sólida, con un sonido totalmente nítido y potente, inundando el espacio con la presencia y la voz de Vernon. La vertiente más electrónica consiguió convencer, pero a pesar de ello empezábamos a echar en falta algunos de sus viejos temas. Llegaron por fin en la segunda mitad de la actuación en la que nos regaló temas como ‘Perth’, ‘Holocene’ o ‘Calgary’, hasta que culminó el concierto con un esperado bis en forma de ‘Skinny Love’. Todo un regalo para los oídos escuchar la sensible voz de Vernon, presentándose solo en el escenario y entregándose por completo a la melodía de esta melancólica pero reconfortante canción. Júlia

APHEX TWIN (Heineken) 

Con él  nunca sabes si te vas a encontrar al genio o al niño gamberro, si su sesión será un disparate o una obra maestra, si te querrás ir después de los primeros minutos o si te quedarás hasta ver los títulos de crédito.  

Un poco de todo esto hubo en la sesión que se marcó el de Cornualles. Empezó con breaks de corte skrillexiano para avanzar a una suerte de intelligent techno  con interjecciones de reggaetón (sampleó el ‘Paleta’ de Wisin y Yandel) para ir retorciendo el sonido y poniéndoselo complicado al público con drill and bass incómodo, mientras que primeros planos de la primera fila iban fragmentándose, descomponiéndose en pixels ( toda una metáfora de lo que estaba sonando).

Sin satisfacer al público ni abrazar a los más nerds, Richard D. James se marcó toda una sesión, que más que pinchar parecía estar repasando el catálogo se estilos de la música electrónica de los últimos veinticinco años, toda una fiesta aderezada con unos espectaculares visuales que incluso presentaron caras reconocibles del mundo de la farándula patria: Javier Gurruchaga, Ferrusola e incluso Carmen de Mairena. Lo dicho, todo muy freak. Rubén

TYCHO  (Ray-Ban) 

La propuesta de Scott Hansen casaba perfectamente en la madrugada del viernes, con un anfiteatro con la almohada bajo el brazo que esperaba con ganas sus agradables  nanas sintéticas. 

Apoyándose en unos espectaculares visuales de acantilados, playas y olas, el de Sacramento ofreció un bonito (aunque escueto) recorrido por su discografía: ‘A walk’, ‘PBS’, del olvidado Past is prologue (Merck, 2006), ‘Horizon’ o ‘Epoch’, de su reciente trabajo homónimo. 

Cabe destacar cómo la música de Hansen ganaba enteros con la inclusión de instrumentos reales, como esa batería que cambiaba los beats por mandobles de baquetas, todo a favor de un IDM bonito, complaciente, que solo buscaba el deleite del público. Rubén

Redacción Mindies
Redacción Mindies

Los miembros de la redacción de Mindies amamos la música por encima de todas las cosas.

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