Crónica

Pony Bravo

Apolo

15/12/2019

Por -

Qué difícil ha de ser catalogar al grupo sevillano para un empleado de una tienda de discos; colgarle una etiqueta y facilitar su degustación en un pasillo en concreto, preso en una estantería y atado a la nomenclatura que a alguien le pareció oportuna.

Y es que, si por algo se caracteriza al conjunto de la mítica Hispalis, es por su desapego a cualquier escuela o estilo, optando siempre por un discurso libre y de complicada clasificación.

Su concierto en la sala Apolo sirvió para presentar nuevos temas de lo que será su nuevo – e inmediato álbum- que saldrá en enero y que dará continuidad a su anterior larga duración, el aplaudido De palmas y cacería (El Rancho/BCore, 13).

Debido a una confusión con el horario que afectó a varios medios y al público en general, nos perdimos los primeros minutos de su actuación, aunque un buen puñado de seguidores ya flanqueaban los tablones del escenario de la sala barcelonesa.

A partir de aquí, el grupo nos invitó a dejarnos llevar por su personalísima interpretación del rock andaluz de los últimos cuarenta años, esa sugerente fusión de modernidad y cante jondo, de esa cópula casi imposible de vanguardia y tradición.

‘El político neoliberal’ metió la cuchara en los grandes éxitos de la noche, con la guitarra de Pablo Peña convidándonos a bailar tras las astutas baquetas de Javier Rivera, quien precisamente estaba al mando de la batería por última vez al decidir salir de la banda, como más tarde nos confirmarían.

Pero más allá de apostar por dianas certeras, los sevillanos aprovecharon su reencuentro con la ciudad condal para testear sus nuevos temas, como ‘Espectro de Jung’, con una base de bajo zigzagueante, oscura y retorcida, ‘Rey Boabdil’, con su fraseo cool y su base cercana al hip-hop y canciones con títulos tan pintorescos como ‘Casi nazi’ o ‘La yerba mala’.

Por supuesto no faltaron su apropiación de Manolo Caracol ‘Ninja de Fuego’, ‘Noche de setas’, ambas contenidas en Un gramo de fe (El rancho, 2010) o su alegato contra la masificación de extranjeros ‘Turista ven a Sevilla’ e incluso se reservaron unos minutos para acordarse de ‘El rayo’, de su primer disco.

Antes de retomar el concierto en los bises, la impresión última de esta hora de reloj era de no haber aprovechado la propia idiosincrasia de las canciones: con ese verbo libre y desatado, esa gramática que rompe renglones, hubiéramos esperado un cuelgue final, un ligero twist a las canciones y que crecieran al calor del directo.

Afortunadamente, el quinteto – les acompañaba el productor Raúl Pérez, a partir de ahora miembro en nómina del grupo- salió a defender ‘La rave de Dios’ que, en su tramo final rozó el larguero de lo que podría haber sido un auténtico conciertazo y prolongaron nuestro gozo con la irresistible ‘Mi DNI’, sublimando los últimos minutos de su actuación. Seguiremos manteniendo la fe.

Fotografías a cargo de Anna Poyatos Castellano.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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