Crónica

Los Ganglios

Jardines del Palacio de Santa Cruz

14/05/2015

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Los Ganglios regresaron a Valladolid bajo circunstancias diferentes a su primera visita en el MEET Festival. En esta ocasión, se podría decir que tocaron a plena luz del sol, rodeados de árboles y polen, con mucha más muchachada que le dio vida al asunto y con Mariana Scaravilli a los teclados en sustitución de Leli Loro que ha vuelto a ser mamá (un abrazo para ella). Un marco idóneo para pasar un tarde-noche de lo más entretenida, entre pogos, cerveza y tonadas de esas que causan mucha euforia. Y es que a estas alturas Los Ganglios ya no necesitan carta de presentación, más bien lo necesario es que los pilles en directo para comprender más aún su universo, tan real como coger el metro, como leer el Quijote solo en la ESO o como que cada vez se te cae más pelo por las mañanas.

Su directo ha ido evolucionando en complejidad y nuevos temas. Una parte llamativa son los nuevos gifs que han ido incorporando. Hipnóticos pogos o un gigantesco dominó de colchones fueron algunas de las imágenes encadenadas más impactantes que quedaron en nuestras retinas en esta ocasión. Tampoco faltó la emocionante bocina que levanta de sus asientos al personal en los partidos de basket. En esta ocasión tomó una función festiva, algo así como el momento cumbre de las canciones donde hay que hace la ola. Las introducciones de Xoxé Tétano fueron igual de acertadas y filosóficas que siempre, situándonos en los contextos más o menos dramáticos de los temas.

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Empezando el concierto en ese momento de la tarde en el que la luz incide precisamente sobre la pantalla donde se visualizan los contenidos, no tardaron en caer canciones con ese toque ninja (sin tener nada que ver con los ninjas) tan misterioso como ‘Mimetic Motherfucker’. Pudiese darse el caso que el cuñado de Simancas que aparece en la canción estuviese presente dada la proximidad de la villa. Con miembros ilustres o no entre el público, el grupo de chavales que copaba las primeras filas, no dudo comenzar el ritual de los pogos, algo que por fin vivimos en primera persona en un concierto de Los Ganglios. Juventud, divino tesoro.

La Cumbia de Félix y Jacques también vio la luz pronto, luciendo sus logrados rostros en cartón pluma, junto con otras caretas de menos calidad aportadas por parte del público. Celebrando los infortunios tampoco faltó el combo ‘Al final’ – ‘Amelie Poulain’ que como bien dijo un atento espectador “se diferencia en que una se canta diferente de la otra”. Nosotros nos quedamos con ‘Amelie Poulain’ por eso de lo romántico del influjo francés. Metiéndonos en cosas que seguramente sean más terribles, ‘¡Hay!’ maximizó las posibilidades de la pantalla, mostrándonos Xoxé que es lo que nos esperará dentro de unos años en el mejor de los casos.

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Tampoco faltaron hits de arraigada tradición de diversos lugares de España como es el caso de ‘El Molino’ o ‘El Regalo’, esta segunda la mejor campaña promocional posible para el hotel Rausán. De su más reciente trabajo, también pudimos disfrutar y mucho con canciones como ‘Calvario’ y su útil infografía, del mismo modo que ‘Babieca Hiede’ desató los mejores coros de Rafael Filete. Eso sí, el momento mágico llegó con ‘Viejo Sátiro Hipertenso’. Qué momento tan bonito de hermandad entorno a las desgracias ajenas. Mecheros en alto y alguna que otra lágrima ante tan aterciopelados acordes. Un símil parecido a la previa ‘Canción Oriental’ que el grupo se ha visto obligado a incluiren su repertorio ante la alta demanda.

El tiempo se nos pasó volando y entre superhombres del futuro como Robocop, bacalao a toda pastilla o caudillos en una ciudad muy propicia para ello, llegaba el fin con el clásico ‘Subiduki’. Los Ganglios de nuevo nos habían vuelto a levantar el estado de ánimo a base de auténticas poesías analógicas y personajes que cada vez tienen más significado en nuestras vidas. Esperemos que llegue muy pronto la próxima ocasión de poderlo pasar estupendamente con ellos.

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Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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