Crónica

Villagers

Razzmatazz

20/11/2018

Por -

Hay cierta sensación de pequeña conciliación con el pasado en el último trabajo de Villagers, The art of pretending to swim. Si bien la inclusión de pequeños pespuntes electrónicos pueden dar indicios de ruptura con su pasado folk, el tono general del álbum entronca perfectamente con su producción anterior. 

Este ajuste de cuentas está más bien presente en su contenido, en aceptar sus creencias – muchas alusiones a su compromiso adolescente con la fe- dando lugar a un disco terroso, que comunica con la esencia del músico irlandés. 

A pesar de  que no destaca precisamente por su inmediatez, acercarse a él tiene premio: ‘A trick of the light’, ‘Sweet saviour’ y ‘Real Go-Getter’ quizás sean algunas de sus mejores composiciones, maravillosamente producidas y ejecutadas, y destilando una envidiable madurez si tenemos en cuenta que la pluma detrás de ellas apenas tiene treinta cuatro años. 

Aunque la sala 2 de Razzmatazz presentara un aforo medio lleno –martes, conato de lluvia acechante-, esto no fue óbice para que Conor y los suyos se presentaran a defender con garra su último disco de principio a fin, tal y como hiciera la noche anterior en Madrid. 

Arrancaron con la excelente ‘Sweet saviour’ haciendo gala de un fantástico sonido y ciñéndose a un esquema que repetirían a lo largo de todo el show: canciones en su mayoría de cocción lenta con una parte final desatada, casi violenta en la que el propio O´Brien aprovecharía para improvisar unos pasos –sí, sí- y desmelenarse.

Él, muy comunicativo con el público- confesó estar un pelín achispado y dejó caer un bona nit–   se le notó más relajado en general que en su última actuación en el Vida de hace dos veranos. 

Pero no solo de su último trabajo vivió el directo de los irlandeses. La íntima ‘Everything I am is yours’, de Darling Arithmetic prolongó el carácter reposado de la primeros minutos de su actuación; mientras que ‘I saw the dead’, primera incursión en su célebre ‘Becoming a Jackal’, despejó los lagrimales de quienes pensaban que no volvería a  su trabajo más querido. 

Si bien el paso tranquilo de la noche fue marcado por medios tiempos contemplativos –hasta repescó ‘Hot scary summer’-, en medio de esa placidez bulló el garbo jovial de ‘Fool’ o la magnífica ‘Real Go-Getter’, con esos tintes épicos y catárticos  que Conor estiró y rebañó  con atino. 

‘Ada’, con su didáctica explicación acerca de su origen, puso punto y final al grueso del concierto; plácida y planeadora recreación de la  última pista del disco que maceró en la proximidad del escenario. 

Los bises, con recado para los seguidores más acérrimos con ‘Twenty seven strangers’ y ‘Couarage’- muy aplaudida esta última, ejecutada desde la desnudez de una guitarra acústica – y final con ‘Nothing arrived’, mecida junto a la sonrisa complaciente de O´Brien. Igual que nosotros.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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