Crónica

(Sandy) Alex G

El Sol

28/02/2020

Por -

Alex G y su banda llegaban por primera vez a Madrid con una trayectoria completamente solvente, teniendo esa sensación sensación de que por fin su propuesta ha dado el salto mediático que tanto habíamos esperado para poder disfrutar de giras europeas tan largas y ajenas totalmente a las programaciones festivaleras. Con las entradas agotadas unas horas antes de la celebración del concierto, existía una gran curiosidad a la hora de comprobar la ejecución de la capa Lo-Fi que impregna la mayoría de sus composiciones, despejando las dudas sobremanera en un directo de esos que se recordarán tanto por entrega de la banda y el público junto con lo acertado del setlist.

En directo el músico de Pensilvania y los suyos se las apañan a las mil maravillas moviéndose entre la complicidad propia de un ensayo, las dosis de medido protagonismo de todos los músicos y esa capacidad de transmitir buenamente todo lo que cantan. La pose del protagonista de la velada, a medio camino de rockero noise de los noventa y cantautor folk que parece interpretarlo todo con el sigilo máximo, dejaba entrever de buena manera cuales son todas las coordenadas musicales posibles que podía tomar el directo. Encontrando en la voz quebradiza y cortada el máximo exponente con el que dotar de extremo realismo a los temas, la recta inicial compuesta por los singles de sus dos últimos trabajos tomó matices de lo más reconfortantes como fue el caso de una ‘Bobby’ tan lánguida como conmovedora.

Siendo conscientes de cómo el directo no se iba a mover constantemente en su parte más anestésica y relacionada con el country, no tardaron en llegar los primeros ecos más rugientes gracias a una ‘Kute’ con la que abrir la caja de los truenos y lanzarse hacia esos momentos en los que es preciso templar los nervios para que el nudo en la garganta no acabe por dominarte. Apuntando en más direcciones de una forma totalmente natural y sin necesidad de salirse de ese extraño sentimiento contemplativo que puebla la mayoría de sus temas, momentos destacados llegaron con una ‘Thorns’ donde el piano tomó protagonismo en su cara más ambiental, provocando el escalofrío más amortiguado posible.

Sin olvidarse tampoco de dar rienda suelta a su faceta de músico capaz de remover su propuesta saliéndose de las directrices más clásicas que marcan los ritmos rock, ‘Near’ resultó una grata sorpresa gracias a los giros del guion tomados, logrando que lo repetitivo de sus estrofas se transformase en un mantra alterado. Sin embargo, estaba claro que este pequeño episodio iba a resultar una excepción, no tardando a la hora de volver a encauzarlo todo con ‘Bug’ y una excelsa ‘In My Arms’ que se ha convertido en uno de los puntos álgidos de sus conciertos gracias a la forma con la que rompe hacia su mitad asomando hacia lo desesperado.

Sin apenas darnos cuenta y entre algún que otro azote experimental, donde lo delirante y desquiciado pone la nota como es el caso de ‘Brick’, el concierto se iba aproximando hacia el punto y seguido no sin antes rescatar al piano la emocionante ‘Mis’ perteneciente a aquel Rules con el que llamaba a una puerta mucho mayor que la de músico que sube sus canciones a internet. Finalizando momentáneamente de igual forma que su reciente House of Sugar, nos despedía con una ‘Sugar House’ donde resonaba con fuerza ese “I won’t be forgotten” que siempre cumple su misión.

Sin prácticamente ningún tipo de silencio en los altavoces, ‘My Heart Will Go On’ amenizó una breve espera que nos metía en perfecta situación para la catarata final de emociones que nos tenía aguardada en los bises, solicitando al público que es lo que querían escuchar. Con una inicial ‘Fell’ que nos metía en el ambiente más propio de un piano bar un tanto lúgubre, Alex se alegró enormemente de que le pidieran una ‘Gnaw’ cuyo riff más silbable fue rápidamente reconocido. Por supuesto tampoco faltó una ‘Sarah’ con la que recordarnos los momentos de corazones rotos y ausencia o una ‘Brite Boy’ que siempre marcará el camino por recorrer de la mano de tus amigos. En total siete bises como sietes soles culminados con una ‘Mary’ que despidió un concierto con el que agrandar aún más la leyenda de un músico cuyas composiciones sabes que te acompañarán toda la vida.  

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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