Crónica

BIME Live 2016

28/10/2016 - 29/10/2016

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El equilibrio siempre es algo difícil de encontrar, más aún si atendemos al copado panorama festivalero y los carteles clónicos que siempre nos encontramos. Sin embargo, la última edición del BIME cumplió con éxito la difícil tarea de lograr un cartel repleto de calidad y propuestas no tan usuales como las que nos podemos encontrar en el festival medio. De este modo, el concepto de festival europeo indoors que tanto se reparte en otros puntos cercanos a nuestra geografía adquiere más sentido que nunca, pudiendo garantizar que esta ha sido la primera edición del BIME en la que nos encontramos con una identidad muy bien ideada. Algo que esperemos que tenga su continuidad en posteriores ediciones, ya que el festival se ha mostrado completamente asentado sin necesidad de los archiconocidos nombres que todos sabemos. El hecho de contar con una nutrida programación paralela, centrada en el sector de la industria musical como es el BIME Pro, seguramente también tenga algo que ver en cuanto al distanciamiento estilístico del evento respecto a sus pasadas ediciones. Una vez comentado todo esto, pasemos a la acción comentando los grandes directos que hemos vivido en estas dos jornadas.

VIERNES

El festival comenzaba de forma tempranera con el directo de los pamplonicas Exnovios en uno de los escenarios principales, algo que no ayudaba para nada a la hora de meternos en el ambiente planteado por el cuarteto. Si su primer LP homónimo publicado hace unas semanas a través de Analog Love es una mezcla de psicodelia árida a lo Holy Wave con bocanadas de lírica generacional, lo que nos encontramos en directo fue una versión más cercana al pop planetero más denso. Con una actitud pasota, más que adecuada para defender sus temas, los mejores momentos del directo llegaron con ‘Todo Va a Cambiar’ y ‘Magia Blanca’. Esperemos que haya una mejor ocasión en un sitio mucho más cercano.

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En un panorama muy distinto como es el que nos marcaba el teatro, Faris Badwan hacía su primera aparición de la tarde con el directo de Cat’s Eyes. Acompañado por dos guitarras, tres coristas, teclista, un batería y su compañera de aventuras Rachel Zeffira, defendieron a la perfección sus dos LPs, incluyendo hasta versiones del ‘Because’ de los Beatles y el ‘Girls just wanna have fun’ de Cindy Lauper cuanto menos curiosas. Lo más interesante del directo, a parte de la voz de Rachel y sus prodigiosas modulaciones, fue comprobar el toque tan punk que le proporciona Faris a temas como ‘Standoff’ o ‘Cat’s Eyes’, tema del que toma nombre el propio grupo. Por supuesto, no faltó una majestuosa ‘Chameleon Queen’ abriendo un directo que conquistó a más de uno.

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Sin tiempo para el respiro, Javiera Mena ofrecía el último directo en nuestro país durante una buena temporada. Tras comprobar su directo este año en otros festivales, podemos decir que su propuesta nunca pierde efectividad, sea cual sea la hora a la que la decidan programar. Concentrando en su actuación de menos de una hora un buen arsenal de hits como ‘La Joya’ o ‘Espada’, la artista de mostró entusiasta y agradecida, cumpliendo con su misión de animar al público pero quizás algo fría a la hora de desplegar todo su poderío vocal. Sea como sea, su séquito de bailarinas siempre resulta un acierto gracias a toda la escenografía precisa y deliberada para cada uno de los temas. Un placer volver a ver a la chilena en directo, algo que seguramente no volverá a ocurrir hasta que no tenga nuevo disco en la calle.

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Nuestra siguiente parada de la noche llegó con un Edwyn Collins cuyas apariciones siempre generan mucha expectación. Buena muestra de ello fue la buena entrada que presentaba el escenario del teatro, poblado de un público curioso en cuanto lo que el escocés pudiese ofrecer. Los años no pasan en balde, sin embargo los buenos músicos siempre conservan intactas sus ganas de agitar tanto por fuera como por dentro a su público, algo que fue muy palpable a lo largo de su actuación. Aferrado a su bastón, en un formato que carecía de batería, sacó el máximo partido a todo lo descarado que poseen canciones de Orange Juice como ‘Rit It Up’, consiguiendo emocionar y mostrando que aún tiene cosas que aportarnos encima de un escenario.

El momento más esperado de todo el festival estaba más que claro para muchos de los asistentes. PJ Harvey regresaba a nuestro país, siendo algo totalmente excepcional si tenemos en cuenta sus más que escasas visitas a lo largo de estos últimos 10 años. Lo cierto es que su directo no defraudó en absoluto, mostrándonos su arrebatador carisma e inundando cada rincón del pabellón del BEC de la visceralidad nada forzada que la caracteriza. Un sentimiento de honestidad que transmite en todas sus canciones, tanto las pertenecientes a esta última etapa comprendida por sus discos Let England Shake y The Hope Six Demolition Project, tanto como la recta final del concierto donde recuperó temas como ‘Down By The Water ‘ o ‘To Bring You My Love’. Acompañada por un decorado sobrio pero con la capacidad precisa de recoger la esencia de unos temas repletos de dolor, Polly Jean cedió el protagonismo necesario a todos los músicos de su banda, aportando una mayor solemnidad al directo. Uno de esos directos que hay que vivirlos al menos una vez en la vida, teniendo en nuestra ocasión la fortuna de encontrarnos en el momento idóneo de la carrera de la artista.

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Con las emociones aún por las nubes, llegaba el directo sonoramente más intenso de la noche de la mano de The Horrors. Faris Badwan se subía por segunda vez en el mismo día al escenario, esta vez con su banda titular. Los británicos llevan unos cuantos años ofreciendo el mismo directo, sin embargo se lo perdonamos ya que todo lo hacen bien, sacando siempre el máximo provecho a sus temas. Si a esto le unimos una entrega total en escenario, obtenemos el punto guitarrero de inflexión en la noche, aturdiendo y haciendo disfrutar al personal por igual. Arrancando con ‘Mirror’s Image’, dieron rienda suelta a un post-punk muy bien enderezado con sonidos Madchester, partiendo siempre de la elegancia para llegar al desgarro. Incluso temas de su último trabajo Luminous como fue el caso de ‘In and Out of Sight’, en directo cobran una carácter más afilado y poseído. En definitiva, todo un acierto a pesar de permanecer a la espera de un nuevo trabajo que debería llegar en el próximo año.

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El cansancio se empezaba a notar, por lo que la mejor opción posible era presenciar un nuevo directo de Nacho Vegas en los asientos del escenario teatro, comprobando como también la madrugada es un buen horario para presenciar un directo del asturiano. Seguramente la situación política que vivía el país el fin de semana, fue uno de los desencadenantes de la doblemente pasional reivindicación social que nos ofreció el músico. Acompañado del Coro Internacional Matriarcal Antifascista, el asturiano centró su directo en los temas de Resituación y Canciones Populistas, no sin regalarnos auténticas maravillas como ‘Lo Que Comen Las Brujas’, magnificada para la ocasión por el coro. Equilibrismos a parte de nuestro protagonista, el directo también nos dejó un destacado lugar para Joseba Irazoki, ofreciendo una nueva lección a la guitarra. Entre agradecimientos a la empresa organizadora del festival, cerró su directo con dos míticas como son ‘El Hombre que Casi Conoció a Michi Panero’ y  ‘La Gran Broma Final’, que a estas alturas ya se ha convertido en el tema insignia de su discografía.

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La primera jornada del BIME llegaba a su fin con unos Belako que prácticamente jugaban en casa. No sabemos si sería el cansancio o el mal sonido que se apreciaba desde las filas más lejanas del escenario Thunder Bitch, los culpables de que el directo de los de Mungia nos pareciese de lo más plano y descafeinado. A pesar de una puesta en escena de lo más cuidada con unas cuantas televisiones en blanco y negro repletas de interferencias, los temas se sucedían sin grandes sobresaltos ni la explosiones por tramos de sus conciertos a las que nos tienen acostumbrados. En definitiva, seguro que encontraremos una ocasión mejor no tardando.

SÁBADO

La segunda jornada del BIME parecía que nos iba a dar algún respiro más que la anterior, algo que a la postre sucedió. Comenzamos la tarde con un Kevin Garrett aferrado a su piano en el escenario teatro. El telonero de la gira de James Vincent McMorrow demostró claramente seguir la senda, en cuanto a influencias, del irlandés, ofreciéndonos un falsete que nos recordaba claramente a músicos como James Blake. Un músico que a pesar de no tener publicado aún un LP, cuenta con una popularidad bastante elevada, encandilando al público con una fórmula cada vez más popularizada. Queda por ver como dirige el de Nueva York su carrera dentro de un estilo que comienza a estar de lo más abarrotado.

El contraste estuvo servido desde bien temprano, ya que nos decantamos por Toy en lugar de James Vincent McMorrow, resultando muy satisfechos con nuestra elección. Los británicos justo habían publicado su tercer trabajo Clear Shot un día antes, demostrando en su caso que la variedad es una virtud. Con las ideas claras y un bueno sonido en primeras filas, el ahora quinteto, ofreció uno de esos directos necesarios y con matices por momentos lanzados hacia una épica que brotó totalmente de la oscuridad. De este modo, nos presentaron temas nuevos tan buenos como la inicial ‘I’m Still Believing’, ‘Another Dimension’ o el cierre a lo motorik con ‘Dream Orchestrator’ y mezcla de angustia y escapatoria necesaria. El hecho de haber incorporado a Max Oscarnold (The Proper Ornaments) a los teclados, aporta un elemento diferenciador más al apartado melódico, encontrándonos como los cambios de ritmo estuvieron muy bien secundados por giros también en las melodías. Un directo que nos demostró como el grupo ha crecido a base de no seguir ningún patrón concreto.

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La siguiente parada en el festival llegó con unos Wild Beasts bastante apáticos. Sonaron correctos, pero sin el toque de misticismo llevado al baile que nos han ofrecido en su último trabajo Boy King. Sus temas no es que se caractericen por mostrar gran pasión en su interpretación, sin embargo siempre son compensados con elegancia y atractivo por lo desconcertante. Por todo ello, nuevos temas como ‘Ponytail’ o ‘Alpha Female’, se mostraron algo insulsos y planos, dejando evidentes signos de una desconexión del grupo que teníamos encima del escenario. Al menos, los clásicos como ‘Mecca’ y  ‘All the King’s Men’ parecieron cobrar mayor potencia y revitalizar a un Hayden Thorpe que siendo consciente de su frialdad, interpretó un tema entre las primeras filas.

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De una forma mucho más acertada, Neil Hannon al frente de The Divine Comedy, ofreció el mejor concierto de la noche del sábado. Con una carrera tan dilatada y repleta siempre de buenos trabajos, la excusa de presentar su nuevo Foreverland, quedó en anécdota en comparación con sus clásicos pop puramente emocionales. Abriendo el concierto con ‘Absent Friends’, nos dejó constancia de que iba a ser una de esas noches marcadas por ese tipo de nostalgia que siempre deja paso a la euforia. Una banda perfectamente compenetrada, capaz de permitirse alardes que no hacían sombra a Neil, pero dando la impresión de ser un mayor número de músicos encima del escenario. A partir de estas condiciones tan idílicas, solo bastó con dejarse llevar por temas tan risueños como ‘Songs of Love’, ‘Generation Sex’ o ‘I Like’. Todo aquello nos parecía algo realmente irrepetible, siendo el público muy consciente de ello y abarrotando el teatro como en ningún otro momento del festival. Entre canciones repletas de matices brillantes y una gran actividad de Neil, el directo llegó a su fin con ‘Down in the Street Below’ y ‘The Frog Princess’, dejándonos con una sonrisa que nos duró para lo que quedaba de noche.

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El festival entraba en su recta final con el colorido espectáculo de The Chemical Brothers, costándonos entrar en su propuesta después de lo prácticamente perfecto que había resultado el concierto de The Divine Comedy. Lo cierto es que en ningún momento del BIME el escenario Thunder Bitch había sonado tan bien desde el fondo del pabellón, algo que la gran cantidad de asistentes agradeció sobremanera. Sin embargo, seguramente el que se llevó aquella noche la palma en el apartado electrónico fue Erol Alkan con la sesión que cerró el espacio Gaua, moviéndose constantemente en la elegancia de una electrónica que huyó de la espectacularidad para adentrarse en un apartado mucho más cercano a una Boiler Room.

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Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

  1. ¡qué pena que no asistieras al Night Thoughts de Suede! Su arriesgada apuesta de tocar todo el álbum seguido, con la banda tras la pantalla de proyección (apareciendo y despareciendo en transparencias) fue un acierto total incluso superando a PJ.

    • Noé R. Rivas

      Una lástima que nos coincidiese con el concierto de Nacho Vegas. La opinión de la mayoría del público fue unánime en el acierto de Brett Anderson y los suyos de mostrar algo tan valiente.

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