Crónica

Yann Tiersen

Centro Cultural Miguel Delibes

26/09/2019

Por -

Cualquiera que haya indagado mínimamente en la carrera de Yann Tiersen puede darse cuenta de lo fructífera que esta ha sido. Casi veinte álbumes de estudio desde La Valse des Monstres hasta ahora, con varias bandas sonoras por el camino y otros tantos álbumes en directo. Una discografía titánica, donde aparecen canciones de una calidad que parece casi incuestionable.

Lo que tampoco parece cuestionable es la heterogeneidad de esta, algo inevitable en carreras tan amplias como la suya, supongo. Personalmente, he disfrutado de gran parte de su discografía a lo largo de mi vida, y soy capaz de relacionar varias vivencias de mi infancia, tanto buenas como malas, con canciones suyas. Y aunque desde The Lighthouse, su último gran trabajo en 2013 (al menos para mí), no haya publicado nada que me haya tocado por dentro provocando un cierto distanciamiento de él, sin lugar a dudas sigo guardando profundo respeto y admiración hacia su persona.

Sus últimos trabajos, en especial este último, All, exploran la faceta más minimalista del artista, con ritmos más pausados, sonidos más ambientales y una variedad instrumental aún mayor. Aunque como ya he dicho, no esté muy sumergido en esta última etapa suya, fui al concierto del pasado jueves con ganas de dejarme sorprender. Quería ver cómo sonaban estos nuevos temas en directo y cómo los encajaba con el resto de su discografía. Y fue precisamente en ese último aspecto donde el concierto dejó un sabor más amargo.

Yann Tiersen arrancó el directo él solo, sentado en el piano y con un foco sobre él apuntándole. En esta situación tocó tres o cuatro canciones, entre ellas la archiconocida ‘La Dispute’ o ‘Naval’, de la BSO de Tabarly, película a cargo de Pierre Marcel.

A partir de ahí entró al escenario la banda, formada por tres integrantes (dos hombres y una mujer), que aparte de llevar a cabo todos los acompañamientos instrumentales de las canciones, hacían de vocalistas en coros y melodías cuando estas eran necesarias. Sobre el escenario conté al menos quince instrumentos diferentes, y todos los componentes de la banda iban rotando por cada uno de ellos, incluido el propio Yann Tiersen. Campanas tubulares, varios xilófonos, un armonio, una melódica, varios sintetizadores… incluso una radio antigua proyectando sonidos de ambiente. A veces el directo parecía casi más un ejercicio de virtuosismo.

La mayor variedad y amplitud instrumental la encontrábamos en sus últimos trabajos, los más ambientales en cuanto a estilo, mientras que cuando sonaba alguna vieja joya, la banda se quedaba atrás. Son esos momentos en los que Yann Tiersen cogía el piano, el violín o la melódica y adquiría un papel mucho más protagonista.

El problema, al menos para mí, aparecía aquí, en la relación entre los temas nuevos y los temas viejos. No existía una unidad en el sonido, las diferentes partes del directo estaban muy marcadas y muy diferenciadas, y a mí eso, en ciertos momentos, me sacó del concierto.

“…ahora un tema nuevo con toda la banda de un estilo más ambiental, ahora yo solito una de Amélie que todos conocéis, ahora una más pop, ahora voy a tocar ‘On the Wire’ y voy a hacer una exhibición con el violín, ahora otra vez un tema nuevo mucho más atmosférico con toda la banda junta…”

No sé, parecía como si la heterogeneidad de la carrera artística de Yann Tiersen (que para unos será problema y para otros no) se veía aún más acrecentada en el directo.

El concierto duró casi dos horas y a pesar de lo comentado anteriormente: lo disfruté, lo disfruté mucho. El francés acabó ovacionado y no es para menos, el directo estuvo a un nivel altísimo casi todo el rato y lo puedo decir casi de manera categórica. Aunque hubiese preferido un sonido más unitario durante todo el trascurso, algo que me mantuviese en mayor o menor medida en una misma atmosfera desde que me sentase de la butaca hasta que me levantase, resultó innegable la calidad del concierto en general.

La parte técnica también aportó mucho. El sonido dentro de la sala sinfónica del auditorio es espectacular y todo el equipo de luces sumó muchísimo a una propuesta que, durante las casi dos horas de directo, mantuvo un continuo tono teatral.

Crónica a cargo de Jorge Rodríguez Pascual

Redacción Mindies
Redacción Mindies

Los miembros de la redacción de Mindies amamos la música por encima de todas las cosas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *