Crónica

Woods

El Sol

13/09/2014

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Woods llegaban a la sala el Sol con las entradas agotadas y un sobresaliente nuevo disco bajo el brazo, el disco con el que por fin la gente ha abierto los ojos otorgandoles el mérito que merecen. Una cita en la que depositamos todas nuestras esperanzas de disfrutar al máximo de toda esa nostalgia filtrada en dulces canciones de folk psicodélico desgastadas al sol. Y así ocurrió. La banda nos bridó un espectáculo muy a la altura que nos emocionó de principio a fin, como una película perfectamente tramada que tiene sus partes conmovedoras, reflexivas y melancólicas. Eso sí, lo de Woods no se quedó tras la pantalla, sino que nos hicieron vivir le concierto de la forma más realista posible.

Canciones que en un breve período de años se han instalado en lo más profundo de nuestro colectivo y que resurgen entre hachazos sonoros. Así nos lo demostraron los cuatro miembros de la banda. Jeremy Earl a la guitarra y voz principal, Jarvis Taveniere encargado de otra guitarra y coros, Aaron Neveu a la batería y un nuevo bajista. Ni rastro ya de Kevin Morby centrado en su proyecto personal. No hicieron falta teclados para trasladar todos los recovecos que contienen las canciones, ya que Jarvis se encargó de puntear magistralmente las cuerdas de su guitarra para lograr esas notas precisas. Perfectamente compenetrados, casi sin mirarse los unos a los otros, derrocharon naturalidad y clase al mismo tiempo. Con un Jeremy que dominaba a la perfección todos los pedales con sus sandalias, el grupo demostró que naturalidad no les falta para expresar cada uno de sus temas.

Arrancando con ‘Leaves Like Glass’ nos dieron buena muestra de lo apacibles que pueden resultar sus canciones. El perfecto falsete de Jeremy pronto conquistó a la parte del público que no se había enterado muy bien de que iba la cosa. Riffs luminosos, totalmente independientes de la melodía principal y que se desarrollaban con una tranquilidad pasmosa. Dando buena muestra del enorme juego de pedales y distorsiones a los que son capaces de recurrir, llegó el turno de ‘Cali on a Cup’, un tema que en directo toma un aura aún más resplandeciente y que provocó unas cuantas sonrisas entre el público con esa estrofa que dice We remember those days from the pillow on our head.

Cambiando rápidamente hacia matices más llenos de coraje y profundidad, nos adentraron en la trepidante ‘Shining’, perteneciente a su último trabajo. Un tema breve y certero, repleto de magníficos solos de Travis, donde parece que la noche se nos echó rápidamente encima al igual que muchos recuerdos. El entusiasmo del público iba en crecimiento y el grupo respondía de forma rotunda con uno de los grandes momentos de la velada. Atreviéndose a concatenar el final de ‘Bend Beyond’ y ‘Size Meets the Sound’, la pequeña sala parecía que se venía encima de nosotros. Más de 15 minutos de furia contenida en rasgueos de guitarra frenéticos y estribillos que rozan lo genuino. Un dominio perfecto sobre sus instrumentos que se culminó sin daños en las cuerdas de sus guitarras.

Bajando pulsaciones, nos atraparon de nuevo en la profunda melancolía pero al mismo tiempo dulzura de temas tan redondos como ‘It Ain’t Easy’. Frases como A restless life burning back to you, repletas de un contenido duro, en un formato de andar por casa, para garantizarnos que lo suyo también es hurgar en nuestras emociones sin recurrir a muchos decibelios. Haciendo que la luminosidad alcanzase su punto máximo llegó ‘Shepherd’ con un Travis estelar que se esmeraba en que todos los detalles del tema quedasen intactos. Sin un lugar para el respiro, regresamos a las canciones fulgurantes con ‘Moving to the Left’. Magnífica combinación de sonidos acústicos y eléctricos para brindarnos uno de los temas más representativos de los últimos tiempos del grupo.

Siendo muy conscientes de que poco a poco el concierto llegaba a su fin, la banda reservó un hueco muy especial para una canción de esas que cuando la escuchas por primera vez te atrapan para siempre. ‘Rain On’ sonó de la forma más íntima y al mismo tiempo más entristecedora que puede sonar un tema. Volcando en ella todos esos años en los que sus grabaciones sonaban de la forma más artesanal posible y en los que los temas se basaban puramente en una idea a corazón abierto. Una canción muy marcada para los miembros de Woods y que nunca se olvidan de interpretarla en directo. Saltando a un extremo radical, como si se tratase de borrar cualquier huella dejada por el tema anterior para abrir de nuevo otra herida, arrancaron con todo el ímpetu del mundo ‘With Light a With Love’. Una sucesión de tormentosas distorsiones donde Jeremy y compañía olvidaron lo reducido del escenario para dar rienda suelta a todas sus expresiones. El lado más sureño de su música salió a relucir acompañado de desasosiego e ira en cada estribillo. Un momento álgido que sabíamos que iba a llegar en el preciso instante.

Woods, que han vivido toda su carrera en el notable, se muestran con mucha más confianza en sus habilidades sobre el escenario. Las canciones siguen siendo las mismas, claro, pero hay un mayor peso en la instrumentación y en las guitarras, cómodas en las manos de Jarvis Taveniere y el cantante Jeremy Earl. La doce cuerdas de Taveniere buscaban en todo momento la colaboración con la guitarra de Earl, repartiéndose ambas protagonismo y solos.

Con un catálogo tan impresionante como extenso, el setlist quedó reducido a su material más reciente, predominando sus dos últimos discos. No fueron muchas las canciones que sonaron, pero las trece fueron extendidas para que brillase ese virtuosismo guitarrero que queda escondido en sus grabaciones. Son un grupo de pop, sí, pero con claras influencias de los sesenta y principios de los setenta. Precisamente, esta última encarnación de Woods recuerda a los primeros trabajos en solitario de George Harrison tras la separación de los Beatles, piropo suficiente como para aupar un poco más a los neoyorquinos al lugar que se merecen. Aunque muchas de sus canciones son sencillas y no cuentan con más de cuatro acordes, Jeremy Earl y sus compañeros demuestran ser unos músicos extraordinarios en el directo, con un talento a la hora de improvisar con sus instrumentos que nos gustaría escuchar más a menudo en sus álbumes. Buenísimos en el disco, aún más en directo.

Tras tanto esfuerzo se despidieron para regresar unos minutos después con una bonita versión del ‘Green is the Colour’ de Pink Floyd. Un tema que nunca habíamos imaginado lo bien que podía quedar en la voz de Jeremy. La nota final no podía llegar de otra forma que con lágrimas en nuestros ojos y ‘Be All Be Easy’ recordándonos todas esas cosas por las que amamos tanto a este grupo. Una especie de esperanza catapultada por la realidad con la que Woods se despidieron de su público. Conciertos como este nunca se podrán olvidar. Convirtiendo cada momento en algo muy especial, cada canción cumplió su misión directa al corazón y la memoria.

Setlist Woods, Sala el Sol (13/9/14)

Leaves Like Glass
Cali In A Cup
Shining
Bend Beyond
Size Meets the Sound
Is it Honest?
It Ain’t Easy
Shepherd
Moving to the Left
Rain On
With Light and With Love
Green’s the Colour
Be All Be Easy

Crónica a cargo de Alberto Andrés y Noé Rodríguez
Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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