Crónica

Still Corners

Sala 0

27/05/2019

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Si pensamos en el dream pop, es posible que se nos vengan a la cabeza nombres como Lana del Rey, Sigur Ros o incluso My Bloody Valentines, pero actualmente pocas bandas encajan mejor dentro de esa difusa etiqueta como Still Corners. La británica Tessa Murray y el americano Greg Hughes forman este dúo, cuyo nombre procede de unos versos del poema ‘New Hampshire’ de Robert Frost, que ofrece un sonido etéreo y reverberante que funcionaría a la perfección como banda sonora de nuestros sueños -y también, está mal decirlo, de cualquier anuncio de colonia.

Su cita en la Sala 0 del Palacio de la Prensa de Madrid (SON Estrella Galicia) llega tan solo seis meses después de su visita anterior a la capital, cuando tocaron en el Costello Club, aunque Murray reconoció en una de sus pocas interacciones con su público que el calorcillo preveraniego de finales de mayo les ha resultado mucho más agradable que el taciturno tiempo de noviembre. Pero precisamente el tiempo, en su versión cronológica, no parece importarle demasiado a Still Corners, más proclives en su show a lo cíclico que a lo lineal, como sucede en los sueños. Aunque lo habitual es incluir una amplia selección de canciones del disco más reciente y aderezar el repertorio con los temas emblemáticos del pasado, tan solo cinco de las 16 canciones que sonaron en la Sala 0 pertenecían a Slow Air (2018) el cuarto y último álbum de la banda. El resto consistió en una amalgama de cortes de sus trabajos anteriores, con especial dedicación a ese Strange Pleasures que los catapultó en 2013, más dos covers.

Onírica también es la propuesta visual de Still Corners, quienes se sirven de la imagen para acompañar a la música en todo momento y suplir, en esta sala, las carencias de una iluminación muy básica. Siguiendo la estética y el estilo de las carátulas de sus discos, tras el escenario se sucedían espirales, imágenes solapadas en las que se mezclaban todo tipo de motivos, como si el mismísimo Warhol se hubiera encargado de filmar la proyección en la que también aparecía el propio dúo como protagonista. Y, cómo no, igualmente etérea e inalcanzable se nos presenta Tessa Murray detrás de su teclado, con un negro vestido de rayas plateadas, en contraste con su pálida tez y esa melena rubia que la separa del mundo cuando se permite pasar de su ligero balanceo habitual a una mínima e introspectiva danza consigo misma en la parte álgida de canciones como ‘Dreamland’. Prohibido despertar.

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El concierto arranca con ‘Black Lagoon’, perteneciente a su último disco, pero su saludo al público llegará después de que suene ‘Fireflies’ -la que fue considerada Best New Track por la revista Pitchfork en septiembre de 2012- y ‘Lost Boy’. Tras agradecer a su público el compartir la tarde de lunes con ellos y tocar la mencionada ‘Dreamland’, le llega el turno a la primera de las dos versiones del repertorio: un ‘The Calvary Cross’ de Richard & Linda Thompson que hacen suya y que permite un mayor lucimiento de la guitarra de Hughes. De este tema de los años 70 pasamos a ‘Don’t Fall in Love’, una de sus primeras creaciones y, por lo tanto, bien acogida por sus seguidores más fieles.

El concierto continúa con ‘Cuckoo’, ‘Begining to Blue’ y ‘The Message’, que consigue arrancar un gran aplauso. Para entonces ya no tiene sentido seguir con el patrón de público en bloque con la vista puesta en el escenario. Murray y Hughes no han interactuado en ningún momento ni entre ellos ni con Jim Wallis, su batería para los directos; los tres se han mantenido en sus particulares esferas y, quizá, lo suyo sería que el resto de los presentes también nos dejásemos llevar por nuestro mundo interior, bailar al son del subconsciente de los sueños. Pero nos puede la convención y ahí seguimos, como hipnotizados con la mirada clavada en la cantante.

La traca final llega con ‘Endless Summer’, ‘Berlin Lovers’, ‘Horses at Night’ y ‘The Trip’, su tema más popular y que sirve para sacar el mayor aplauso de la noche. Los dos temas escogidos para los bises (en otras ciudades han sido tres canciones) son ‘Sad Movies’, con esa guitarra que tanto recuerda al ‘Dreams’ de Fleetwood Mac, para no salir de los 70 ni de los sueños. El cierre correrá a cargo de ‘Still Life’, canción que la banda toma prestada de The Horrors y que, como sucedió con el cover anterior, paradójicamente permite a Still Corners reafirmarse en su sonido y ofrecer lo mejor de él. El show concluye y toca despertar en medio de una Gran Vía donde el sol acaba de ponerse, todavía la mente con esa extraña sensación del tiempo detenido.

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Crónica a cargo de Miguel Canalda Huerta

Redacción Mindies
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