Crónica

Maga

La [2] de Apolo

16/11/2018

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Tras seis años de silencio discográfico, el grupo sevillano volvía a la vida el año pasado para presentar su excelente Salto Horizontal publicado por la todopoderosa Warner Music, tras sus devaneos previos con las indies patrias.

Esta vuelta a los ruedos, desengrasada por la relectura de su álbum blanco, significó la presentación de su último trabajo en un formato especial: un trío de cuerdas, artistas invitados (Anni B.Sweet) y María Hesse, cuyo arte ilustra las canciones del show.

La actuación del Apolo formaba parte del último tramo de su gira, tras su paso por Granada y Sevilla; una gira que ha servido para celebrar los fastos de sus quince primaveras como grupo – dieciocho en la actualidad- y reencontrarse con sus público tras la pausa de Satie contra Godzilla.

Puntuales y con la sonrisa puesta, el grupo salió a repasar durante casi dos horas todos sus grandes (y pequeños) éxitos a un público entregado, con los deberes hechos y las letras aprendidas, aunque con algún fan más entregado de la cuenta –esos histrionismos de última fila, ay-.

‘Azul cabeza abajo’ descorchó el repertorio, enriquecido a mano derecha por un joven trío de cuerdas que almibaraban las líneas de Miguel Rivera; un recurso que sacó brillo a muchos minutos de la velada aunque en ocasiones su presencia quedara reducido a su aspecto visual. En el otro extremo del escenario, la artista María Hesse iba creando un lienzo in situ inspirado en la música de los sevillanos; una mise en scene que los acompañó a lo largo de toda su actuación y que posteriormente se subastaría para recaudar fondos para las personas refugiadas.

Con paradas a lo ancho y largo de toda sus discografía, sonaron ‘Esmeralda’, ‘La noria’, ‘Medusa’, ‘Báltico’, ‘Piel de Astracán’, con Rivera apoderándose del Moog; todo ello en un clima distendido, en el que se respiraba familiaridad y buena atmósfera incitada, cómo no, por los chascarrillos de su cantante y su anecdotario particular.

‘Silencio’, con la consabida introducción acerca de su gestación, sonó prístina y bonita, con las acertadas inflexiones vocales de Rivera, que, con una voz proteica y ondulante, se acerca a veces a una suerte de Manolo García del indie nacional.

Como contrapunto a la intimidad de ‘Silencio’, echaron mano de power pop en ‘Por las tardes en el frío de las tiendas’, con los ligeros apuntes electrónicos presentes en su último plástico.

Antes de ejecutar los bises, el grupo dejó un bonito obsequio para todos los allí presentes con grandes recreaciones de las imperativas ‘Diecinueve’ y ‘Piedra luna’, ahondando en la atmósfera onírica e irreal de los andaluces, que entronca con el imaginario cortasiano, iluminado por los precisos falsetes de su garganta.

El último tramo, abierto por ‘Incendios a merced del viento’ con el conjunto relajado y tirando de acústico preludió la (muy) esperada ‘Agosto esquimal’, con paseíllo de su cantante por la sala y auténtico fin de fiesta a una velada muy especial.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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