Crónica

Donostia Kutxa Kultur Festibala 2017

15/09/2017 - 16/09/2017

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El Donostia Kutxa Kultur Festibala tenía una dura prueba por delante, trasladándose desde las idílicas vistas del Monte Igeldo a un nuevo recinto con un esparcimiento mucho mayor como es el hipódromo de Lasarte. Este nuevo recinto parece que ha conservado el encanto por los rincones poco inusuales para hacer conciertos, del mismo modo que ese aspecto a ratos decadente que tanto nos cautivó en Igeldo. Sin ir más lejos, nada más entrar nos encontrábamos con un parque con unos caballos de madera que parecían sacados de una película de Roger Corman. Detalles que parece que forman parte de la marca del festival y que sin ningún tipo de dudas ayudan a su diferenciación sobre cualquier otro evento que se pueda realizar en la ciudad y alrededores. El hecho de contar con muchas zonas verdes, más allá de la propia hierba de la pista central del recinto de carreras, resultó otro punto a favor siempre que no cayesen grandes trombas de agua. Este fue el gran elemento que dificultó sobremanera la logística del festival, embarrando buena parte del recinto y consiguiendo que la experiencia de ver algunos conciertos resultase lo más parecido a Glastonbury. Un inconveniente que en parte fue subsanado gracias a que el escenario secundario se encontraba instalado en una carpa de circo, que por muy endeble que pareciese desde el exterior, aguantó perfectamente todo tipo de embestidas climatológicas.

VIERNES

Las primeras horas de la tarde del viernes trascurrieron con una amenaza de lluvia que se tornó real, consiguiendo que tan solo los fans más acérrimos de las bandas aguantase el chaparrón. Desde primera hora el escenario Kutxa Kultur funcionó a pleno rendimiento, albergando propuestas locales como las de Sara Mansilla que entraban de buena gana a aquellas horas de la tarde. La primera parada en el escenario principal, corría a cargo de un Havoc que mostró demasiados giros en el guion a lo largo de su concierto. Temas que se pierden entre una mezcla de influencias que por momentos se tornó tortuosa, abriendo la puerta a todos aquellos tics integrados en precisamente todas aquellas bandas que se recorren cualquier festival de la geografía. Con más protagonismo donostiarra, llegó el momento en el que Amateur ofrecían uno de los conciertos más sentimentales del festival, cargando las pilas a todos aquellos amantes de La Buena Vida. Una sombra más que alargada por cubrir, que hizo que se viniese a la cabeza la voz de Irantzu Valencia, algo que siempre estará asociado a recuerdos de lo más positivos. Sin embargo había que ceñirse a la realidad, encontrándonos a una banda instalada en un ejercicio de nostalgia que tuvo el efecto propicio en el público. El embellecimiento de los temas fue una constante marca de la casa, destacando seguramente más que cualquier otro elemento. Animosos en todo momento, Amateur demostraron que a sonido correcto nadie les podía ganar en todo el festival.

La noche ya se había ceñido completamente sobre el recinto, al mismo tiempo que los chubascos no cesaban. Esta circunstancia poco les importó a Frànçois & the Atlas Mountains quienes salieron al escenario de una forma muy vivaz. Lo cierto es que comenzaron con muchas ganas, pero por el camino poco a poco fueron perdiendo matices y con ellos la personalidad que caracteriza a la formación. La recta final del concierto se convirtió en un divagar entre percusiones que intentaban aportar el énfasis necesario a unas canciones instaladas en un pop de manual lanzado moderadamente a por las masas. Esperábamos un concierto mucho más lleno de todos aquellos girosque se pueden apreciar sobre todo en su primer trabajo Piano Ombre, pero el resultado fue bien distinto. La falta de carisma en directo la solventó en un abrir y cerrar de ojos el siempre joven Jeremy Jay. Tras estar un tiempo bastante desaparecido de todo tipo de actividad, el músico ha logrado una buena formación clásica de respaldo que pone punto y final a sus presentaciones electrónicas en la pasada edición del Primavera Sound. A pesar de tener un nuevo disco a punto de ver la luz, el músico decidió atacar desde el principio con auténticos clásicos del pop marchito y de sonrisa agridulce como son ‘Caught in a Whirl’ o ‘In This Lonely Town’. En todo momento pudimos comprobar su vitalidad, esa sensación de atravesar un momento bastante feliz donde poco parece importar etapas anteriores más difíciles. Un entorno en el que pudo recrearse de una forma muy guitarrera para acabar introduciendo canciones que pintan más que bien como fue el caso de ‘What’s Going On’. Sin defraudar y haciéndonos sentir que buenas canciones están por llegar, Jeremy consiguió recordarnos el motivo por el que le queremos tanto.

La noche se tornaba cada vez más despejada y allí estaban Lukiek para redondearla. La formación en la que se encuentra Josu de Belako supo cómo disparar la euforia noventera con la vista puesta en los Hüsker Dü. Canciones con mucho estribillo, de corazón pop pero de una coraza aguerrida y lanzada directamente a por el grito. Una grata sorpresa en lo que seguramente fuese el grupo revelación del festival. Dejando la etiqueta de revelación a un lado, a continuación nos esperaban unos Baywaves que ya son toda una realidad. Con un cambio de horario que nadie de la organización comunicó, la formación instalada en los sonidos vaporosos mostró una auténtica exhibición  de como conducir un directo a través de diferentes intensidades. Huyendo en todo momento de lo lineal, el abanico de posibilidades que nos presentaron resultó de lo más amplio, dejándose llevar por situaciones que abarcaban desde toda la filigrana posible contenida en el fuzz hasta ambientes moderadamente surferos. Aunque su directo supo a poco, dejaron bien claro su capacidad para destacar allá donde vayan.

El cierre de la primera jornada cada vez se aproximaba más, pero aún faltaban los cabezas de cartel para coronarla. Estamos hablando de unos Jesus and Mary Chain que atraviesan un regreso a los escenarios más que justificado, no solo en base a la presentación de sus nuevos temas sino también a un revival, en el mejor de los sentidos, de todas aquellas señas de identidad que los encumbraron. Con su actitud a ratos apática y a ratos agradecida, Jim Reid supo llevar las canciones a los terrenos más puntiagudos, encontrándose rodeado de una banda de gran envergadura que supo generar el ruido preciso sin eclipsar a la melodía. Canciones como la inicial ‘Amputation’ o ‘Always Sad’, contenidas en su último trabajo, sonaron completamente integradas con el resto del repertorio, destacando en aquellos momentos en los que el peso guitarrero se tornaba menos liviano. De este modo, la agresividad y los momentos de repliegue sobre las sombras se mantuvieron constantes, encarando una recta final donde quemar las naves fue la mejor opción. Así es como llegaron canciones tan apetecibles como ‘The Living End’, ‘Taste of Cindy’ o un ‘I Hate Rock ‘n’ Roll’ con tintes de lo más resacosos. El que seguramente sea el grupo más emblemático de todos los que han desfilado por los escenarios del Kutxa Kultur a lo largo de estos años, cumplió con creces su misión.

SÁBADO

La primera parada obligatoria de la jornada del sábado residía en un Neil Hannon que vive muy  buenos momentos al frente de The Divine Comedy. En su segunda visita a nuestro país dentro de la gira de presentación de Foreverland, el músico norirlandés ofreció uno de los conciertos más destacados del festival, logrando seguramente el setlist soñado por muchos. La elegancia de sus composiciones hizo acto de presencia desde los primeros acordes de la inicial ‘Absent Friends’, encontrando el arropo ideal en una banda que contaba con dos teclados, dejando el perfecto protagonismo de crooner barroco a nuestro particular gentleman. Sin demasiada presión por soltar una gran cantidad de los temas de su último trabajo, el concierto se convirtió en un repaso por momentos tan dulces como ‘Songs of Love’ o un ‘Something For The Weekend’ que apuntó más eufórico que nunca. Sin saber muy bien si tenía frío o calor encima del escenario, Neil Hannon se mostró en todo momento bromista y detallista a la hora de introducir sus temas, pudiendo comprobar muy de cerca el carácter afable que lo caracteriza. Despidiéndose con uno de sus mayores clásicos como es ‘Tonight We Fly’, sentimos como sus canciones siempre nos han acompañado en todos aquellos momentos en los que la felicidad es el camino más claro.

Nada más acabar The Divine Comedy, Grande Days ofrecían el mejor directo posible en el escenario Kutxa Kultur, encontrando la vía perfecta entre los Fleet Foxes más etéreos y algún que otro demonio desatado de referentes vascos tan importantes como Lisabö. Una de esas formaciones que parece que lleva muchos más directos a sus espaldas, alternando moderación con momentos donde la intensidad resultó de lo más envidiable. A los que tampoco les faltó actitud fue a unos The Drums que ofrecieron otro de esos directos por los que será recordada la presente edición del festival. Tras subsanar los problemas iniciales en ‘I’ll Fight for Your Life’, el sonido se restableció de forma estruendosa encarando sus canciones con esa actitud tan punk encerrada tanto en sus letras como en la puesta de escena de la banda. Jonathan Pierce hizo gala de sus movimientos frenéticos y bailes sacados de algo así como un Grease rodado en una discoteca de eurodance. Con todos estos ingredientes y las notables canciones de su último trabajo Abysmal Thoughts, su directo funcionó como un tiro, dejando bien claro que la accesibilidad de su repertorio se encuentra bien delimitada. Buena muestra de ello fue soltar desde el principio canciones de lo más emblemáticas como ‘Book of Stories’ o ‘Money’, adentrándose en una recta final marcada por nuevos temas como un ‘Mirror’ llevado al extremo. La sorpresa saltó cuando cerraron el directo con un ‘Down by the Water’ de vena hinchada que hizo resaltar los sentimientos humanos más honestos posibles.

Tras las buenas dosis de adrenalina y emoción aportadas por The Drums, la noche continuó por los terrenos de unos Vulk impactantes desde el primer minuto. La formación ya cuenta con suficiente experiencia a sus espaldas como para ofrecer uno de esos directos que no decaigan en ningún momento, saltando al lado más agresivo del post-punk. Tras escuchar varias veces eso de “lo de Vulk no lo entenderás hasta que no los veas en directo”, llegó el momento en que todo cuadró, sintiendo en gran despliegue que son capaces de mostrar. Andoni de La Cruz es uno de esos frontman implacables, capaz de capturar la atención del público con una posición tan estática por momentos como poseída en otras muchas etapas. Da igual que tenga o no la guitarra en sus manos, en todo momento va a encontrar ese grito voraz con el que dinamizar y generar la tensión perfecta para que sus canciones calen sobremanera. Una formación de lo más necesaria y que nos hace plantear como no ha trascendido con tanta fuerza una banda de sonidos similares en Euskadi en estos últimos años.

Una de nuestras últimas paradas y como siempre marcada a fuego, eran ni más ni menos que Kokoshca. Regresando al evento donostiarra después de aquellos dos shows tan místicos que nos ofrecieron en el Teatro Abandonado de Igeldo, la formación encabezada por Amaia e Iñaki, supieron como alternar su lado más helador con toda la predisposición del personal para formar pogos. En esta ocasión, el gran énfasis por sonar cortantes seguramente recayó en temas como ‘Prefieron Golpes’, encontrándose sumidos en unas luces más apagadas que el resto de conciertos de la carpa. Con una ejecución perfecta y las dosis necesarias para revolucionar al personal en los momentos de mayor empuje guitarrero, la recta final del directo volvió a convertirse en un gran motivo de celebración en el que se encuentra ya perfectamente integrado ‘No Queda Nada’. Euforia y amigos siempre van de la mano, llegando todo ello ejemplificado en todos los puntos de la geografía donde nos encontremos a Kokoshca en los escenarios. Con más búsqueda de diversión, nos podían las ganas con el espectáculo que serían capaces ofrecer Hercules and Love Affair. Sin embargo nos encontramos con un concierto donde no destacaron sus virtudes en los platos lo más mínimo, convirtiéndose el directo en un karaoke de lo más descafeinado. Resultó increíble como canciones como ‘My House’ sonasen carentes de todo tipo de detalles en favor de revolucionar su propuesta hasta unos límites por momentos bochornosos. Quizás las expectativas del cierre de fiesta eran demasiado altas, pero los norteamericanos sin lugar a dudas no estuvieron a la altura.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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