Crónica

Cara B 2020

14/02/2020 - 15/02/2020

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Por sexto año consecutivo, con la llegada de febrero, llega a Barcelona el festival Cara B en el recinto Fabra i Coats. Un evento que con el paso de sus ediciones se ha convertido en uno de los mejores escaparates de artistas emergentes -bastante alejados de la radiofórmula- tanto del panorama nacional como internacional de habla hispana. Este año, como ya viene siendo de costumbre, el cartel lucía auténticas joyas como lo podrían ser Soto Asa, los argentinos Ca7riel & Paco Amoroso, Locoplaya, el único concierto que darían El Mató a un Policía Motorizado en Barcelona, la locura internet de Luna Ki o el tremendo cumbión de Ortiga.

Si hay algo que se debe decir sobre este festival es que es un festival ordenado. Hay dos corrientes claramente marcadas. La tónica de cada jornada es tan evidente que se les podría llamar escena urbana o música para Zs y los de las guitarras o música para late millennials-early boomers. Y con esto ya podemos imaginarnos que el público y la energía de cada jornada va a ser diferente.

El considerado primer festival de la temporada de la península ha tenido lugar durante los días 14 y 15 de este mes lo cual hacía coincidir su primera jornada con San Valentín; la ocasión perfecta para mirar a tu alrededor cuando sonara ‘Enchochado de ti’ de Don Patricio y ver quien estaba pasando un día más jodido que el tuyo. Pero por lo general las expectativas para este primer día estaban muy altas teniendo en cuenta la locura que fue el año pasado ver a Cecilio G bajarse cabreado del escenario sin acabar el concierto o La Zowi sacando un tendedero al escenario para presentar ‘Ama De Casa’ junto a sus bailarinas.

VIERNES

La apertura del festival corrió a cargo del hip hop más tradicional de Erik Urano. Le siguió la propuesta ecléctica de Aleesha; quien demostró que, aún y encontrarse inscrita dentro de una escena underground, puede dar una propuesta de espectáculo cercana al de las estrellas del pop con una banda de bailarinas. La sala se empezó a llenar cada vez más con la llegada de Deva. La joven cantante venía de la mano del nuevo roster de artistas de Jägermeister, lo cual ya es de por sí una marca de confianza. Esta vez no solo trajo a su MC para que le lanzara las bases sino que en el escenario contaba con guitarrista y bajista, siendo totalmente arrolladora.

A las 21:15 llegó una de las propuestas más esperadas de la noche. Soto Asa venía a presentar su mixtape de reggaeton oscuro, La Cruz, que había lanzado a finales de diciembre. Y si el público parecía más o menos tranquilo, no tardó ni una canción en demostrar lo contrario. Lo que era una nave industrial se volvió en una auténtica pista de baile, como si de un momento a otro nos hubiéramos adentrado en un club underground orquestado por La Vendición Records. Soto Asa fue todo un éxito y los Zs lo laurearon pidiendo el primer bis de la noche.

Y cuando pensábamos que la noche no podía subir más vinieron los argentinos Ca7riel & Paco Amoroso. Si no los fuiste a ver en el Sónar del año pasado, aquí estaba la oportunidad perfecta. El dúo de Buenos Aires dio un espectáculo donde parecía transportarte a un universo distinto a cada canción. La energía era desbordante. Tan pronto te hacían un temita que nace del groove del funk como te daban una hostia con la agresividad del trap. El nivel de inputs por minuto en ese escenario era la auténtica demostración que etiquetar a un artista en un solo género, en la generación Z, ya no tiene sentido alguno.

Después de este derroche de energía, llegó Fanso (Cráneo y Lasser) para dejarnos bajar un poquito el ritmo de locura y centrarnos en su propuesta más analógica. Sin duda el gran momento de esta actuación fue cuando en el escenario apareció en el último momento Bejo, quien actuaría pocos minutos después, para presentar su nueva colaboración.

Esta primera jornada acabó con el grupo, por consenso general, más esperado de la noche. Locoplaya salió a demostrar que sus ritmos tropicales y vacilones son efectivos vayan donde vayan. Una propuesta que entrega al mainstream la música urbana. A estas alturas no podemos negar que su espectáculo es más cercano a un concierto de pop de los 40 Principales que a una sesión de Infierno. Y me parece bien. Que te tiren bollos, que hayan pelotas de playa y que Don Patricio cante ‘Contando Lunares’, era todo lo que esperaba de este show. Un espectáculo family friendly donde no solo pudimos disfrutar de hits como ‘Esa Carita Que Me Llevas’ y descubrir quién era Uge sino confirmar que aun y ser un trío cada uno defiende a la perfección su punto fuerte: Uge con su hip hop más tradicional, Bejo con sus punch-lines de locura en todas las canciones y Don Patricio siendo la carismática estrella del pop. Un cierre a la altura y energía de la jornada.

SÁBADO

El segundo y último día del festival sufrió un cambio radical en el público. Los jóvenes Zs de la jornada anterior -seguramente con resaca de la postfiesta en el Apolo- dejaron paso a una media de edad que rondaba los 40. Nostálgicos de la hegemonía del rock seguramente. La jornada la abrió Luna Ki. La promesa valenciana de la música irreverente post internet fue quizás la apuesta más sorprendente del festival. Aunque no fuera una experta en el escenario su espíritu punk combinado con esta estética de hada pseudohentai hacia que no pudieras apartar la vista. Chupitos a morro, mascarillas personalizadas y cantar ‘Septiembre’ combinada con ‘Estoy aquí’ de Shakira es un SÍ para mí. Porque qué cojones, sacó el temazo del año y merece clavarnos el piti en la espalda como le dé la gana.

Le siguieron Cariño, seguramente el grupo que dio más bolos en la península el pasado año. Esa fórmula entre no tomarse mucho en serio, tener el corazón roto en casi todas las canciones pero bailando siempre conquistó una sala mucho más llena que en la jornada anterior a la misma hora. Sus sucesores en el escenario dieron un giro de 180º al panorama. Derby Motoreta’s Burrito Kachimba le dieron como nadie a la kinkidelia. ¿Y qué os voy a decir? Pues evidentemente dieron un concierto increíble porque es de la única forma que los saben dar. Sacudieron a todo el público y demostraron porque en menos de un año han subido como la espuma.

Con el público bien arriba llegaron los sevillanos Pony Bravo. Y si es una tarea casi imposible ver a esta gente en directo, cuando se dejan ver, lo hacen bien. Le dieron al público lo que quería: ‘Noche de setas’, ‘Nazi’, ‘Político neoliberal’, entre otras, encandilaron a todos aquellos que llevaban meses, años quizás esperando para volverles a ver. Y entonces, a las 22:30 llegó el concierto más esperado, el bolo que todo boomer quería ver: El mató a un Policía Motorizado. Y la verdad es que tiene sentido porque nadie hace el indie rock para estar un poco tristes como ellos. Un concierto sin errores, de gente sintiendo muy fuerte, sin florituras. Son los reyes que te incitan a montar una banda de rock con tus colegas y con motivo. Ellos lo dieron todo durante el concierto pero el público quería más. Tanto que cuando ellos ya estaban fuera del escenario y la gente tomando el aire, ahí mismo, en la calle, sus fans se volvieron a cantar las mejores canciones a pleno pulmón porque hay conciertos que realmente no quieres que se acaben nunca y está claro que este era uno de ellos.

Llegando ya casi al final del festival, la sala estaba ya medio vacía -estaba claro que los argentinos eran el reclamo de ese día-, salieron Los Punsetes. Y es una pena para todos aquellos que se lo perdieron. Un proporción perfecta entre presentar su último álbum Aniquilación y los éxitos que los han llegado a ser una de las mejores bandas de este país. Ariadna, totalmente estoica, hizo que no se pudiera parar de bailar mientras que pensabas en ESA persona que no es de fiar.

El festival cerró de la mano de la cumbia galega de Ortiga. Que una cosa os voy a decir, si no lo habéis visto en directo, no sé a qué esperáis. Cada una de sus sesiones es la mejor verbena. Esta vez no solo se quedó en el escenario, ahí con su guitarra y su tabla de mezclas, sino que vino a cerrar el festival a pie de pista haciendo saltar a todo el mundo y enamorarnos un poco más de esas historias de corazón roto gallego. Ortiga es de lejos lo que quieres ver en un festival si quieres estar de fiesta con tus colegas.

En general el Cara B volvió a demostrar que sabe estar al día de las nuevas propuestas musicales. Y aunque se alejó estrepitosamente de las propuestas de guitarras jóvenes -comparado con el año pasado- para esta edición, demostró que las que ya están consolidadas nos siguen encandilando a cada canción. Con esta edición se cierra su presencia en el recinto Fabra i Coats y para esta nueva etapa solo podemos desear que sigan yendo a mejor como cada año.

Fotografías a cargo de Judit Trota

Eva
Eva
( evasefe )

Graduada en Comunicación Audiovisual sin haber hecho una película intimista de firma UPF. Movidas, música y miseria humana. No me toméis mucho enserio pero recordad beber agua.

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