Crónica

Retribution Gospel Choir

Teatro Cervantes

31/10/2013

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Noche de Halloween en Valladolid. Por las calles los jóvenes y no tan jóvenes se afanan en adoptar tradiciones de origen celta interpretándolas a su manera. En cambio en el interior del Teatro Cervantes es donde realmente se vive una velada tenebrosa en cuanto a los ambientes provocados por las guitarras de Frieda’s Still in Love y Retribution Gospel Choir. Una noche en la que si los muertos no revivieron no sería por falta de intensidad.

Los locales Frieda’s Still in Love demostraron que juegan ya en la liga de los grandes. Rock instrumental de muchos quilates que logra sus sonidos a base de cualquier peripecia que puedan aplicar sus componentes a sus guitarras. Los vallisoletanos juegan también con el factor sorpresa, ya que no sabes en ningún momento cuando aparecen nuevas texturas envolventes o tratarán de acercar sus guitarras a los amplis para provocar pequeños incendios sonoros. A lo largo de toda la actuación comprobamos el motivo por el que ya han girado a lo largo de la geografía española. Seguramente ante la falta de unos Mogwai patrios y unos Unicornibot entregados a sonidos mucho más radicales, Frieda’s Still in Love logran ese punto preciso entre la experimentación y la calidad.

Los grandes protagonistas de la noche eran sin duda Retribution Gospel Choir. Alan Sparhawk, Steve Garrington y Eric Pollard acudieron a la cita ataviados con sus camisas del frente de liberación rastafari, dispuestos a captar todas las frecuencias de nuestro umbral auditivo. Y así fue. Desde las primeras notas quebradas de ‘Your Bird’ unidas a la siempre áspera y profunda voz de Alan, los tres músicos condensaron en sus guitarras y percusión toda la energía del teatro y la transformaron en sonido. Un ambiente que en cualquier otra situación que no fuese un concierto de los de Minnesota causaría realmente angustia. Acompañados por la psicodelia de las proyecciones, el escenario se transformó en una caja de colores, donde los matices sonoros cambiaban a igual celeridad que las irregulares figuras geométricas que se proyectaban. De este modo, Alan se encontraba realmente cómodo para entrelazar las canciones más breves de su repertorio como ‘Feel It Superior’ con ‘For Her Blood’ para mostrándolas como grandes montañas sonoras a lo largo de una línea rutilante de ritmos marcados por la batería de Eric.

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La veteranía de los músicos estuvo presente en todo momento, ya no solo por la buena selección del setlist sino por la capacidad de llevar el concierto a donde ellos querías. Tras una primera parte donde se centraron en los temas más breves y de espíritu pop enmascarado (así los definió Alan en la entrevista que le hicimos) de su carrera la segunda parte del concierto se adentró en una mayor oscuridad que se tradujo en una mayor intensidad sonora. Así hacia la mitad del concierto cayó ‘Seven’, ese gran tema lánguido y dormido entre guitarras que en directo adquiere aún más solemnidad que en el disco. Cuando creíamos que la distorsión de las guitarras ganaría definitivamente el pulso a las melodías, la banda volvió a dar un nuevo giro al concierto para devolvernos en cierta medida algo del orden y cohesión que nuestros oídos buscaban desesperados en el interior de la tormenta sonora. Por ello, interpretaron ‘Kids’ y ‘What She Tourned Into’ para adentrarse en el estruendoso final.

Con ‘Poor Man’s Daughter’ fueron preparando el terreno para la batalla final. Este tema de estrofas desgarradoras como ‘But down in the valley /The shadow of death / The poor man’s daughter takes her very first breath’ sirvió para comprobarnos que podían elevar tanto como quisieran el sonido. Cuando en mitad del tema te das cuenta de que la intensidad era mayor que 20 segundos antes te preguntas si realmente existen límites en la percepción sonora. Pero la cosa no quedaba ahí ya que se aproximaba la nube más oscura y con peor pinta de toda la tormenta. Quedaba ‘Can’t Walk Out’, el primer tema de 3, su tercer LP. Una canción de esas en las que los músicos y el público aprietan los dientes y se dejan llevar por la ira musical. Por aquel entonces, Alan ya no daba tregua a su guitarra, no separaba los dedos de sus cuerdas y no mostraba la más leve sonrisa en su cara. Más de diez minutos de un doloroso placer sangrante. Terminaron con ‘Take your time’, el alarido final. Hicieron bien en no conceder bises y es que cuando pasa la tormenta siempre sale el sol borrando las nubes.

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Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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