Crónica

Swans

Apolo

01/10/2014

Por -

Cuando vas a un concierto de Swans, tienes que ir preparado. No puedes ir con la guardia baja, pensando en otras cosas, porque el vendaval de sonido que producen los de Gira se te llevará por delante. También tienes que tener clara una cosa: vas a vivir una experiencia en la que seguramente el grupo absorba tu alma, la moldee a su gusto y luego la escupa cuando se haya cansado. Y tu te sentirás cansado y derrotado, pero con la energía suficiente para arrastrarte a casa y meditar sobre lo que acabas de vivir.

Escuchar un disco de Swans entero es duro. Primero por la duración de sus dos últimos álbumes (cercanos a las 2h), y porque lo tienes que escuchar a conciencia: no es música para tener de fondo mientras haces unas cervezas con los amigos y habláis de temas superfluos. Es una banda que tienes que escuchar en la soledad y cuando buscas tener una experiencia extrasensorial. Aún así, reconozco que yo soy de los que escucha sus CDs en casi cualquier momento. Así que estaba preparado para vivir esta experiencia en directo.

La tarde en la sala Apolo empezó con la experimental Pharmakon en el escenario. Nunca había sido testigo de su música en directo, y la verdad es que su espectáculo puede dejar descolocado a más de uno. Ves que una chica joven y risueña se acerca a unos teclados y a un amasijo de cables y demás elementos. De golpe, lo que parecía que iba a ser un bolo con música alegre te traslada a la fábrica de metal, con ruido de cortadoras, acero y mucha distorsión. A todo esto, Margaret Chardiet, empieza a cantar con voz gutural de forma ininteligible y baja a hacerlo entre el público, al más puro estilo punk. Su actuación, de 30 minutos, estuvo llena de ruido y no sería capaz de identificar cuantas canciones tuvo el repertorio ni de identificar ninguna de ellas. Una telonera que sin duda alguna iba como anillo al dedo a lo que nos esperaba.

pharmakon

Puntual como un reloj, a las 20:45 saltó al escenario sin hacer mucho ruido Thor Harris, que se situó en el fondo y empezó a acariciar el Gong, simulando los vaivenes del sonido del mar. La gente, sin darse cuenta de que el concierto había empezado, seguía hablando hasta que los de primera fila se encargaron de ir callando a todos. Aproximadamente 10 minutos después, se unieron Phil Puleo, que se colocó a la batería y Christoph Hahn que entró con su Lap Steel Guitar para seguir enriqueciendo el sonido de ese mar. De repente te das cuenta de que más que el sonido del mar, esos sonidos configuran el pensamiento de un demente. Es en ese justo momento cuando los demás miembros del grupo salieron a la palestra. Una vez estaban todos listos, los riffs primeros interminables a los que nos tienen acostumbrados Swans aparecieron, hasta que Gira decidió entrar en la sección relajada de la canción para cantar. Sin duda alguna, vaticinamos que este nuevo tema bautizado como ‘Frankie M’ será de los favoritos del próximo disco (como ya fue en su día ‘To Be Kind’). Su estrofa ‘Frankie M, close your eyes. Butterflies‘ y la manera de Michael de cantar, sigue deambulando en nuestras cabezas desde el día del concierto.

Y es cuando está toda la banda en el escenario cuando te das cuenta de que Swans es Michael Gira: en la jam session que crean Swans en directo, Gira se convierte en la batuta, el que marca los tiempos, indicando cuanto se tiene que alargar una sección de la canción o cuando tiene que entrar un instrumento. Es por eso que en directo, los ojos de todos los miembros de la banda se dirigen a él, para saber cuál es el siguiente movimiento. Y es por eso que una canción de Swans va evolucionando y cambiando a lo largo de una gira, y nunca sonará igual dos veces. Este hecho se hizo palpable en ‘A Little God In My Hands’, donde pudimos ser testigos de una versión prolongada, más cruda y con más fuerza que la del disco, donde se echaron de menos algunos arreglos que hacen más interesante la versión de estudio.

Tras este segundo tema, uno puede pensar que Swans es ruido. Y en cierta medida, está en lo cierto. Pero la verdad es más complejo de lo que parece y cada sonido distorsionado, pero como comentamos en nuestra review de To Be Kind, cada repetición y cada sección alargada tiene un significado. Swans nunca utiliza el ruido por el ruido. Cada sección quiere hacernos pasar por un estado, de tal manera que tras una sección en la que las guitarras y la batería retumban, llega la calma para hacer que ese momento sea como salir del agua a respirar, y posteriormente poner los decibelios al máximo y que Swans nos pisoteen. Y todos estos elementos se pueden ver en ‘The Apostate’, la tercera canción del repertorio y que fue el punto álgido del concierto. En ella poco a poco y mediante un muro de sonido y de repetición Gira nos llevó a un ritual chamán, donde después de una introducción con la tribu, el ritual empezó a abrirnos las puertas del mismísimo infierno. Poco a poco, el frontman de Swans empezó a bailar de forma poseída, escupiendo las letras de la canción con dureza al micrófono, y haciendo que nos sintiéramos tan poseídos como para movernos a su son. Tras un largo paseo por los infiernos, Phil Puleo hizo retumbar un gran tambor con las dos manos, mimetizando millones de asteroides cayendo del cielo y enterrándonos a todos.

swans

Tras tanta energía gastada,  vino en cierta medida la calma con ‘I’m Just A Little Boy (for Chester Burnett)’, uno de los temas más interesantes del nuevo álbum de la banda. Aunque el tema tiene un tempo bastante constante y marcado en el LP, en directo la batuta humana de Swans se encargó de romperlo, arrastrando las palabras y cantando fuera de tiempo para acabar con un único grito de locura ‘I’m just a little boy!!’. Seguidamente continuó soltando frases un tanto ininteligibles mientras se intentaba arrancar la piel de forma demencial, lo cual acabó siendo otro momento de intensidad.

El penúltimo tema del repertorio fue el nuevo tema ‘Don’t Go’, el cual nos dejó indiferentes. Otro tema de tiempo pausado y lento como la canción anterior, pero sin ningún momento tan memorable. También pudo influenciar el hecho de que ya llevábamos 2h15m de concierto, y que todos los otros temas habían sido de extrema calidad. Cabe mencionar que ‘Don’t Go’ fue de las más cortas, con una duración de unos 15 minutos.

Pero aún quedaba el plato fuerte de la noche. Si en The Seer la canción más apoteósica es ‘The Apostate’ (con permiso de la canción que pone nombre al disco), en «To Be Kind» ese título se lo lleva ‘Bring The Sun / Toussaint L’Ouverture’. Pero haber tocado todo el tema hubiera sido un convencionalismo. Por Eso, Gira decidió que era mejor eliminar la parte de ‘Toussaint L’Ouverture’ para poner otro nuevo tema memorable; ‘Black Hole Man’. Así, después del éxtasis alcanzado con ‘Bring The Sun’, la nueva canción sonó a pura adrenalina, incluso mejor que ‘Frankie M’. Con ‘Black Hole Man’ parecía que todos los demás temas fueran absorbidos de golpe por un agujero negro que incluso nos absorbía a nosotros mismos. Eso es ‘Black Hole Man’. Después de que Gira agitara sus brazos de forma desbocada en la introducción de la canción, indicando que cada miembro improvisara en cierta medida, ‘Black Hole Man’ jugó con los momentos de «baja» intensidad mientras Michael cantaba comparado con los riffs que se potenciaron cada vez más entre estrofa y estrofa. Un tema que nos devolvió casi por completo toda la energía que habíamos prestado a Swans durante su directo.

Tras casi 3 horas de concierto, Swans solo podían agradecer al público haber estado con ellos esa noche, mientras Michael se encargaba de entregarnos amor a todos, humanizándose así, ya que pese a su gran talento, es una persona normal y corriente.

swans-2

Michel
Michel
( mcx_sic )

Aunque estudié Ingeniería en Telecomunicaciones (especializado en imagen y sonido) últimamente trabajo como desarrollador creativo, intentando llevar a cabo proyectos donde se consiguen nuevas interacciones con la tecnología. No me imagino un mundo sin música.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *