Crónica

Sufjan Stevens

Auditori

29/09/2015

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Dos días después y sigo montado en la furgoneta de camino a Chicago, dos días, y sigo recostado en el asiento con la sonrisa floja y convencido de que he asistido a uno de los mejores conciertos del año. El martes por la tarde, entre prisas de última hora y excusas puestas en el trabajo para salir antes, fue la fecha elegida para presentar en nuestro país el notable Carrie and Lowell, última diana de Sufjan Stevens donde demuestra que sigue siendo un compositor mayúsculo.

Sobre las nueve de la noche y ante la actuación correcta (y anecdótica, apenas rozó la media hora) de la canadiense Austra, Sufjan pisaba la tarima de un concurrido Auditori, acompañado de una reducida banda, todos ellos de riguroso negro, muy lejos de la colorista troupe que visitó nuestro terruño hace cuatro años.

Desde ese primer instante al compás de las notas de ‘Redford (For Yia-Yia & Papou)’ quedó claro que asistiríamos a un concierto muy diferente del que nos ofreció en su última actuación: tendríamos que olvidarnos de los confetis y la purpurina y agarrar el paquete de pañuelos, el carnaval de aquella vez se convertía en sepelio. Casi con la última nota resonando se encendieron unas pantallas recortadas en forma de vidrieras de una catedral donde se proyectaban imágenes de su niñez, perfecta instantánea que resumía los dos grandes temas que impregnan su última obra, quizás fue su forma de presentarse, cosa que echamos en falta al salir al escenario, ni un lacónico “hola”, cosa que arreglaría en los bises.

A partir de ese momento desgranó todo su último álbum entero, con resultados desiguales pero mayoritariamente satisfactorios: ‘No shade in the shadow of the cross’ fue algo litúrgico, nos hizo levitar directamente, a la par de ‘All of me wants all of you’ con su final de textura psicodélica, pero ¿ hacía falta llevar la preciosa ‘Fourth of july’ hacia terrenos electrónicos? ¿era necesario la muletilla de diez minutos de ‘Blue bucket of Gold’? No, pero es que a lo largo del concierto daba la sensación de no sentirse excesivamente cómodo en su striptease emocional. Dio la sensación de querer rebajar seriedad al show introduciendo bases programadas y cajas de ritmos, remedos de su anterior cedé, el colorista y espacial The age of adz, del que, por cierto tocó ‘Vesuvius’ y ‘I want to be well’, que encajaron perfectamente entre el nuevo repertorio.

Tras una primera hora y media que ya justificaba de por sí el estipendio, la banda volvió a salir para los bises , aunque él lo haría primero frente al piano para interpretar la emotiva ‘Concerning the UFO’. Algo había cambiado. Sufjan parecía sentirse más relajado y comunicativo y se dirigió varias veces al público agradeciendo su asistencia, “cada noche es una prueba”, nos confesaba. El tono enlutado de la primera hora –incluso se cambiaron de ropa, dándoles un aspecto más informal- dejó paso a un ambiente distendido y más relajado, con clara orientación al folk de sus principios, y eso se notó en las sencillas pero sinceras ‘Heirloom’ ,‘Casimir Pulaski day’ y en la inevitable ‘John Wayne Gacy Jr.’. El final del concierto fue una interpretación acústica de ‘Chicago’ que supo a gloria y puso al público en pie aplaudiendo hasta que se le cayeron las manos.

Fantástico concierto para el posiblemente mejor disco de este año pese a la dificultad de llevar al directo un cancionero tan íntimo y personal. Esta vez no le hizo falta ponerse las alas para llevarnos al cielo.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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