Crónica

Tomavistas 2019

Sábado

25/05/2019

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La jornada del sábado se inició de una forma muy madrugadora con Cariño. A esas horas el festival estaba totalmente inundado de familias con niños, evidenciando una vez más lo acertado de adoptar un modelo de festival más acorde con los horarios europeos de este tipo de eventos. Seguramente el concierto de Cariño fue una iniciación bastante buena al mundo musical por parte de los más pequeños, disfrutando de una propuesta puramente pop que ya sobrepasa con creces los límites del amateurismo que mostraba el trío afincado en Madrid en sus inicios. Sobre el escenario, ahora mismo transmiten completa soltura, a la par de notarse lo bien que lo pasan interpretando sus canciones. Mostrándose de lo más agradecidas hacia el público por haberse acercado al concierto a tan temprana hora, se puede decir que prácticamente no se dejaron nada en el tintero, incluso regalándonos un tema nuevo que continúa en la buena línea de melodías sencillas y concisas que han desarrollado a lo largo de su primer LP. Desde ‘Mierda Seca’ hasta ‘La Bajona’, el recorrido por todas las historias de amores rotos y personas dañinas en la sociedad resultó de lo más completa, pudiendo decir que Cariño por fin han despegado definitivamente.

Con el necesario impase para tomar el vermú, el siguiente grupo que no nos perdimos fueron Frankie and the Witch Fingers. A esas horas de la tarde el calor resultaba realmente agobiante, pero no fue ningún problema para encontrarnos con un público abundante amagando con el pogo en todo momento. La formación de Los Ángeles destacó por su garage primitivo y los movimientos de su frontman sin despegarse de la guitarra, teniendo la sensación de estar ante una banda muy cercana a ese tipo de frenesí que imprimen en directo bandas como Oh Sees. Su setlist también contribuyó a que no hubiese mucho momento para el respiro a lo largo de sus 40 minutos de actuación, alternando algún que otro inicio de canción más psicodélico pero turbulento junto con descargas guitarreras que llevaban las melodías en volandas. De esta forma, mereció mucho la pena acercarnos al segundo escenario y sentir de primera mano cómo el garage veloz y casi sin control resulta siempre de lo más acertado si la entrega también es máxima.

La siguiente parada de la tarde corrió a cargo de los neozelandeses The Beths, quienes sinceramente fueron la gran revelación del festival. Con una extensa gira europea a sus espaldas, la formación liderada por Elizabeth Stokes nos ofreció un concierto impecable, con su punto de noise pop muy bien suavizado a través de ese un espíritu jangle que relucía al máximo en las canciones de menores revoluciones. Así fue como pegaron un buen repaso a Future Hates Me, su primer LP donde no ocultan su pasión por las guitarras de los 90 y esa necesidad de que cada canción encierre una melodía de lo más apasionante. Abriendo el concierto con ‘Great No One’, el mismo tema que también abre su LP, sentaron las bases de sus apartados instrumentales de lo más efervescentes, donde su guitarrista Jonathan Pearce destacó sobremanera en la vertiginosidad de los punteos mostrados. Con una Elizabeth que en todo momento se esforzó por hablar castellano, el público cayó también de lleno en el bolsillo ante la simpatía mostrada, realizando vítores cada vez que esto se producía. Así fue como el concierto no decaía en ningún momento, más aún con una sucesión de temas tan perfectos como ‘Little Death’, ‘Uptown Girl’ o la maravillosa ‘You Wouldn’t Like Me’ con sus cambios de ritmo. En definitiva, el concierto soñado del festival.

Sin bajar el ritmo y conscientes de que le cuerpo nos seguía pidiendo buenas dosis de guitarras, el siguiente concierto que presenciamos corrió a cargo de Yawners en el escenario Jägermeister. Elena y Martín fueron directos al grano, mostrándonos como en directo su LP Just Calm Down también funciona como un tiro. De hecho, en el apartado en vivo es donde dan rienda suelta a una mayor euforia y logran que los temas adquieran un tono más envalentonado a la par de acelerado, todo ello muy bien ejemplificado en los gritos punk con los que Martín es capaz de adornar los temas. A lo largo de su actuación no duraron en recuperar a la primera de cambio clásicos como ‘Forgiveness’ o ‘Seaweed’, evidenciando como su setlist resulta de lo más sólido y completo, siendo capaces de transitar por un apartado más relacionado con mostrar al máximo los matices y cambios de ritmo encerrados en los temas. Este puede ser el caso de ‘A Funny Laugh’ o ‘I’m Not Gonna Miss You Anyway’, intentando soltar el pie del acelerador y dando paso a una perfecta concentración de toda la energía de la canción en los estribillos. Cerraron como no podía ser de otra forma con ‘La Escalera’, siendo el tema más celebrado con un estribillo que una vez finalizado el concierto seguía muy presente en nuestra cabeza.

Después de Yawners llegó uno de los platos fuertes de la jornada, ya que Carolina Durante tocaban en casa presentando su debut. La expectación y predisposición del público a disfrutar el concierto al máximo eran palpables desde que sonaron los primeros acordes de ‘Las Canciones de Juanita’, sintiendo muy de cerca como son una banda capaz de marcar generaciones.  Las nuevas canciones del grupo en directo siguen funcionando como un tiro, combinándose a la perfección con otros éxitos como ‘Necromántico’ o ‘En Verano’, todo ello enfocado siempre a plasmar y lograr transmitir momentos emocionales de lo más rompedores. Por ello el público no tardó en removerse entre las primeras filas, siendo frecuentes lo pogos y los crowd surfings durante toda la tarde, todo ello siempre movido por la sensación de éxtasis que son capaces de transmitir temas como ‘Perdona (Ahora Sí que Sí)’ donde nos encontramos incluso la mítica camiseta de Marcelo Criminal con el logo adaptado de Solán de Cabrás. Conscientes de que el momento era único, la banda a bien seguro se llevó una de las estampas más emocionantes que les ha ofrecido su carrera hasta el momento, sintiendo desde el público como lo suyo no pierde poder de emocionarnos por muchas veces que les hayamos visto.

Con más canciones resplandecientes llegó el turno para Terrier, otra de esas bandas que también jugaba en casa. Con la puesta de sol de fondo en el escenario, el cuarteto nos ofreció un concierto donde la energía rebosaba en cada canción, logrando una vez más que sus temas provoquen reacciones irrefrenables al mismo tiempo de hacernos sentir partícipes de lo ingenioso y espontáneo de sus letras. Centrándose lógicamente en su más reciente trabajo Algo Para Romper, el siempre buen juego de voces de La Duquesa y David destacó en todo momento, provocando que nuevos temas como ‘Vegana (Entre Semana)’ se hayan incorporado rápidamente a su historial de hits inmediatos. Sin renunciar tampoco a otros temas tan representativos como ‘Évoli’, el público de las primeras filas no logró contenerse y elevar sus puños al aire, ejemplificando muy bien el sentimiento corajinoso que son capaces de transmitir en directo. Por todo ello podemos decir que los años pasan muy bien tanto para los miembros del grupo como para sus canciones.

Cambiando totalmente de ambiente, Spiritualized salían minutos después del final de la actuación de Terrier al escenario. Con una disposición cercana a la de los miembros de una exposición en grupo de un trabajo de clase, Jason Pierce se sentó en su silla y comenzó a esbozar los primeros acordes de ‘Come Together’, provocando algún que otro delirio entre los fans más acérrimos del grupo. Cierto es que en este concierto pudimos ver como la media de edad aumentó considerablemente, al mismo tiempo que observamos como la afluencia de público no era tan masiva como en otros puntos de la tarde. Ofreciéndonos un directo de matices muy bien controlados pero sin apenas variaciones respecto a la versión de estudio, podemos decir que hubo fases más dispersas hacia la mitad del show, sintiendo como la perfección no lo es todo en esta vida. Así es como temas al estilo de ‘Let’s Dance’ o ‘Damaged’ caían poco a poco en la languidez excesiva, precisando de momentos más ruidosos y caóticos como ‘The Morning After’ para volver a despegar definitivamente. Quizás el viaje lisérgico que nos habíamos esperado anteriormente difirió bastante de lo que nos encontramos en directo, sin embargo tan solo por los coros tan esplendorosos que sonaban por encima de todo, ya mereció la pena asistir.

Algo totalmente contrario ocurrió con la actuación de Deerhunter, capaces de ofrecer uno de los directos más atípicos y al mismo tiempo memorables de la presente edición del festival. El espigado Bradford Cox salió al escenario con unos guantes de aviador que poco le duraron, justo el tiempo necesario para entrar en calor y transmitir un punto más crudo a los temas encerrados en su último trabajo Why Hasn’t Everything Already Disappeared? El directo que nos ofreció el grupo transitó por un rock de lo más cambiante, sumido en buena parte en una acechante oscuridad que únicamente se rompió en los temas de este reciente trabajo. La perfecta combinación entre guitarras quebradizas, que siempre buscan un punto noise, junto con unos teclados que al final acaban ganando más protagonismo del que cabría esperar, logró un ambiente que jugaba con la tensión y la relajación constante. Canciones como ‘Death in Midsummer’ fueron buenos ejemplos de ello, partiendo desde un cierto tono plácido para irse enrevesado y acabar con una guitarra de lo más liberadora. Del mismo modo la colección de clásicos donde no faltó la siempre conmovedora y espiritual ‘Desire Lines’ brilló sobremanera, abriendo de lleno la puerta de los recuerdos y fases totalmente sombrías del grupo. Cerrando con ‘Coronado’ y mostrándose muy agradecido al público, Bradford Cox logró una vez más que la esencia de sus canciones quedase totalmente patente en el concierto, poniendo de esta forma el broche de oro al festival.


Crónica a cargo de Noé R. Rivas y Lucía González Arboleya.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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