Crónica

The Soft Moon

Apolo

10/03/2016

Por -

La música de The Soft Moon está pensada para escucharse a todo volumen, no admite las medianías de música de fondo, cuando uno gira la rosca del amplificador es cuando se despliega todo su potencial: lacerante, incómodo, ruda, de muchos grados. Esta reflexión se hizo axioma en su concierto en la sala Apolo, que, abarrotada esperaba con ansias la reválida de su anterior concierto en el Primavera Sound del año pasado donde presentó los temas de su último trabajo Deeper (Captured Tracks, 2015).

Este último cedé pinta sobre negro los logros de la banda de Luis Vásquez, añadiendo tímidos achuchones electrónicos que más que aclarar el fondo tiznan aún más su propuesta; una papilla sonora de post-punk, darkwave y EBM no apto para tímpanos no iniciados en estos vergeles.

El Apolo tomó las hechuras de una boiler room para dar cobijo a unos setenta y pico minutos de pura ponzoña sonora, con un aforo apretado (acéptese el término boiler en toda su acepción) que esquivaba toda la metralla que salía disparada del escenario.

En formato de trío, Vásquez y los suyos, salieron puntuales a la tarima para guiarnos por un túnel sin apenas salidas de emergencias. De riguroso negro, dieron un repaso a sus tres elepés e incluso rescataron algún tema de su e.p. Total Decay (Captured tracks, 2011), como Alive; en total dieciséis proyectiles sin apenas descanso, solo interrumpido por una ristra de bises tras cerrar la primera parte del show con ‘Being’.

Aunque con cierta preferencia por los temas de su segundo trabajo, Zeros (Captured tracks, 2012) : ‘Machines’ –con alarido final-, ‘Zeros’, la enérgica ‘Insides’ ( o lo más cerca que han estado de facturar un hit) , ‘Tiny Spiders’ aunque el trío también desgranó temas de su homónimo debú: ‘Dead Love’ o, cómo no, ‘Circles’, otro tema que no suele fallar en su repertorio.

Los tres chicos de negros fueron al grano, y una vez que abrieron fuego con ‘Black’, el rodillo se puso en marcha sin tregua –apenas se dirigió al público, solo unos escuetos saludo en un macarrónico español-; toda una puesta en escena a un volumen importante que en ocasiones le jugó una mala pasada a Vásquez, quedando su voz sepultada bajo una marasma de ruido, creando en alguna ocasión que otra un sonido un poco plano, sin matices, pero de muchos decibelios.

De todas formas, una experiencia extenuante (en el buen sentido de la palabra) , una hora y cuarto que supo a mucho (bonito detalle final con la batucada de hojalata) y si no, que se lo digan a nuestros sufridos oídos: ese pitido lleva su nombre.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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