Crónica

BIME Live 2018

27/10/2018 - 28/10/2018

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El BIME Live regresaba a Bilbao convertido en una cita ineludible del otoño peninsular, congregando a un púbico dispuesto a mantener la esencia de festival veraniego aunque bajo unas condiciones muy diferentes. No cabe lugar a dudas que el BEC es un buen recinto para ello, a pesar de que sus altos techos en multitud de ocasiones resten calidad de sonido si no logras una buena posición cerca de las primeras filas. La cara positiva frente a este hecho, es que fácilmente se puede contrarrestar precisamente con coger un buen sitio en los directos, ya que aunque el número de asistentes por día se cifró en unos 10.000, en ningún momento se vivió ninguna sensación de agobio, más allá del tapón creado entre el escenario Goxo y el Antzerkia durante la actuación de Yung Beef. Detalles a mejorar, que precisamente vienen acompañados de la ubicación de este segundo escenario que acogía propuestas más íntimas y que en ciertos momentos no brillaron todo lo que debían en base a la cercanía de otros escenarios. Un hecho que en anteriores ocasiones no tuvo lugar debido a una redistribución diferente de los espacios. Dejando de lado estos inconvenientes, nos centramos en el apartado musical cargado de algún que otro concierto bastante memorable.

 

VIERNES

La sensación en el reparto de artistas por días era la de bastante desequilibrio entre ambas jornadas del festival, algo que se confirmó en directo llevándose la peor parte la jornada del viernes. Arrancamos la tarde con unos VULK que presentaban en casa su segundo trabajo Ground for Dogs. Lo cierto es que aunque su habitual empeño en resaltar la agresividad vocal y las guitarras que intentan despuntar en el apartado post punk estuvo presente, costaba mucho meterse en su propuesta, ya que la energía del directo se disipaba bastante entre las dimensiones del recinto y el hecho de ser primera hora de la tarde con un público bastante escaso. Estaba claro que no eran las mejores condiciones para disfrutar de un directo que en otras ocasiones había resultado de lo más arrollador, pero esto es lo que tienen los festivales. Estampas como la que nos dejaron en ‘No Muscle’, logrando esa buena combinación entre guitarras resonantes y la contención de su cara más explosiva justifican más que de sobra el no perdérnoslos.

La tarde continuó con unos The Magic Gang a los que el escenario les volvió a quedar un poco grande. Con una propuesta que es de agradecer por volcarse sobre el rock noventero a lo Guided by Voices en vez de la faceta más propia del brit pop, los de Brighton supieron defender muy bien los temas contenidos en su debut a base de melodías que calaban fácilmente. Todo envuelto en esa sensación de todos a una, apuntando en la misma dirección en el apartado melódico, fueron capaces tanto de destacar en su cara más directa como la que nos presentaron con ‘Getting Along’ sin olvidarse tampoco de las distancias más cortas como las presentes en ‘Take Care’. Un grupo de lo más correcto al que unas cuantas revoluciones más no les vendrían mal para situarse en una ligar superior que tiene toda la pinta a la que llegarán.

Sin apenas respiro, Belako regresaban al BIME con un estatus aún mayor, ya que aún desconocemos donde está el techo del grupo vasco. Con cada trabajo parecen haber llegado más lejos en cuanto a poder de convocatoria, ofreciendo también novedades en el plano estilístico que resultan bastante interesantes. De este modo su concierto resultó un plácido por su discografía, destacando temas nuevos como ‘Render Me Numb’ donde los cambios de ritmos destacaron más que nunca. Siendo conscientes de los momentos de su directo en los que tienen que hacer hincapié para que el público acabe de entregarse por completo, Josu pone una marcha mayor en los finales de los temas para concatenar ese fervor con el inició del siguiente tema. Con muchas tablas y convicción en lo que hacen, Belako siguen siendo una apuesta segura en todo tipo de festival.

Teníamos muchas dudas acerca de cómo llegaría John Maus al BIME Live después del trágico accidente sufrido en verano con la pérdida de su hermano que al mismo tiempo se encontraba dentro de su banda. Así fue como el norteamericano se decantó por regresar el formato de directo que más había empleado en años anteriores, presentándose solo encima del escenario con su ordenador en el que ponía las bases y dando rienda suelta su performance. Los primeros compases del directo lograron impactar debido a la frenética actividad del músico encima del escenario junto con su carácter histriónico, sin embargo la propuesta poco a poco se fue diluyendo a merced de que llegase algún momento más agresivo y con más volumen del directo como fue el caso de ‘Right for Gays’ o una ‘Maniac’ en la que acabó soltando todo lo que lleva dentro de sí. Sin llegar a los 40 minutos de actuación, se despidió con ‘Pets’ de su penúltimo trabajo dejándonos con una sensación más bien amarga.

Menos mal que para compensar la decepción de John Maus estaban Slowdive. Los británicos una vez más ofrecieron uno de esos directos tan solventes como emocionantes, demostrando como el paso de los años les ha sentado a las mil maravillas. Su elegante espectáculo se sustentó tanto en la intensidad instrumental repleta de matices como en la interpretación delicada de Rachel Goswell. Con un silencio entre el público que no se alcanzó en ningún otro momento del festival, momentos como los de ‘Alison’ o ‘No Longer Making Time’ alcanzaron el delirio máximo, envolviéndolo todo en un estado de ánimo relacionado con lo abatido para posteriormente terminar por todo lo alto. Encontrando en todo momento la saturación precisa, demostraron que lo suyo es el mejor regreso al mundo musical de la década.

Después de Slowdive, la velada se sumió en un conjunto de directos que por un motivo o por otro no llegaron a emocionar como debían. Por un lado Editors siguen viviendo de la entrega que les proporcionan las canciones de sus primeros trabajos, contrastando enormemente sus composiciones más recientes en las que han tratado de parecerse a bandas mucho más pop con resultados nefastos. De hecho los momentos álgidos del directo llegaron a través de clásicos como ‘An End Has a Start’, ‘The Racing Rats’ o ‘Munich’, canciones donde son capaces de exprimir al máximo el brío de sus guitarras y esa oscuridad tan identificativa. Y es que en los momentos en lo que las luces iluminan sobremanera el escenario para dar paso a un poso electrónico más que manido, el directo se resiente y se convierten en una banda difícilmente reconocible de cualquier otra británica que pueda poblar los festivales levantinos.

La última parada de la noche corrió a cargo de un Aphex Twin que sin concentrar cuotas tan altas de público como esperábamos, capturó la atención de los allí presentes a base de una sesión con tintes industriales y drone de altos vuelos. Sin cesar en su empeño por revolucionar su propuesta mediante momentos más techno que llegaban acompañados por rostros deformados de artistas como La Veneno o Yurena, ofreció de este modo un directo cuyos picos de intensidad y disfrute iban y venían. Toda una demostración de cómo retorcer sonidos y combinarlos en algo de lo más alienígeno sin perder el sentido constante del baile más epiléptico. De este modo pudimos descubrir una cara electrónica bien diferente a lo que se estaba desarrollando en los escenarios Gaua y Goxo, este último lanzado claramente a por el público juvenil, sin diferenciarse mucho lo que podrías encontrarte en la discoteca más concurrida de tu ciudad.

 

SÁBADO

La jornada del sábado no pudo comenzar mejor, ya que Rolling Blackouts ofrecieron uno de los directos más destacados del festival. Los australianos combinaron de forma certera las canciones de Hope Downs con las de French Press, basando totalmente su propuesta en la diversidad de melodías de cada una de sus guitarras, encarándolas todas ellas desde el espíritu del jangle pop más sentimental. De esta forma temas como ‘Talking Straight’ o ‘Sister’s Jeans’ en directo adquieren un ritmo más vertiginoso, contagiando al público una sensación de mayor realismo y coraje. Sin parar de moverse por todo el escenario al ritmo de la línea de bajo, los miembros del grupo intercambiaron sus voces y ofrecieron un preciso juego entre sonoridades más acústicas junto con momentos de auténtico frenesí. Incluso tuvieron tiempo para dejarnos con la interpretación de una abatida y emocionante ‘Fountain of Good Fortune’ en la recta final del concierto, recordándonos que son nuestra banda de guitarras más querida del momento.

La tarde no decayó lo más mínimo gracias a Unknown Mortal Orchestra, quienes saltaron a un escenario bien decorado con unas torres luminosas que encerraban una serie de plantas en su interior. Siendo conscientes del limitado tiempo del que disponían, los neozelandeses atacaron desde el principio la parte más reconocible de su trayectoria, tanto buceando en temas más antiguos como ‘From the Sun’ o ‘Swim and Sleep (Like a Shark)’, al mismo tiempo de ofrecernos canciones de su último trabajo del corte a ‘Ministry of Alienation’. El resultado fue un directo enérgico, donde Ruban Nielson actuó como una auténtica estrella del rock bajándose hasta dos veces del escenario y ofreciéndonos alguna que otra acrobacia. Sin renunciar a ninguna de sus caras, tanto la más funky como aquella donde todo suena con un punto Lo-Fi ideal, lograron contentar a los seguidores de sus diferentes etapas.

Acto seguido Kurt Vile y su banda salían al escenario para ofrecernos un concierto de lo más sólido. Renovando su setlist con los temas de su reciente Bottle it in, la solidez del grupo destacó en todo momento, dejándonos con momentos instrumentales de gran valor, sobre todo los correspondientes a nuevos temas como ‘Cold Was the Wind’ o ‘Skinny Mini’. El carácter apacible e introvertido del de Philadelphia destacó en la interpretación de los temas en todo momento, demostrándolo a través de esa forma tímida de encarar los momentos que no dan lugar a la expresividad vocal. Merece la pena destacar lo bien que recuperó para la ocasión temas como ‘Girl Called Alex’, reivindicando de este modo todas las etapas de su trayectoria, tanto la más cercana al calor de la canción americana como aquellas otras en las que se enreda en un apartado ambiental más liberador. Un directo de lo más completo donde nos volvió a transmitir su enorme sensibilidad a la hora de revivir las historias de sus canciones.

Más sonidos guitarreros llegaron de la mano de Stephen Malkmus, aunque en un formato bastante diferente. Se nota que le norteamericano está atravesando una buena etapa en lo creativo y sus ganas de demostrarlo en directo. Atacando desde temprano su nuevo trabajo Sparkle Hard, el músico nos dejó con interpretaciones que poseían un cierto gusto por los momentos más retorcidos y de ruido bajo control, como bien demostró en ciertas etapas de ‘Bike Lane’. Es ímpetu por lograr que las melodías caminen de forma fulgurante se alternó con otras canciones más relacionadas con la madurez y la absoluta tranquilidad como bien reflejó ‘Middle America’. Estos contrastes propiciaron que el directo en todo momento fuese capaz de capturar nuestra atención sin apenas darnos cuenta, destacando el carácter totalmente natural de la propuesta. Por si aún no teníamos bastante con esta desenfadada ejecución, se permitieron el lujo de dejarnos con una ‘Stero’ de Pavement que acabó por conquistarnos.

Pocos minutos después llegaba el plato fuerte de la noche con unos MGMT por los que parecen no pasar los años. Su directo seguramente sea el más recordado de esta edición, gracias a un setlist en el que alternaron sus clásicos más inmediatos junto con novedades y otras muestras del carácter inconformista del grupo por buscar siempre la reinvención. Con una escenografía y visuales tan rocambolescos como su música, empezaron con una ‘When You Die’ que resultó de lo más ligera a pesar de su contenido rencoroso. No tardó mucho más en llegar una ‘Time to Pretend’ que nos puso en la cabeza aquellos años de adolescencia repletos de descubrimientos tan impresionantes como el Oracular Spectacular al que pertenecía el tema, logrando una interpretación repleta de detalles que se escapaban al apartado puramente más sintético. Buena muestra de ello nos la encontramos en un ‘Flash Delirium’ cambiante, con momentos tan lisérgicos como relacionados con crear estruendo.

Sin cesar en su carácter más propio de performance, Andrew interpretó en una bicicleta estática ‘She Works Out Too Much’, del mismo modo que el hinchable del alien de la portada de su último trabajo hizo acto de presencia en la interpretación de ‘Little Dark Age’. Un concierto repleto de entresijos, donde demostraron todas sus peculiaridades y dejaron claro que son una banda que siempre ha ido mucho más allá de la inmediatez. Sin ir más lejos fueron capaces de colar los más de 10 minutos de ‘Siberian Breaks’ sin perder el entusiasmo en ningún momento. Así es como pusimos el broche de oro a un festival que sin adherirse ningún año a ninguna vertiente ni línea concreta, es capaz de lograr carteles atractivos que van mucho más allá de los típicos grupos que se mueven por el hábitat de festival medio en nuestro país.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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